Apenas se ha jugado un tercio del campeonato doméstico y la realidad es que esta temporada está siendo la más igualada en los últimos diez años. Entre el primer clasificado y el sexto tan solo hay seis puntos de diferencia y, jornada tras jornada, queda patente que cualquier equipo puede ganar sin importar el rival que tiene delante. Por el contrario, en la zona baja de la tabla ya comienzan a asomar los fantasmas. Aquellos entes endiablados de las películas que agarran de los pies a los protagonistas y los arrastran directamente al infierno. En Vallecas y en Huesca ya se ha abierto el suelo y las llamas de Segunda comienzan a inquietar tanto a los clubes como a los aficionados. También, esas malditas puertas se han abierto en Bilbao.

En la ciudad portuaria del País Vasco, los aficionados del Athletic no caminan con la misma confianza que en temporadas anteriores. Han perdido la ilusión que aportaban las noches de gala en la Europa League. Han caído, después de trece jornadas del campeonato doméstico, en la 18ª posición. En San Mamés tan solo se recuerda una victoria durante esta temporada. Fue en el primer partido de liga, en la que los Leones derrotaron al Leganés por 2-1. Nolaskoain y Muniain, este último sobre la campana, marcaron dos goles que no fueron más que un oasis en el desierto. Desde entonces, ocho empates y cuatro derrotas escenifican los pobres rugidos del conjunto.

Unos rugidos tristes y apáticos que recuerdan a los que se oyeron por San Mamés y las calles de Bilbao en la campaña 2006-2007. Aquella fue, de largo, la temporada más difícil de un club que no sabe lo que es vivir en la división de plata. Porque en aquella época, en las instalaciones de Lezama entrenaban jugadores tan míticos como Urzaiz, Etxeberria, Yeste o los jóvenes Aduriz y Javi Martínez. Todos ellos entrenados por Sarriugarte hasta la jornada 12, cuando fue sustituido por Mané después de perder por 1-3 ante el Sevilla y caer hasta ese mismo 18º puesto. Aquella fue la primera vez de la temporada en la que los de Bilbao tontearon con los puestos de descenso. El nuevo entrenador debutó con derrota en el feudo del Real Madrid tras caer por 2-1.

Tras aquellos primeros trece partidos, los Leones apenas sumaban ocho puntos, con un balance de una única victoria, cinco empates y siete derrotas. Sin embargo, en la siguiente jornada y ante el Recreativo de Huelva, el Athletic pudo dar una nueva alegría a su afición. Fue la primera victoria de la temporada como local y tuvo de gran protagonista a Ismael Urzaiz. El veterano delantero anotó dos de los cuatro goles que marcaron los de Bilbao en aquella fría noche de noviembre. Fue un triunfo balsámico que les permitió salir de la zona oscura de la tabla y que sirvió de revulsivo a los pupilos de Mané. Saldaron con una victoria su siguiente partido en A Coruña, empataron sin goles de nuevo en su estadio y ganaron al Mallorca en Son Moix antes de caer derrotados ante el Villarreal.

 

En los corazones bilbaínos permanece la honra de ser uno de los escasos equipos que jamás han descendido

 

Pero los buenos resultados dejaron paso a nuevos altibajos. A más jornadas sin ganar. A los clásicos nervios de aquellos que avistan el descenso. Durante el transcurso de la temporada, el Athletic cayó hasta en diez ocasiones en una de esas tres posiciones fatídicas. Sin embargo, los de Bilbao se recuperaron siempre. Con más garra que buen juego, los Leones materializaron la permanencia en la última jornada del campeonato. Quizás, la más interesante de todo el año. Con Barcelona y Madrid disputándose la liga y con una guerra en la zona de descenso. Con la Real Sociedad y el Nàstic de Tarragona ya confirmados como nuevos equipos de Segunda, el tercer puesto de la cola se rifaba entre el Betis, el Athletic y el Celta de Vigo. Los tres clubes ganaron sus respectivos partidos y finalmente fueron los gallegos los que perdieron la categoría al sumar un punto menos (39) que sus rivales (40).

En los espejos de Bilbao ya comienza a reflejarse aquella temporada. El aficionado del Athletic, con 12 años más a sus espaldas, vuelve a sufrir cada vez que enfila el camino hacia el estadio. Sobre el césped, tan solo Aduriz y Beñat vivieron aquella temporada cargada de incertidumbre. Pero sobrevivieron. Y a ese espíritu se encomiendan a orillas de la ría del Nervión. Porque más allá de salvar la categoría, en los corazones bilbaínos también permanece la honra de ser uno de los escasos equipos que jamás han descendido en la historia de La Liga.

Por ello, la remontada comienza este lunes en San Mamés. Emulando a los guerreros de 2007, los vascos tratarán de sumar una buena racha de resultados comenzando por el Levante. Sin embargo, a diferencia de aquel año en el que se sustituyó al entrenador al término de la duodécima jornada, Berizzo continuará al frente del buque rojiblanco. De momento, tras vencer por 4-0 al Huesca en la Copa del Rey, el técnico argentino mantiene el crédito otorgado por la directiva, pero es consciente de que este solo se mantendrá si consigue que sus pupilos remonten el vuelo. La historia está del lado del Athletic Club. Y es que es sabido por todos que los Leones, por muy mal que lo estén pasando, nunca dejan de rugir.