En la universidad había un profesor de historia que viajaba por el mundo con su pasaporte argentino, en todas las aduanas el agente de turno le solía ver a la cara y con una media sonrisa le decía “Messi”. Si para los funcionarios fuera un reto decir el nombre del primer jugador que se te viene a la mente según el país presente en el documento, a cada guatemalteco le tocaría escuchar “el ‘Fish en todo aeropuerto al que vaya.

Carlos ‘El Pescadito’ Ruiz nació el Día de la Independencia de su país, un 15 de septiembre, y se convirtió en la referencia futbolística de Guatemala, la aleta dorsal de la selección, la cara visible del combinado nacional a nivel futbolístico en el siglo XXI. Empezó en el fútbol con unos zapatos prestados y terminó siendo el ejemplo deportivo de un territorio que vive el balompié intensamente. 

El fallecimiento de su padre y la ausencia por labores de su madre le hicieron ganar jerarquía en casa desde temprana edad. Ese carácter forjado a base de adversidades le ayudó en las fuerzas básicas, donde jugaba con zapatillas de unas tallas más grandes. Se despertaba para entrenar a las 4:15 de la madrugada y regresaba a las 9:30 de la mañana para poder asistir a la escuela. A los 12 años decidió dejar los estudios para que su vida se basase en el fútbol. Le dejaron irse de casa con la condición de convertirse en el mejor de Guatemala.

Con un cañón en la pierna derecha, excelente juego de espaldas a la portería y una personalidad que no cabía en su 1,75m de altura. ‘El Pescadito’ era el delantero que entendía la asignatura, remataba centros con clase y poseía una presencia incisiva en el área rival; además de ser fanático de sacarse la camiseta con cada gol en la MLS, cuando aún no estaba penado con amonestación. 

 

Remates desde fuera del área, con ambas piernas, cabezazos, voleas, chilenas. Un catálogo de recursos que exhibían el olfato de un fuera de serie que no se crio en el mejor fútbol, pero siempre estuvo orgulloso de sus orígenes

 

En 2002, logró 24 anotaciones en la MLS, el récord goleador de la liga en ese momento; unos registros que fueron vitales para que Los Ángeles Galaxy consiguieran el primer campeonato de su historia, como también fue vital el gol de oro que anotó en la final contra New England Revolution para darle el título a los angelinos. Así, puso la bandera de Guatemala a los ojos del mundo al ser el jugador más valioso de ese año en la competición norteamericana y se llevó a casa el galardón de máximo goleador en 2002 y 2003. De igual manera, fue premiado con el gol del año en 2002 y también obtuvo el récord de más goles en postemporada de la MLS con 16 tantos, hasta que Donovan hizo 18 unos años después.

Lo vimos ir a las batallas con acuarelas y cada vez nos sorprendía con una pincelada distinta, remates desde fuera del área, con ambas piernas, cabezazos, voleas, chilenas, penaltis a lo Panenka y sentido de anticipación. Un catálogo de recursos que exhibían el olfato de un fuera de serie que no se crio en el mejor fútbol, pero siempre estuvo orgulloso de sus orígenes.

Es complicado ser profeta en tierra propia. Por ende, su experimentada carrera le permitió jugar con Beckham y Donovan en el Galaxy; igualmente en el Puebla de México, cuya similitud con la camiseta de su selección era poesía gráfica para los guatemaltecos y para el propio ‘El Pescadito’, vestido con el traje de sus mejores noches. Asimismo, es querido en Paraguay por su paso en el Olimpia y en Grecia, donde conoció la Europa League tras lucir el uniforme del Aris Salónica, bajo los mandos de Héctor Cúper. 

Con la elástica de Guatemala siempre jugaba con el orgullo chapín en el pecho. Logró 68 goles en 133 participaciones, y un récord mundial de 39 goles en eliminatorias mundialistas. Y para dimensionar su trayectoria, aún más si cabe, es el único futbolista que ha logrado anotar tres o más goles en cinco procesos eliminatorios distintos. 

 

Un delantero centro destacado en Centroamérica, espejo de las nuevas generaciones de deportistas y con un récord mundial en la misma época de Messi y Cristiano

 

En su carrera hay un episodio amargo que quisiera revertir; su amor a la selección fue directamente proporcional al desgarrador desenlace en las eliminatorias de Alemania 2006. El manual de los equipos revelación en el Hexagonal de CONCACAF es hacer de casa un fortín y rascar algún punto como visitantes. Guatemala tenía todo de cara para clasificar, goleó a Trinidad y Tobago en la primera fecha, salió ileso en ambos partidos contra Panamá y vendió caras las derrotas ante Costa Rica, México y Estados Unidos. Llegaba a la séptima jornada en tercer lugar, un triunfo en Puerto España significaría catapultar la clasificación al Mundial por primera vez en su historia. 

En el minuto 84 Guatemala se estaba llevando el premio a casa, 1-2 y con poco peligro de los trinitenses, hasta que el defensor Gustavo Cabrera sufrió un golpe que le causó una hemorragia nasal. El árbitro mexicano Benito Archundia indicó al defensor que debía salir y cambiarse la camiseta, pero no había ninguna en el banquillo, por lo que los utileros tuvieron que bajar hasta el vestuario con prisas mientras había un boquete en la zaga que los defensores no supieron cómo cubrir. Cuando la camiseta ya estaba lista, el resultado era un 3-2 a favor de la Trinidad y Tobago dirigida por Leo Beenhakker; este fue el punto de quiebre para que Guatemala quedara fuera del Mundial. Se puede decir que un problema de logística fue lo que impidió a ‘El Pescadito’ y su generación llevar a Guatemala a una Copa del Mundo. El daño fue tanto, que Carlos ha declarado que no vio ese torneo veraniego debido al vacío enorme que no pudo procesar.

Su carrera es la definición de empezar desde abajo hasta llegar a ser la imagen a seguir de su país estando en el exterior. El ‘20’ de la azul y blanco es ídolo del país como Erick Barrondo o Jorge Alfredo Vega; el Fish fue un delantero centro destacado en Centroamérica, espejo de las nuevas generaciones de deportistas, con un récord mundial en la misma época de Messi y Cristiano. Y confía en que con toda la cultura futbolera que hay en Guatemala algún día se logrará el objetivo de escuchar su himno nacional en la Copa del Mundo.

 


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Fotografía de Imago.