Brazos en jarra y la mirada perdida mientras un desconocido equipo gana el segundo título de su historia tras 25 años. Bobby Charlton permanece de pie, inmóvil, viendo cómo el Derby County festeja. Es agosto de 1970, hace calor en el Baseball Ground y el Derby se ha llevado la final de la Copa Watney frente al Manchester United por 4-1. Es el primer título de un entrenador que dará mucho de qué hablar, un tal Brian Clough.

Pero Charlton no se mueve, tiene la frente empapada de sudor aún. Han sido 90 minutos duros, 90 minutos detrás del balón sin opción alguna. Por su cabeza seguramente no solo esté presente el partido, seguramente no solo esté pensando en cómo iban perdiendo 3-0 al descanso. Probablemente esa cabeza también se encuentre en unos meses atrás, en el Nou Camp de León, en el 14 de junio, y en ese partido contra Alemania Federal.

El Mundial de México era su oportunidad para coronarse, él y una generación histórica de jugadores como Alan Ball, Gordon Banks o Bobby Moore. El partido parecía estar bajo control, a los 50 minutos, los ‘Three Lions‘ ganaban 2-0 gracias a Mullery y Peters. Pero Alemania siempre es un hueso duro, y primero Beckenbauer y luego Seeler mandan el partido a la prórroga. Allí, una Inglaterra con más orgullo que cabeza se lanza al ataque, pero Müller, en una transición rápida, marca en el 108 para acabar con todo tipo de sueño. Dos meses más tarde vuelve a sufrir una derrota dura. Es el peor verano de la historia de Bobby Charlton.

Es la primera edición de la Copa Watney, un torneo bastante peculiar. Estamos ante la primera competición patrocinada de Inglaterra. La popular marca de cervezas Watney Mann, que da nombre al certamen, pagó 82.000 libras -un dineral para la época- a la FA para organizar este torneo de pretemporada. Una prueba de su popularidad es que aparece en un sketch de los Monty Python.

La idea del campeonato no podía ser más original: lo disputaban los dos equipos más goleadores de cada una de las cuatro divisiones del fútbol profesional inglés, exceptuando clubes que disputaran competiciones europeas o hubieran ascendido de categoría. El trofeo se disputaba en ocho días y, lejos de jugarse los encuentros en campo neutral, se celebraban en el estadio de uno de los contendientes, que se decidía… ¡lanzando una moneda al aire! El cartel de su primera edición tenía como principal atractivo la presencia del ya mencionado Manchester United de George Best, y del Derby County, la revelación de la anterior temporada al acabar cuarto en su regreso a la primera división.

 

La idea de la Copa Watney no podía ser más original: la disputaban los dos equipos más goleadores de cada una de las cuatro divisiones del fútbol profesional inglés

 

La Copa Watney tuvo cuatro ediciones y es recordada en el país por diversos hitos y alguna que otra locura. Fue el primer campeonato británico en el que en caso de empate no habría replay, sino que se decidiría en una tanda de penaltis, algo que no se había hecho antes. Así pues, en la semifinal de 1970 que enfrentaba al Manchester United contra el Hull City, tras 120 minutos y un empate a uno, George Best anota el primer tanto en una tanda de penaltis del fútbol inglés. Su compañero Denis Law obtuvo el dudoso honor de fallar la primera pena máxima y el portero de los ‘Tigers‘, Ian Mckechnie, el primero en detener una. Casualidades del destino, fue el propio Ian el que mandó fuera el penalti decisivo. El primer lanzamiento del Hull lo ejecutó Terry Neill, quien por entonces era jugador-entrenador. El propio Terry ocupó también ambas facetas en la selección de Irlanda del Norte de Georgie Best entre el 71 y el 73, cosas del fútbol de los 70.

Al ser un simple torneo veraniego -que no pachanga, no confundamos, que aquí los jugadores iban con todo- los de la marca de cervezas podían permitirse innovar. Y es que la FA lo usó como conejillo de indias para probar ciertas reglas de cara a implantarse en torneos oficiales, véase la ya mencionada tanda de penaltis. Otro tipo de experimentos lo vemos con la regla del fuera de juego, que se aplicaba solo dentro del área del equipo que defendía, no a partir del centro del campo, con el objetivo de favorecer el espectáculo.

El principal objetivo de la Asociación Inglesa de Fútbol era que los equipos recaudaran dinero para fichajes, aunque en la práctica el resultado fue bien distinto. De las ya mencionadas 82.000 libras que pagaba el patrocinador, 4.000 iban para cada participante, 500 por cada ronda pasada y 1.000 al ganador. El problema estaba en que las 36.000 libras restantes se repartían entre la liga y la FA, lo que provocó protestas por parte de los clubes.

La Copa Watney dejó imágenes para la historia. La final de 1970 se disputó la misma tarde que Everton y Chelsea jugaban la Charity Shield. En 1971 el Colchester United de cuarta división se proclamó campeón tras vencer al West Bromwich Albion de primera, en un choque decidido desde los once metros después 120 minutos que arrojaron un emocionante empate a cuatro. Ese año, los ‘Red Devils‘ habían caído en primera ronda contra el Halifax Town de tercera categoría. En dicho partido los jugadores del Halifax salieron con sus dorsales puestos en la parte delantera de su camiseta con el objetivo de dificultar los marcajes. La extraña táctica les dio resultado y se llevaron la victoria por 2-1. La temporada siguiente el conjunto de Mánchester se negaría a participar en una edición que se llevaría -de nuevo en los penaltis- el Bristol Rovers, de tercera división. Fue en una final contra el Sheffield United de primera. En 1973 el Stoke City lograría su segundo y último título nacional, tras la Copa de la Liga lograda en la temporada 1971-72.

Esa fue la última vez que se celebró el campeonato. La retirada del United hizo que perdiera solera y la ITV, que por entonces lo retransmitía de manera íntegra, cada vez mostraba menos interés en él. Watney Mann eliminó su patrocinio y no se pudo encontrar sustituto: la Copa Watney quedó enterrada para siempre. Enterrada junto con otros experimentos del fútbol inglés de los 70, como fueron la Copa Texaco o la Copa de la Liga anglo-italiana.

Pero volvamos al Baseball Ground. Allí Charlton mira por última vez cómo Mackay eleva la copa. Probablemente desearía haber jugado en otra época. En una época como la actual, en la que los partidos de pretemporada son meras pachangas y se disputan en países como Estados Unidos o los Emiratos Árabes ante decenas de miles de espectadores. Probablemente desearía no haber tenido que jugar en campos de tierra, contra equipos que daban el máximo y en estadios en los que el público está encima del jugador. Bobby no volverá a levantar ningún trofeo más, ni con el Manchester United ni en el resto de su carrera. Es el inicio de una larga sequía que comenzó tras ganar la final de la Copa de Europa del 68 contra el Benfica de Eusebio. Es el final del peor verano de la historia de Bobby Charlton.