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El misterio israelí: el melodrama de Solomon en Villarreal

El futbolista israelí del Villarreal, rodeado por un contexto enrarecido y sin la confianza de Marcelino García Toral, se plantea abandonar España y buscar otro destino en el que despegar

La semana pasada, los periódicos israelíes se hacían eco, con dramatismo, de la noticia: es muy probable que Manor Solomon deje el Villarreal este invierno. En un mercado de traspasos siempre cambiante, y más en una gran competición como La Liga, un titular como este pasa prácticamente desapercibido. Sin embargo, ha hecho mucho ruido en el fútbol de Israel. Manor Solomon, posiblemente el mejor jugador de su generación en el país, llegó al Villarreal en los siempre trepidantes últimos compases del mercado de verano. La operación, una cesión del Tottenham Hotspur, fue vista por muchos como ideal para que el habilidoso extremo demostrara su calidad en la Liga de Campeones y en una de las principales ligas de Europa. Sin embargo, apenas dos meses después del comienzo de su aventura española, el sueño se ha vuelto amargo, y la incertidumbre alrededor de su futuro ha desembocado en un culebrón fascinante, cargado de matices.

En los mentideros de Tel Aviv deslizan que Solomon está decidido a marcharse del Villarreal a principios de enero. Hay una doble razón: la frustración por la falta de minutos que le ofrece Marcelino y las dificultades a la hora de adaptarse a la vida en España. Es trascendental la cláusula de salida que prevé el contrato de cesión, que le permite marcharse sin compensación alguna en la ventana de invierno. Sus representantes están explorando activamente esa opción, con clubes de la Premier League (en concreto, el West Ham) y de la Bundesliga como salidas más viables.

Las circunstancias de la llegada de Solomon al club ‘groguet’ han sido caóticas desde el principio. Estaba previsto que recalara en un destino totalmente distinto. Después de un préstamo satisfactorio en el Leeds United, con el que logró el ascenso en la Championship, se buscó en un primer momento su traspaso definitivo. Cuando esa opción se cayó, parecía claro que iba a marcharse cedido al Crystal Palace, cuando club y jugador llegaron a un acuerdo. Sin embargo, a última hora, el trato se rompió por desavenencias económicas con el Tottenham.

Solomon, que esperaba quedarse en Londres, se encontraba en ese momento con la selección israelí en Moldavia. Sus agentes, Pini Zahavi y Shlomi Ben-Ezra, para salir del punto crítico en el que se encontraban, se movieron rápido en busca de una solución. Teniendo en cuenta que el mercado español se cerraba unas horas más tarde que el inglés, el Villarreal apareció a última hora como parche desesperado. Sobre el papel, era un destino estelar: un equipo entre los cuatro mejores en la Liga (hoy terceros), un conjunto de Champions League y un sistema (un 4-4-2 que le era familiar) adaptado a sus características. Pero en realidad, aquello fue una jugada desesperada y agónica que terminaría siendo contraproducente.

 

Solomon está decidido a marcharse del Villarreal a principios de enero. Hay una doble razón: la frustración por la falta de minutos que le ofrece Marcelino y las dificultades a la hora de adaptarse a la vida en España

 

Pese a que ya se habla de su marcha, cabe recordar que la participación de Solomon sobre el terreno de juego es de una eficiencia notable. En los escasos 221 minutos que ha disputado en todas las competiciones, el futbolista, de 26 años, ha dejado unos números excepcionales de un gol y cuatro asistencias. Esto se traduce en un registro llamativo: ha participado en un gol cada 37,4 minutos. Su impacto fue inmediato, sobre todo por su asistencia en su debut liguero frente Osasuna y por el tanto de la victoria ante el Sevilla, anotado en los minutos finales, poco después de salir desde el banquillo. Aquella diana supuso un punto álgido emocional, y por un momento silenció a un público hostil, que había estado pitando y abucheando al internacional israelí.

No obstante, más allá de esos destellos, se impone la cruda realidad. Su única titularidad en Liga, ante el Athletic Club, fue una actuación que algunos señalaron como floja. Desde entonces, se ha evaporado cualquier oportunidad. No fue convocado para el partido de Champions League contra la Juventus para cumplir con el Yom Kippur (el día de la expiación), una decisión personal que enraíza con sus orígenes judíos. En los cuatro partidos siguientes, jugó unos escasos diez minutos ante el Betis y se quedó en el banquillo frente al Real Madrid, el Valencia y el Manchester City.

Cuando le preguntaron por los pocos minutos de juego del extremo, el entrenador del Villarreal, Marcelino, dejó una frase que evidencia las prisas con las que se cerró su llegada: “Es un futbolista al que conocemos menos, porque tenemos poco tiempo para entrenar. Siempre que ha salido al campo ha dado un buen nivel. Seguiremos contando con él, su evolución es positiva”. Esta declaración, aparentemente anodina, define el problema: Solomon llegó tarde, se perdió toda la pretemporada y ahora es un extraño dentro de una máquina bien engrasada. En un club como este, que compite en varios frentes a la vez, los jugadores afianzados, que han superado las exigencias de la pretemporada, tienen naturalmente preferencia, especialmente por encima de un jugador que no deja de ser un recurso temporal. Eso último, así como la falta de confianza depositada en él, tiene que ver, sobre todo, por la parte económica del acuerdo. Solomon es una cesión directa del Tottenham sin opción de compra; a cambio, el Villarreal se hace cargo de su sueldo, de 350.000 euros mensuales. En un contexto en el que es fundamental invertir y desarrollar, Solomon no es más que una opción de rendimiento inmediato, sin ningún valor a largo plazo.

Esto se hace evidente si nos fijamos en el resto de los atacantes que han llegado al Villarreal. El club hizo un gasto considerable para traer dos futbolistas que ocupan posiciones parecidas a la de Solomon: el delantero y extremo Georges Mikautadze, procedente del Lyon a cambio de 31 millones de euros, un récord para la entidad, y el prometedor Alberto Moleiro, por el que pagaron 16 millones a Las Palmas. Tal y como declara una fuente cercana al jugador: “Está claro que eso influye en las decisiones del entrenador… ¿Por qué iba a querer el club invertir minutos de juego en un cedido sin opción de conpra cuando tiene activos como Mikautadze o Moleiro, por los que ha invertido sumas significativas de dinero?”. Esta realidad afecta al orden de prioridades del entrenador, en la que el israelí es relegado a un rol periférico, sea cual sea su contribución en relación con los minutos jugados.

 

Marcelino dejó una frase que evidencia las prisas con las que se cerró su llegada: “Es un futbolista al que conocemos menos, porque tenemos poco tiempo para entrenar”

 

Más allá de los problemas tácticos y financieros, Solomon se enfrenta a una presión adicional: el clima político de España. Su identidad se ha convertido en un foco de tensión en las gradas, lo que ha generado un ambiente muy distinto al que había experimentado en otras ligas europeas, como la inglesa.

A su llegada, Solomon no ocultó sus raíces. En la rueda de prensa de su presentación, declaró: “Estoy aquí para jugar al fútbol; soy futbolista, no vengo a hablar de política. Soy israelí, estoy orgulloso de ello y siempre seré una persona judía”. Pero en España, en particular en zonas como el País Vasco, y ante ciertas aficiones como la del Rayo Vallecano, el sentimiento propalestino tiene un fuerte arraigo, por lo que a menudo se ven expresiones claramente antiisraelíes. El incidente más llamativo ocurrió durante un partido contra el Sevilla. Cuando Solomon ingresó en el campo, en minuto 84, los aficionados mostraron banderas palestinas y silbaron al jugador cada vez que tocaba la pelota. Él respondió, como hicieron notar sus seguidores, de la mejor manera posible: marcando el gol de la victoria solo dos minutos después.

El ambiente en España está cargado políticamente, más aún después de algunos hechos recientes. En septiembre de 2015, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, pidió que Israel fuera apartado de cualquier competición deportiva hasta que cesara “la barbarie en Gaza”, un movimiento que el ministro de Exteriores israelí criticó de “antisemita”. Para Solomon, tenerse que mover en medio de ese clima es algo que va más allá del habitual reto de tenerse que adaptar a un nuevo país. “No es fácil ser israelí en España últimamente”, escribió un columnista en la prensa israelí. “Además del propio desafío profesional, tiene que lidiar con abucheos y protestas políticas”.

Como israelí expatriado, los desafíos van, por tanto, más allá del terreno de juego. Adaptarse a otro país y a otra lengua es un proceso exigente. Aunque tiene buen inglés, Solomon admite que apenas empieza a aprender algo de español, y dice que necesita “unas cuantas semanas” para poder hablar con sus compañeros. La barrera del idioma, que habitualmente se puede sortear, puede también generar un sentimiento de soledad e impedir la tan necesaria integración que un extranjero necesita para sentirse del todo como en casa.

 

El incidente más llamativo ocurrió durante un partido contra el Sevilla. Cuando Solomon ingresó en el campo, los aficionados mostraron banderas palestinas y silbaron al jugador cada vez que tocaba la pelota

 

El consenso dentro de su círculo más íntimo está claro: Manor tiene que jugar. “Se merece muchas más oportunidades. Si la situación continúa así, tendrá que tomar una decisión en enero. Debe jugar, especialmente después de su gran temporada conn el Leeds. Teniendo en cuenta que está en buena forma, puede ser una campaña perdida”. El mercado hivernal se presenta como el momento de la verdad. La posibilidad de una marcha prematura, facilitada por esa cláusula especial, es muy real. El interés de la Premier League sigue siendo importante, particularmente por parte del West Ham, que está, según se ha publicado, deseoso de traerlo. La Bundesliga, una liga en la que los foráneos se integran habitualmente bien, y que ofrece un lugar donde crecer a jóvenes talentos, también es una opción viable.

El objetivo principal de Solomon es regresar al club del que forma parte, el Tottenham, y hacerse con un lugar en el once. La cesión al Villarreal era una apuesta para mostrarse a nivel europeo y enseñar que tiene nivel para estar en una gran liga. Si la situación actual se mantiene, lo que más pesará será el objetivo a corto plazo de volver a jugar con regularidad, sea cual sea el destino.

El paso de Manor Solomon por España, aunque corto, nos sirve como ejemplo evidente de la volatilidad del fútbol moderno. Es el relato de un jugador talentoso que se ve atrapado entre el cinismo económico de una cesión a corto plazo, la alta exigencia táctica de un entrenador y el desagradable peso de la tensión geopolítica. La incógnita israelí llegó a España como un tiro (su inmediata asistencia de gol), pero hoy se enfrenta a una salida rápida por la puerta de atrás. En su horizonte está redimirse en el ‘Submarino amarillo’ o buscar un destino totalmente nuevo en enero que redefina hacia dónde va su carrera.

 


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Fotografía de Getty Images.