Este reportaje está extraído del #Panenka150, nuestro nuevo número, un Especial Camisetas
Casi todos los armarios guardan recuerdos. La camiseta de un viaje que hicimos hace tiempo, un jersey al que le teníamos cariño o un vestido reservado para ocasiones especiales… Pero imaginad por un momento el armario del delantero uruguayo Sebastián ‘el Loco’ Abreu (Minas, 1976). Más que ropa, una vida, una colección viviente de escudos. 32, para ser precisos (33 contando la selección). Cada símbolo, cada camiseta y, por supuesto, cada club están grabados en la memoria de uno de los futbolistas más prolíficos de la historia en lo que a cambiar de equipo se refiere. Y hoy, incluso después de colgar las botas, su espíritu viajero permanece: desde su retirada, ya ha añadido como entrenador seis emblemas más a su colección. Bienvenidos al mundo de un hombre que convirtió la existencia nómada en una forma de arte y, cambiar de escudo, en un estilo de vida.
Durante su infancia en Minas, le apodaban el ‘Negro’, un mote que llevaba con orgullo, reflejo de su ascendencia africana por parte del padre. Sin embargo, a su llegada a San Lorenzo, en 1996, recibió un nuevo apodo que cuajó hasta eclipsar del todo al anterior, e incluso a su propio nombre. “Siempre estaba con la música a tope; la alegría, los chistes, ese tipo de ambiente. A las ocho de la mañana, llenaba de vida el vestuario, con la cumbia a todo volumen. Los compañeros empezaron a llamarme ‘loco’. Un periodista lo escuchó y lo usó. Y quedó para siempre”, dice Abreu.
Bienvenidos al mundo de un hombre que convirtió la existencia nómada en una forma de arte y, cambiar de escudo, en un estilo de vida
Quien diga que Washington Sebastián Abreu es solo un loquito despreocupado, indiferente a todo, quizá para explicar por qué tiró a lo Panenka un penalti decisivo en los cuartos de un Mundial o por qué parece lograr cosas sin apenas esforzarse, está profundamente equivocado. Abreu es un profesional de los pies a la cabeza que estuvo una década combinando los entrenamientos con dos horas diarias de ejercicios personalizados. Esa dedicación le permitió, ya bien entrado en los 40, perseguir un récord Guinness futbolístico: el de más camisetas vestidas en una carrera. “Nunca soñé en convertirme en el futbolista que ha pasado por más clubes de la historia”, admite. “Pero lo confieso: a medida que el número de equipos aumentaba, tuve conocimiento de Lutz Pfannenstiel, el portero alemán que jugó en 25 clubes entre 1991 y 2011. Naturalmente, un portero tiene más oportunidades de extender la vida futbolística. En cualquier caso, llegado a un cierto punto, superarlo se volvió muy importante para mí”.
LA VUELTA AL MUNDO
Julio de 2008, campo de entrenamiento del Beitar de Jerusalén. Dos jóvenes uruguayos ondean con orgullo la bandera de su país y se acercan al lugar para dar la bienvenida a Sebastián Abreu. “¿Por qué no es capaz de ver puerta? ¿No se supone que es una gran estrella?”, reclaman unos hinchas locales, decepcionados con el pobre rendimiento del delantero en sus primeros partidos. Los dos uruguayos rompen a reír.“No tenéis ni idea de lo que os acaba de caer”, responden, y añaden: “Nadie en Uruguay o Argentina entiende por qué ha terminado aquí. Uruguay es un país de fútbol, con una selección nacional que presume de tener a dos indiscutibles estrellas: Diego Forlán y Sebastián Abreu. Forlán pronto se marchó al Manchester United, y desde allí, toda su carrera en Europa fue creciendo. Si las circunstancias hubieran sido otras, hoy veríamos a Abreu en un grande europeo”. Quizá era otra mentalidad, pero en Jerusalén no fueron capaces de reconocer las cualidades que habían convertido a Abreu en una de las figuras más queridas y pintorescas de Sudamérica…



