15 de junio de 2013. La ciudad de Girona se prepara para acoger un evento totalmente nuevo para sus ciudadanos. Nunca han jugado un playoff de ascenso a Primera, nunca han estado en la máxima categoría. Es por eso que la incredulidad de tener tan cerca algo tan grande ilumina centenares de rostros que, a dos horas para que empiece el partido, esperan en los alrededores de Montilivi a que dé comienzo la cita. Hoy habrá una de las mejores entradas de la historia en el campo municipal y todas sus vías de acceso se encuentran saturadas. Especialmente una de ellas.

En el Gol Norte, zona por donde está a punto de entrar el autocar con los jugadores del Alcorcón, no cabe ni un alma. Pero eso no va a cambiar los planes de la plantilla local, que acude por su propio pie. Los aficionados gerundenses, como ya es habitual, se apresuran a darles la mano, a llamarlos por su nombre de pila y saludarlos efusivamente, a la vez que decenas de pulgares levantados buscan su mirada cómplice. Ellos, agradecidos por el apoyo de la gente, desfilan hacia la entrada a los vestuarios.

La euforia llega unos segundos después, cuando de repente un grito unánime se dirige hacia una misma dirección. “Sisplau”, “Sisplau”, “Sisplau”. La multitud abre paso a un enorme bombo que marca el ritmo de los cánticos. Detrás de él, un hombre menudo, con una bandera del Girona atada al cuello y las mejillas pintadas de rojo y blanco. Los más pequeños corren a hacerse fotos con él, los mayores le abrazan con fraternidad. Todos se suman a la veneración de este personaje. Se trata de ‘Sisplau’ y aquí, en Girona, es un héroe.

– Me llamo Effah, pero por favor, llámame ‘Sisplau’
¿Por qué?
– Porque es el nombre que me ha puesto mi afición

Sisplau (‘Por favor’ en catalán) es la primera palabra que aprendió Effah cuando con 20 años y un futuro plagado de interrogantes cambió Ghana por Girona, donde hoy es venerado como un héroe

‘Sisplau’ (‘Por favor’ en catalán) es la primera palabra que aprendió Effah cuando con 20 años y un futuro plagado de interrogantes cambió el fútbol y la vida de Ghana por la de Girona. Aun recuerda sus partidos como juvenil en el Cicsic, equipo de su país natal en el que arraigó el amor por este deporte que hoy traslada a las gradas de Montilivi. “En mi país solo se conoce Barcelona y Madrid pero yo tenía claro que una ciudad como esta tenía que tener un equipo grande. La primera vez que los vi por la tele, la temporada 2008/09, recuerdo que estaban a punto de bajar a Segunda B, y no podía creer que la gente estuviera tan fría en el estadio” relata. “Fue entonces cuando pensé que yo podía salvar eso y vine al campo sin pensármelo”.

Con 30 años recién cumplidos, este particular aficionado, totalmente integrado en la ciudad aunque aun con algún que otro problemilla para expresarse plenamente en castellano, sigue usando la misma táctica para captar la atención de aquellos que miran el partido en silencio. “¡Sisplau!, ¡Sisplau!”, grita con la baqueta a punto para golpear el bombo. Enseguida se le une la gente, que hoy más que nunca vive uno de los momentos más felices de la historia del club.

¿Tu familia sabe en lo que te has convertido en Girona?
– No, ellos sólo preguntan por el Barça (ríe)
¿Tenías planeado hacerte tan famoso?
– Para nada, ¿te crees que los niños me paran por la calle?
Viendo lo que hacen cuando llegas al estadio…
– Pues cuando subamos a Primera me conocerá toda España

El Girona ganó aquel duelo crucial y ‘Sisplau’ no vio ni uno de los goles porque prefirió estar de cara al público, animándolo. Aun así, el equipo catalán se quedaría a las puertas del ascenso y acabaría viendo como el entrenador, Rubi, y su delantero estrella, Acuña, abandonaban el club como consecuencia de la gran temporada realizada.

Un giro de 360º

10 de mayo de 2014. No hace ni un año que el Girona acechaba la elite nacional. Hoy, el panorama es muy distinto. El equipo lucha a vida o muerte por lograr una salvación que cada vez parece más utópica. La ilusión de la pasada temporada se ha convertido en verdadero pánico por perder la categoría, el volumen de gente que acude al estadio ha disminuido sensiblemente y a los que siguen yendo les cuesta arrancar gritos de ánimo en un contexto tan adverso. Hasta Montilivi parece otro. Lo único que permanece inalterable es ‘Sisplau’, que precisamente hoy, que el Real Madrid Castilla visita el feudo catalán, acudirá mucho antes al campo: hay mucha gente a la que convencer de que se salvarán.

No hace ni un año que el Girona acechaba la elite nacional y hoy el equipo lucha a vida o muerte por lograr una salvación que cada vez parece más utópica

“A mi me gustaría que la gente estuviera todo el rato cantando, pero cuando nos marcan un gol se ponen muy tristes, muy callados”, concede. ‘Sisplau’ no tiene asiento en el campo, no lo necesita. Se pasa el partido corriendo Gol Norte arriba Gol Norte abajo, levantando aplausos a su paso y carcajadas que miran con entusiasmo la entrega del ghanés, incansable. La gente se suma a sus cánticos y no duda en corear su nombre, porque a él también hay que animarle, porque sin Effah las tardes en Montilivi no serían igual. Si el año pasado la afición del Girona fue nombrada como la mejor de Segunda División fue por algo. Algo que tendrá que ver la alegría -y ahora, más que nunca, esperanza- que contagia el africano.

En la capital de provincia se ha convertido en todo un fenómeno; tanto, que los aficionados celebran con la misma efusividad que un gol su entrada al estadio y explican entre risas sus anécdotas. “¡Qué poco le importó ese día perder la baqueta del bombo! Al minuto ya se había aprovisionado de un palo de un árbol para seguir tocándolo”, relata un aficionado. “Y cómo cuesta convencerle para que se ponga una chaqueta en invierno, cuando acude al campo en manga corta consciente de que acabará sudando la gota gorda”, aporta otro testimonio. Y ¡qué noche la del 14 de abril de 2012! en la que un gol de Acuña en el minuto 85 le hizo saltar al campo… “Era el empate contra el Barça B, me volví completamente loco”, confiesa ‘Sisplau’. Aunque reconoce que últimamente son muchas las jornadas que acaba destrozado:“No sabes lo que llegué a llorar con la goleada que nos metió el Sabadell y cuando nos ganó el Murcia por la mínima”.

“¡No paren, sisplau!” repite ahora Effah, cuando el Girona acaba de encajar un gol del filial madridista que él ni tan solo ha visto, ocupado como estaba animando a los asistentes. El dichoso descenso irrumpe en cada pensamiento de los que hoy ocupan un asiento en el feudo catalán. El nerviosismo se dispara y las uñas se mordisquean.

Aquel partido acabó con un empate que supo a poco, pero que mantiene al Girona con vida. Las oportunidades se agotan y este sábado visitará el campo de la Ponferradina en el penúltimo partido de la Liga Adelante. Aunque será difícil, todo sigue siendo posible. Solo ‘Sisplau’, el jugador número 12, es capaz de prolongar en el tiempo la esperanza en un equipo que hace 11 meses tuvo la gloria a tocar de dedos.

¿Esto se salva, ‘Sisplau’?
– Yo estoy segurísimo, por eso vengo aquí, para convencerlos a todos de que juntos podemos.
¿Y si eso no es suficiente?
– Perderé los 100 euros que me he jugado con mi vecino y al día siguiente seguiré animando al Girona sin parar.