Vuelve la Champions League. Vuelve ese himno que nos pone la piel de gallina cuando los dos equipos saltan al césped. Y vuelve el ‘Clásico’ del fútbol europeo por antonomasia. En 24 ocasiones se han visto las caras en la máxima competición del Viejo Continente, siendo la mayor cantidad de veces que dos equipos se han medido en Europa. Nos han dejado 73 goles (37 los madrileños y 36 los bávaros), 22 victorias (11 para el Real Madrid y 11 para el Bayern) y dos empates. Y no han sido duelos testimoniales, para nada. Siete semifinales en lucha por un hueco en la final (contando con la actual edición), otras tres veces en cuartos, dos en octavos y una en fase de grupos.

Bayern de Múnich y Real Madrid. Real Madrid y Bayern de Múnich. Dos equipos condenados a odiarse. Por su historia nacional e internacional, por luchar por el mismo título año sí y año también y por un sinfín de episodios que han dejado sus duelos. Burlas, codazos, pistones, peinetas y, ante todo, espectáculo futbolístico. Da igual si juegan en el Paseo de la Castellana madrileño o a orillas del río Isar bávaro, la cuestión es que cada Bayern-Real Madrid siempre deja su huella.

1975/76: La nariz de Roberto y un loco en el Bernabéu

El Bayern de Beckenbauer, Müller y compañía reinaba en Europa por aquel entonces. Venían de ganar las dos últimas ediciones y el Real Madrid hacía diez años que no salía victorioso de la Copa de Europa. Se enfrentaban por primera vez bávaros y merengues en las semifinales de la máxima competición europea y la histórica rivalidad entre ambos empezó con un partido para el recuerdo, aunque el fútbol quizá fue lo de menos.

Ese día quedó para la posteridad. No por los goles, que hubo uno para cada bando dejando la eliminatoria en tablas antes de decidirse todo en Múnich; y tampoco por exhibiciones de Pirri, del Bosque o Rummenigge. Lo que nunca se olvidará de aquel día son dos agresiones, una involuntaria y de la otra se podrían discutir pocas cosas sobre las intenciones del agresor. La primera se la llevó Roberto Martínez después de un choque con Sepp Maier. En la disputa de un balón aéreo el codo del guardameta impactó con la cara del madridista y le dejó hecho un cromo, con la camiseta teñida de rojiblanco, al más puro estilo Atlético de Madrid, por los chorros de sangre que salían de su nariz.

Después de salir malparado Roberto, el siguiente turno fue para el árbitro austríaco Linemayr. El Santiago Bernabéu no andaba muy contento con la actuación del trencilla y, tras concluir el encuentro, un aficionado pagó la venganza por su cuenta. Bajó desde las gradas, saltó las vallas, se zafó de la seguridad y cuando llegó donde estaba Linemayr le propinó un guantazo. Se ganó el apodo de ‘El loco del Bernabéu’ y una patada por la espalda de parte de Sepp Maier. En la vuelta, un 2-0 fue suficiente para que el Bayern repitiera final por tercer año consecutivo y, como en los dos anteriores, se llevara la ‘orejona’ a Múnich.

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1986/87: El pisotón de Juanito

Pasaron once años para volver a presenciar este duelo de titanes. Entremedio, el paso de unos y otros por la Copa de Europa dejó poco a destacar con una única final perdida por el Real Madrid ante el Liverpool en 1981. Se reencontraban en unas semifinales y en el penúltimo baile les tocaba bailar con la más fea. El Bayern pasó como un rodillo sobre el Real Madrid en el Olímpico de Múnich y con media hora de juego cumplida el encuentro ya iba 3-0 y estaba a punto de ocurrir una de las escenas más recordadas del ‘Clásico’ europeo. Lothar Matthäus realizó una dura entrada a ‘Chendo’, de esas más próximas a la roja que a la tarjeta amarilla. La reacción de Juanito ante la acción del alemán no se hizo esperar. Dos pisotones en la espalda y en la cabeza que le valieron una roja y una sanción de cinco años sin pisar un terreno de juego en competición europea.

En la vuelta en Real Madrid solo pudo maquillar la eliminatoria con un 1-0. El Bayern se clasificó para aquella final, pero, como hicieran sus íntimos enemigos seis años atrás, no pudo agrandar su palmarés y cayó derrotado contra el Oporto de Paolo Futre en el Estadio Ernst Happel de Viena por 2-1.

1999/00: Precoz Anelka

Doce años después volvían a encontrarse por Europa. Coincidieron en la segunda fase de grupos donde en Bayern se impuso en los dos partidos y se vieron las caras de nuevo en las semifinales. En esa ocasión el Real Madrid aprendió la lección de su primer tanteo en el Grupo G y le dio la vuelta a la tortilla con victorias en el Santiago Bernabéu y en el Olímpico de Múnich con un Nicolas Anelka vital para las aspiraciones merengues. Marcó tanto en la ida como en la vuelta y se convirtió en el jugador más joven en marcar en los dos duelos de una eliminatoria de Champions League. Lloverían 17 años hasta que otro muchacho francés, de nombre Kylian Mbappé, le arrebatara el récord de precocidad en Europa.

El Real Madrid se plantaba en una final europea dos años después de conquistar la ‘Séptima’ contra la Juventus de Turín. La del 2000 era la primera final de la historia de la competición en la que se enfrentaban dos clubes del mismo país. Saint Denis sería el escenario donde el Real Madrid acabó comiéndose al Valencia de Gaizka Mendieta y el ‘Piojo’ López firmando un rotundo 3-0 para llevarse la ‘Octava’.

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2001/02: Kahn y Salihamidžić reavivan la rivalidad

Bayern y Real Madrid sumaban tres años consecutivos encontrándose en la Champions League. Un triunfo para ambos en sus duelos particulares y una ‘orejona’ para cada uno. En el tercero, después de asestar el primer golpe en Múnich con un 2-1, los alemanes calentaron el duelo de vuelta en el que se jugaban estar entre los cuatro mejores de Europa. “Ellos no son del otro mundo. En el primer tiempo dominaron pero se dedicaron a hacer taquitos y no fueron realmente imponentes. En el segundo tiempo mostramos que si se les presiona se cagan en los pantalones”, dijo Hasan Salihamidžić al acabar el encuentro. Su compañero y capitán Oliver Kahn tampoco se quedó corto: “Graban anuncios, se exhiben, pero no juegan al fútbol, no me meterán dos goles en la vuelta”.

En la vuelta, y pese a la ventaja conseguida por los bávaros, el Real Madrid respondió sobre el césped. Las predicciones del guardameta alemán no fueron del todo certeras. De hecho, la pifió porque no imaginaba que ese día ‘Guti’ e Iván Helguera le arruinarían su corta carrera como pitoniso sellando un 2-0 que apartaba a los alemanes de una segunda final consecutiva. En el Hampden Park de Glasgow, Zinedine Zidane e Iker Casillas se aseguraron de que la ‘Novena’ llegara a Madrid con una magistral volea y un recital de paradas para el recuerdo.

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2006/07: Una peineta y un gol fugaz

Quizá por su reciente pasado azulgrana o quizá por la adrenalina que desprenden los partidos entre Real Madrid y Bayern, Mark van Bommel se ganó pocos amigos en su primera visita al Santiago Bernabéu. Corría el minuto 89 cuando Roy Makaay ponía el 3-2 en el electrónico y su compatriota holandés, ni corto ni perezoso, sacó a pasear un corte de mangas hacía la afición merengue. Tras el encuentro, conocedor de su error, pidió disculpas y se excusó alegando que ese feo gesto no iba dirigido a la grada, sino a algún enemigo que dejó por el campo.

La eliminatoria estaba abierta para ambos en Múnich. Pero el mismo Makaay que se había encargado de acortar distancias en la ida cuando el cronómetro apuraba los últimos minutos, batió todos los registros anotando el que aún es el gol más rápido de la historia de la Champions League —10 segundos— tras un garrafal error de Roberto Carlos. El partido acabó 2-1 y con el Bayern en cuartos de final.

2011/12: El penalti de Sergio Ramos

La penúltima vez en la que sus caminos se cruzaron por Europa dejó una semifinal donde la igualdad fue la nota dominante. El Bayern dio el primer golpe en el Allianz Arena. Se adelantó con un gol de Franck Ribéry y el Real Madrid respondió en el segundo tiempo con un tanto de Mesut Özil. Con el empate a uno se llegó al minuto 90, pero Mario Gómez se encargó de poner la eliminatoria de cara para los alemanes con un gol in-extremis antes de viajar a Madrid. Ya en el Santiago Bernabéu primero atacaron los vikingos. Dos tempraneros goles de Cristiano Ronaldo sellaban el 2-0 antes de llegar al ecuador del primer tiempo, aunque un exmadridista bajaría a su anterior club de la nube. Poco después, Arjen Robben ponía el 2-1 que igualaba la eliminatoria y no se movería del marcador ni el el tiempo reglamentario ni en la consecuente prórroga.

Todo debía decidirse desde el punto fatídico. Once metros y diez teóricos lanzamientos para concretar al finalista en la final del Allianz Arena. David Alaba adelantó a los bávaros y Manuel Neuer atajó el disparo de Cristiano Ronaldo. Mario Gómez tampoco falló y Kaká se encontró de nuevo con Neuer. Toni Kroos y Xabi Alonso, ahora con las camisetas opuestas, pusieron el 1-3 en la tanda de penaltis. Philip Lahm tenía la final en sus botas, pero Iker Casillas le adivinó el costado. El penalti de Sergio Ramos significaba seguir con vida o sellar la muerte. Y el disparo se fue alto y directo a la grada del Santiago Bernabéu. El Bayern estaba en la final y el central del Real Madrid fue la principal víctima de aquel encuentro. Las bromas y mofas en las redes iban todas en dirección del ‘4’ blanco y Manuel Neuer no quiso ser menos: “No sabía que a Ramos le gusta tirar los penaltis por encima de la portería”. Pero lo que tampoco sabía era que Ramos se la devolvería un tiempo después.

2013/14: La vuelta de Pep y la vendetta de Ramos

El eterno enemigo volvía al Santiago Bernabéu. Esta vez no era para liderar al Barcelona, sino que llegaba en su primer año como entrenador del Bayern de Múnich. Era un duelo especial para todos. Los madrileños querían ganar a sus enemigos europeos y al que fuera figura y emblema de su eterno rival nacional. Los bávaros coincidían en el primer motivo y se le sumaba la posibilidad de ser el primer club en ganar dos Champions League consecutivas. Pero el Real Madrid dio el primer golpe en Chamartín. Un solitario gol de Karim Benzema les acercó a la final, aunque aún faltaba el segundo asalto en Múnich.

El penalti de Sergio Ramos de hacía dos temporadas aún daba algún que otro coletazo y el central madridista puso mucho de su parte para callar a todas esas bocas que seguían hablando. Les cerró el grifo a los críticos con dos testarazos marca de la casa y aunque no llegaron en el último suspiro, raro en él, sirvieron para sellar una paliza en el Allianz Arena (0-4). La ansiada ‘Décima’ estaba un poco más cerca. En Lisboa, y contra el Atlético, en esta ocasión Sergio Ramos sí que la metió en el 90. Así empezó una costumbre que aún perdura y allanó el camino hacia la gloria blanca.

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