El pasado 13 de mayo el Club Deportivo Cervera certificaba con una goleada al C.D. Villada su tercer campeonato consecutivo en la 1ª División Provincial de Palencia. Un gran éxito –tres títulos– que sólo se puede explicar desde el fracaso a la hora de acometer el ascenso a 1ª Regional de Castilla y León, al que el club ha tenido que renunciar en otras tantas ocasiones.

Compuesto de dos grupos de 18 equipos, competir en el campeonato de 1ª Regional de Castilla y León supone un alto coste económico –el presupuesto necesario para afrontar la temporada ascendería según los cálculos de la directiva del C.D. Cervera hasta aproximadamente 50.000€, cantidad inalcanzable para este club– y exige a los jugadores una dedicación impropia de quien juega por afición y sacrificando su –en muchos casos escaso– tiempo libre; a causa de las enormes distancias a recorrer, los futbolistas, obviamente amateurs, se ven obligados a pasar horas y horas del domingo metidos en un autobús para al día siguiente regresar al trabajo. Para el club de una localidad como Cervera de Pisuerga, situada en el extremo norte de la región, el ascenso a esta categoría se convierte en un imposible.

No siempre fue así. Tras proclamarse campeón de Palencia en la temporada 1985/86, el C.D. Cervera compitió en categoría regional durante dos campañas, y cuando perdió la categoría lo hizo no por demérito propio sino debido al sistema de cupos por provincias establecido en la competición castellanoleonesa, en la que el descenso de un equipo de 3ª División puede “arrastrar” a otro de su misma provincia en Regional.

El C.D. Cervera se vio obligado a renunciar al ascenso al término de la campaña 2014/15, pero un año después y con el segundo título consecutivo al alcance de la mano, la directiva comenzó a plantearse algunas alternativas

¿Qué ha cambiado desde entonces para que ese ascenso que entonces se pudo llevar a cabo, hoy sea imposible? Es cierto que Cervera de Pisuerga ha sufrido el mismo proceso de envejecimiento y despoblación que afecta al medio rural español en general y castellano en particular, y que el tejido productivo de la localidad, y en consecuencia la capacidad económica de sus instituciones, se ha resentido, pero la respuesta hay que buscarla en la propia configuración del campeonato regional, que entonces estaba formado por tres grupos (los clubes palentinos competían junto a los de Burgos y Soria) y hoy sólo por dos, lo que obliga a los clubes de localidades limítrofes de la comunidad a jugar varios partidos en pueblos y ciudades situados a más de 300km.

La posibilidad de restablecer la división en tres grupos ha sido rechazada por la asamblea de la Federación de Castilla y León de Fútbol en varias ocasiones, así como tampoco fue tenida en cuenta la propuesta del presidente del C.D. Becerril, que con un conocimiento privilegiado de la situación –el Becerril competía entonces en 1ª Regional, siendo su presidente uno de los miembros de la junta directiva de la FCYLF–, sugirió la división del campeonato en cuatro grupos con un play-off de ascenso a 3ª División entre los campeones de cada uno de esos grupos, lo que reduciría el kilometraje medio a recorrer por un equipo de Regional de 4.454 –algunos clubes alcanzan casi los 7.000– a 3.082km.

Ante esta situación, y sin tiempo para reaccionar, el C.D. Cervera se vio obligado a renunciar al ascenso al término de la campaña 2014/15, pero un año después y con el segundo título consecutivo al alcance de la mano, la directiva comenzó a plantearse algunas alternativas. Tras la visita de una delegación del club a la Federación Cántabra de Fútbol y ante la halagüeña reacción de sus representantes, se decidió dar el paso e intentar el ingreso en la misma. Dispuesto a compensar económicamente a los que habrían de ser sus rivales por los kilómetros extra a recorrer fuera de su comunidad en los partidos disputados en Cervera, el club no habría tenido porqué encontrarse con la oposición de ninguno de los clubes montañeses afectados, pero antes era imprescindible obtener el permiso de la Federación de Castilla y León. “Sabíamos que era muy difícil porque la Federación (de Castilla y León) no cede un ápice, prefiere que desaparezca un equipo antes que se vaya”, cuenta Cholo, jugador, entrenador y directivo cerverano en distintas etapas. «Un equipo de Soria, de Arcos de Jalón, que lo había intentado, nos llamó y nos dijo: “perdéis el tiempo, más que hemos luchado nosotros… con políticos, hemos echado mano de todo bicho viviente… y no ha habido manera de conseguirlo”».

El 13 de junio de 2016, el C.D. Cervera recibe la respuesta de Marcelino Maté, presidente de la FCYLF, a la petición presentada días antes. En ella, el señor Maté se acoge al apartado seis del artículo 99 (Integración y afiliación en las Federaciones de ámbito autonómico) del Reglamento General de la Real Federación Española de Fútbol, que establece que “los clubes deberán estar integrados y afiliados a la Federación de ámbito autonómico del territorio al que geográficamente pertenezcan y sólo podrán ejercer su actividad deportiva en las competiciones oficiales que aquella organice”, admitiendo eso sí que el apartado siete del mismo artículo establece que “excepcionalmente, la Junta Directiva de la RFEF podrá autorizar que un club compita en un marco territorial distinto al que naturalmente le corresponda, previo acuerdo de las Federaciones de ámbito autonómico implicadas”.

Aunque en temporadas anteriores se habían rechazado peticiones similares –especial repercusión obtuvo la infructuosa lucha del C.D. Arcóbriga (de Arcos de Jalón, Soria) por competir en Aragón– lo cierto es que sí que existen casos de clubes castellanoleoneses afiliados a otras federaciones, como el Trueba C.F. de Espinosa de los Monteros o el C.D. Menés de Villasana de Mena, equipos burgaleses que participan en las competiciones organizadas por la Federación Vizcaína de Fútbol desde la década de los noventa, o la S.D. Ágreda y la S.D. Ólvega, clubes sorianos que compiten en Aragón.

Sin embargo, desde un primer momento quedó claro que las posibilidades de que la federación castellanoleonesa diera su aprobación a la solicitud del C.D. Cervera eran muy escasas, a juzgar por las palabras del presidente del ente federativo: “decirle igualmente que en su caso con el paso a las competiciones que organiza la Federación Cántabra de Fútbol no se solucionarían sus problemas, puesto que un estudio kilométrico de la situación nos indica que en la competición que les correspondería jugar de Segunda Regional (…) ustedes tendrían que recorrer prácticamente los mismos kilómetros que han recorrido este año en la competición en la que han participado, por lo que no entiendo el beneficio que les reporta pasarse a una Federación que no es la suya, cuando si no pueden cumplir con su deseo del ascenso a Competición Regional pueden seguir compitiendo con los equipos de su Provincia en la competición en la que actualmente militan”.

Si bien es cierto que los kilómetros a recorrer en Cantabria son similares a los que el C.D. Cervera afrontaba en 1ª Provincial de Palencia, en caso de ascenso –que es lo que al fin y al cabo pretendía conseguir el club– las distancias aumentan exponencialmente en Castilla y León, pero no en Cantabria, por tratarse de una comunidad autónoma uniprovincial. Para colmo, voluntaria o involuntariamente el señor Maté termina cayendo prácticamente en la burla: “No obstante, no tenga Vd. ninguna duda que en cuanto nuestro Gobierno Regional llegue a algún tipo de acuerdo o convenio con el Gobierno de Cantabria o de cualquier otra Comunidad Autónoma con relación a este tema, que perfectamente puede ser propiciado desde ese querido club para mayor gloria del deporte palentino, seremos los primeros en respetarlo, como se requiere por nuestra condición de agentes colaboradores de la administración que somos”.

Es el de vivir en los extremos de una región tan vasta y a la vez poco poblada como Castilla y León un problema con el que ni los responsables políticos ni los deportivos parecen estar demasiado sensibilizados, y que obviamente no afecta sólo a la práctica del fútbol, sino a cuestiones mucho más delicadas, como la sanidad. Sin ir más lejos, los habitantes de Cervera de Pisuerga no tienen derecho a acudir al Hospital Tres Mares de Reinosa, a 50 kilómetros de su localidad, por encontrarse este en Cantabria, y han de acudir a Palencia, distante 116 kilómetros. Lo mismo les sucede a los de Aguilar de Campoo, aún más cerca de Reinosa –25 kilómetros–.

Pero acotado a la cuestión deportiva, condena a los clubes de esas localidades limítrofes al ostracismo, como demuestra la desaparición, uno tras otro, de todos los clubes de la Montaña Palentina en los últimos años: C.D. Velilla (que renunció a la competición regional tras militar en ella durante cinco temporadas), C.D. Aguilar (que venía de cuatro campañas en tercera división), U.D. Barruelo o, antes aún, el histórico C.D. Guardo.

Así pues, el club lo intentó por todos los medios, recurriendo a distintos organismos, desde el Consejo Superior de Deportes al Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, cuya cartera ocupa Iñigo Méndez de Vigo, diputado por Palencia.

Fue en vano; el 21 de julio de 2016 la asamblea de la FCYLF denegaba por unanimidad la solicitud del C.D. Cervera, obligándolo a permanecer en la 1ª División Provincial de Palencia. “Alegaban (…) que no podía ser porque, claro, todas las provincias de Castilla y León excepto Valladolid son periféricas y si se concedía a uno había desbandada. Bueno, pues algo estarán haciendo ustedes mal si se marchan los equipos, yo no quiero renegar de Palencia ni de Castilla y León”, protesta Cholo.

Lejos de desmotivarse, el club celeste consiguió alzar de nuevo el título en la temporada 2016/17 sin perder un solo encuentro en todo el campeonato, saldado con 21 victorias y nueve empates, y, como en la 2014/15, superando el centenar de goles. Un gran éxito que, privado de la posibilidad de afrontar nuevos desafíos, el Club Deportivo Cervera tratará de alcanzar de nuevo en la temporada que ahora comienza, sin perder un ápice de ilusión a pesar de las barreras impuestas por quienes parecen ajenos a la realidad de esa “España vacía” de la que tanto se habla últimamente gracias a Sergio del Molino y otros autores de su generación, y que en ocasiones parece más arrinconada que vacía.