La Copa del Rey es, en lo futbolístico, los Reyes Magos. O casi. Y para Dioni Villalba (Málaga, 1989) y su Atlético Baleares ganar este miércoles al Celta de Vigo sería tan especial, “o más”, como aquel patinete eléctrico que le regalaron de niño en casa. “Me dijeron ‘este año los Reyes no te van a traer nada porque te has portado muy mal’, lo típico. Me dijeron ‘sal fuera’, y en cuanto salí vi el patinete fuera, en la terraza. Me hizo mucha ilusión, muchísima. Estaría ahí, ahí con ganar al Celta. Al 50%. Pasar de ronda sería un buen regalo para nosotros mismos, nuestras familias, nuestros aficionados y los niños”, sonríe el atacante andaluz.

El atacante andaluz sonríe con una sonrisa plena. Con la sonrisa del que, a palos, ha aprendido a disfrutar los momentos felices, los menos, en honor a los tiempos difíciles, los más, como cantan Natos y Waor: Dioni ha jugado 23 partidos de la promoción de ascenso a Segunda y solo ha logrado un ascenso, con el Oviedo en la 14-15. Ocho balas, un acierto. “A veces, tras haber jugado tantos play-off, pienso ‘qué mala suerte tengo’, porque encima, claro, alguno ha sido por penaltis, que es una lotería, pero es lo que me han deparado la vida y el fútbol por ahora. Está claro que lo más quiero es subir con un equipo, quedarme y disfrutar del año siguiente en Segunda. Sería lo máximo, pero es muy difícil. Yo llevo toda mi vida jugando en Segunda B. He jugado en Primera y en Segunda, pero donde mejor he rendido ha sido y es en Segunda B. Es una categoría complicada, porque un día juegas en césped natural, otro en un campo de artificial pequeño y otro en un campo de natural que está lleno de boquetes, porque en el aspecto de los campos es muy irregular, no como en Primera o Segunda, que todo son campos buenos y que piensas ‘eso es fútbol. Eso es fútbol. Lo otro hay veces que no es ni fútbol, porque el balón namás va por el aire’, pero yo la considero mi categoría”, prosigue el pichichi del Atlético Baleares, antes de reencontrarse con ese niño que idolatraba a Zinédine Zidane y que vivía rendido a su magia. Como tantos niños, descubrió el fútbol en el patio de su colegio, el Alfonso X.

Los primeros capítulos de su vida se escribieron entre arcenes. “Siempre en la calle, siempre jugando al fútbol: con una pelota o con lo que hubiera. Muchos días, si no teníamos pelota o estaba pinchada, liábamos papeles de plata con Fixo o con lo que hubiera y nos hacíamos nosotros mismos la pelota. Hoy en día ya no sé si eso se hace o no, pero antiguamente pasaba muchas veces”, asiente, deteniéndose en la palabra antiguamente. “La infancia que he tenido no la cambiaría por nada en el mundo. Era como si viviéramos en la calle. En el barrio hacíamos de todo. De to’, sinceramente. No parábamos quietos. Siempre estábamos jugando al fútbol o haciendo cosas malas, travesuras, como cuando saltábamos a las obras y robábamos cosas”, sonríe, con pillería. “De todo. Hacíamos de to’. Qué sé yo, de to’, reitera. Tras pasar por el Málaga, “creo que de benjamín”, el Torremoya y el Puerto de la Torre, recaló en el Real Murcia de juvenil, rechazando una oferta del División de Honor del Málaga. “Me fui fuera, a Murcia, para concentrarme un poco más en el fútbol y vivirlo de otra forma, lejos de casa. Porque al final en el barrio había otras distracciones. No es que yo viviera en un barrio muy malo, pero teníamos nuestras cosas cuando éramos críos. Mi madre fue la que me dijo que me fuera. Con todo el dolor del mundo me dijo ‘quiero que te vayas fuera, que te centres en el mundo del fútbol, que te quites un poco de los amigos”, narra Dioni, insaciable correcaminos del balón.

De Murcia voló a Caravaca (09-10) y de Caravaca a La Coruña (10-11), para jugar en el filial del Dépor, el Fabril. Y en el primer equipo: “Fue todo muy rápido. En la pretemporada, con el filial, metí muchos goles y entonces el primer equipo se iba de pretemporada a Inglaterra y como se lesionaron varios delanteros me llevaron con ellos. Debuté y metí gol y ahí empezó todo”, relata. En la cuarta jornada se produjo su debut oficial, saltando al césped de El Madrigal por Adrián López, de la mano de Jabo Irureta. Después jugaría tres partidos más de liga, uno de titular, y otro de Copa. “Fue todo tan rápido que no lo supe disfrutar todo lo que quería, pero al final es una cosa que tengo y que siempre tendré ahí. He debutado en Primera, que es una cosa que no todo el mundo ha hecho. Es un orgullo enorme. Es que era una pasada. Me decía ‘¿qué coño hago yo aquí, de repente en Primera con Valerón, Manuel Pablo, Aranzubia y tantos jugadores míticos, si hace nada, un año, estaba en un equipo humilde de Segunda B?’. Fue bonito”, sonríe, de vuelta a Riazor y al ’34’ sobre fondo blanquiazul: “Cuando me fui me dieron como 15 camisetas. Un montón. En el trastero no sé ni cuantas tengo”.

“He sido un año del Dépor, así que este Atlético Baleares-Celta será un derbi particular para mí”, apunta, devolviendo el foco al Atlético Baleares. Aterrizó ahí, en el Estadio Balear, en verano, tras dos campañas y media goleando en la Cultural Leonesa, tras pasar, antes, por el Cádiz, el Leganés, el Hércules, el Oviedo, el Racing de Santander, el Fuenlabrada y el Lech Poznań polaco. En su CV, además de los 32 años recién cumplidos, además de los cinco partidos con el Dépor, figuran 17 encuentros en Segunda, entre el Hércules (13-14) y el Leganés (14-15), y hasta 363 partidos en la categoría de bronce, con hasta 148 goles. Este curso, de hecho, es uno de los máximos artilleros del grupo 2 de Primera RFEF con siete goles, tan solo superado por Álvaro Romero (8), del Algeciras. “Da igual que sea el primero, el séptimo, el 20º o el 148: todos son goles. Y cada gol que meto me hace mucha ilusión. Es algo enorme. Es lo más. Lo más. Lo máximo. No me puedes preguntar qué siento, porque no sé que decir. Es algo increíble lo que se siente, inexplicable con palabras. Es una emoción que dura nada, un minuto, un minuto y pico como máximo, muy efímera, pero es una sensación increíble, única”, suspira el delantero.

Dioni es, de hecho, uno de los grandes referentes del Atlético Baleares, a su vez protagonista de una de las grandes sorpresas de la Copa tras despedazar al Getafe en treintaidosenos de final con un brutal 5-0, con tantos de Pedro Orfila (2), el propio ’17’, Manel Martínez y Vinícus Tanque. Antes, en la primera ronda, el equipo de Xavier Calm había dejado en la cuneta al Calahorra con un gol del portero Xavi Ginard en los últimos segundos del tiempo regular, de épico cabezazo para ganar la prórroga, y con un 4-5 en la tanda de penaltis. “Al principio todos decíamos que la Copa te desgasta y te descentra un poco de la liga, pero ya que estamos aquí no la vamos a tirar. ¿Quién sale a jugar un partido para no ganar? Es verdad que hay que pensar en la liga, que es lo más importante para nosotros, y en estar arriba, pero ya que estamos competiremos, intentaremos hacerlo lo mejor posible y jugaremos de tú a tú contra el Celta. Con la ilusión y las ganas de hacer un gran partido. Y encima jugamos en nuestro campo. Se lo vamos a poner complicado, eso seguro”, avisa, convencido. También avisa su CV: en la 19-20 ya eliminó al Atlético con la Cultural Leonesa.

Además de representar la Primera RFEF en la Copa, junto al Alcoyano, rival del Real Madrid, el Linares, rival del Barcelona, y el Rayo Majadahonda, rival del Atlético de Madrid, el cuadro balear marcha cuarto en el grupo 2 de la categoría de bronce, con 29 puntos y un partido pendiente y solo por detrás del Albacete (35), el Villarreal B (34, también con un partido menos) y el Andorra (31). Tras jugar tres veces el play-off en las últimas cinco temporadas, siendo semifinalista en la 16-17 y la 19-20 y finalista en la 18-19, el club sigue en su empeño de regresar, por fin, a Segunda, donde jugó durante cuatro cursos, hace ya mucho: 51-52, 52-53, 61-62 y 62-63. “Desde fuera se ve un equipo que siempre ha peleado por ser primero y por ascender, y desde dentro es lo mismo. Es un club que está creciendo mucho, pero sigue siendo muy familiar. No queremos hablar mucho del tema ni decir demasiado la palabra ascenso. Lo que queremos es competir hasta final de temporada y estar arriba, y al final el fútbol nos deparará lo que sea. No sé. No sé qué va a pasar. Sé que somos un equipo que entrena muy bien y que es muy trabajador, muy competitivo y muy serio, y eso nos da posibilidades de estar arriba. Pero el fútbol es fútbol y nunca se sabe”, concluye. El fútbol es fútbol y nunca se sabe: igual esta noche aquel patinete eléctrico cae al segundo cajón del podio de mejores regalos de Reyes.

 


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Fotografía cedida por el Atlético Baleares.