Si tienen razón los que profetizan que se avecina una nueva gran revolución en el fútbol europeo de clubes, quizás estemos asistiendo al ocaso de la fase de grupos de la Liga de Campeones tal y como hoy la conocemos. Pero sea cual sea el formato que nos traiga el futuro, parece obvio que la llamada ‘liguilla’ no desaparecerá. Es más, todo hace indicar que se intensificará su presencia, pues una de las claves deportivas más evidentes del éxito comercial del formato Champions es precisamente esa fase de grupos. Se trata de una fórmula que ha conseguido asegurar al espectador global y a las televisiones al menos seis partidos de los grandes clubes europeos, y además hacerlo con la seguridad de que muy mal se les tiene que dar esa ronda inicial para que no logren, al menos la mayoría de ellos, el pase a los octavos, momento en el que la Champions se reencuentra con su madre, la Copa de Europa. En el antiguo formato, con enfrentamientos directos y eliminatorias a tumba abierta desde el primer día, quizás había más emoción, pero había que pagar el peaje de la incertidumbre. La UEFA –y sus intereses comerciales agregados– quiso aumentar su control sobre lo que ocurría en su competición estrella. Lo consiguió.
Cosas de la vida: tuvimos que esperar a que la Copa de Europa se llamara Liga de Campeones para que empezaran aflorar en el máximo torneo continental equipos que no eran campeones de sus ligas. El fútbol moderno es casi tan complicado de entender como propia la vida moderna. Paradojas lingüísticas a parte, una de las grandes diferencias entre la vieja y la nueva orejuda es precisamente esta: ya no se enfrentan campeones contra campeones, ahora compiten coeficientes contra coeficientes. La mayor presencia de equipos procedentes de las ligas más potentes del continente ha hecho que los territorios con ligas pertenecientes al segundo o tercer escalón cualitativo tengan más dificultades para ver a sus equipos competir en las últimas rondas. La democratización que ha supuesto la entrada de clubes de potencias futbolísticas menores a la fase de grupos no ha hecho que el nivel se haya igualado por debajo. En la última década de la Copa de Europa (1983-1992), hasta 17 países se vieron representados en las semifinales de la competición. En la última década de la Liga de Campeones (2007-2016) solo han sido 5. Y en cuanto a variedad de clubes, la diferencia también es clara: en ese último periodo de Copa de Europa, 27 clubes estuvieron entre los cuatro mejores; en la última década, en cambio, son solo 15 los que han alcanzado esa cota.
En la última década de la Copa de Europa (1983-1992), hasta 17 países se vieron representados en las semifinales de la competición. En la última década de la Liga de Campeones (2007-2016) solo han sido 5
Cuesta precisar si la Champions League ha sido causa o consecuencia en el proceso de uniformización del fútbol europeo. Pero mientras reflexionamos sobre el huevo y la gallina, dicho proceso ya está casi completado: hoy, jugar un martes o un miércoles fuera de tus fronteras ha dejado de ser una aventura exótica para convertirse en un reto homologable a los que se suceden los fines de semana. Es más, para clubes como Barcelona, Real Madrid o Atlético jugar en Gelsenkirchen, Mánchester o Atenas es una experiencia menos sorprendente, menos pintoresca, que hacerlo en Ipurúa o El Sadar –por citar dos estadios que se resisten a abandonar la esencia de un fútbol ya olvidado. Internet, Ryanair, las series en VOSE el mismo día del estreno, y la Champions. La globalización ya no es ni una promesa ni una amenaza. Ni siquiera es noticia. Es el presente.
En los tiempos de la Copa de Europa, competir en el extranjero significaba aventura: jugadores desconocidos, aficiones hostiles que enrarecían el ambiente, y barro. A veces había mucho barro. Quizás nuestra memoria analógica, empeñada en volvernos conservadores y románticos, nos obliga a idealizar lo que significaba un miércoles de Copa de Europa. Días en los que no hacía falta cruzar el muro para acceder a una dimensión desconocida. Hasta Inglaterra tenía aspecto de territorio inexplorado; esa liga inglesa que hoy es un producto moderno y bien acabado que sabe cómo hacernos sentir culturalmente ligados a él. No, viajar al extranjero ya no es lo que era. ¿Alguien se acuerda de aquello del ‘infierno griego’? Hoy, todos los nuevos estadios de la Europa occidental se parecen entre sí, el césped sobrevive por igual en la variada gradación de climas que atraviesa el continente y jugar en casa o hacerlo fuera cada vez son experiencias más parecidas.Aston Villa, Celtic, Feyenoord, Ajax, Steaua de Bucarest… ¿Qué tienen estos nombres en común? Son los de algunos campeones de la Copa de Europa que pueden admitir sin miedo a equivocarse que la posibilidad de repetir su éxito en la actual Champions League es casi una utopía. Ante esa menor incertidumbre a la hora de dilucidar al campeón que nos ha traído el nuevo formato, uno se apresuraría a echarle toda la culpa a la propia Liga de Campeones. No sería justo. Solo es un instrumento más de los que alimentan y a la vez consumen al fútbol de su tiempo, un deporte en el que las diferencias entre la aristocracia y la clase media/alta se ensanchan año tras año. La revolución de la ley Bosman, encendida hace más de 20 años, prendió la mecha. Luego, el fuego se expandió: en la última década de la historia de la Copa de Europa (1983-1992), nueve equipos distintos (solo repitió el Milan) lograron levantar la orejuda. En los últimos diez de la Champions (2007-2016), en cambio, han sido siete los que lo han conseguido. No parece justo atribuir este descenso de la variedad de campeones al simple cambio de formato, sobre todo si tenemos en cuenta que en décadas anteriores, quizás las de máximo esplendor romántico de la vieja Copa de Europa, no era raro que una o dos dinastías se llevaran varios títulos seguidos -en los 70 solo hubo cuatro campeones distintos (Feyenoord, Ajax, Bayern, Liverpool y Nottingham Forest).
Desde que se creó la Champions League solo las ligas española (9), italiana (5), inglesa (4) y alemana (3) han repetido título. Las migas se las reparten franceses, portugueses y holandeses, con un triunfo cada uno
Pero que sí que ha variado en gran medida, y aquí radica la gran diferencia entre una era y otra competición, es en la nacionalidad de los vencedores: desde que se creó la Champions League solo las ligas española (9), italiana (5), inglesa (4) y alemana (3) han repetido título. Las migas se las reparten franceses, portugueses y holandeses, con un triunfo cada uno. Es un coto cerrado entre países privilegiados: ninguna otra nacionalidad se ha colado entre ellos, ni siquiera como finalista. Ni rastro de campeones escoceses, serbios o rumanos, como en la etapa anterior, y nada de finalistas griegos, suecos o belgas. A medida que el fútbol continental se uniformiza, las sorpresas son cada vez más difíciles de ver: en la era Champions (1993-2016), solo Dortmund (1997), Valencia (2000), Leverkusen (2002), Mónaco (2004), Arsenal (2006) y Chelsea (2008) –históricos en sus respectivas ligas– pueden decir que accedieron a una final por primera vez en la vida. En el mismo periodo, pero de Copa de Europa (24 finales, 1969-1992) vimos hasta 20 nuevos finalistas. Cierto, con el paso del tiempo, más difícil resulta ver a debutantes. Pero es que de esos 22 nuevos finalistas que se vieron en los últimos 24 años de Copa de Europa, 11 nunca más volvieron a repetir. Y difícilmente lo harán. Sin carnet, no pasas.
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Me ha encantado el articulo,no falto de razon. Pero hay un error, y es que en la era Champions no solo esos 3 equipos han sido debutantes en finales. Arsenal, Chelsea y Borussia Dortmund tambien lo han sido.
Muchas gracias por el apunte, Joaquín. Por supuesto, el texto estaba incompleto. Ya lo hemos editado.
Me ha parecido una comparación muy interesante. Creo que en algunos aspectos la Champions League ha perdido la esencia de la competeción predecesora, también en algunos ha mejorado y en otros ha empeorado. En algunas cosas la ha perjudicado como es que los rivales de la Champions se conocen mejor que los de la Copa de Europa (lo cual provoca que haya menos probabilidades de que el equipo débil sorprenda al fuerte, esto es una desventaja para el espectador, pero una ventaja para los futbolistas del equipo fuerte) debido ahora es más fácil ver partidos de equipos extranjeros que ahora. Pero las fácilidades a la hora de ver partidos de equipos extranjeros esto último a su vez es una ventaja para el espectador porque permite que en una noche de Champions puede elegir entre ver el partido del Borussia Dormund, Tottenham, Manchester City o Leicester City independientemente del pais en el que se encuentre si tiene TV de pago una antena parábolica o Internet, de esta forma el espectador tiene más variedad a la hora de elegir los partidos y esto hace que el interés del aficionado por esta competición aumente. Por tanto, no me extraña que los partidos de la fase de grupos sean un éxito, porque en los días de fase de grupos el espectador puede elegir entre + partidos que en los dias de cuartos o semifinales.
Con la introducción de la liguilla, se redujo el nivel de emoción de los partidos lo cual perjudica al espectador, pero beneficia a las televisiones que retransmiten los partidos porque los partidos de liguilla tienen un buen éxito de audiencia, como has destacado en tu artículo.
Según las estadísticas, los clubes que no son de las 4 ligas más fuertes tienen más dificultades para ganarla lo cual perjufica a los clubes y aficionados de esos equipos, pero beneficia a los clubes y aficionados de las ligas fuertes.
En definitiva, para decidir si es mejor o peor el cambio de la copa de europa a la Champions, depende de la perspectiva en la que te situes. Yo como aficionado al fútbol lo que más deseo es que los partidos que yo vea sean emocionantes y haya incertidumbre en cada uno de ellos, por tanto, prefiero el formato de eliminatorias directas que había en la Copa de Europa y no el de la liguilla.
Valencia (2000-2001)
Hola, Luis. Me refería al año en el que jugó una final de Champions por primera vez. Un saludo y gracias por tu comentario.
Una cuestión de curiosidad:que piensan los consumidores del fútbol europeo posmoderno de nuestra máxima competición de clubes(escribo desde Brasil):La Copa Libertadores(simplemente La Copa en los países hispanohablantes y La Libertadores acá)?
Creen que sea más pobre en términos técnicos,pero com un grado más largo de competitividad e incertidumbre?
Saludos desde São Vicente,litoral del estado de São Paulo.
Creo que la liguilla deberia aparecer cuando queden 8 equipos, asi se evitarian partidos intrascendentes donde algunos jugadoressolo buscan hacer numeros. 64 equipos a eliminatorias durante 3 rondas, quedando 8 y entonces liguilla, semis y final.
Muy buena idea
Muy buena la nota, los leo desde aquí, Argentina. Me sumo al comentario anterior sobre la Copa Libertadores sobre que piensan sobre ella, y agrego el Mundial de Clubes, antes Intercontinental, ya que siempre se dijo que desde Europa en muchas ocasiones "no se le daba tanta importancia" ¿Será así? Y otra cosa, enorme la foto de Brian Clought, gracias. The Dammed United, gran película para recomendar y conocer un poco sobre este personaje del fútbol y justamente, de las Copas de Europa de esos años citados. Saludos desde el cono sur.
Creo que el actual formato perpetúa el poder de los grandes. Es muy difícil que un equipo menor consiga algo grande en un grupo. Como mucho, y así pasaba antes, puede dar una sorpresa a doble partido en una fase de liguilla es casi imposible. Alguién ha apuntado la modificación de cambiar el orden de liguilla, sería una posibilidad pero eso sería el principio delfin. Es decir, el comienzo de una macro liga europea, posiblemente acotada tipo NBA, desterrando las ligas nacionales. Es a lo que aspiran los grandes (antes de trasladarse como ftanquicias a China). Antea era necesario dos buenos años para ser rey de Europa. El primero para ganar la liga y el segundo para ganara la Copa de Europa. Hoy día un pésimo año te asegura como mínimo acceder como cuarto clasificado. Sin ir más lejos el Barça de Pep hizo el triplete vía previa de Champions. Por el contrario, hoy existe la dificultad de encontrarte todos los años a loa mejores evitando así lo que siempre se criticó, que la antigua Copa de la UEFA fuera una competición mucho más dificil por la antidad de buenoa equipos. En cuanto a la Libertadores desde aquí se ve como un torneo menor. De hecho creo que el fútbol sudamericano viene sufriendo una constante devaluación en los últimos veinticinco años. Sus estrellas cada vez salen antes hacia Europa lo que merma bastante la calidad de los equipos. Tampoco hay una evolución táctica como sucede en el viejo continente. Esto ha quedado palpable tanto en el Mundial de clubes como en el de selecciones. Los americanos han sido superado constantemente por los europeos. En las últimas citas mundialistas todos los campeones son de este lado del charco. Los últimos campeones sudamericanos fueron los brasileños en 98 y 02.
Qué gran artículo. Gran contenido.
Solo una amable corrección: "en los 70 solo hubo cuatro campeones distintos (Feyenoord, Ajax, Bayern, Liverpool y Nottingham Forest)".
Son cinco.
La liguilla no es el problema, la ley Bosman fuè el inicio del desequilibrio, la globalización hizo el resto. Siempre hubo diferencias de presupuestos, pero hoy dia son insalvables. Clubes como Anderlecht, Saint Ettienne, Brujas, Estrella Roja, Ajax... no podrán competir por la orejona con los 5 o 6 gigantes económicos.
Quizas habria que sumarle al articulo una reflexion sobre la UEFA Europa League, donde si se mantiene un nivel algo mayor de pluralidad (la han ganado equipos rusos y ucranianos) y que mantiene de cierta forma vivo ese romanticismo perdido del que habla el articulo