– Estará acostumbrado a copar titulares de prensa, pero supongo que no por las razones que habría deseado cuando empezó su carrera como futbolista…

Sí, está claro que cuando empecé este proceso judicial, que duró cinco años, no esperaba que después me fuese a encontrar en la más profunda soledad. Y menos habiéndolo ganado. Pero cuando uno ataca a la FIFA, a la UEFA y a la federación belga, luego busca trabajo y no lo encuentra. He estado totalmente aislado. Hace poco he dejado de cobrar del CPAS, la última ayuda social en Bélgica para quienes ya no reciben subsidio de desempleo. Curiosamente, yo nunca he cobrado del paro a pesar de que los futbolistas de mi país empezaron a tener derecho a él gracias a mi proceso. En el barrio en donde vivo, Awans, somos 9.000 habitantes: 40 personas cobrábamos del CPAS el mínimo de 570 euros y he sido el primero al que se lo han suprimido.

– ¿Qué ha pasado para que dejara de recibir esta prestación?
Fui convocado ante una quincena de personas que me explicaron que no hacía suficiente para encontrar trabajo. Yo les dije que tengo casi 51 años y que vivo en una zona pobre en la que no hay muchas posibilidades y que ellos no me han ayudado a encontrar algo. Me dijeron que no buscaba un mínimo de cinco trabajos mensuales por lo que decidieron excluirme.

– ¿Qué tipo de empleos ha buscado durante estos últimos años?
De todo tipo, desde IKEA hasta tiendas de deporte. En principio iba a ser contratado en una por su dueño, el señor Stephanie, e incluso el sindicato FIFPro se mostró dispuesto a colaborar, incluso a financiar el trabajo, pero al final me dijo que no. Creo que buscaba publicidad porque gracias a mí su tienda salió en los medios de comunicación. Pienso que me utilizó y al final me dijo que ya no me necesitaba.

– ¿El último en aprovecharse de Jean-Marc Bosman?
Está claro. Voy a cumplir 51 años y tras la resolución de mi caso no he vuelto a encontrar trabajo. El FIFPro intenta ayudarme; si no, no sé cómo me las arreglaría. He pagado mis impuestos como cualquier ciudadano pero no tengo nada.

– ¿Qué ayuda le proporciona exactamente el FIFPro? ¿Le da una paga mensual?
El FIFPro intenta ayudarme de vez en cuando cuando lo necesito, me da algún complemento para que pueda sobrevivir.Usted tiene hijos a su cargo y una familia que vive al borde de la pobreza.

– ¿Cómo puede ser que alguien tan famoso no haya podido tener una vida más estable?

Yo también me lo pregunto. Es cierto que no todos los jugadores profesionales tienen una vida cómoda, como la gente cree. Sin embargo piense que hasta mi caso, los equipos solo podían alinear a tres jugadores comunitarios, pero tras nuestra victoria los jugadores han podido circular libremente. Y nunca ha habido un reconocimiento. Todos los clubes me han boicoteado. Por ejemplo, yo me formé y jugué 15 años en el Standard de Lieja, pero jamás me han invitado a volver por allí. Está claro que los clubes se han aprovechado a muerte, más incluso que los futbolistas, y cuanto más tienen más se aprovechan.

-Que se hayan aprovechado es hasta cierto punto lógico pero lo es menos la falta de reconocimiento. Ya no solo por su caso judicial, también por lo que hizo antes como futbolista.
Fui capitán de la selección júnior de Bélgica, disputé varias competiciones europeas y recibí varios premios. Pero en mi país la relación con la federación belga se tornó en catastrófica tras vencerlos en los tribunales.

– ¿El Standard de Lieja está enfadado con usted desde entonces?
Lo único que sé es que nunca me han vuelto a invitar a pesar de haberse aprovechado muchísimo de mi caso. Duchâtelet acaba de vender su club por 39 millones de euros y eso es gracias a la libre circulación de los jugadores que han llegado a Bélgica y que han elevado el nivel del campeonato. Aunque ha sido todavía mucho más llamativo en los países potentes como Italia, España o Alemania.

“El caso Bosman tenía buenas intenciones, pero ha sido totalmente tergiversado”

– Me habla de Roland Duchâtelet, propietario de varios clubes, entre ellos el Alcorcón en España. Hay más ejemplos de dueños de equipos en distintos países, como la familia Pozzo. Y cada vez más vemos como grandes fortunas se meten en los clubes. ¿Qué importancia se da a usted mismo en este auge del fútbol-negocio?
El caso Bosman tenía buenas intenciones pero ha sido muy mal utilizado y totalmente tergiversado. Ocurrió que entre 1994 y 1999 el por entonces comisario europeo de competencia, el belga Karel Van Miert, nunca cedió ante la FIFA y la UEFA, pero en 2000 le sucedió el italiano Mario Monti, le dio la mano a Joseph Blatter y se volvió a poner en marcha el sistema de traspasos. Solo quedó vigente lo de la libre circulación de los futbolistas. En esemundillo, con respecto a la FIFA y a las grandes instituciones, tiene gracia comprobar como todas tienen su sede en Suiza.

– Hablando de la FIFA, ¿qué sintió hace unos meses cuando se destapó el escándalo de corrupción?
Se sabe que esa gente ha sido protegida durante tiempo pero ahora hay investigaciones cada vez más profundas. Todos sabemos que el señor Blatter no es un santo, no empezó ayer a repartir sobres a diestro y siniestro. Ahora dimitirá y veremos si llega Platini u otro, pero están todos formados por la FIFA así que seguirá la misma mentalidad.

– ¿Platini representa una forma de continuidad de Blatter?
Sí, desde luego, y más cuando ves como su hijo promueve el Mundial de Catar.

– Volviendo a su caso, ¿cree usted que los futbolistas le deben una?
Los futbolistas de antes todavía se acuerdan de lo que hice por ellos aunque casi ninguno me ha ayudado. Esta es una profesión muy egoísta. Desde entonces han pasado varias generaciones de futbolistas y los de ahora ya no saben ni quién soy ni que un día les dí derechos.

– ¿Algunos futbolistas le han dado las gracias durante estos últimos 20 años?
Alguno, pero solo un puñado. En lugar de pedir una indemnización, en su día debería haber negociado con mis abogados pedir un porcentaje sobre los traspasos. Me habría comprado el Standard, el Anderlecht, el Brujas… ¡y media ciudad de Lieja!

– ¿Cómo le fue con esos abogados que le representaron en el caso?
El proceso fue una gran victoria para ellos. Uno tiene ahora 32 despachos y el otro se ha enriquecido, siempre ha sido un poco ‘chanchullero’. El resultado ha sido que a mí me han aconsejado poco y mal, y que tras el juicio el descenso a los infiernos ha sido dramático para mí. En 1995 pensaba que me iban a recompensar, pero el mundo del fútbol estaba cerrado para mí.

“La victoria en el juicio fue un gran éxito para mis abogados, pero un drama para mí”

– Tras el juicio todavía tenía 31 años, una edad perfecta para apurar una carrera. ¿Qué ocurrió?
Lo vi claro: pensé que estaba terminado. En Bélgica pude jugar en tercera división aunque el presidente del club me dejó claro que me aceptaban porque les salía gratis. Acabé jugando como amateur. Pero ya con 26 años, cuando empecé el juicio, mi carrera empezó a morir. FIFPro y el sindicato francés me ayudaron a conseguir un contrato con el Saint Quentin francés pero quebró al año y me quedé libre. Entonces me dirigí a otros clubes de la segunda francesa, al Estrasburgo y alguno más. Pero el juicio estaba abierto… Los clubes decían: ”es un buen jugador pero es nuestra quinta o sexta opción”. El boicot comenzaba a instalarse.

– En ese periodo aún tenía un estatus para desenvolverse a nivel profesional, ¿fueron muchos los que le rechazaron?
Sí, también en Bélgica lo intentamos con el Malinas o el Charleroi, pero todos me decían que ya tenían la plantilla cerrada.

– Así acaba jugando en la Isla de la Reunión, en pleno océano Índico.
De nuevo ayudado por el FIFPro y el sindicato francés. Allí, como estaba a 12.000 kilómetros, a los otros se la sudaba.

– ¿Y allí era una estrella del campeonato? Supongo que en algún momento, debido al largo juicio, su fútbol también se resentiría.
Está claro que cuando pude jugar primero en segunda francesa en el Saint Quentin, que fue casi el único que me aceptó, estaba en pleno proceso y lo tenía siempre en la cabeza, era un lastre demasiado pesado para una sola persona. Tenía detrás a la FIFA y sus abogados, a la UEFA, a la federación belga y a todo el poder del dinero que a uno intenta aplastarle… y, encima, si el proceso duró cinco años es porque siempre intentaban posponerlo para ver si me venía abajo.

– El proceso duró cinco años, entre sus 26 y sus 31 años, la mejor época para un futbolista. ¿Su lucha en los tribunales le agotó para luchar sobre el campo?
Me agotó, eso está claro. Otros se habrían venido abajo. Pero yo jugué a buen nivel, en la Isla de la Reunión era el mejor jugador, los medios hablaban de mí, en el Saint Quentin también rendí bien… pero tenía siempre ese juicio y moralmente era agotador.

– ¿Se arrepiente de haberse embarcado en toda esa aventura judicial?
Mire, no, no me arrepiento. Ahora tengo una buena relación con el FIFPro. Gracias al caso Bosman, y esto no es una crítica porque defienden a los futbolistas, el volumen de negocio de este sindicato ha aumentado en un 85%. Como hemos trabajado juntos, puedo tener una ayuda del sindicato… No hay que olvidar que tengo dos hijos de 4 y 6 años, y me hago preguntas acerca de su futuro. Debo pagar una pensión alimenticia de 200 euros para mis hijos y en la situación en la que estoy es catastrófico.

– Porque usted tiene además una vida personal complicada. Me dice que debe pagar una pensión por sus hijos, tiene una expareja…

[Interrumpe] …que me ha quitado mucha pasta. Ella se ha aprovechado bien. Yo daba y daba, sobre todo para los hijos, y luego…

“No veo una evolución positiva en el fútbol a corto plazo. Se necesita otro Bosman, pero no lo hay”

– Mucha gente se ha aprovechado de usted pero, ¿qué parte de culpa tiene usted mismo de su situación actual?
Han salido muchas cifras… La realidad es que tras el juicio recibí un millón de euros brutos, pero tuve que pagar el 33% en impuestos y otro 30% a mis abogados. Desde 1995 he sido un buen ciudadano belga que ha pagado sus impuestos pero que no tenía ingresos. Lo que me quedó, había que gestionarlo de la mejor forma posible pero me quedé sin nada. Vendí una casa y ahora me queda otra que es el único bien que me queda.

– Hablando de dinero, ¿algún organismo implicado le propuso parar el juicio?
No, no me propusieron nada.

– ¿No le hicieron ninguna oferta económica en algún momento del proceso?
Cuando gané el caso aún esperé dos años para que uno de mis abogados me llevara a la FIFA. Me dijo: ”mira Jean-Marc, aquí tenemos la propuesta de Blatter. Te dan 310.000 euros ahora o sino habrá que esperar más”. Yo estaba agotado y quería aceptarlo. Pero, ¿qué era eso para la FIFA? Debería haber vuelto al tribunal correccional de Lieja para pedir daños y perjuicios pero el abogado me aconsejó en su momento, y le seguí. Estaba agotado y quería acabar, estaba hasta las narices.

– Se dice que recibió una propuesta de dos millones de marcos alemanes por parte de la UEFA para parar el caso en los tribunales. ¿Qué hubo de eso?
Nunca he estado al tanto, igual es que un abogado mío se llevó la diferencia [risas]. Lo único que me dijo un abogado es que si querían que parásemos, no discutiríamos por debajo de los dos millones y medio. Pero sabíamos que teníamos el respaldo de la justicia europea.

– ¿Cree que Bosman debería figurar en la lista de los nombres que han cambiado la historia del fútbol?
Ha sido uno de los casos más importantes que ha habido en el mundo. Haberlo ganado merecía un reconocimiento mayor. Pero está claro que el fútbol ahora es un producto y un negocio, y en este mundo cada uno trata de sacarse las castañas del fuego; es complicado tratar de luchar contra este sistema que no para de retroceder. No veo una evolución positiva en los próximos años, se necesitaría a otro Bosman pero eso no va a suceder.

BOSMAN 3– ¿Y para qué se necesitaría a otro Bosman ahora?
Lo que no es normal es que ahora se compren futbolistas por decenas de millones de euros cuando en mi época como mucho se pagaban 17. A día de hoy, esa cantidad se paga por chavales. Poco le llega al jugador, mucho a los clubes y hay mucho blanqueo de dinero.

– Me habla de grandes cifras que se manejan ahora en un mercado que su caso ha contribuido a impulsar.

El problema es que la mayoría de los grandes futbolistas, sus agentes e incluso los fondos de inversión se juntan con los clubes para tener sus porcentajes en el fútbol. Es un mundo con muchos trapos sucios.

– Para acabar, ¿sigue viendo fútbol?
A veces.

– ¿Todavía le gusta?

No mucho. A veces veo un partido para distraerme, alguna final o algún partido de la selección belga, que tiene jugadores jóvenes en las grandes ligas. Pero no corro detrás del fútbol, forma parte del pasado.

– Para quienes no le vimos de corto, si se tuviera que comparar con algún futbolista, ¿con cuál sería?
Con Enzo Scifo. Me veían como una gran promesa del Standard y me comparaban con él.

– ¿Qué futbolista le gusta en la actualidad?
Me gustan todos, porque yo he luchado por todos. Ahora igual son ellos los que deberían conocerme más a mí y no olvidar el pasado.

– ¿Cómo se ve dentro de 20 años?
No lo sé, igual mañana me caigo por las escaleras y me muero, quién sabe. Sólo quiero disfrutar de mis hijos.

– ¿Le gustaría que fuesen futbolistas?
Ya le dan a la pelota y quiero que se diviertan. Pero con el fútbol de hoy, preferiría verles estudiar… Ahora los futbolistas juegan cada tres días, cada vez corren más, y uno se pregunta cómo lo hacen. No quiero ver a mis hijos víctimas de ciertas manipulaciones.

*Entrevista publicada en el #Panenka45, en octubre de 2015