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Cinco nombres y un Mundial que no entiende de fronteras

Es paradójico que, con México y Estados Unidos como dos de las tres anfitrionas, esta Copa del Mundo sea la que cuenta con más futbolistas nacidos fuera del país al que representan. Una situación, claro está, propiciada por la ampliación del torneo a 48 selecciones, aunque, aun así, la cifra resulta llamativa. En total, son 289 jugadores los que cumplen con esta condición. Desde luego que el Mundial no entiende de fronteras, como tampoco de kilométricos muros electrificados o fosos con cocodrilos, que llegó a sugerir el amigo del alma de Infantino. Como ya ocurrió en 1994, este torneo será, en cierto modo, atípico. No solo por los aspectos geopolíticos que lo rodean, sino también porque nos regalará historias para el recuerdo. Y precisamente en esas historias nos detenemos hoy. Cinco futbolistas, todos ellos nacidos fuera del territorio al que representan y que, durante esta fase de grupos, te harán deslumbrar con alguna que otra genialidad futbolera cuando te juntes entre colegas y birras. Aunque, bueno, con algunos horarios intempestivos de esta edición, lo de las cervezas tocará estudiarlo.

Waldemar Anton, un Valdimir en Alemania

No penséis mal, esto no va con segundas. Waldemar no es más que la versión germanificada del nombre de Vladimir. Nacido en 1996 en Olmaliq, que en su día fue una antigua región soviética en la actual Uzbekistan, el defensor alemán Waldemar Anton es ejemplo de lo se conoce como spätaussiedler, que literalmente significa “colonos que regresan tarde”. Y es que, tras la caída del comunismo, Alemania vivió un importante flujo migratorio procedente la Unión Soviética. Muchos de ellos procedían de generaciones que tras la Segunda Guerra Mundial fueron deportados de Alemania, o quedaron fuera del país debido a cambios fronterizos, y acabaron trasladados a lugares como Siberia o Asia Central.

A partir de 1993, y bajo una legislación específica, Alemania reconoció a estas personas como parte del pueblo alemán dada su ascendencia, lo que constituyó una de las mayores corrientes migratorias hacia el país germano. Dicho término, se diferencia del aussiedler (simplemente “reasentados”), que también hace referencia a aquellos ciudadanos alemanes nacidos en los antiguos territorios alemanes al este de la línea Oder-Neisse (la frontera con Polonia) o en países gobernados por un régimen socialista, pero que llegaron antes de 1993. Y en el primer término, encontramos el caso de Waldemar Anton que, de padres ruso-alemanes, regresó a Alemania cuando tenía dos años. Fue entonces cuando sus padres cambiaron legalmente su nombre de nacimiento, y de Vladimir pasó a Waldemar. Futbolista que podría ser elegible tanto para Uzbekistán, Rusia y Alemania, defenderá los colores Die Mannschaft, siendo el único de la convocatoria nacido fuera de las fronteras teutonas.

Roberto Lopes y el mensaje en LinkedIn que lo cambió todo

Cuántos de vosotros os habéis abierto LinkedIn para encontrar trabajo. Eso mismo pensó Roberto Lopes, nacido en Crumlin, un suburbio al sur de Dublin, Irlanda, cuando estudiaba en la Technological Universtiy Dublin. Ahora bien, lo que menos podría esperar el bueno de ‘Pico’ era recibir en 2018 un mensaje del anterior seleccionador caboverdiano, Rui Aguas, proponiéndole un hueco en el equipo nacional. Si bien lo ignoró al leerlo en portugués, unos meses más tarde la insistencia de Rui Aguas le hizo darse cuenta de que representar a una selección nacional podía convertirse en una realidad. Así que el central y capitán del Shamrock Rovers, a quien servidor tuvo el placer de ver en directo hace unas semanas, debutará junto al país de su padre en la Copa del Mundo.

El caso de Roberto ‘Pico’ Lopes no solo representa la enorme diáspora caboverdiana que hay alrededor del mundo. Son más los habitantes de Cabo Verde fuera del archipiélago que los que viven en él, siendo Estados Unidos, paradojas del destino, donde más habitantes residen. Sino que también es ejemplo del ejercicio de captación que desde 2010 inició la federación insular para dar un salto de calidad a través del combinado nacional. Así fue como en 2013 clasificaron por primera vez a una Copa de Africa, y como doce años más tarde debutarán en un torneo como el Mundial.

 

La violencia étnica y la lucha por el poder obligaron a cientos de miles de personas a abandonar Burundi. Entre ellas se encontraban los padres de Irankunda, que buscaron asilo en Tanzania, donde en 2006 y en un campo de refugiados nació la hoy promesa de la selección australiana

 

Nestory Irankunda, el primer tanzano en una Copa del Mundo

Tras décadas de dominación colonial belga y profundas desigualdades sociales entre hutus, mayoría demográfica, pero considerada de segunda clase, y tutsis, minoría, aunque con mayores privilegios políticos y administrativos, la historia de Burundi, y también la de Nestory Irankunda, quedó marcada por la guerra civil que entre 1993 y 2005 asoló el país burundés. Al igual que en la vecina Ruanda, la violencia étnica y la lucha por el poder entre dos comunidades que compartían idioma, cultura y religión obligaron a cientos de miles de personas a abandonar sus hogares. Entre ellas se encontraban los padres de Nestory, que buscaron asilo en Tanzania, donde en 2006 y en un campo de refugiados nació el hoy futbolista y promesa de la selección australiana.

Con apenas tres meses, Nestory y su familia se trasladaron a Perth, en la Australia occidental, antes de que con nueve años se mudaran a Adelaida, al sur de la isla. Fue allí donde el joven Nestory inició su carrera como futbolista, debutando en la liga profesional con apenas 15 años y convirtiéndose en uno de los jugadores más prometedores del país. Con 20 años, y tras dar el salto a Inglaterra de la mano del Watford previo paso por el Bayern, este hijo de refugiados burundeses nacido en Tanzania representa a los Socceros como uno de los mejores australianos de su generación. Es el primer futbolista de la antigua república de Tanganica en disputar un torneo mundialista.

Esmir Bajraktarevic, hijo de Srebrenica y héroe en Bosnia

Se convirtió en héroe de la selección de Bosnia al marcar el penalti decisivo que clasificaba a la nación balcánica para su segunda Copa del Mundo. Un gol histórico y que solo Esmir podía firmar. Su familia tuvo que huir en 1995 de la pequeña localidad de Srbrenica, donde los serbobosnios perpetraron el asesinato de más de ocho mil personas de etnia bosnia musulmana durante la guerra en el país. Fue una masacre que incluyó el asesinato de niños, adolescentes y ancianos con el objetivo de conseguir la limpieza étnica de la ciudad, y de la que varios familiares de Esmir no pudieron librarse.

Los padres del internacional bosnio llegaron a Suiza antes de emigrar como refugiados a Estados Unidos en 2001. Cuatro años después, en el estado de Wisconsin, nació Esmir. Un chico que con apenas 16 años ya estaba debutando como profesional en la MLS y que en enero de 2024 recibía la llamada para representar al combinado nacional de Estados Unidos. Jugó un partido amistoso con la selección de las barras y las estrellas; sin embargo, decidió que su destino se encontraba en Bosnia y Herzegovina. Profeta en su tierra, el caso de Esmir es uno de los que mejor representa la diáspora bosnia. Un país que sufrió, que vio a muchos de los suyos huir, y que al ritmo de la pegadiza I am from Bosnia, take me to America, ha encontrado en el futbol una razón para sonreír. Por cierto, a Esmir le conocen como el ‘Messi de Meelwaukee’. 

 

Nacido en 1996 en Olmaliq, que en su día fue una antigua región soviética en la actual Uzbekistan, el defensor alemán Waldemar Anton es ejemplo de lo se conoce como spätaussiedler, que literalmente significa “colonos que regresan tarde”

 

El otro Zidane y la diáspora iraquí

Si hablamos de Zidane, es imposible no acordarse del cabezazo a Materazzi que dejó una de las imágenes más chocantes en una final mundialista. Esta vez es su hijo, que bajo los palos de Argelia porta un nombre tan mítico como recordado en la espalda. Ahora bien, sin tener nada que ver con los Zidane francoargelinos, existe otro futbolista, cuyo nombre empieza también con Z y termina en -idane, que disputa la Copa del Mundo como hijo de la diáspora de un país que no solo se extiende dentro de sus fronteras, sino que, por motivos geopolíticos, ha visto expandir a su población alrededor del mundo.

Zidane Iqbal, nacido en Mánchester y, de hecho, canterano de los ‘red devils‘, es hijo de padre pakistaní y madre iraquí. Un pueblo que, en tiempos modernos, ha sufrido crisis humanitarias causadas por la Guerra del Golfo en 1991, por la dictadura de Saddam Hussein y por la invasión de Irak en 2003 (no hace falta decir quien la protagonizó), por lo que, de forma exponencial, ha visto cómo generaciones enteras huían del territorio. Muchos de ellos acabaron en Estados Unidos, aunque otra gran multitud emigró rumbo a países europeos como Alemania, Suecia e Inglaterra. Tiene buena pinta este tal Zidane, que hoy juga en el Utrecht y que, curiosamente, recibió su primera llamada para la absoluta iraquí de la mano de un entrenador español, Jesús Casas, quien fuera segundo de Luis Enrique en la selección.

Y aquí podríamos seguir ampliando la lista. El caso de Guus Til, neerlandés nacido en Zambia, recuerda a aquella mítica foto de John Guidetti en Kenia. O la historia de Tommy Smith que, aunque no es Tim Payne, es un neozelandés nacido en Inglaterra y que llega a la Copa del Mundo a pesar del descenso del Braintree Town a la sexta división inglesa. También Josué Duverger, un haitiano nacido en Canadá y que juega como portero en el amateur Cosmos Koblenz de la quinta división alemana. O Kieran Tierney, a quien todos conocemos por su paso por el Arsenal y la Real Sociedad, pero que es el único futbolista surgido de la curiosa Isla de Man. También es paradigmático el caso de Sebastian Tounekti, un tunecino nacido en Tromsø. Y para otro día dejaremos a los portugueses, brasileños y hasta un somalí que representan a Catar. Así que, por ahora, recuperad horas de sueño, pensad en nuestro amigo Anton y aprovechad para dormir, que parece que en este Mundial tocará madrugar.

 


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Fotografía de Getty Images.

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Gorka Urresola

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