Pasaportes

Cuando la Roma de Völler se estrelló contra el Inter de Klinsmann

La Copa de la UEFA del año 1990-1991 repartió cuatro billetes a Italia, Alemania y España, tres a la URSS, Bélgica, Holanda, Portugal y Rumanía y dos a Escocia, Suecia, Francia, Yugoslavia, Austria, Alemania del Este, República Checa, Hungría, Grecia, Suecia, Dinamarca, Finlandia y Polonia. La Roma se clasificó tras acabar sexta en la Serie A ganada por el Nápoles, la segunda de Maradona a los pies del Vesubio y la última del club hasta este 2023, y debutó en el torneo con un doble triunfo por 1-0 contra el Benfica de Sven-Göran Eriksson. En la ida allanó el camino hacia los dieciseisavos de final Andrea Carnevale, fichado del Nápoles. En 1990 también recalaron en el Olímpico de Roma el defensa Amadeo Carboni y el centrocampista Fausto Salsano, ambos de la Sampdoria.

Carnevale fue titular en las cinco primeras jornadas de la Serie A y en las dos primeras fechas de la Copa de la UEFA, pero desapareció de los onces de Ottavio Bianchi. El País del 9 de octubre cuenta que “Andrea Carnevale y Angelo Peruzzi dieron positivo en el control contra sustancias estimulantes que les fue practicado tras el partido que el equipo disputó en su estadio contra el Bari el 23 de septiembre, correspondiente a la tercera jornada del Campeonato de Liga italiano y que acabó con triunfo local por 1-0. Carnevale fue el autor del gol. Los resultados de los análisis y los contraanálisis determinaron que tanto Carnevale, titular en algunos partidos del Mundial, como Peruzzi consumieron fentermina, una sustancia anfetamínica que aumenta el rendimiento físico al activar la producción de adrenalina en el organismo. La adrenalina es un potente estimulante del sistema nervioso que aumenta la presión arterial al acelerar el ritmo cardiaco, la circulación sanguínea y la actividad bioquímica muscular”. “Estoy destrozado. Yo no he tomado nada, no soy Ben Johnson”, afirmaría el propio Carnevale pocas horas después de conocerse la noticia. El País del día 14 ya se hacía eco de la sanción de un año de suspensión a Carnevale y al guardameta Peruzzi.

“El tribunal tomó la decisión después de ocho horas de debate. El abogado del Roma, Franco Coppi, defendió la tesis de la carencia de efectos de la fentermina sobre el rendimiento físico de los deportistas. ‘La fentermina no aumenta la producción física de los futbolistas’, reivindicó Coppi. Carnevale y Peruzzi manifestaron que habían ingerido esa anfetamina para eliminar las secuelas de una copiosa comida a base de fetuccini, pocas horas después del partido de la Copa de la UEFA que enfrentó al equipo con el Benfica. Los dos jugadores tienen una semana para presentar sus recursos contra la decisión del tribunal de disciplina del fútbol italiano”, añadía el texto antes de apuntar que la Roma había sido sancionada con una multa de 150 millones de liras: 13 millones de pesetas. Ya el día 16, El País publicó un teletipo de Reuters: “Carnevale ha afirmado que su club, el Roma, le obligó a mentir cuando se destapó el escándalo. ‘¿Por qué no dije la verdad? El club me obligó a mentir. Yo quería afrontar el asunto con claridad, pero me dijeron que no lo hiciera'”.

 

Völler remarcó en la previa: “Puede que sean los favoritos, pero nosotros somos la Roma: todavía no hemos perdido ningún partido en la Copa de la UEFA”. Sería el máximo goleador de esa edición con diez dianas

 

“Durante la reunión que mantuvo con los representantes del Comité de Competición de la federación, el abogado del club, Franco Coppi, dijo que los dos jugadores habían tomado píldoras anfetamínicas por consejo de la madre de Peruzzi, ‘porque querían resolver los problemas que les había provocado el exceso de peso'”, decía la noticia. Añadía que “el escándalo ha levantado una gran polémica en Italia” y aseguraba que “la controversia ha alcanzado al Primer Ministro, Giulio Andreotti, hincha del Roma: ‘Son dos excelentes muchachos. Me cuesta creer que dos futbolistas tan serios y tan expertos como Carnevale y Peruzzi hayan podido cometer un error de esa magnitud’. Más adelante el Comité de Apelación de la federación italiana desestimaría sus recursos: concluyó que sus argumentos ‘no son convincentes’ y que ‘no es creíble que actuaran de buena fe’, sino que consumieron dicha sustancia ‘con perfecta conciencia y voluntad'”.

CAMINO DE LA FINAL

La Roma ya afrontó los dieciseisavos contra el Valencia sin Carnevale, pero logró pasar de ronda. Robert Fernández avanzó al conjunto de Víctor Espárrago en la ida, en Mestalla, pero Ruggiero Rizzitelli restableció el empate y en la vuelta Giuseppe Giannini, el ’10’ romano, y Rudolf Völler allanaron el camino hacia el triunfo. Fernando Gómez anotó el 2-1 de penalti en el 80′, pero el Valencia no logró el gol que le hubiera dado el paso al siguiente cruce. “Con un gol más el Valencia se clasificaba. Pero no se produjo”, lamentó Juanjo García del Moral en su crónica de El País: “La Roma acabó anoche con la andadura europea del Valencia al vencer claramente en su estadio. El conjunto italiano fue superior en todo momento. Con un juego brillante y sobre todo rápido, desbordó al Valencia, que, sin embargo, estuvo muy cerca de superar la eliminatoria cuando marcó su gol a 20 minutos del final”.

La previa de El País explicaba que el cuadro ‘ché’ intentaría aprovechar “el estado psíquico de los jugadores del equipo italiano, muy afectados por todos los acontecimientos relacionados con las sanciones a Carnevale y Peruzzi. éstas han sido tomadas como un escarmiento en el que la Roma no sería más que el chivo expiatorio: algunos cronistas afirman que la Roma ha sido elegida para imponer un castigo ejemplar con el fin de acabar con una práctica que se presume común en el calcio.

También cedieron en los dieciseisavos de final el Sevilla, frente al Torpedo ruso, y la Real Sociedad, en los penaltis contra el Partizan: el cuadro ‘txuri-urdin’ venció en Atotxa con un gol de Larrañaga, pero el equipo yugoslavo mandó el duelo a la prórroga con un tanto de Stevanović, después jugador de Osasuna. También fueron titulares Mijatović (21 años), Višnjić (Mérida, Rayo, Hércules), Bogdanović (Mallorca, Espanyol, Extremadura), Jokanović (Oviedo, Tenerife, Deportivo y Ciudad de Murcia) y Djurdjević (Mallorca). Aldridge y Bengoetxea fallaron sus penaltis en la tanda. El Atlético de Madrid había perdido en treintaidosavos, sorprendido por la Politécnica de Timisoara.

La Roma después superaría al Girondins de Burdeos, con un 5-0 y hat-trick de Völler en la ida, al Anderlecht y al Brøndby en cuartos de final. Los cuatro italianos alcanzaron esa ronda: junto a la Roma, el Bolonia, que cedió ante el Sporting lisboeta, y el Inter y el Atalanta, que se midieron entre sí con triunfo ‘nerazzurri‘. La crónica de los partidos de vuelta de las semifinales cuenta que “Völler fue el artífice de que el modesto cuadro danés del Brondby no confirmase su condición de revelación del torneo echando a la cuneta a la Roma. Hasta el minuto 88 del partido arbitrado por el español Soriano Alardes el clasificado era él gracias a un tanto de Nela en propia puerta a los 61 minutos que equilibraba el de Rizzitelli a los 33. Pero el oportunismo de Völler al recoger un rechazo de Schmeichel decidió”. Peter Schmeichel recalaría en el Manchester United aquel mismo verano. Su hijo Kasper, ahora en Niza tras brillar en Leicester, ya contaba cuatro primaveras.

 

El Inter tenía tres alemanes, Andreas Brehme y Lothar Matthäus, fichados del Bayern, y Klinsmann, comprado al Stuttgart, por los dos de la Roma: Völler y Thomas Berthold, reclutados del Werder Bremen y del Hellas Verona

 

El rival en la final sería el Inter, que antes había eliminado al Rapid de Viena con un tanto de Jürgen Klinsmann en la prórroga, al Aston Villa, único representante del fútbol británico en el torneo tras la prohibición de cinco años por la tragedia de Heysel, al Partizan, al Atalanta y al Sporting. “Una vez más, los jugadores alemanes fueron decisivos para que el Inter de Giovanni Trapattoni saliese airoso de un trance difícil”, aseguró la crónica de El País de los partidos de vuelta de las semifinales. El Inter tenía tres alemanes, Andreas Brehme y Lothar Matthäus, fichados del Bayern en 1988, y Klinsmann, fichado del Stuttgart en 1989, por los dos de la Roma: Völler y Thomas Berthold, reclutados del Werder Bremen en 1987 y del Hellas Verona en 1991. El País del 3 de mayo de 1991, cinco días antes del duelo de ida de la final, avanzaba que “el defensa internacional alemán Thomas Berthold, de la Roma, jugará la próxima temporada en el Bayern Múnich”. La Roma tenía un tercer extranjero clave: el brasileño Aldair, socio de Berthold en el eje de la defensa.

Völler remarcó en la previa: “Puede que sean los favoritos, pero nosotros somos la Roma: todavía no hemos perdido ningún partido en la Copa de la UEFA”. Sería el máximo goleador de esa edición con diez dianas y por delante de Matthäus y Cadete (6), jugador del Sporting y más adelante delantero del Celta de Vigo. Sería la segunda final seguida entre equipos italianos, tras el partido entre la Juventus y la Fiorentina del año anterior, y sería el tercer campeón seguido italiano, tras el Nápoles de Maradona y la Juve. Y sería la tercera final europea para la Roma, tras alzar la Copa de Ferias en 1961 ante el Birmingham y tras perder la Copa de Europa en 1984 ante el Liverpool: en Roma y en los penaltis.

UNA DERROTA AL VIEJO ESTILO

El Inter ganó la ida por 2-0, con goles de Matthäus y Nicola Berti ante 68.887 personas. “El Inter dio ayer en su campo un gran paso para ganar la Copa de la UEFA. El 2-0 que logró ante la Roma en la ida de la final parece en Italia una garantía casi absoluta. Mucho tendría que mejorar el Roma dentro de quince días porque anoche perdió con toda justicia. El problema no fue que el Inter dominara siempre, sino que el equipo romano sólo llegó una vez con peligro a la portería de Zenga. De nuevo los alemanes, Matthäus y Klinsmann, hicieron la diferencia”, dijo El País. En la previa de la vuelta, disputada el 22 de mayo, Klinsmann admitió que “espero que mi equipo plantee un juego de ataque desde el principio hasta el final” y subrayó que “no podemos salir a defender el resultado. Sería un riesgo demasiado alto y demasiado complicado”.

Pero el Estadio Olímpico vio un Inter granítico, pragmático. La Roma tan solo pudo soñar en el tramo final, con un gol de Rizzitelli en el minuto 81. Según la crónica de El País, titulada ‘El Inter ganó la Copa de la UEFA al viejo estilo’ y firmada por Mábel Galaz: “El Inter ganó su primer título europeo desde la década de los 60. Pareció que no había pasado el tiempo por el equipo. El mismo catenaccio, la misma idea conservadora del fútbol, la misma explotación máxima de las ventajas. No estaba Helenio Herrera en el banquillo, pero Trapattoni dejó por todas las partes la firma de su viejo maestro. La Roma bombardeó el área de Zenga con toda suerte de remates, centros, pases. Por cada uno de ellos, el Inter cedía un metro. El final vio al equipo interista colgado de su portería, una reducción al absurdo de los teorías de Herrera. El encuentro fue muy bravo. Los locales echaron dureza y deseo: el Inter despreció el choque de igual a igual. Se retiró a sus cuarteles, colocó dos hombres por metro cuadrado en su terreno y esperó el aguacero de balones”.

El Inter volvería a ganar la Copa de la UEFA en los cursos 1993-1994, contra el Salzburgo con tantos de Berti y Wim Jonk, y 1997-1998, contra la Lazio con dianas de Iván Zamorano, Javier Zanetti y Ronaldo en la primera final a partido único. En 1997 jugó, y perdió, la final ante el Schalke 04, villano del Tenerife en semifinales. El fútbol italiano reinó en Europa y en la Copa de la UEFA en los 90, como en la Liga de Campeones. Más: la Juventus ganó la UEFA en 1990 y 1993 y el Parma en 1995 ante la Juve y en 1999. En 1992 el Torino perdió contra el Ajax en la final. La década de los 90 solo tuvo una final de la Copa de la UEFA sin representante italiano: fue en 1996 y enfrentó al Bayern, campeón, y el Girondins.

 


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Arnau Segura

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