Pasaportes

Cuando el fútbol pierde sentido

No hay pasiones sin grietas. A veces me preguntan a qué me dedico y me dan ganas de contestar: soy malabarista en un circo. Todo lo que tengo me lo creo y a la vez es nada. Un acto de fe, una ilusión, un decorado que hay que seguir atornillando para que no se desplome. Hay monstruos de Tolkien escondidos en los bosques. Hay frutas en las paredes de los museos que te comerías con las manos. Ser aficionado al fútbol, algunas noches, está tan fuera de lugar como descorchar una botella de champán en un velatorio. Vivir en un constante y complicado equilibrio. Perder las horas y la cabeza por un simple juego; saber todo eso y aun así insistir, disimular, atrincherarse, como si hubiera algunos cuadros torcidos que no estuvieras dispuesto a enderezarlos. Volver a contar un gol que nos hizo creernos los más felices del mundo: sentirse muy digno y, dos segundos después, profundamente idiota. Como decir que la parada de un portero nos ha salvado la vida. Así lo percibimos, no sabemos hacerlo de otro modo. Ocurre que, en ocasiones, algo verdaderamente grave sucede al otro lado, y, cuando eso pasa, es como si entrara una ráfaga de viento y se llevara toda la casa por delante. Ya no hay forma de sentir lo que sentíamos. Algo más grueso, más pesado, más real se ha impuesto sin condiciones, y la trampa queda de repente tan a la vista que da cosa hasta mirarla. Hace unos días, Vicente Moreno, nacido en Massanassa, una de las poblaciones más afectadas por la DANA, tuvo que dar una rueda de prensa como técnico de Osasuna después de que las inundaciones pusieran patas arriba su vida, la de sus familiares y la de sus vecinos. Solo la idea de que, aun con todo eso, pudiera acabar hablando durante algunos minutos de alineaciones titulares y ajustes defensivos, ya era suficiente para sentir un nudo en la garganta. El fútbol es la hostia mientras uno está en condiciones de creérselo, pero cuando hay algo ahí fuera que te duele de verdad, se deshace el truco y hasta puede parecerte una broma de mal gusto.

 


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Fotografía de Getty Images.

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Marcel Beltran

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  • En 1980 en mi provincia de origen hubo un terremoto - la semana que viene hará 44 años - que se llevó a casi 3.000 personas. Terrible y trágico. Sin embargo, en el resto del país al día siguiente fueron a trabajar. Por supuesto que la gente se activó, fue a ayudar, mandó recursos etc. Pero siguió trabajando.
    Parece que el fútbol, x ser entretenimiento, sea distinto. Pero, no, es una actividad ecónomica. Y Vicente Moreno fue a trabajar: quizás con los recurso económicos generados x su trabajo pudo mandar ayudas. Mejor q parae y no hacer nada.

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