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Algunas derrotas duelen más que otras. Las hay que, incluso, ven cómo el polvo las cubre con el paso de los años. Que no cambian el destino. Que son meras anécdotas en un impoluto historial. Como la primera derrota en tu recién estrenado estadio. Pero para el rival de turno supone un valioso tesoro que guarda con cariño. Algo con lo que, mirando al pasado, se tiene la certeza que es una de las gestas más memorables del club. Eso es algo que sucedió en los primeros compases de 1948, en el Paseo de la Castellana. El Nàstic de Tarragona era el primer equipo en vencer en el coliseo blanco.

Menos de un mes antes, el Real Madrid inauguraba el flamante Nuevo Chamartín; la denominación de Santiago Bernabéu llegaría a posteriori, ya que entonces el almanseño era el presidente ‘merengue’. Aquel era un estadio moderno, a imagen de los novedosos campos italianos. El estreno se hizo con un partido amistoso frente a Os Belenenses, campeón portugués, disputado un frío 14 de diciembre de 1947. Los blancos se impusieron por 3-1, y los tantos llevaron la firma de Barinaga y Chus Alonso, por partida doble. La puesta en escena había sido exitosa.

El segundo púgil en pasar por La Castellana fue el Athletic Club. De hecho, los bilbaínos no fueron rival para el conjunto dirigido por Quincoces, sufriendo un K.O. sin paliativos. En el primer partido oficial disputado en el Nuevo Chamartín, correspondiente a la 12ª jornada de Liga, el Real Madrid arrasó con un 5-1. Aquel 28 de diciembre tuvo prácticamente los mismos protagonistas que el partido de inauguración, a los que se tendrían que añadir los goles de Vidal y Molowny. Este repaso fue, tan solo, un espejismo en el camino blanco de aquel año.

Caldo de cultivo

El Nuevo Chamartín vivió su primer partido de 1948 el 11 de enero. Los ‘merengues’ venían de ser arrollados en Oviedo (7-1) y doblegados ante el Alcoyano (2-1). La 15ª jornada liguera suponía el segundo partido oficial en su nuevo estadio y debía ser el punto de inflexión para dar la vuelta a la peligrosa dinámica. El Gimnàstic de Tarragona, recién ascendido y debutante en Primera División, tenía que pagar los platos rotos. Sin embargo, los de Pepe Nogués ya avisaron en la primera vuelta. Nàstic y Madrid igualaron a tres en el primer partido de la máxima categoría disputado en la Avinguda Catalunya, en la segunda fecha.

Ni blancos ni granas llegaban al choque en las mejores condiciones. Empatados a 12 puntos, solo tres les separaban de la zona de descenso -cuando entonces se sumaban dos por triunfo. Bajo la lluvia constante, el Real Madrid saltó al césped con Marín, Azcárate, Corona, Ortiz, Ipiña, Huete, Alsúa, Alonso, Barinaga, Molowny y Vidal; el Nàstic lo hizo con Soro, Babot, Cobo, Català, Corró, Conesa, Roig, Taltavull, Perdomo, Juanete y Martínez. No tardó el cuadro local en despertar. Ocho minutos después del pitido de Incera González, los de Quincoces se adelantaron con la tempranera diana de Molowny, recogiendo el balón escupido por la madera a tiro de Alonso. Ambos daban “la tónica” según la crónica de Marca, y se asociaban con Ipiña, que aportaba el “orden”. El dominio madridista se alargó hasta el entretiempo, pero no más allá. No era su día, ya que “el trío falló totalmente”. De hecho, las sensaciones que transmitía el Real Madrid fueron engañosas, como en el encuentro frente a los ‘leones’: “partido de excepción que confirma una regla de general y pronto agotamiento”.

Poco más de 20 minutos de ensueño a la vuelta de los vestuarios fueron suficientes para grabar con letras de oro la gesta de los catalanes. Pim, pam y pum. Sincronizados cada once minutos. Juanete a la salida de un córner en el 48’, Taltavull con una jugada individual en el 59’ y Roig con una internada en el 70’ no solo dieron la vuelta al marcador, sino que sentenciaron un triunfo histórico por 1-3. Sin sufrir en los últimos compases, a lo grande. “En el campo embarrado de La Castellana, fueron juguete del Tarragona en el segundo tiempo”, relataba Marca, ya que el Madrid tenía enfrente “orden físico y capacidad técnica”. Según Enric Pujol, periodista e historiador deportivo tarraconense, la clave de la sorpresa fue la cohesión del equipo. “El Nàstic tenía una plantilla corta, y la mayor parte del bloque se había conservado después del ascenso desde Segunda. Había incluso algunos que estaban desde Tercera. Funcionaban por inercia”, cuenta Pujol. De hecho, dos de los tres goleadores granas de aquel día habían sido claves en el ascenso de la campaña anterior.

Pero el gran protagonista que llevó de la mano al Nàstic hasta Primera División no jugó aquel día en el Nuevo Chamartín. La relevancia de la victoria cobra aún más grandeza. Francisco Peralta no pudo ser alineado por Nogués ante el Real Madrid, aunque tampoco hizo falta. El delantero barcelonés había sido el ‘Pichichi’ la temporada anterior en Segunda. Y casi repitió aquel curso en Primera; con 20 dianas, se quedó a tan solo una del máximo artillero, el celtiña Pahiño, y superó por una a un tal César, que vestía de azulgrana. Y eso que estuvo sin marcar durante nueve encuentros consecutivos, cuando la Liga tenía 26 fechas y 14 equipos.

Tocando los extremos

Disputada la 15ª jornada, la temporada siguió su camino. Fue un curso histórico para ambos clubes. Para unos el peor, para otros el mejor. El Real Madrid no consiguió levantar cabeza y lidió con el descenso hasta el final. Los blancos firmaron su peor clasificación de siempre, terminando en la undécima posición y evitando la Segunda División por primera vez por escasos dos puntos. 

Para los tarraconenses, la victoria en La Castellana acabaría siendo la única a domicilio en todo el año. Sin embargo, la Avinguda Catalunya se convirtió en un fortín, y el Nàstic consiguió brillar como jamás lo ha vuelto a hacer. Acabó séptimo en su debut, dejando la zona roja a cinco puntos y alcanzando así su mejor clasificación histórica. No fue anecdótico, ya que en el verano de 1947, meses antes de asaltar Chamartín y recién ascendidos, los granas lograron llegar a semifinales de la Copa del Generalísimo -su mejor participación- en las que cayeron ante el Espanyol por un polémico global de 5-3. El cuento de hadas en Tarragona duró dos campañas más, perdiendo una categoría que no volverían a pisar hasta la temporada 2006-07.

La placa de Bernabéu

La gesta fue doble: el Gimnàstic fue el primer conjunto en vencer en Chamartín y, a día de hoy, sigue siendo el único en ganar en su debut en Liga en el feudo ‘merengue’. La hazaña de los pupilos de Pepe Nogués ha perdurado en el tiempo por un motivo especial. Explica Enric Pujol que en la ciudad empezó a popularizarse

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“la leyenda urbana que Santiago Bernabéu mandó poner una placa encima de la puerta del vestuario local para conmemorar la derrota, una cosa un poco estúpida”. ¿Cómo iba el presidente blanco a humillar de este modo a sus futbolistas? En Tarragona no les hace falta la leyenda urbana sobre una placa que nunca existió. Los aficionados de más edad recuerdan, con nostalgia, que Chamartín cayó por primera vez a manos de ‘su’ Nàstic.

 


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Fotografías cedidas por Enric Pujol, Nàstic de Tarragona y Mundo Deportivo.