Pasaportes

Calma, la tiene Pedri

¿En cuánta gente confías de verdad? La respuesta es simple: cuenta cuantas copias de las llaves de tu casa has repartido. No son muchas. Una. Dos. Quizás tres. Esa es tu gente de confianza. La misma que está dispuesta a llevarte al aeropuerto de madrugada o al dentista un lunes por la mañana. Te hacen el canguro. Te recogen los paquetes de Amazon. Te llenan la nevera. Cierran con dos vueltas. Protegen el balón como si les fuera la vida en ello. He pensado en añadir a Pedri a ese grupo de personas. Cuando el canario tiene el balón, se hace la tranquilidad. Respiro. Dejo de tener miedo de que entren en mi casa. El talento de Pedri, más que placer, me produce seguridad. Si la bola no pasa por él en más de diez segundos, salta en mi interior una alarma de incendio. “Darás el balón a Pedri”

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debería ser el primer mandamiento del Barça de Flick. Cuesta tanto quitárselo que resulta sospechoso. Como si hubiera un acuerdo tácito entre él y los rivales. “No robarás el balón a Pedri” puede que sea el mandamiento que Montjuic dicta al adversario. A veces no le creo. Sale limpio de todas las jugadas. Anda por pasillos imaginarios. Tiene un ojo en la nuca. Yo a Pedri le daría las llaves de mi casa. Sin dudarlo. La oferta es irrechazable: el sistema de seguridad incluye trucos de magia. Como lo oyen. Jugar con Pedri es pedirle a Prosegur, además de garantía antirrobo, que proyecte auroras boreales en el techo de tu casa. O que multiplique los metros de las habitaciones. Parece, con sus pases, que se ensanche el terreno de juego. Koundé y Balde todavía no han visto toda la casa. Siguen apareciendo en nuevos rincones. En nuevos espacios que nacen de la pataleta de un arquitecto frustrado. Le han firmado un proyecto de 650 metros cuadrados, pero se empeña en hacerlo todavía más grande. Infinito, si puede ser. Anoche leí varios tuits que decían que Pedri es el mejor centrocampista del mundo. No lo sé. Ni me importa. Lo que de verdad me importa es que confío en él más que en ningún otro. Denle el balón, por favor. Aunque Lewandowski esté sólo, en el área chica y con el portero durmiendo la siesta.

 


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Fotografía de Getty Images.

Lluís Inarejos

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