Alrededor de 7.000 ingleses se movilizaron este pasado sábado hasta Barcelona para ver jugar a su selección. El RCD Stadium acogía el partido de fase de clasificación para el Mundial entre Andorra (como local) e Inglaterra (como visitante). Pero la primera pregunta que hay que hacerse es: ¿por qué el duelo se jugaba en Cornellà y no en el Principado? El encuentro, en un principio, se debía jugar en el Nou Estadi d’Encamp, pero este no cumplía con las normas UEFA y la cita tuvo que desplazarse hasta Catalunya. En Panenka también salimos de ruta para vivir este atípico acontecimiento y preguntar a ambas aficiones por el motivo de su viaje.
Cogemos el metro dirección Cornellà, donde ya vemos las primeras camisetas futboleras de Inglaterra, y vamos andando hasta el estadio. A medida que nos acercamos observamos cómo los bares de los alrededores están llenos de ingleses, algunos más serenos que otros, pero la mayoría de color rojizo por no ponerse suficiente crema en un día tan soleado. El 90% de los hinchas son hombres adultos, aunque también hay algún niño pequeño. A su vez, observamos banderas del país de todo tipo de equipos de cualquier división británica; cuando juega la selección, no hay lugar para rivalidades.
Una vez estamos en las inmediaciones del campo, buscamos a algunos fans con los colores de la selección andorrana. La primera con la que nos encontramos es Carla, ha venido porque a su cuñado le han regalado entradas, además la distancia entre Andorra y Barcelona no le parece excesiva (dos horas y media en coche). También paramos a Alicia, una joven aficionada que nos explica por qué ha viajado: “Hemos acabado el instituto hace nada y es importante animar a la selección. No me importa que sea en Barcelona, porque así puede venir más gente”.
“Voy a ver a Inglaterra a todas partes, no importa el rival, sino la experiencia de conocer nuevas ciudades y culturas. La cosa va más allá de los 90 minutos”
El último aficionado con camiseta de Andorra al que preguntamos se llama Cesc Gómez. Él no es del Principado, pero ha venido a apoyar a uno de sus compañeros de equipo, Joel Guillén, y a ver a las grandes estrellas inglesas. Ambos comparten vestuario en el Binéfar, equipo aragonés de 3ª RFEF.
Conocidos a los locales, toca ver cómo viven la experiencia los británicos. Con la excusa del partido, la mayoría han aprovechado el viaje para estar unos días de vacaciones por Barcelona.
Harry, hincha del QPR, es un fiel fan del combinado nacional: “Voy a ver a Inglaterra a todas partes, no importa el rival, sino la experiencia de conocer nuevas ciudades y culturas. La cosa va más allá de los 90 minutos”. Michael, del Manchester City, es el caso opuesto: “Es la primera vez que voy fuera de casa, he tenido la oportunidad de comprar una entrada y no la he desaprovechado”. Bien diferente también es el caso de Phil y Matthew, padre e hijo británicos que residen en Praga y han viajado para ver a la selección. La respuesta del adulto cuando le preguntamos por qué ha venido es sencilla: “Porque es Inglaterra”.
A las puertas del estadio vemos a gente con los colores de los Three Lions dando dosieres a todo el que lo pida. Evidentemente, nos acercamos a preguntar. Thomas, uno de los repartidores, nos dice que es una iniciativa de la Football Supporters’ Association, que existe desde hace más de 30 años, para que los fans que viajan con la selección tengan toda la información necesaria del sitio al que visitan.
Aparte de aficionados de ambos países, en el RCD Stadium también hay gente que se ha acercado al estadio con el único objetivo de ver a estrellas internacionales en acción. Es el caso de Unai, un joven madridista forofo de Bellingham que quiere pedirle la camiseta al centrocampista. Lo mismo pasa con Enric, que con un look muy british nos comenta lo siguiente: “Mi padre siempre va con Inglaterra y le encanta el fútbol inglés, él me ha contagiado esta pasión”.
Con los deberes hechos, entramos a ver el partido. Evidentemente, el campo no está lleno, pero cuando suena el God Safe the King se crea una atmósfera única. El partido es malo como pocos, Andorra aguanta e Inglaterra lo intenta una y otra vez sin éxito. Aun así, desde nuestra posición, nos podemos fijar en pequeños detalles que hablan por sí mismos: Bellingham cortándose las medias justo antes de empezar o Cole Palmer jugando en manga larga pese al apabullante calor.
Aparte de aficionados de ambos países, en el RCD Stadium también hay gente que se ha acercado al campo con el único objetivo de ver a estrellas internacionales en acción
De vez en cuando, la afición andorrana se hace notar, aunque queda opacada por los aplausos de los ingleses o con el típico “¡shooot!” exigiendo un disparo lejano. Llegamos con 0-0 al descanso y escuchamos una sonora pitada por parte de los visitantes hacia sus jugadores. Con el gol de Kane al volver de la media parte, los ánimos cambian. Cuando el balón toca la red, se escucha un ensordecedor “¡yeah!”.
Como anécdota, en el tramo final del encuentro, vemos cómo la afición anglosajona la toma con uno de los centrales de Andorra, Ian Olivera. Incluso al acabar el partido corean su nombre y le piden la camiseta. En zona mixta le preguntamos sobre lo sucedido y esta es su respuesta: “Desde el principio empezaron a gritar mi nombre, los miré, me reí y les hice un gesto de aprobación para que siguieran animando. Me vino bien porque lo tomé como una motivación más”.
Finalmente, el partido acaba 0-1, los del Principado salen ovacionados por su gente, mientras que los británicos regresan al vestuario habiendo dejado muchas dudas. Este atípico encuentro nos ha permitido conocer cómo son por dentro dos aficiones bastante diferentes. Ambas han hecho un desplazamiento para animar y dejarse la voz por sus países. Los andorranos han creado un ambiente muy familiar, mientras que el fútbol inglés nos manda un mensaje claro: a veces hay que dejar de lado las rivalidades para ir todos a una.
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