Entendemos la competición deportiva como ese estado de gracia permanente que encarnan los alguarismos arábigos de CR7 o los metadatos mesiánicos de Messi con un gol cada X tiempo. Desde dicho hemisferio cuantificable cabe preguntarse hasta qué punto estamos negando la trayectoria imprevisible del esférico; sumidos, irremediablemente, en el terraplanismo biométrico que imponen las estadísticas puras. Esos mismos resultados que ahora profetiza LaLiga Copilot nos alejan cada vez más de la esencia misma del azaroso mundo del fútbol. Pero el lunes pasado, durante el Espanyol-Sevilla, la efigie impasible e inmóvil de un Januzaj rendido ante la adversidad nos empujó irremediablemente a contemplar el polo opuesto del balón. Tardé un buen rato en comprenderlo, pero cada toma del semblante apagado del futbolista después de lesionarse parecía imitar la desolación de Cal Strack (James Dean) en Al este del Edén (1955).
Magnéticamente clavado en el centro mismo del terreno de juego, fue la suya una expresión sincera de abatimiento, como si de repente se hubiera percatado que estaba completamente solo en un páramo desolado. No solo fue la gravedad y el alcance de la lesión lo que hundió tan profundamente los tacos del belga sobre el césped, sino el vértigo de una larga carrera futbolística cargando a sus espaldas el sambenito de ‘talento desperdiciado’. Durante años ha arrastrado ese pasado juvenil en los ‘red devils’ de Mánchester, que lo cubrieron muy pronto con el dorsal número 11 de Ryan Giggs, imponiéndole para siempre la responsabilidad de un relevo generacional que nunca se produjo. Tampoco ayudó su temprano debut con la selección de Bélgica con apenas 19 años en el Mundial de 2014. Pese a todo, pudo volver a la Copa del Mundo de 2018 y regresar con el bronce olímpico. Un combinado nacional del cual formó parte gracias a la que fue su mejor temporada con la Real Sociedad en 2017.
Magnéticamente clavado en el centro mismo del terreno de juego, fue la suya una expresión sincera de abatimiento, como si de repente se hubiera percatado que estaba completamente solo en un páramo desolado
Pero el fantasma de las lesiones y, sobretodo, la amenaza de un olvido prematuro ya aparecieron en su trayecto por el Sunderland. Tras una primera cesión en el Borussia Dortmund, los mismos espectros le perseguirían tras su marcha de Anoeta al Sánchez Pizjuan, a marcha de préstamo por el İstanbul Başakşehir Futbol Kulübü y la UD las Palmas, donde nos dejó aquella volea inapelable con el ’24’ a la espalda. Ese golpeo perfecto que llegó muy tarde para él pero que todo aficionado al fútbol llevaba años esperando. Sí, Januzaj, al que seguro que le quedan todavía muchas temporadas de fútbol de calidad, es de aquellos jugadores que hay que entender más allá de los resultados y de los malditos dígitos; más por lo que pudo ser y no fue; por las enormes posibilidades de su fina zurda y por un despliegue futbolístico que habita lejos del paraíso de los futbolistas de récord, en la Tierra de Nod, donde vagabundean errantes el resto de mortales.
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Fotografía de Getty Images.


