La de David y Goliat es una de esas historias sin fecha de caducidad en la tapa. Pasó hace siglos y sigue sucediendo hoy. Gigantes empequeñecidos. Débiles que solo lo son en apariencia. Victorias que se dan por sentadas hasta que la realidad les pinta la cara. Derrotas constantes, en bucle, monótonas, que de repente, con un chispazo de genialidad, se convierten en éxitos. Con una honda y una piedra o con lo que sea, cada David cuenta con sus herramientas. Sí, puede que sus armas no sean tan potentes, deslumbrantes y arrolladoras como las del enorme enemigo, pero bien utilizadas pueden ser determinantes para cambiar la historia. Porque los filisteos también mordieron el polvo.

Pero hoy, desgraciadamente, pasa muy poco. Tan poco que en ocasiones hasta cuesta recordar la última vez que cayó Goliat. Va chetadísimo, como se dice ahora. El tiempo le ha dado más poder, más fuerza, más material. Más todo. Si antes era un gigante, ahora las dimensiones bíblicas se quedan cortísimas. Ha sobrepasado los límites, ha jugado con los débiles, casi hasta reírse de ellos; el poder le ha llevado a tener, a necesitar, a recibir, todavía más. Ya saben, el poder siempre busca más poder. Aunque había un detalle que a los Goliat de hoy se les escapaba de las manos, con el que no contaban: siempre hay valientes como aquel David preparados para ir a la batalla, para soñar con imposibles, para decirle al mundo que, por mucho que no suela ocurrir, los gigantes pueden acabar cayendo. Con una honda y una piedra. O con un balón de por medio.

Los escoceses saben de qué va esta historia. Celtic. Celtic. Celtic. Y más Celtic. Nueve veces Celtic. Sin oposición ni despeinarse, liga tras liga. Hasta que llegó el Rangers para recuperar la gloria perdida. Un Goliat reconvertido en David por culpa del dinero volvió a sentirse grande.

Los portugueses también saben de qué va esta historia. Benfica. Porto. Porto. Benfica. Benfica. Porto. Monotonía como sinfonía del fútbol portugués. Hasta que este año al Sporting le dio por cambiar la historia. Sus dedos ya rozan un trofeo que no tocan desde 2002.

Los italianos también saben de qué va esta historia. Como en Escocia, Juve. Juve. Juve. Y más Juve. Nueve veces Juve. Con un título invicto, otro con récord de puntos y más ligas seguidas que nadie en el país. El Inter, por fin, está a once fechas de finiquitar las glorias del Goliat italiano.

Los franceses también saben de qué va esta historia. Como en Escocia e Italia, PSG. PSG. PSG. Y más PSG. Siete veces PSG, a excepción del año de irrupción de un desconocido Mbappé que antes vestía de David. Ahora la culpa de que se acabe su cuento puede ser de los dogos de Lille.

Los españoles también saben de qué va esta historia. Como en Portugal, Barça. Barça. Madrid. Barça. Madrid. Un juego entre dos desde 2005. Hasta que partido a partido un argentino consiguió cargárselo en 2014. Siete años después, la historia puede repetirla el mismo argentino.

De un plumazo, en un mismo curso, el Viejo Continente puede ver ante sus ojos la caída de muchos gigantes. Parecían imparables. El fútbol, los que mueven sus hilos, en realidad, les dio todo tipo de artilugios para que así fuera. ¿Queréis más dinero? Aquí tenéis dinero. ¿Queréis más privilegios? Aquí tenéis privilegios. Tanto les hincharon el globo que acabó explotando en su cara. En forma de Superliga. En forma de aborrecimiento por parte del aficionado, cansado de ver cómo en la primera jornada de liga ya -casi- se había definido al vencedor. En forma de un fútbol que dejó de parecerse a sí mismo. Donde existían sorpresas, imprevistos, incertidumbres, milagros.

Y no es que todo esto, de repente, haya vuelto a ser como era. Porque la Superliga sigue en el aire. Porque la nueva Champions dará aún más de comer a Goliat. Porque la brecha entre ricos y pobres sigue siendo desmesurada. Porque entre todos se están cargando la gracia de este juego, donde a veces te felicitan y otras te toca felicitar a ti. Quizá lo que está ocurriendo en Europa este año no sea más que un espejismo. Puede ser que el año que viene Goliat vuelva a imponerse en Escocia, en Italia, en Portugal. Es posible que este mismo año lo acabe haciendo en España y en Francia. El tiempo dirá. Pero mientras, emulando a aquel David que con una honda y una piedra se cargó a Goliat, para gozo de los que disfrutan cuando entran al BeSoccer y ven que por encima de todos no están los de siempre, unos cuantos equipos europeos, por unos meses, se han empeñado en hacer extraordinario lo que debería ser ordinario: no siempre gana Goliat la partida.

 


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Fotografía de Imago.