Miradas

Paracaidismo futbolero

Ha llegado, finalmente, esa entrañable época en la que todos esos espacios de reflexión intelectual que históricamente han mirado con sospecha al fútbol —ese pasatiempo vulgar y asilvestrado que inventaron los ingleses acomodados y popularizaron los ingleses de clase trabajadora—, organizan coloquios, compilaciones, foros, muestras, exposiciones, talleres y ciclos futboleros.

Al reflexionar sobre ello en X, el colega Miguel Cuadros me respondió con gran acierto: “Ahora sí todos en paracaídas”. Lo anterior me remitió a lo que se conoce como el periodismo de paracaidismo en las coberturas internacionales, que no es otra cosa que el sobrevalorado arte de llegar e irse de los sitios. Varios de los corresponsales que se han empeñado en dignificar el oficio, pasando largas temporadas con la guardia en alto para tomarle el pulso a las ciudades, siempre han sido muy críticos con este tipo de aproximación, puesto que casi siempre deviene en la perpetuación de lugares comunes en torno a zonas de conflicto.

Algo así sucede con los mundiales de fútbol. De pronto, a tres meses de distancia de la competición más importante a nivel de selecciones, todos los jefes editoriales de los medios generalistas, que siempre han mostrado un desprecio por el juego como fenómeno social y cultural, se empeñan en convencer a sus mesas de redacción de que el fútbol es un manantial de historias.

 

De pronto, a tres meses del Mundial, todos aquellos agentes que siempre han mostrado un desprecio por el juego como fenómeno social y cultural se empeñan en convencer de que el fútbol es un manantial de historias

 

Y lo mismo pasa con aquellas librerías que siempre han rehuido de la posibilidad de montar una estantería consagrada a la literatura futbolera para mantener intacto su prestigio y esnobismo intelectual durante todo el año, pero que, llegada la fecha, no tienen pudor en sacar del fondo de los almacenes cualquier cosa que encaje, casi siempre con calzador, con la fiebre del momento.

Y qué decir de las editoriales, que acuden con siniestra puntualidad a la cita, cronómetro en mano, para lanzar alguna antología con las firmas y las historias de siempre para no quedarse fuera de la fiesta colectiva.

Desde luego que no podemos pasar por alto a los museos, casas de cultura y cinetecas, tradicionales promotores de la aversión al fútbol, quienes bocetan en tiempo récord exposiciones, muestras y ciclos contextuales para estar a la altura del momento.

Por suerte, el fútbol, ese macrocosmos inabarcable, no acostumbra encapsular rencores y espera la cita de cada cuatro años para mostrarse tal y como es: con todas sus bondades e imperfecciones.

 


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Fotografía de Getty Images.

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Ricardo López Si

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Ricardo López Si
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