En una entrevista publicada el #Panenka85, el último número de nuestra revista, correspondiente al mes de mayo, el exárbitro Tom Henning Ovrebo repasa su trayectoria y recuerda, en especial, su actuación en la vuelta de las semifinales de la Champions League 2008-09, de la que ayer se cumplieron diez años; un duelo en Stamford Bridge entre el Chelsea y el Barcelona que se decidió con un gol de Andrés Iniesta al límite del tiempo y que terminó con airadas protestas al colegiado nórdico por parte de los jugadores del Chelsea. “Ojalá hubiera tenido la ayuda del VAR aquel día”, expresa Ovrebo, al ser preguntado sobre la ventaja que hoy supone para los colegiados el uso de la tecnología de vídeo.

“Después de la primera mitad, mis asistentes y yo sentíamos que teníamos el control. Al final del partido, sin embargo, no tuve esa sensación. Cuando llegué al vestuario pensé: ‘De acuerdo, Tom Henning, esta no ha sido tu mejor noche”, explica el noruego en su charla con el periodista Pal Odegard. Aunque cuenta que nunca perdió la compostura, las continuas protestas de los futbolistas ‘blues‘ le hicieron dudar.

Tras decisiones como no señalar unas manos de Samuel Eto’o dentro del área rival, y cuando los jugadores del Chelsea empezaron a rodearle, explica que lo que le pasaba por la cabeza era “mantener la calma, para no avivar más el fuego”, a lo que añade: “He de reconocer que por dentro estaba hirviendo. Fue en el vestuario donde me di cuenta de lo controvertido que había sido todo (…). En el espacio de dos horas, pasé de ser un árbitro bastante respetado a convertirme en el tonto más grande del fútbol internacional”.

“Las medidas de seguridad que enseguida se tomaron a su alrededor le confirmaron que el asunto se había descontrolado. “Nos pusieron escolta policial hasta que pudimos coger un avión y regresar a casa”, explica. Pero la tensión no se terminó con el regreso a su país.

Tuvo que soportar una serie de amenazas de muerte que este colegiado que además es graduado en Psicología, sin embargo, no se tomó en serio. No le motivaron en ningún caso a abandonar el fútbol. “Provenían más de la frustración por no ganar ese partido y mi desempeño en él, que del deseo real de asesinarme a mí y a mi familia”

SIN MUNDIAL Y EN SILENCIO

Sobre las consecuencias de su actuación en aquel partido, Ovrebo relata: “No fui a la Copa del Mundo [de 2010]. Mi equipo y yo sabíamos que teníamos muchas posibilidades de ir si hacíamos un buen trabajo en Stamford Bridge. Al final, no lo hicimos, y creo que es natural que nuestra oportunidad de estar en el Mundial de Sudáfrica desapareciera”.

Además, la UEFA le impuso un cierto silencio: “Primero querían que la investigación sobre el partido concluyera. No querían que hubiera comentarios en la prensa que pudieran recrudecer la situación”, recuerda, y reconoce que “hubiera sido muy bueno haber podido expresar públicamente todo lo que sentía al respecto”. Diez años más tarde, lo hace en las páginas de Panenka. Hazte con nuestro último número para leer la conversación completa.

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