Día de Reyes. Hay magia y frío a partes iguales en la tribuna de prensa del Camp Nou. Ni un alma en las gradas y un silencio que se interrumpe con los acordes de Highway to Hell. En el césped se vislumbran las protagonistas enfundadas con el chándal del calentamiento. Son tan diferentes a las pioneras… Y, en cierta manera, afortunadas. Por lo menos, así se sienten ellas al pisar el verde de un estadio que tantas veces han visto desde sus butacas.

Ya han pasado unos cuántos días desde que la historia, caprichosa como siempre, volviese a dejar momentos estelares. El Barça femenino cumplió 50 años y lo celebró, precisamente, con un 5-0. Además, ante un rival histórico como el RCD Espanyol. Un equipo que, si bien fue de los grandes clubes femeninos antaño, ahora mismo vive unas horas muy bajas. Alexia Putellas abrió el marcador. Tenía que ser ella, la misma jugadora que también estrenó el Johan Cruyff. Al filo del descansó sirvió de cabeza el tentempié de lo que sería la segunda mitad.

Al poco de empezar llegó el carrusel de goles. Marta, Melanie Serrano, Lieke Martens y Crnogorcevic escenificaron la cotidianidad de cada fin de semana. Goleada tras goleada, el Barça ha logrado que ganar por cinco o seis goles de diferencia sea lo normal. Que cuando un equipo consiga batir su puerta, el resto de aficionados esboce una expresión de sorpresa. Incluso, que se le de mérito al conjunto blanquiazul por haber sido el equipo que más tiempo le ha aguantado el empate al conjunto de Lluís Cortés esta temporada. El Barça lidera la liga con mano de hierro y no parece que haya ningún equipo capaz de bajarlo del pedestal. En conclusión, buenos tiempos en los corazones azulgranas que ahora buscarán el calor que ofrece un título europeo.

Pero esta época dorada en la que todo son sonrisas y festejos no se corresponde con el pasado. El club lleva una década logrando títulos y buenas posiciones. Y en un momento en el que el fútbol femenino está cobrando cada vez más relevancia, uno puede pensar que eso siempre ha sido así. Que el Barcelona siempre ha estado en la pole de la clasificación. Pero nada más lejos de la realidad.

En 1970 se disputó el primer partido de un equipo que, para sorpresa de muchos, vestía de blanco. Ese fue el pacto al que llegó Imma Cabecerán con el entonces presidente Agustí Montal. Podían usar las instalaciones del Camp Nou pero no podían usar ni el nombre, ni los colores, ni el escudo de la entidad. 60.000 espectadores se agruparon en las gradas para ver los primeros minutos del entonces Selección Ciudad de Barcelona. Debutaron un día de Navidad ante el Centelles y ganaron. Como curiosidad, el entrenador de aquel equipo era el mítico guardameta Antoni Ramallets.

 

Las futbolistas que están llamadas a hacer historia se divertían sobre un tapete con el que solo los hombres parecían tener derecho a soñar

 

“‘El respetable’ lo pasó en grande, pero no en función al juego exhibido, sino a los fallos presenciados y a la convicción de que las féminas pueden dedicar sus ratos de ocio a la práctica del balonmano, del baloncesto o del jockey sobre patines o hierba si quieren formar en la disciplina deportiva del club, porque, decididamente, eso del fútbol o balompié no se ha hecho para su sexo”, escribió un cronista de la época sobre aquel partido. Insultos, desprecios, burlas y la siempre fuente inagotable del machismo fueron quizás los rivales más difíciles de superar. Rivales que, por otro lado, siguen estorbando hoy en día.

Los inicios del equipo femenino no fueron fáciles. Dos meses después de aquel primer encuentro, el Barça les permitió llevar la camiseta y diferentes distintivos del club. También usar las instalaciones. Lo que no podían era lucir el escudo de la entidad. A todo ello, el equipo dejó atrás su primer nombre para llamarse Peña Femenina Barcelonista. Y, diez años más tarde, volverían a renombrarse bajo el título de Club Femení Barcelona. El cambio de nomenclatura les sentó bien y a los pocos años llegaron los primeros logros. Títulos como la Copa Generalitat, en primera instancia. O la Copa de la Reina, diez años más tarde, gracias a un equipo donde jugaban iconos de la entidad como África Ocaña o la guardameta Roser Serra.

Pero aquel conjunto también tuvo un papel principal en la fundación de la primera liga nacional y en la reestructuración de las diferentes categorías que formaban el fútbol femenino. A base de dar pasos agigantados, el Barcelona también dio el suyo y en 2002 la disciplina femenina pasó a engrosar las numerosas secciones deportivas. El equipo comenzaba su andadura bajo un nombre con el que a buen seguro habían soñado durante años. Empezaron en segunda ivisión y tras dos tropiezos, lograron el ascenso a la máxima categoría en la temporada 2003-04.

El ascenso trajo consigo un golpe de popularidad ratificado por el fichaje de la mexicana Maribel Domínguez. La actual seleccionadora de México sub-20 debutó con la zamarra blaugrana anotando tres goles ante el Torrejón. Sin embargo, la ilusión y los fichajes no se tradujeron en crecimiento deportivo. Más bien al contrario. El Barça, muy lejos de lo que es hoy en día, pasó dos temporadas luchando por la permanencia. Y claro, tanto fue el cántaro a la fuente que tras dos temporadas en la máxima categoría, las catalanas tropezaron y volvieron a la división de plata. Y no solo eso, Maribel Domínguez también se desvinculó del club. El descenso sembró el pánico en una entidad que incluso coqueteaba con la idea de disolver la sección. Como detalle, por aquel entonces, en el equipo, ya se asomaba Melanie Serrano, el único vínculo sobre el césped entre aquella época oscura y el renacimiento posterior.

En cualquier caso, el club optó por mantener la disciplina y descartaron disolver la sección. Y de ese último soplo de esperanza nació el Barça que hoy conocemos. Con Xavi Llorenç al mando, el conjunto volvió a la élite y comenzó a alcanzar las primeras posiciones de la clasificación. Y, esta vez, ese crecimiento sí se tradujo en títulos. En 2009 arrancó su idilio con la Copa Catalunya. Un año más tarde llegaría el turno de la Copa de la Reina. Y, en 2011, el Barcelona se proclamaría, por primera vez en su historia, campeón de Liga.

Durante los años venideros fueron repitiendo esos títulos e incluso logrando dos dobletes consecutivos de Liga y Copa. Que el club acabase el curso levantando un trofeo se volvió una tónica habitual. El Barça, como entidad, quiso premiar el esfuerzo de la sección femenina y hace cinco años optó por la profesionalización de la sección. Un paso que se tradujo en el traslado a la Ciudad Deportiva y un incremento del personal técnico y del nivel de la plantilla.

En los años posteriores cayó alguna Copa de la Reina más y Xavi Llorenç dejó la entidad tras once temporadas y 14 títulos. El Barça pasó tres años a la estela de un Atlético de Madrid sobrenatural pero con Lluís Cortés al frente revalidaron de nuevo el título liguero y conocieron lo que significa jugar una final de la máxima competición internacional de clubes: la mismísima Women’s Champions League.

Y, hace poco menos de un mes, las futbolistas que están llamadas a hacer historia se divertían sobre un tapete con el que solo los hombres parecían tener derecho a soñar. Minuto a minuto, saboreando los 90 de partido por todas aquellas mujeres que forman parte de esta historia. De las invisibles que competían en campos de arena. De las que no tuvieron ni siquiera derecho a llevar el escudo. Y de las que fueron objeto de mofa por la prensa y, por ende, el resto de la sociedad. Medio siglo en clave azulgrana. Y lo que queda.

 


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Fotografía de Getty Images.