Ignacio Martínez de Pisón es una de las grandes firmas de nuestra literatura. Autor de clásicos contemporáneos como Carreteras secundarias (1996), María Bonita (2001), El día de mañana (2011) o El fin de los tiempos (1994), colección de cuentos que amagaba la exquisita historia de aquel modesto club de fútbol en lucha por el ascenso de categoría; Ignacio Martínez de Pisón añadió en 2017 un nuevo incunable en su catálogo bibliográfico con Derecho natural.


 

El fútbol es lo más cercano a la epopeya que en un mundo civilizado deberíamos permitirnos. Una epopeya, en último término, inofensiva, no como las de verdad, que siempre causan dolor.

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Uno no elige ser de un equipo o de otro. Es la vida la que elige por ti y no tiene sentido llevarle la contraria. Cuando la vida decidió que mi equipo sería el Zaragoza, llevaba éste bastantes años seguidos en Primera. El sufrimiento llegó mucho después. Yo creía que no sería capaz de acostumbrarme a tener a mi equipo en Segunda, pero me equivocaba. Me he adaptado a ese ecosistema y ya ni siquiera sigo el fútbol de Primera. Estoy más atento a lo que hacen el Lugo o el Sevilla Atlético que a lo que hacen el Barça o el Madrid. Por eso ya no sé muy bien qué es jugar bien al fútbol.

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Ser seguidor de un equipo como el Zaragoza es una escuela de paciencia pero no de resignación. Confío en que vuelva pronto a Primera. De todos modos, en cada campeonato solo gana uno, así que todos los demás son perdedores. Y eso es lo bonito del fútbol y del deporte en general: que nos enseña a convivir con la derrota.

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Mi primera vez en La Romareda fue un Zaragoza-Logroñés que ganamos 2-0. Me dio un poco de pena porque habíamos vivido en Logroño hasta muy poco antes. Han pasado más de 40 años de aquel partido, pero lo recuerdo mejor que muchos que he visto después.

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Para varias generaciones de zaragocistas el mejor recuerdo es, sin duda, el gol de Nayim. Tengo amigos que lo tienen grabado y cuando están deprimidos se lo ponen para animarse. Y en un pueblecito cerca del Moncayo unos zaragocistas consiguieron que una calle se llamara así, calle del Gol de Nayim.

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Mi ídolo de adolescente era Nino Arrúa. Con él y con Lobo Diarte el Zaragoza jugó muy buenos partidos. De los de ahora me quedo con Iniesta. Que un hombre que físicamente no es un superdotado sea el alma del mejor Barça de la historia demuestra lo democrático que es el fútbol. Al contrario que en el baloncesto, en el fútbol se puede triunfar siendo alto o siendo bajo.

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El fútbol es siempre un gran espectáculo. Ni siquiera hace falta que los jugadores sean buenos. Si pasas cerca de un colegio cuando están jugando un partido, es inevitable que te pares a mirar. En un buen pase o un buen control o un buen disparo hay siempre algo mágico: es el ser humano dominando las leyes de la física.

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Luis Bello, jugador en los 50 y posteriormente entrenador del Zara – goza, es mi suegro. Está muy mayor y ya no se acuerda de muchas cosas. Hasta no hace mucho me contaba anécdotas del Zaragoza de los Cinco Magníficos, al que entrenó brevemente y con el que consiguió dos títulos. El Zaragoza de los Magníficos, a los que yo no llegué a ver jugar, es algo así como el mito fundacional: los viejos tiempos gloriosos que siempre echarás de menos.

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Como dijo Italo Calvino, escribir es fijarse unas reglas y seguirlas. Desde ese punto de vista, las novelas tienen mucho de juego reglado, como el fútbol. Por algún motivo, el fútbol ha dado lugar a mejor literatura en Argentina que en otros países. Me parecen muy buenos los cuentos de fútbol de Osvaldo Soriano.

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Tal vez me inspiraría en José Ramón Badiola para escribir una novela. La suya me pareció una historia muy trágica. La de la joven promesa del Alavés que al ir a fichar por el Zaragoza estuvo a punto de morir en el incendio del Hotel Corona de Aragón. También a Valdano podría haberle pasado lo mismo porque su fichaje entraba en la misma operación. Tenían que haber viajado juntos pero Valdano prefirió hacerlo por la mañana y así se salvó del incendio. La carrera deportiva de Badiola se frustró debido a las graves lesiones. En cambio, la de Valdano fue imparable a partir de entonces.

 


Esta entrevista está extraída del interior del #Panenka62, un número que todavía puedes conseguir aquí.