La casa del futbol irlandés se renovará a partir de la próxima temporada. Por suerte, no se mudará a otro barrio de la ciudad de Dublín. Un lavado de cara que muchos creen necesario. Pero eso privará a Dalymount Park de su estatus quo ‘Home of  Irish football’, un valor intangible que se ha forjado por una historia como la siguiente.

Más de 120 años de historia cuentan las gradas del Dalymount Park de Dublín, que no son pocos y menos en el fútbol irlandés. Un país que venera el rugby y los deportes gaélicos, más propios de su tradición y cultura.

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El estadio dublinés es la casa del Bohemian Football Club desde 1901, cuando jugó el partido de inauguración del Dalymount Park contra sus rivales ciudadanos, los del Shelbourne, otro equipo mítico del futbol irlandés. Hasta entonces, el Bohemian había jugado en diferentes estadios como equipo local hasta que no se estableció definitivamente, siendo reconocido como un equipo nómada y ganándose el apodo de “gypsies” (gitanos) por su continuo traslado de campamento desde principios de la década de 1890. Finalmente, hasta día de hoy, el club encontró estabilidad y futuro en Dalymount Park.

No es un campo cualquiera, tiene la mística de estadio británico, de esos estadios viejos pero coquetos. De los que el linier siente al público justo detrás suyo. Está repleto de historias y éxitos por parte de los equipos locales, el Bohemian FC y la Selección de Irlanda. Porque el Dalymount albergó cada partido importante del combinado irlandés desde el 26 de marzo de 1904, cuando se jugó el primer partido internacional entre Irlanda (incluyendo a Belfast, antes de la independencia de Irlanda) frente a Escocia en la British Home Championship, siendo el resultado final empate a uno. En el estadio también se jugaron las finales de la conocida Free State Cup, competición organizada por la Football Association of Ireland (FAI). De esta manera, el estadio se ganó ser considerado y conocido como ‘The Home of Irish Football’.

A través de sus partidos internacionales, el estadio se convertía en una pequeña olla a presión donde el equipo visitante las pasaba realmente canutas para sacar algo positivo de ese campo embarrado. Ya sean los casos de la selección de Inglaterra o el combinado de la Alemania nazi, que perdió el partido por un contundente 5-2 en octubre del 1936. Gracias a estas hazañas, todos los aficionados se volcaban con el equipo y le otorgaban ese carácter aguerrido y bravo, creando una atmósfera hostil para el visitante. Ese runrún de la grada, el carácter aguerrido irlandés y la dificultad que entrañaba jugar en ese terreno intimidante acabó por crear el mito que se denominó como ‘The Dalymount Roar’, algo así como “El rugido de Dalymount”.

Una de sus principales señas de identidad son los focos del estadio, que rompen la monotonía de las pequeñas casas victorianas del barrio obrero de Phibsborough, en el norte de la ciudad, y se elevan al cielo gris de Dublín. De hecho, si preguntas a cualquier ciudadano por dónde queda el campo, ellos te responderán con un simple y llano “just follow the floodlights”. Estos focos fueron los mismos que iluminaron el Highbury londinense hasta 1962, cuando el Arsenal cedió el material al Bohemian. ¡Ya quisieran muchos otros estadios de los modernos, ya!

La historia de la propiedad de Dalymount Park es muy confusa, hasta el punto que sus aficionados no tienen claro a quién pertenecen parte de las gradas. Lo que leéis, ya que hay secciones del estadio que se vendieron dos veces, a dos entidades diferentes y que actualmente comparten propiedad. Todo esto debido al descontrol y a la avaricia de los diferentes propietarios que gestionaron el club. Éstos fueron los que sangraron la entidad hasta casi llevarla a bancarrota después de años de especulación inmobiliaria y una pésima gestión del club. Mientras este artículo se estaba escribiendo, el presidente que aportó paz y un proyecto serio para el futuro del club Matt Devaney ha dejado el cargo después de 4 años en la presidencia.

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El estadio se convirtió durante un tiempo en una referencia en la isla, atrayendo a grandes masas de hinchas por lo que se llegó a aprobar en 1928 el proyecto para remodelar la antigua grada principal, la cual aún mantenía su original estructura de madera y requería una renovación debido a las nuevas necesidades de la época. El encargado de dicho proyecto era Archivald Leitch, el arquitecto de míticos estadios referencia en el “estilo británico” como Ibrox, Goodison Park, Anfield Road, Villa Park y el ya histórico Highbury del Arsenal.

La leyenda del fútbol internacional Pelé también se escribió en el césped de Dalymount, así como las de Zidane, Gullit y Van Basten que también corretearon por tan mítico suelo irlandés. Incluso los Busby Babes del United jugaron una eliminatoria europea contra el Shamrock Rovers antes del desastre aéreo de Múnich. Los jugadores más grandes de Irlanda como Liam Brady, Packie Bonner y un viejo conocido como John Aldridge forjaron su carrera en Dalymount. Johnny Giles, considerado un héroe del fútbol irlandés y con basta experiencien en el fútbol inglés admitió que el estadio es un lugar especial para jugar al fútbol. Hasta el mismo Bob Marley se exhibió en Dublín en 1980, pero éste encima de un escenario.

Los alrededores del estadio bien valen un paseo, un campo que refleja la subcultura urbana de los jóvenes de Dublín en sus callejuelas y se mezcla con la historia del club. Prueba de ello es la puerta principal de la Jodi Stand, recubierta de un mural hecho por los hinchas y en la cual hay la puerta con el nombre del equipo hecha de hierro forjado estilo británico tan típica en el fútbol de las islas. No te puedes perder los dos pubs del estadio, de los cuales recomiendo el Jackie Jameson, un auténtico pub irlandés oscuro y acogedor que lleva el nombre de una de las leyendas de la liga irlandesa y los bohs. No hay nada como hablar del club y del estadio en el pub con el presidente Devaney y con mi buen amigo periodista Cillian Shields, uno de los mayores fans ‘gypsies’ (y gran rayista también). Así que pídele al barman que te sirva una pinta de la Bohemian Craft Ale, una cerveza que es la viva metáfora del estadio. Una receta original y de proximidad. Una cerveza irlandesa con cuerpo y alma.