26 de abril de 2009. El Cerdanyola FC, con la victoria ante el Pubilla Casas (2-0), certifica el ascenso a Preferente Territorial en la tierra del Municipal Santa Anna. Es el preámbulo de una novela fantástica orquestada por un romántico de los banquillos del fútbol catalán: Toni Carrillo. El mítico entrenador barcelonés, que podría formar parte de una trilogía con Sir Alex Ferguson y Arsène Wenger, solo tardó cuatro años más en saborear las mieles de una categoría nacional. El diminuto campo de La Bòbila viviría una nueva tarde de gloria con la victoria ante el Farners (3-0), que supuso la llegada del ‘Sarda’ a Tercera División. “Nuestro primer gran ascenso”, rememora Carrillo. Era así como empezaba a gestarse el éxito del proyecto impulsado en 2006 por el presidente de la entidad, Felipe López, con la unificación de los cinco clubes de fútbol que en aquel entonces existían en el municipio catalán de Cerdanyola del Vallés (Centro de Deportes Cerdanyola, UE Fontetes, EUFD Cerdanyola, CD Baroja y EF Cerdanyolense-Montflorit). “El Cerdanyola FC tiene un presidente que entiende de fútbol, cosa que no suele ser muy habitual”, explica el técnico. Las dos personas que iniciaron esta ruta por el desierto no se imaginaban que el capítulo más rimbombante aún estaba por llegar.

Y es que ha sido esta temporada, la decimotercera de Carrillo al frente del equipo, cuando el Cerdanyola FC ha roto cualquier guion imaginable. Pese a que los vallesanos partían con el objetivo de la salvación, el pasado 21 de marzo celebraron el campeonato del grupo V-B de Tercera División en el Narcís Sala. El estadio de la UE Sant Andreu, uno de los grandes clubes del fútbol catalán, vio cómo la ilusión de una entidad prematura y trabajadora -cuyo máximo logro en Tercera había sido una octava plaza- podía imponerse a cualquier ley tangible. Los verdes, por primera vez en su historia, se plantaron en una fase de ascenso directo a Segunda División RFEF, la cuarta categoría del fútbol español a partir de la temporada que viene (equivalente a la ya extinta 2ªB), con el sueño de subir obteniendo una de las dos primeras plazas. “Después de lograr el campeonato, nos dimos cuenta de que se podía hacer algo importante“, asevera Carrillo.

La segunda fase, aun así, comprendería los episodios más estériles de la campaña, ya que el cuadro verde solo sumó un punto en los seis partidos de la liguilla y bajó hasta la quinta posición de la tabla. “Esos partidos se perdieron por detalles, pero siempre creímos. La fortaleza del grupo en ese momento de la temporada fue clave”, asegura ‘Pitu’ Plazuelo, el ’7’ del ‘Sarda’. Para un club con uno de los presupuestos más bajos de la categoría, competir contra equipos camaleónicos como el CE Europa, el Terrassa FC o el FC Vilafranca ya era un premio. Más aún sabiendo que el hecho de estar entre los seis mejores equipos del Grupo V de Tercera División le aseguraba un billete para el play-off de ascenso a Segunda División RFEF, en el cual se definiría el tercer y último equipo ascendido a la nueva categoría.

 

“Cuando llegué éramos un velero y ahora somos un transatlántico. El secreto es trabajar, trabajar y trabajar. Nunca hemos hecho equipos a base de talonario”, concluye Carrillo

 

Fue en ese escenario donde el equipo volvió a recuperar la esencia vertical y luchadora que le había caracterizado en la primera fase. El Municipal Les Fontetes, inaugurado en 2015 (el tercer estadio del Cerdanyola FC en sus 15 años de vida), empezó a construir el camino hacia la Segunda RFEF con una sufrida victoria ante la UE Vilassar de Mar (3-2). Las semifinales, ante el Girona ‘B’, se acabaron decidiendo en una prórroga que estuvo a la altura del desembarco de Grecia en las costas de Troya. Tras el 1-1 con el que se cerraron los 90 minutos reglamentarios, los gerundenses creyeron haber ganado la guerra en Riudarenes, su casa, después de ponerse por delante en el 94’ y ver como el rival se quedaba con uno menos con la expulsión de Nils Puchades en el 104’. Pero los de Carrillo, apelando a la épica, acabaron teniendo el caballo ganador. Dos goles en tres minutos (115’ y 118’) consiguieron voltear el resultado (2-3) y agrandar el sueño verde: estaban a 90 minutos de llegar al fútbol semiprofesional. “El partido ante el Girona ‘B’ será el que más recordaremos”, reconoce el entrenador.

El ‘Renacido’ volvió a bailar

En la final, el destino volvió cruzar al Cerdanyola FC con la UE Sant Andreu, que quería recuperar su trono de bronce seis años después (el último descenso de los ‘andreuencs’ a Tercera División se dio la temporada 2014-15). El Municipal Les Fontetes se engalanó para recibir a un rival que reconciliaba a los sardañolenses con la fantasía del campeonato laureado dos meses atrás. Niños y niñas llenaron las butacas del estadio, como tratando de ensalzar toda aquella base que el club había logrado formar a lo largo de sus 15 años de historia (el Cerdanyola FC es uno de los clubes referentes de Cataluña por la magnitud de su fútbol formativo). De nuevo, la ilusión de un club jovenzuelo se batía al ‘orgull del poble des de 1909’. “Es el partido de nuestra vida”, decía Mireia Sanz, jefa de prensa del ‘Sarda’, en los prolegómenos del encuentro.

Todo ese furor elevó sus niveles de dopamina cuando ‘Pitu’, el ‘Renacido’, empezó a ensayar los primeros pasos del baile desde el punto de penalti. Una vez más, el centrocampista, a sus 34 años, volvía a formar parte de las páginas más grandes de la historia del Cerdanyola FC, después de haber marcado en el Narcís Sala (0-1) y en los cuartos de final del play-off ante la UE Vilassar de Mar (3-2). “Alguno ya me daba por muerto; y yo le decía, cuidado, que este año igual no es. Quería disfrutar del fútbol y así lo he hecho”, explica un tipo que estuvo diez años en la cantera del FC Barcelona (desde categoría alevín hasta el Barça C) y compartió vestuario con jugadores como Leo Messi, Cesc Fábregas o Gerard Piqué -aquella mágica generación del 87-.

Celebración de Hamza Bakali después de marcar el 3-1.

Un ascenso histórico

En el segundo acto, el ‘Sarda’, fiel a su doctrina, se puso el mono de trabajo. Los gritos alentadores de Dani Martí desde la retaguardia se convertían en la dulce melodía de la modestia. “Nuestro capitán es un ejemplo para cualquier jugador del fútbol modesto”, expresa ‘Pitu’. A sus 38 años, el central veía como una extensa trayectoria curtida en el fútbol de barro catalán podía culminar en el cuarto ascenso a Segunda División B de su carrera (uno de ellos con la camiseta de la UE Sant Andreu, donde también portó el brazalete entre 2008 y 2011 a las órdenes de Natxo González). En el bando contrario, otros viejos rockeros también anhelaban ese ascenso. “Lo necesitamos como el comer”, aseguraba Ton Alcover a Tiempo de Descuento antes del encuentro. Precisamente, el ya ex ‘10’ ‘quadribarrat’ sería el encargado de alargar la agonía. En el 82’, ponía el 1-1 desde los once metros y enviaba el partido a la prórroga. “El paraíso, el limbo, el derecho a soñar de uno frente a la pesadilla del otro que había hecho su trabajo durante todo el partido”, tal y como señalaba Antonio Agredano a Marcel Beltran sobre la elección de Prórroga como título para su novela. En este caso, el gol de Ton no sería un canto a la ruina, ya que la tierra seguía soplando a favor del Cerdanyola FC. Y es que el hecho de que los vallesanos consiguieran una mejor posición clasificatoria en la primera fase de la liga (campeones de su subgrupo) obligaba al equipo del barrio barcelonés de Sant Andreu de Palomar a ganar la final para conseguir el ascenso.

En esa coyuntura, el tiempo extra empezaría con el empuje de los visitantes. Kuku, mediante un gran remate de cabeza, estamparía en el larguero la raza y el vigor de los ‘andreuencs’. Pero ya nada frenó el ímpetu de un equipo que vivía feliz en su humilde tiranía. Los goles de Víctor Aliaga y Hamza Bakali, dos héroes inesperados, mitigaron cualquier atisbo de rebeldía. 2-1 y 3-1. Disparo a la historia. La celebración del último gol ejemplificaba la gesta que se acababa de conseguir. Un joven de 20 años lloraba emocionado tras marcar su primer tanto con la camiseta del Cerdanyola FC en una final de un play-off de ascenso a Segunda RFEF. Era el gol de su vida, el glorioso llanto de Los Picapiedra. La culminación de un éxito que empezó a fraguarse en Primera Territorial un 15 de mayo de 2008. “Cuando llegué éramos un velero y ahora somos un transatlántico. El secreto es trabajar, trabajar y trabajar. Nunca hemos hecho equipos a base de talonario”, concluye Carrillo. Como decía el ‘Rifle’ Javi Sánchez, exjugador verde, en Futbol Catalunya, “no hace falta ser un histórico para ser un referente”. El ‘Sarda’ y su obrera filosofía son la esperanza de los pobres del fútbol.

 


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Fotografías del Cerdanyola FC y de Daniel Godoy.