Este texto está extraído del interior del #Panenka61


 

Aprovechando que de él recibimos el gusto por las frases que no por ser lógicas dejan de ser ciertas, diremos que Cruyff fue un maestro porque nos enseñó muchas cosas. Un buen maestro, de hecho, porque nos transmitió ideas que permanecen porque son buenas. Valores positivos que han hecho nuestra vida -el fútbol- mucho más agradable. Y no hay mejor eternidad a la que pueda aspirar un ser que esta, una en la que su recuerdo sobrevive, no solo en las memorias de la gente sencilla, sino también en sus corazones. Por eso no se equivocaba Johan cuando habló de su propia inmortalidad. Un año después de su fallecimiento, y aun sabiendo que nuestra responsabilidad profesional es huir de los claros e indagar en los grises, nos apetece empezar este número dando las gracias. Sin prisas, pues podemos permitirnos el lujo de recorrer muy poco a poco un legado que, como él supo predecir, ya no se va a desvanecer.

 

Gracias por el 3-4-3, por los defensas que no parecen defensas, por los delanteros que en realidad no lo son. Por los porteros que atacan y los atacantes que defienden

 

Así que gracias. Muchas gracias, Johan. Por nacer en Holanda, en uno de los pocos lugares en los que, en los años 60, un chaval flaco y debilucho podía intentar dedicarse al fútbol sin que lo mandaran a casa de una patada. Gracias por aceptar el destino que te puso un balón en los pies, por asumir ese orden natural que marcaba que, antes de ser un adulto que triunfaría vestido de rojo y blanco, debías ser el niño que alisaba con orgullo el césped del estadio del Ajax, consciente de que hasta el más mínimo detalle contribuye al espectáculo final. Gracias por tus regates, a los que muchos rivales poco acostumbrados a la fantasía reaccionaron con vehemencia -ya se sabe, Johan, que el creador no puede innovar sin provocar-. Gracias por aprender de Rinus Michels y legarnos su esencia. Gracias por el Fútbol Total, por esa naranja que era tan poco mecánica y tan imaginativa. Por enseñarnos, tan holandés como fuiste, que el espacio también se puede moldear. Gracias por reírte de la derrota, por ir en contra de los tiempos al desempolvar la dignidad del vencido que se sabe ganador. Gracias por arrancar en el centro del campo y no parar hasta ser derribado en el área. ¿Qué más da que aquello fuera la final de un Mundial? Gracias por dar color a un país que aún tenía miedo de encender la luz. Gracias por no callarte nunca, aun a riesgo de equivocarte siempre. Gracias por llamarle Jordi.

Gracias por enseñarnos que los jugadores no son esclavos. Y que los entrenadores no sirven más que a sus ideas. Gracias por no discutir nunca sobre fútbol con aquellos a los que no les interesaba el fútbol. Gracias por el 3-4-3, por los defensas que no parecen defensas, por los delanteros que en realidad no lo son. Por los porteros que atacan y los atacantes que defienden. Por preferir perder por 6-3 antes que por 3-0. Por acostumbrarnos al inigualable espectáculo de ver cómo corre el balón, libre, vivo, trazando líneas aparentemente abstractas pero que cobran sentido cuando las idea alguien como tú: artista, científico, pensador. Humano.