Su nombre ha sido asociado al de Julian Nagelsmann o Domenico Tedesco más de una vez durante los últimos meses. A sus 29 años, Guillermo Abascal (Sevilla, 1989) se ha convertido en el entrenador más joven de las 30 principales ligas asociadas a la UEFA. Su paso por el Chiasso y el Lugano ha dejado huella en Suiza, donde la prensa le ha llegado a comparar con estos pioneros del fútbol alemán por sus ideas y, sobre todo, por su precocidad. Su destitución al frente del club luganés ha pillado por sorpresa a la ciudad y a él mismo. A su temprana edad, Abascal ya ha aprendido que lo extradeportivo, a veces, impera sobre lo que ocurre en el césped.

“En el fútbol no hay futuro”, comenta durante nuestra charla. Sorprende semejante afirmación de alguien tan joven y con un bagaje como el suyo, más aún cuando varios clubes ya le siguen la pista. Pero él no tiene prisa por volver a los banquillos. Puede que aproveche este impasse para hacerle una visita a su antiguo jefe, Unai Emery, con cuyo cuerpo técnico colaboró durante su etapa en el Ramón Sánchez-Pizjuán. Mientras charlamos, encuentra un vuelo relativamente bien de precio. Y aunque no le gusta el inglés, asume que, tarde o temprano, tendrá que ‘meterle mano’. Ningún problema para alguien que sabe hablar cinco idiomas.

Pero antes debe volver a Suiza, donde le quedan por resolver algunos asuntos contractuales con el Lugano. La primera vez que dio un paseo por las calles de la ciudad fue a los seis meses de haber llegado. Se nota que Abascal es un ‘obseso’ del fútbol -especialmente del calcio-, como lo son sus tres mayores referentes futbolísticos, Bielsa, Guardiola y el propio Emery. Por su sangre corre el ADN de La Masía, donde compartió vestuario con Jordi Alba o Bojan Krkic, principal ‘culpable’ de su llegada al Sevilla, en cuya cantera jugó antes de retirarse del fútbol a los 19 años. Pero el excanterano azulgrana no fue el responsable de que colgase las botas. Hacía tiempo que algo se ‘movía’ en sus tripas. El entrenador que llevaba dentro dio la cara antes de lo previsto y, ahora, quiere comerse el mundo.

¿Cómo se encuentra tras ser cesado por primera vez? ¿Un poco antes de lo previsto, quizás?

Me encuentro mal, contrariado por la situación. Creo que no es justo. Tenía el apoyo de los capitanes y de la gente importante del vestuario. La ciudad también se ha quedado mal. La sensación es de decepción, aunque el fútbol también te enseña que, aunque las cosas vayan bien, las decisiones las toman empresarios. El equipo no llevaba ni un mes entrenando junto desde que llegaron los últimos fichajes.

Tras lograr la permanencia el curso pasado, ¿qué objetivo se le marcó desde la directiva del Lugano?

La salvación, lo antes posible. Una vez finalizasen los primeros 18 partidos haríamos una evaluación para saber si se habían hecho las cosas bien. Tras los primeros nueve, cuando me destituyen, estábamos en la media de puntos para lograrlo.

¿Cómo ha sido su vida en Lugano, un país extranjero, donde ha tenido que aprender el idioma en un tiempo récord?

Sólo trabajo. Voy de mi casa al estadio y del estadio a mi casa. No me gusta encontrarme cerca de los aficionados tras perder o ganar; me gusta sentirles cerca durante el partido porque, al fin y al cabo, nuestro trabajo es para ellos. Trato de ser amable y cercano con todo el mundo. Pero sí es verdad que cuando he salido a la calle he sentido mucho cariño, especialmente después de ser cesado. También en redes sociales. Me siento afortunado porque la gente se lleva un buen recuerdo mío.

¿Ha recibido alguna oferta o propuesta en estos pocos días que lleva en el paro?

He recibido varias llamadas y he tenido dos reuniones, una de ellas en España y otra en Suiza. Propuestas hay, pero no son del todo concretas. En Suiza han sido del tipo: “¿Estarías disponible si pasa esto?”; en España, para conocer mis ideas, mi fútbol, más enfocada al futuro. O no, porque en el fútbol no hay futuro. Hay que evaluar también si la liga suiza nos permitiría seguir creciendo. Yo creo que sí porque es un buen campeonato con un gran nivel lingüístico y unas plantillas muy heterogéneas, lo que te permite conocer las características de un eslavo, de un sueco o de un africano en una misma plantilla. En ese sentido, Suiza sería una buena oportunidad.

Suiza le ha dado la oportunidad de entrenar, pero nunca ha escondido su obsesión por el calcio italiano.

Tengo una fijación con Italia porque, aunque no quisiera decir que atraviesa una decadencia futbolística, tuvo un periodo dorado que anhelan. Ellos mismos dicen tener un problema de base. No están gestionando bien el crecimiento del futbolista italiano, lo que ha desembocado, como estamos viendo, en unos malos resultados por parte de la selección nacional. A nivel europeo, además, no pueden competir. La única que resiste es la Juventus. Veremos si el Napoli puede continuar creciendo tras el trabajo de Maurizio Sarri. Pero Italia es diferente: vive y respira el fútbol de otra manera. Puede haber un terremoto a tres kilómetros del estadio que la gente seguirá en el estadio. En cuanto a su cultura táctica, no es que quiera desmontarla, pero sí quiero conocer desde dentro por qué piensan así, cómo lo trabajan y por qué no cambian si no les está dando resultados. Alemania hizo una gran reflexión hace años, cambió su metodología y obtuvo muy buenos resultados a nivel de clubes. Y no hablo de títulos, sino de que están aportando jugadores y equipos a competiciones continentales, como la Europa League.

Pero ganaron un Mundial también…

Y han alcanzado un altísimo nivel en categorías sub-23 y sub-21, sí. ¡Pero yo necesito saber qué pasa en Italia!

Usted lo que quiere es hacer un ‘doctorado’, vaya.

¡Eso es! Necesito resolver mi curiosidad. No porque yo piense que mi idea sea mejor, sino porque, conociendo su fútbol, además de aprender, quizás pueda aportarle al jugador italiano mi mentalidad o ideología futbolísticas para ayudarle a crecer. Es como una deuda que tengo con el calcio.

Personalmente, me resulta extraña su fijación con Italia, especialmente porque su estilo de juego es totalmente opuesto. ¿Me equivoco?

Para empezar, me gustan los desafíos. No me van las cosas fáciles. La presión del fútbol es, probablemente, lo único que me gusta del fútbol. Quien no la sienta día a día en esta profesión, su trabajo carece de sentido. Por otro lado, cuando te enfrentas a un fútbol que va contra natura al tuyo, es cuando te das cuenta de si tu idea puede ganar o no. Eso es lo que le da verdadero valor a tu estilo. Estudiar ambas filosofías, sus fortalezas y sus puntos débiles me daría un bagaje grandísimo a la hora de dominar otro fútbol. Para conseguirlo hay que sentirlo y vivirlo, no sólo escucharlo y observarlo. Quiero saber si mi idea puede ganarle a la suya y, sobre todo, si conocerla de cerca me puede convertir en un entrenador mucho más completo.

Podríamos decir que Pep Guardiola ya lo ha conseguido en Inglaterra.

Él ha logrado formar un equipo que, teniendo el balón, sabe correr y transicionar, cosa que no hizo nunca en el Barcelona. Pero fue debido a la idiosincrasia del propio club. Él amaba tanto el estilo Barça que no se atrevía a contragolpear; paraba el juego y, desde ahí, progresaba.

Ahora no tiene esas ataduras, claro.

Sí, yo creo que se ha liberado. Ya lo hizo primero en Alemania y, ahora, se ha dado cuenta de que la velocidad en el fútbol es clave. Cuando tienes jugadores como Raheem Sterling o Benjamin Mendy, que pueden correr con espacios, no puedes ir contra su naturaleza. Él ha crecido muchísimo más como entrenador fuera del Barça. Ahora es mucho más completo, puede entrenar a muchos más tipos de futbolistas y tiene cuatro o cinco guiones preparados para cada partido. Sin olvidar, claro está, que él siempre va a querer tener el balón, tanto para atacar como para defender. Y eso es lícito, aunque no implique goles o resultados. Pero como los ha conseguido también, puede decirse que tiene un modelo ganador. Para mí es envidiable.

 

“En el fútbol de hoy no creo que nadie prefiera ser reconocido por un estilo sin ser apreciado. Para ser reconocido necesitas resultados; para ser apreciado, gente que crea en ti”

 

¿El estilo no se negocia para usted?

Lo de que el estilo no se negocia es un tiro en la cabeza. En el fútbol de hoy no creo que haya nadie que prefiera ser reconocido por un estilo sin ser apreciado. Para ser reconocido necesitas resultados; para ser apreciado, gente que crea en ti. El estilo de juego es un conjunto de ideas. Yo, por ejemplo, soy muy geométrico a la hora de defender. Al atacar, sin embargo, soy muy libre: me gusta descubrirme, los espacios… Pero, al final, todo eso depende del jugador que tengas. Vayas donde vayas, te van a dar un tiempo. En ese tiempo tienes que ser eficaz, ser eficiente, convencer y no meter en dificultades al jugador. Si él cree en ti ciegamente, no hay problema. Pero en el fútbol no sólo tienes que convencerle a él, sino al aficionado y al dirigente, que es el que te manda a la calle. Eso no significa que uno tenga que cambiar su estilo para lograr resultados, pero sí hay que ser consecuente con lo que uno hace. Yo siempre tendré mis ideas: progresar con el balón, jugar y defender en campo rival, defender alto, ocupar los espacios del campo, girar hasta encontrar el espacio… Pero no es contraproducente que mi equipo corra o que, por fases, defienda bajo y transicione en contraataque. Además, hay una cosa clave en este deporte: hoy todo el mundo te estudia, te analiza, tiene mil vídeos tuyos. Para todas esas preguntas que, supuestamente, vas a generarle al rival, éste ya tiene una respuesta. ¿Por qué no debería el entrenador convencer a sus futbolistas para plantear preguntas nuevas cualquier semana? Si eres capaz de cambiar ese plan durante el partido, has jodido al contrario. Ésta sería la respuesta corta a tu pregunta.

¿Qué supuso su paso por La Masía?

La Masía representa mi ADN futbolístico. Al menos, el 80%. El 20% restante me lo dan la casta y el coraje del Sevilla y el fútbol de calle [ríe]. La Masía es todo: una forma de vida, una mentalidad, una pandilla en la que te puedes cobijar… y las ideas. No es que allí se adoctrine a los chicos, sino que siguen un camino. Si no crees en dicho camino, no puedes estar. Esto genera lo más difícil del fútbol, la comprensión del juego. Ésta no te la da tu entrenador en un día, sino tu talento natural y la forma en que ellos te hacen desarrollar ese talento natural. La Masía son ideas y metodología, y creo que, como ésta, no hay ninguna. Al Barça lo reconoce cualquiera.

¿Incluso al Barcelona de Ernesto Valverde?

También hay menos Masía en su Barça. Su auge, quizás, se vivió con Pep. Después ha ido mutando. El juego no giraba en torno a Messi, como muchos claman; giraba en torno a Xavi, Iniesta y Busquets, y el club perdió a dos de ellos, sus dos mayores intérpretes. Sigue teniendo a Messi, por eso sigue ganando; ya lo hacía con 16 años. Siempre ha estado un paso por delante de los demás. Pero eso es algo individual. La idea estaba en otros dos futbolistas. Espero que con Arthur puedan mejorar en ese aspecto, pero lo cierto es que el Barcelona se ha ido adaptando a lo que tenía en su afán de obtener resultados a este nivel. Pero, insisto, las ideas y la metodología del Barcelona no las tiene nadie.

¿Quiénes son sus principales referentes como entrenador?

Por romanticismo, Marcelo Bielsa. Creo que el fútbol es emoción. Cuando trabajaba de scout en el Sevilla, hubo partidos de los que me fui a los 30 minutos. En el fútbol de Primera División me ha pasado lo mismo. La decadencia del fútbol comienza cuando pierde espectáculo y se convierte sólo en resultados. El aficionado va al estadio porque le divierte el fútbol. Por convicción personal e imagen de entrenador, Pep Guardiola. Es la viva imagen de lo que es un líder de grupo. Bielsa, quizás, está un poco alejado del jugador y muy ligado a sus ideas. Excompañeros míos de La Masía que han jugado a las órdenes de Guardiola, y no te diré nombres, estaban desencantados con él, pero porque no jugaban, y el futbolista que no juega, al final, siempre está desencantado. Por último, como trabajador nato, como persona que se ha tirado al barro y se ha sacrificado por mejorar todo aun siendo preso de sus miedos -porque lo es-, Unai Emery. Lo conozco desde dentro, así como a su cuerpo técnico, que son sus manos y sus pies. Me gustaría ser como alguno de ellos tres o tener el 33% de cada uno. Ese ‘mix’ sería el entrenador perfecto.

 

“Con 17 o 18 años chocaba constantemente contra una barrera; me preocupaba más de lo que hacían mis compañeros que de lo que debía hacer yo. Ahí me di cuenta de que no quería jugar, sino organizar”

 

¿Qué lleva a un chico de 19 años a dejar el fútbol?

Yo dejo el fútbol porque no comprendo lo que me piden los entrenadores. Quizás tengo una mejor comprensión del juego por mi paso por el Barcelona, pero cuando llego al Sevilla observo una falta de comunicación enorme por parte de los entrenadores. El único con el que tuve un buen feedback fue Mariano Pulido, que en paz descanse, pero aquí no hablaba de fútbol; no tenía comunicación futbolística; no sabía lo que tenía que hacer sobre el campo; no me podía identificar con una idea. Mis compañeros tampoco. De una semana a otra cambiaban los rivales, las ideas, y no había un guion. ¿Qué ocurría? Que yo, desde la punta del ataque, intentaba organizarlo todo. Y claro, era imposible. Con 17 o 18 años chocaba constantemente contra una barrera; me preocupaba más de lo que hacían mis compañeros que de lo que debía hacer yo. Ahí me di cuenta de que no quería jugar, sino organizar. Perdí toda la motivación. No me divertía jugando.

¿Qué supuso una mayor barrera para usted como futbolista: la falta de comunicación de sus técnicos o Bojan Krkic?

¡Bojan me fulminó! [Ríe] Creo que sigue siendo el canterano que más goles ha metido en La Masía. Fue una barrera, obviamente, pero también la falta de comunicación de mis entrenadores en Sevilla. El jugador tiene que sentirse escuchado y, aunque no juegue, en un grupo. Algunos de los técnicos que tuve apartaba a los que no jugaban. A mis jugadores me gustaría aportarles lo que a mí me ha faltado. Utilizar mi experiencia, mi bagaje, para transmitirles lo que, en mi opinión, fue un fallo en mi crecimiento como futbolista. Esos errores los quiero corregir para educar al jugador en ese tipo de situaciones.

Dejó el fútbol y, de inmediato, dio el paso a los banquillos como preparador físico del Triana. ¿Cómo fue aquella transición?

Volví del Erasmus en Portugal, donde, por cierto, volví a jugar. ¡Gané la Copa del Algarve! Era mi último año de carrera y me puse a las órdenes de Miguel Roda en la U.D.E. Abre, de Camas. Después, me llamó para jugar en el Triana pero, una semana antes de empezar, le confesé que no me sentía con fuerzas para jugar. Tenía, además, un montón de inquietudes y el gusanillo de entrenar. Vi que ya no iba a mejorar, que me preocupaba otra vez más por el juego, y se lo dije a Mickey. Estuve con él en el banquillo seis meses y guardo un buen recuerdo del grupo, pese a que el 96% de los jugadores eran mayores que yo [ríe]. Tenía 20 años y me puse manos a la obra para convertirme en entrenador.

Más de una vez ha afirmado ser «un viejo en el cuerpo de un joven». Deduzco que su proceso de maduración vital habrá sido durísimo…

Si piensas en la vida de una persona normal, termina de estudiar con 22 años, empieza a trabajar, se jubila… Pero el futbolista empieza muy joven y su carrera dura, como máximo, 15 años. Yo entré en el fútbol profesional con 13 años -porque La Masía ya es profesional- y terminé con 19. Ahí se había cerrado un periodo de mi vida ya y empezaba uno nuevo, que llega hasta el día de hoy, con 29 años. No es que me vea viejo; es que he vivido cosas que a una persona normal le costaría muchos más años. El otro día conocí a Tito Ramallo, que lleva 20 años en el Deportivo de La Coruña. Empezó como preparador y terminó siendo director de la cantera. Pero yo, en cinco años, he sido preparador físico, segundo entrenador, primer entrenador, he trabajado en los departamentos de scouting, metodología y tecnificación… Soy un ‘viejo’ que no hace nada, sólo lo que le gusta: el fútbol. Ha sido un máster de 24 horas diarias. A mí me hubiese gustado haber hecho todo esto con unos tiempos más acordes porque no he vivido mi juventud, me privé de muchas cosas. No he hecho viaje de fin de carrera, no he ido de festivales con mis amigos… Y no lo he hecho porque yo quería ser entrenador, dedicarme a esto. Me siento una persona diferente, un poco aislada de la gente de mi edad, pero eso me ha llevado a tener también esta oportunidad.

Durante ese ‘máster’ tuvo la oportunidad de trabajar con Víctor Mañas, el analista de Unai Emery. ¿Cómo fue la experiencia?

Víctor Mañas es el motor del fútbol. No tiene dos ojos; tiene mil. Tiene una memoria RAM, por así decirlo, increíble. Su capacidad de análisis es muy buena y la mejora cada día. Para mí, Víctor Mañas es la puerta a conocer el fútbol profesional desde dentro. Quien le tenga en su cuerpo técnico, tiene una fuerza importantísima. Representa el fútbol moderno. Hoy en día, tenemos mucha información, y él es capaz de abarcarla, desmenuzarla y dársela al míster. Hoy en día, es la clave del éxito para equipos que juegan cada tres días, como en los que él ha trabajado. Quien tiene la información, tiene el poder. Víctor Mañas sabe, además, cómo utilizarla. Dentro de él hay diez entrenadores. Es una persona que duda constantemente, a cada segundo, y en la duda está el éxito. Él me hacía dudar cada día, y eso me hizo mejorar también cada día.

¿Quién le abrió las puertas del Sevilla siendo tan joven?

Las puertas del Sevilla me las abre Antonio Solana con el beneplácito de Pablo Blanco, director de la cantera, que fue quien quiso ficharme cuando estaba en el Barça. Antonio Solana era profesor del curso de entrenadores, profesor mío en la universidad y, por entonces, director metodológico del Sevilla. Mi asignatura de Fútbol con él la pasamos más tiempo hablando de mis inquietudes que de la asignatura en sí; casi no tuve que hacer ni el examen [ríe]. Cuando llegué al final de la carrera, le dije que quería hacer las prácticas con él en el club. Él me empujó a entrenar. Se dio cuenta de mis inquietudes. No estaba de acuerdo con aquello de que “los preparadores físicos no pueden entrenar” que tan extendido está. En Italia hay un entrenador de táctica, otro de jugadas a balón parado…

¡Como en la NFL!

Eso es. Pero, ¿es el entrenador un mero gestor de grupos? Si tienes una licenciatura en Ciencias del Deporte y el título de entrenador, tienes una formación específica en una parcela deportiva y, además, eres entrenador. Tu trabajo lo determinarán los resultados y lo que tu equipo haga sobre el campo. Es bueno que haya gente formada en el fútbol, aunque no es limitante. Puedes ser albañil y ser también el mejor entrenador del mundo. Sólo tienes que transmitir fútbol.

Tenemos varios ejemplos: Gregorio Manzano, Fernando Vázquez…

José Mourinho, André Vilas-Boas, Arrigo Sacchi… ¡o Víctor Fernández! Él, con 29 años, hizo una temporada increíble con el Real Zaragoza. Qué casualidad que nadie se acuerde de eso…

¿Qué le empujó a ‘romper el cascarón’, a buscar un banquillo profesional tan joven?

En el fútbol de cantera uno se forma, pero tiene un límite. Normalmente es el filial. En el Sevilla tenemos los casos de Ramón Tejada o Diego Martínez. El paso por una cantera es caduco. Estos fueron tiempos de cambio en el Sevilla, especialmente en la dirección deportiva. Y aunque es cierto que sólo he entrenado un año a nivel profesional, pasé cuatro años entrenando tecnificación desde juveniles a alevines, fui preparador físico del Liga Nacional y del Cadete A… Pese a que no era el entrenador, tuve tanta participación como si lo hubiese sido. Llega un momento en el que dices: “Yo quiero ser entrenador”, y lo quieres ser, además, sin límites. Las canteras tienen muchos límites, muchas directrices, aunque te dejen desarrollar tu trabajo. Pero tu progresión es muy poca respecto a la que puedes conseguir en el fútbol profesional. Es mucho más bonito -que no sencillo- entrenar en la base, mucho más, pero el reto es menos importante. Como ya había vivido todas esas experiencias en tan poco tiempo, afloró en mí ese afán de explotar.

Con cero experiencia como primer entrenador de un club, ¿cómo convenció al Chiasso de que era el hombre adecuado para el puesto?

Hablaba poco italiano entonces, así que me pusieron una pizarra para explicarles mi idea de juego, cómo trabajo, qué tipo de tareas iba a implementar, cómo resolvería ciertos problemas, etc. Por eso digo que la experiencia no te la da un papel. Si vas a contratar a un entrenador para que lidere tu equipo, tu empresa, sin reunirte con él y ‘macharlo’… ¡No puedes evaluar a una persona sin que esté delante! Tienes que saber cómo piensa, cómo trabaja, cómo gestiona un grupo. A los entrenadores hay que sacarles las ‘tripas’ en las entrevistas previas. Al Chiasso creo que le convenció mi ambición, mi personalidad y el hecho de ser una novedad. Un español joven que ha trabajado en cantera y sabe sacarle rendimiento a los jóvenes. Pensaron que podía revalorizar a sus jugadores, y así fue: tres internacionales sub-21 y 700.000 euros en ventas. Ése era el resultado que buscaban, más que una posición concreta en el campeonato.

La mayor parte de los aficionados al fútbol tendemos a pensar que, a más años en un banquillo, mayor es la experiencia y la capacidad de una persona para liderar un equipo, ¿no? Pero en Europa están brillando con luz propia técnicos como Julian Nagelsmann o Domenico Tedesco. ¿Qué implica esta oleada de confianza en los jóvenes entrenadores?

Para nosotros, los jóvenes que estamos ahí, implica responsabilidad. Creo que estamos cumpliendo el sueño de quienes se sienten incapaces, impotentes. Seguramente haya muchos entrenadores de 29 años mejores que yo, pero no han tenido esa oportunidad. Somos el reflejo de quienes se frustran por no poder romper esa barrera. Me siento responsable porque somos pocos y tenemos por detrás un gran grupo de personas que quieren estar ahí. Tenemos una oportunidad que no podemos desaprovechar. Nuestro fracaso sería el fracaso de una generación entera. Desistir y vender humo sería un error. Por ello, si estamos preparados, tenemos que demostrarlo. Le doy mil gracias a la Bundesliga por lo que está haciendo.

¿Qué cree que ha llevado a la Bundesliga a darle la alternativa a tantos técnicos que apenas superan la treintena?

La experiencia está en las cosas que vivimos y en cómo las analizamos. Hay gente que no lo analiza. Puedes llevar 20 años siendo camarero y tirar mal la cerveza. ¡Pero tienes 20 años de experiencia como camarero! ¿Qué ha llevado a los equipos de la Bundesliga a dar ese paso? Quizás se hayan dado cuenta de que los entrenadores de siempre no les dan resultados. “¡Espera! ¡Vamos a darle la oportunidad a este chico!”. ¿Qué les faltaba a estos chicos? ¿Ganarse al vestuario? ¿Que los respetasen? ¿Que los jugadores viesen que no estaban por encima de ellos, sino a su misma altura? De momento está saliendo bien y ojalá siga la corriente. Yo he trabajado en bares con gente que no sabe hacer un currículum, pero están totalmente capacitados para hacer su trabajo. Pero, por no saber hacer ese currículum, no los han cogido. A lo mejor tenían experiencia, a lo mejor sabían hacer ese trabajo… Pero, ¿la experiencia dónde está? Te pregunto.

 

“Hay entrenadores que en 20 años de carrera no han vivido un descenso, no han logrado una permanencia, no han convivido con once nacionalidades distintas en el vestuario… Hay cosas que no te las da la experiencia”

 

La experiencia no implica capacidad o valía, supongo.

Una persona con 20 años de experiencia puede tener más bagaje que yo, pero yo, en apenas cinco años, he visto a italianos ‘bandidos’ del fútbol, presidentes bajando al banquillo en pleno partido, situaciones desagradables por impagos. Hay entrenadores que en 20 años de carrera no han vivido un descenso, no han logrado una permanencia, no han salido a trabajar fuera, no han convivido con once nacionalidades distintas en el vestuario… Hay cosas que no te las da la experiencia. Si voy a una entrevista de trabajo quiero que hablen conmigo, no que miren mi currículum. La oportunidad no te la da muchas veces tu capacidad, sino el papel. Cuando estaba en el Sevilla, nos preguntábamos qué perfiles de entrenador queríamos [para la cantera]. “¿Queremos técnicos de un solo tipo? ¿Debe haber distintos tipos de entrenadores en cada categoría?”. ¡Pero para saberlo hay que hablar con ellos! “Éste nos ha ganado durante tres años con el Nervión; vamos a ficharlo”. ¿Sabes cuántas veces se ha hecho esto aquí? ¿Por qué se anteponen el nombre y los éxitos de un entrenador muchas veces a su capacidad para hacer crecer al jugador? Evaluemos todo. No creo que la experiencia la den los años.

Siendo tan joven, ¿existen dificultades añadidas a la hora de ganarse a un vestuario?

Te pongo un supuesto real, el de un hombre mayor entrenando a un grupo de chicos de 18 años que hacen lo que les da la gana. Se ríen del entrenador. Ese hombre llevaba 25 años entrenando, pero no consiguió nunca el respeto profesional de sus equipos. Desde el primer día, el jugador evalúa si sabes (o no) y si tienes mano dura (o no). Te va a poner a prueba. Hay que ir preparado: observar bien, tener muchos ojos y anticiparse. No puedes esperar que ocurra algo, sino provocarlo. Siempre pongo de ejemplo aquella historia de José Mourinho, que, durante una cena de equipo, le dijo a John Terry que Frank Lampard decía de él que estaba acabado. Con alcohol de por medio. Terminaron enfrentándose. ¿Qué buscaba Mourinho con esto? Saber si, en momentos de dificultad, sus capitanes se respetaban y estaban unidos. Yo he tenido la suerte de entrenar a gente muy veterana con una gran carrera por detrás. Ellos son los que más me han respaldado, pero también los que un mayor escrutinio han hecho de mí. Son a los que me he tenido que ganar, porque el veterano sostiene el grupo; no por veterano, sino porque es la imagen en la que se refleja el futbolista joven. Si yo controlo al primero, el segundo no se pasa y crece bien. Para poder gestionar un vestuario desde el minuto uno hay que saber cómo respiran los líderes. Aquí entran en juego tres puntos clave: respeto, determinación y cariño. El futbolista pasa tanto tiempo implicado en este deporte que, si no siente afecto de sus compañeros y su entrenador, se aísla; sobre todo cuando no juega.

¿Supone el manejo de las nuevas tecnologías una ventaja de los entrenadores jóvenes respecto a los ‘carcas’ del fútbol?

La información es poder, como he dicho antes, pero yo iría incluso más allá: una imagen vale más que mil palabras. Sin la imagen, el mensaje puede llegar contaminado. No sólo en el fútbol, sino también en la vida real. Si puedo proporcionarte la imagen adecuada, te puedo ayudar. Pero creo mucho también en quien es capaz de entrenar sin la ayuda de la tecnología porque es mucho más difícil. La tecnología ayuda al mensaje, pero tú tienes que tener muy claro cuál es el mensaje. Víctor Mañas te proporciona, por ejemplo, una imagen nítida y el futbolista lo tiene todo más claro. Con los cadetes del Sevilla, siendo preparador físico de Jesús Galván, sólo empatamos y perdimos un partido en todo el año, ambos ante el Córdoba. También nos ganaron la final del Campeonato de Andalucía. Nosotros jugábamos con un mediocentro por delante de la defensa, y dicho mediocentro no podía superar la segunda línea de presión rival. Cuando le llegaba el balón, giraba como un parabrisas, pero no era capaz de verticalizar. Eso fue en el partido de ida, el único que perdimos en toda la temporada regular. Después de ese partido, ese jugador, José Espinar -que está a caballo entre el Sevilla Atlético y el Sevilla C-, cambió todo su fútbol. Esa imagen fue clave. La tecnología son imágenes, pero el buen entrenador, sin tocarla -aun teniéndola-, tiene que ser capaz de trasladar su mensaje al terreno de juego.

Otra ventaja son los idiomas, y usted sabe hablar unos cuantos.

Castellano, catalán, portugués, italiano y ahora estoy aprendiendo francés. Para que el mensaje llegue al futbolista, tienes que hablar su idioma. Si no… ¿cómo te defiendes de algo? ¿Cómo explicas algo? ¿Cómo lo expones?

Bueno, Bielsa ha usado traductores en Marsella y Leeds.

No creo en eso. Prefiero que me digan hoy que entrenaré en Alemania dentro de seis meses porque, si fuese mañana, perdería mucha más energía en lo que a comunicarme se refiere que en el fútbol propiamente dicho. Eso me obligaría a ser más práctico en mi fútbol, menos creativo, para que cale mi mensaje. En Suiza me ponía traducciones en alemán para, al menos, conocer el sonido del idioma. Ahora, con el francés, lo mismo. Una cosa es no saber hablar un idioma, pero escuchar al jugador ya ayuda mucho. Alexandr Gerndt, que es sueco, me hablaba en inglés, pero yo podía responderle en italiano. Para Carlinhos Junior, que llevaba dos años y medio en Suiza, poder hablar conmigo en portugués fue una ventaja. Para ellos, esto suponía derribar una barrera. Aparte, el entrenador de élite, aunque tenga poco tiempo, se puede permitir unas clases. Que Gareth Bale, por ejemplo, siguiese sin hablar una palabra de español tres años después de llegar al Real Madrid me parece contraproducente. El fútbol es cultura, te acerca a muchos países. La riqueza cultural que te da el fútbol no te la da ninguna otra profesión.

¿Le ha ayudado tener un buen representante a la hora de darse a conocer y ‘venderse’ sin apenas experiencia en el fútbol profesional?

Cuando conocí a Iván Córdoba yo estaba en el Chiasso y el Lugano ya había mostrado su interés en mí. Jorge Mendes o Mino Raiola manejan mucho más que el fútbol; entran otro tipo de intereses. En mi opinión, el jugador no debe tener representante, como mínimo, hasta que esté preparado para ser profesional. Por otro lado, cuando un representante tiene que hablar de ti significa que no has hecho bien las cosas. Cuando recibe una llamada, es que lo estás haciendo bien. Si tus resultados hablan por sí mismos, la llamada la recibirás igualmente, ¿no? Cuando vas en busca de un representante…

Entonces, ¿por qué tiene representante?

Iván Córdoba es una persona con una experiencia brutal en el fútbol. Ha sido capitán del Inter y de Colombia. No lo veo como un representante, sino como un amigo. A veces venía a los entrenamientos y me preguntaba si podía unirse a los jugadores. Ahora hay empresas dirigidas por gente sin experiencia en el fútbol, que no lo analiza, y que sólo va de la mano de su representado -al que siempre defiende, haga lo que haga- para llevarse su comisión. Iván es un consejero, un amigo. He aprendido más de él hablando por teléfono que como representante. Un agente te puede conseguir un contrato… ¡pero tendrás que ganártelo! Iván nunca tuvo representante porque estaba convencido de que, si tenían que llamarle, sería por sus actuaciones sobre el campo. En él veo un amigo, una persona de confianza que me está ayudando a crecer dentro del fútbol profesional. He tenido la suerte de coincidir con una persona humilde, que no vende humo. Quiere un buen proyecto donde yo pueda crecer y donde me vayan bien las cosas. De hecho, sólo me lleva a mí. Conste que he rechazado a muchos representantes al uso. Yo no quiero eso; yo quiero alguien que esté a mi lado.


Fotografías de Carlos G. Urbano