Figura fundamental de nuestro cine, son dos las pasiones que le impulsan y definen: el celuloide y el balón. Seguidor del Atlético de Madrid y del Real Sporting de Gijón, para José Luis Garci (Madrid, 1944), primer español en ganar un Oscar por su película de 1982 Volver a empezar (un filme plagado de guiños futbolísticos), la vida tiene la belleza de una jugada trenzada al primer toque y el dramatismo del uno contra uno del delantero frente al portero en el minuto 92 con empate en el marcador.


 

El fútbol, como el cine, los tebeos, los cromos… forma parte de la cultura popular que viví durante mi infancia. El fútbol es parte fundamental de mi vida desde que tengo uso, no de razón, sino de balón. Cuando era niño era socio tanto del Atleti como del Real Madrid. Un domingo iba a ver a uno y al siguiente domingo, al otro. Incluso íbamos algunos sábados a ver fútbol a Vallecas. Sí, para mí el fútbol, como el cine, ha sido una vida de repuesto.

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Me gusta más el fútbol que ser de un equipo y vivir y respirar para ese equipo. He estado en Lisboa viendo perder al Atleti. He estado en Milán viendo perder al Atleti. He estado en Lyon viendo perder al Atleti contra ese extraordinario equipo que era el Dinamo de Kiev. Vas viendo a tu equipo ganar y perder y al final te das cuenta de lo que realmente importa es ver un buen partido de fútbol.

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El Atleti es el Humphrey Bogart del fútbol. Un equipo que siempre se ha movido dentro de la estética del cine negro y su fatalismo romántico. Tiene el atractivo de los perdedores. Aunque a veces preferirías ser un poco más feo y ganar. El Atleti tiene algo misterioso, casi imposible de definir. Tiene un poder extraño que cautiva y enamora a la gente. Es como esos grandiosos secundarios americanos que acaban haciéndose los amos de la pantalla.

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También simpatizo con el Sporting de Gijón, que era el equipo de mi padre. Es la primera vez que hago esta suposición, pero si me decanté por el Atleti y no por el Real Madrid fue porque vestían de rojo y blanco y pantalones azules como el Sporting. El fútbol de mi infancia era un mundo gris. El gris de las tribunas, el gris del humo de las farias… y la camiseta rojiblanca del Sporting y del Atleti era una mancha de color. De hecho, el uniforme que más me ha gustado de siempre es el del Barcelona. Ese azulgrana es precioso.

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Mi ídolo es Adelardo, el jugador que más veces ha vestido la camiseta del Atleti. Siempre ha sido un futbolista infravalorado. Ha sido pieza clave en los mejores equipos del Atleti que recuerdo. Formaba parte de la mítica alineación de los Jones, Adelardo, Mendoza, Peiró, Collar… que ganó la Recopa de 1962. Y también formaba parte de los Luis Aragonés, Gárate, Irureta… Incuestionablemente, uno de los medios volantes más grandes que ha dado España. Qué pena que le anularan aquel gol contra Brasil en el Mundial de Chile de 1962.

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Siempre he sido un gran seguidor de la Selección Española. De hecho, me he quedado con las ganas de hacer una película siguiéndola. Lo intenté en el Mundial de 1994 y en el de 2010 pero el proyecto no prosperó. Hubo un seleccionador que era primo de mi padre, Manolo Meana. Cuando era muy pequeño nos dio unas entradas estupendas en tribuna para un partido que España jugaba contra Suiza. Empatamos y nos quedamos fuera del Mundial de 1958. Es una de las mayores amarguras que he vivido como amante del fútbol. Ese partido y la derrota contra Italia en el Mundial de Estados Unidos. El gol de Baggio es otro de los momentos más tristes que he experimentado en un estadio. Lo viví en directo. Fui como comentarista de TVE y escribía una columna para el diario ABC. Aquel día me quedé paralizado frente a la máquina de escribir. No supe qué decir.

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Me gusta mucho ver el fútbol por televisión. Se ve mucho mejor que en el campo. La realización es muy buena, con unos planos asombrosos. La electricidad del estadio es irreemplazable, pero ver el fútbol como lo veíamos antes en el campo es como ver una película de John Ford. Mientras que verlo ahora por televisión, con tantas cámaras, es como ver una película rodada con la tecnología más sofisticada.

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El fútbol es como la vida, totalmente impredecible. Es la final de la Champions en el Camp Nou de 1999 entre el Manchester United y el Bayern de Múnich. Es estar de puta madre y que te den una mala noticia. O al revés, pasar por una mala época y que de repente todo cambie para bien. Sí, el fútbol es la mejor metáfora de la vida.