José María Gay de Liébana (Barcelona, 1953) es un  economista y profesor universitario que ha publicado numerosos libros en materia económica. En su trayectoria se ha especializado en las finanzas del fútbol y recientemente ha publicado ‘La gran burbuja del fútbol’ (Editorial Conecta, 2016). Para desgranar qué hay detrás de los miles de millones que se mueven en este deporte y para tratar de comprender hacia dónde se dirige este gran negocio global, no hay nada mejor que una charla con el profesor.  

La primera conclusión que uno puede extraer tras leer el libro es que el fútbol ha pasado de ser un juego romántico y local a una industria de entretenimiento global. ¿La vieja esencia está muerta?

Ya lo dijo Totti el otro día después del fichaje de Higuaín: el fútbol ha pasado a ser un fenómeno de nómadas donde todo se mueve por dinero. Totti es una excepción de romanticismo habiendo jugado siempre en su equipo de toda la vida. Pero el fútbol se ha convertido en un mero show y un espectáculo. No es un negocio en sí mismo pero funciona muy bien como ventana en el mundo de los negocios. Yo añoro aquel fútbol del pasado en el que mi equipo, el Espanyol, podía ganarle al Barça o al Madrid, pero la evolución es inevitable.

 

“Ya no se trata de llenar estadios para conseguir un ingreso directo, sino de llenarlos para que en las retransmisiones de televisión no se vean las gradas vacías”

 

Un ejemplo es que, hace 30 años, los ingresos correspondientes a la taquilla y los socios representaban en los clubes grandes el 80% de los totales. Ahora no llegan al 25%, siendo los principales ingresos derivados del marketing y la televisión. ¿Esta es la relevancia real que tenemos los aficionados locales en nuestros clubes?

A día de hoy el socio y abonado representa una parte pequeña del pastel de los ingresos. Su protagonismo económico se ha desplazado y, en consecuencia, los esfuerzos de los clubes ya no se centran prioritariamente en los aficionados. José Luis Núñez, que fue un gran presidente, calificó esos ingresos de la taquilla y de los socios como ‘típicos’ porque eran los principales, los que sujetaban al club, mientras que el resto eran ‘atípicos’ porque eran extraordinarios. Ahora esta realidad se ha revertido. A día de hoy, si un club quiere ser considerado grande, los ingresos derivados de las televisiones y el marketing deben colocarse por encima del 70% de los totales. Ya no se trata de llenar estadios para conseguir un ingreso directo, sino de llenar los estadios para que en las retransmisiones de televisión no se vean las gradas vacías.

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Estamos, pues, en un escenario en el que el aficionado local es un mero figurante: debe llenar los estadios, no tanto para generar ingresos directos, sino para que la grada se vea llena en televisión y eso despierte interés de patrocinadores y aficionados extranjeros.

Así es. Si se dice que la Liga es la mejor del mundo y alguien en China pone la televisión y ve las gradas vacías no se lo creerá. Eso sería contraproducente para generar ingresos ‘atípicos’.  Ahora vale más un aficionado chino que uno español. Tengo entendido que la Liga va a tomar medidas para sancionar a los clubes que tengan gradas vacías en los estadios.

En los ingresos televisivos la Liga es, con diferencia, la que tiene un reparto más desigual de entre las que conforman el Big Five (las cinco grandes competiciones domésticas). ¿Se va a corregir esta situación?

Necesariamente sí. No puede haber una diferencia tan abismal. Estoy de acuerdo que Barcelona y Madrid reciban más porque generan más interés, pero no con tanta desigualdad. Este año va a haber una mayor dotación económica: sobre los 1.000 millones de euros. Y, el que viene, sobre los 1.500 millones. Creo que va a haber un reparto cada vez más equitativo. Para los conjuntos modestos de Primera División es un momento bueno: mientras antes estaban ingresando en torno a 19 millones de euros, ahora pasarán a ingresar entre 45 y 50 millones. Lo que no podía ser es que la temporada 2014-15, por ejemplo, un Atlético ingresara alrededor de 45 millones y el colista de la Premier ingresara más de 80. Es necesaria esta corrección para hacer más competitiva y atractiva la competición y pueda haber más alternativas, como ha pasado con el Leicester en Inglaterra. Me consta que en España el Barcelona ya dio un paso al lado hace poco cediendo parte de sus derechos, no sé si el Madrid lo ha llegado a hacer.

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Parece que usted es ahora más optimista con el futuro del fútbol que hace algunos años. Pero en su libro hay un dato demoledor: los ingresos de Barcelona, Madrid y Atlético representan el 62% del total de la competición. ¿Sigue pensando que la Liga está en peligro de muerte?

Lo sigo pensando pero con reservas. Lo que ha pasado es que en los últimos años el Atlético ha entrado en liza. A ellos les debemos la revitalización de la competición, esto ha dado oxígeno al fútbol español. Pero tengo un cierto temor, siendo sincero, a que jugadores como Messi o Ronaldo dejen de venir a nuestra liga en el futuro. La persecución tributaria que está habiendo particularmente con el Barça puede provocar que muchos futbolistas se lo piensen antes de venir. Cuando un jugador ficha por un club alemán o uno inglés sabe lo que va a pagar de impuestos al dedillo, pero aquí cambian las interpretaciones jurídicas según les conviene.

 

“No conozco un club que tenga tantos casos jurídico-tributarios como el Barcelona. Hay ciertas diferencias en la vara de medir según quien sea el protagonista”

 

¿No le parece sensata la sentencia, por ejemplo, en el ‘caso Messi’?

El que se ha equivocado lo debe pagar. Pero estas cosas pasan en todos los equipos. Messi es el principal contribuyente de Hacienda como persona física. Tras él han seguido Neymar o Mascherano. Tiene que haber una seguridad jurídica en España para que no se genere un efecto estampida en los futbolistas. Hacienda cambia la interpretación de las normas demasiado, cosa que no pasa en otros países.

¿Insinúa que la interpretación no es la misma para todos los clubes?

Sinceramente, no. No conozco un club que tenga tantos casos jurídico-tributarios como el Barcelona. Pero no sé a qué se debe. Está habiendo recalificaciones de los hechos imponibles a la carta, y esto no puede pasar en un estado de derecho. Esto crea inquietud en los futbolistas, que ahora quizás se lo piensan más antes de ir a la liga española. Es verdad que hay ciertas diferencias en la vara de medir según quien sea el protagonista.

Volviendo al contenido del libro. Usted explica que se debe volver a acercar a los clubes a sus aficionados, protegiéndolos de intereses ajenos. En cambio, la tendencia es la contraria. Cada vez hay más magnates y oligarcas apropiándose de los equipos.

Yo lo conozco bien, con el caso del Espanyol en manos de Chen. Siendo romántico, a mi me gustaría que los clubes no fueran sociedades anónimas, que los socios tuvieran más peso en las decisiones, pero las reglas del juego han cambiado por completo. La maquinaria del fútbol requiere unos volúmenes de dinero extraordinarios, solamente para que un equipo pueda mantener la categoría. La estructura del fútbol es dadivosa, todo el engranaje es muy delicado porque los gastos se multiplican año a año. En el Espanyol los accionistas tuvimos que poner dinero haciendo una ampliación de capital, pero llega un momento que los aficionados locales no podemos aportar suficiente y, por más que duela, se necesita inversión de fuera. El fútbol es un espejo de la economía del país, en la que está sucediendo lo mismo: cuando las empresas locales no pueden financiar sus propios proyectos, se requiere inversión foránea. Entiendo que Chen querrá aprovechar el posicionamiento que le puede aportar el Espanyol, llevándolo a la Europa League, para dar una mayor visibilidad a sus empresas en Europa. En definitiva, él ha puesto los 150 millones de euros y solo cabe darle las gracias. En Inglaterra ya empezó a suceder esto hace tiempo con Abramovich. Allí hay una mentalidad mucho más abierta que aquí en cuanto a dejar a los equipos en manos de capital extranjero.

 

“Ahora los aficionados locales no pintamos nada, no hay más que resignarse”

 

20160728_124032Está claro que el futuro pasa por el capital foráneo, tanto de propietarios como de patrocinadores y aficionados, como lo prueba el ajuste de los horarios a los mercados asiáticos o americanos. Para poder salvar al fútbol, ¿es imprescindible alejarlo de los aficionados locales?

Antes lo has definido muy bien: nosotros estamos condenados a ser meros figurantes del fútbol. Volviendo a Chen, si él decide comprar el Espanyol es porque los partidos se verán en China y eso le beneficia. A cambio, si yo quiero ir al estadio tendré que hacerlo a la una o las dos del mediodía, lo cual es inconcebible. Para mi el fútbol deja de ser lo que era: una actividad familiar de domingo por la tarde. Cuando me lo cambian al sábado por la noche, ya no me va tan bien porque afecta a los planes que tengo con mi mujer, por ejemplo. Pero es que con los horarios actuales es directamente imposible, si quieres ver fútbol tienes que cambiarlos todos. Estos horarios son perfectos para vender la Liga en los mercados asiáticos, pero no para el mercado local. Si, como antiguamente, el aficionado local aportara el 80% de los ingresos de su club, sería él el que decidiría los horarios. Pero como ahora no pintamos nada, no hay más que resignarse.

En cambio, en ligas abiertas y saneadas económicamente como la Bundesliga y la Premier, encontramos que los estadios están llenos. ¿Podemos pensar que no está todo perdido?

La Bundesliga lo ha hecho muy bien con su política de precios baratos. Recuerdo una eliminatoria Borussia-Madrid en la que la entrada en Dortmund costaba 15 euros y en Madrid 300. En Alemania se ha buscado hacer un producto destinado a sus aficionados. Recuerdo que Beckenbauer dijo que había que olvidarse de las televisiones. El modelo ha sido de entradas baratas, estadios confortables y nada de violencia. El fútbol inglés tiene otra liturgia, ahí la costumbre de ir al estadio como actividad de ocio está mucho más arraigada.

 

“Es importante tener la referencia de Alemania. Creo que hay que cuidar a la afición porque cada vez se está creando más distancia y opacidad entre el espectador y los jugadores”

 

Quedándonos con el ejemplo de la Bundesliga, ¿cómo han hecho ellos para encontrar ese equilibrio entre los ingresos ‘atípicos’ y los ‘típicos’?

No tienen grandísimos ingresos por lo que se conoce como Match Day, pero saben que esto es el good will que tienen que cuidar. Han entendido cuál es el círculo virtuoso: cuánto más llenos estén los estadios y cuantos más aficionados jóvenes haya vinculados al club desde niños, más seguimiento tendrá su competición y por lo tanto más ingresos podrán generar también derivados de la actividad comercial y de patrocinios. Es importante tener la referencia de Alemania, con solo 18 clubes, con más ingresos totales que la liga española y con un activo importantísimo que son unos estadios siempre llenos. Creo que hay que cuidar a la afición porque cada vez más se está creando más distancia y opacidad entre el espectador y los jugadores. Recuerdo que antiguamente, cuando acababa un partido en Sarrià, los futbolistas hablaban con los aficionados. Yo guardo amistades de esa época con jugadores que eran mis ídolos como Marañón o Solsona. Hoy en día algo así es impensable. Esta situación es negativa también a nivel estratégico. En Alemania se cuida eso haciendo una política muy marcada para acercar el futbolista a la gente. Estoy harto de proponer al Espanyol un cambio en esa dirección, pero no me hacen ni puñetero caso.

 

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¿‘La gran burbuja del fútbol’ se va a acabar pinchando?

Creo que no. Será una pelota que se irá deshinchando, en todo caso. Para el fútbol español la época peor ya pasó, con las grandes acumulaciones de deuda y situaciones de insolvencia. Se ha hecho un gran esfuerzo por parte del Consejo General de Deportes y de la LFP y sobre todo por parte de los clubes. Los pasivos de los balances están cada vez más saneados y me da la impresión de que se habrá aprendido de las malas prácticas anteriores: el despilfarro del gasto desproporcionado en relación a los ingresos no se puede volver a producir. Creo que, por suerte, no veremos estallar la burbuja.

Usted siempre ha pronosticado que el futuro pasa por una gran competición global. ¿Qué podrán hacer los clubes pequeños para sobrevivir?

Es cierto que entonces se crearían demasiados estratos y eso no sería bueno. Lo que creo es que la Champions League del futuro deberá abrirse también a otros continentes, porque el dinero en términos comerciales está ahí. De hecho, ya hemos visto acercamientos en este sentido. Pero hay que ir con cuidado porque si se generan tantas diferencias entre los equipos, el interés por parte de los aficionados también podrá decaer. En el fútbol se han delimitado claramente dos categorías: la categoría de los grandes y la del resto. Si a nivel europeo hacemos lo mismo, vamos a romper las competiciones locales. Por ejemplo, yo que soy del Espanyol, si mi equipo se ve relegado a una competición menor tendré que buscarme otro equipo de los grandes del que ser aficionado que complemente al mío. Esto descolocará mucho a todos los aficionados.  Mi ilusión es ganar al Barcelona o al Madrid, pero si ya no jugamos contra ellos el interés automáticamente será menor.

20160728_125521En este sentido, ¿qué opinión le merece la proliferación de equipos de accionariado popular?

No soy muy optimista con los clubes de accionariado popular. Pienso que se pueden poner en marcha proyectos con aportaciones de capital tipo crowdfunding y con participación del aficionado local para relanzar un club o fundar equipos que pueden tener una viabilidad en categorías amateurs. Pero, a la larga, se necesita dinero de verdad. Es algo que puede estar muy bien en términos de romanticismo local pero creo humildemente que no es viable para mayores metas.

Analizando los datos de los últimos cinco años de las Big Five, descubrimos otro dato impactante, y es que en todas las grandes ligas ha habido déficit en cada ejercicio. ¿Cómo se puede sostener esta situación?

El déficit de explotación siempre se intenta enjuagar con la generación de resultados extraordinarios que pasan por la venta de jugadores. El Calcio, por ejemplo, tiene un serio problema en este aspecto, porque con las ventas no logran corregir estas pérdidas acumuladas. El caso del Inter es un claro ejemplo: Massimo Moratti quería ser campeón de Europa y tiró la casa por la ventana, pero después de conseguirlo la decadencia económica ha sido brutal y ha tenido que acabar vendiéndose también al capital asiático. El caso del Milán es parecido, a punto también de vender la mayoría de su capital. Al final, vemos que en la mayoría de casos, para corregir estos desajustes de resultados, se debe recurrir a la aparición de capital externo con propietarios con intereses fuera del fútbol. Eso explica la tendencia actual.

 

“La burbuja del fútbol se está inflando por las cantidades que se están pagando por futbolistas que no lo valen”

 

Un fenómeno que está propiciando en gran medida esta burbuja son los súper agentes y los fondos de inversión que ven en el fútbol una rentabilidad mucho mayor que en otros mercados. ¿Se puede y se debe hacer algo para regular esto?

La  FIFA y la UEFA quieren controlarlo, pero es difícil. Los futbolistas se han convertido en meros activos financieros. Se compran derechos de jugadores muy jóvenes por relativamente poco dinero y después se generan unas plusvalías incomparables. Esto los clubes lo van a pagar. La burbuja del fútbol se está inflando por las cantidades que se están pagando por futbolistas que no lo valen. Los únicos que ganan son los intermediarios y esto veremos si se puede sostener por mucho más tiempo.

Parece que el modelo es este y que estas grandes inversiones se logran rentabilizar con merchandising e incremento del valor de la marca de los equipos.

Estamos de acuerdo. Pero en cuanto una de estas inversiones sale mal hay muchos riesgos. Riesgos de endeudamiento sobreponderado que no se puede sostener. Volviendo al caso de la liga italiana, salvando a la Juventus, vemos que ha pasado algo así: el volumen de endeudamiento ha sido desproporcionado en relación a la rentabilidad de sus inversiones.

En cuanto al crecimiento de los costes salariales, ¿usted es partidario de imponer un techo al estilo NBA para controlar esta burbuja del gasto?

Quizá sí, un techo en relación a los ingresos totales. No obstante, provocaría limitaciones a nivel deportivo. Deberían ponerse de acuerdo todas las grandes ligas porque, sino, se verían perjudicados los equipos de segunda fila. Sería un nuevo aliciente para distanciar aún más a los pequeños de los grandes. En el Espanyol, por ejemplo, no podríamos tener nunca a un crack. Antiguamente veíamos al Sr. Lara de turno que decía “el crack corre de mi bolsillo”. Creo que los excesos de regulación, en el fútbol y en la economía en general, no son positivos. No me considero liberal, pero creo que el propio mercado debe auto regularse bajo una supervisión.

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