Tres Mundiales, tres amigos. Pepe, Amarildo y Tostao conocieron la mejor cara de ‘O Rei’: la de un futbolista total que rompió moldes. Sus testimonios dibujan las edades de Pelé: primero niño, luego crack y finalmente mito. Este es un extracto de las entrevistas con los tres futbolistas que acompañaron al delantero brasileño en la conquista de las Copas del Mundo de 1958, 1962 y 1970. El contenido completo se puede encontrar en el dossier especial sobre la figura de Pelé publicado en el #Panenka44.

“HA SIDO EL ÚNICO FUTBOLISTA EXTRATERRESTRE”

José Macia, más conocido como Pepe, (Santos, 1935) fue su primer socio dentro y fuera del campo. Un hermano mayor que le apadrinó al llegar a Vila Belmiro y asistió a su explosión, tanto con el legendario ‘Peixe’ de finales de los 50 como con la Verde-amarela que en Suecia se sacó la espina del Maracanazo.

Pelé debuta en 1957, pero no es un fijo en la Seleção… ¿Qué expectativas tenía la joven estrella de ir al Mundial de Suecia?

En aquellos años era muy difícil que un niño de 17 años fuera a un Mundial, creo que todavía más difícil que hoy… Pero Vicente Feola, el seleccionador, conocía muy bien a Pelé, sobre todo por esos partidos en el Santos-Vasco. Así que era algo que todo el país esperaba… Todo el mundo tenía ganas de verlo en la Seleção, de ver si iba a hacer lo mismo que hacía en el club. Claro que eran otros tiempos… Recuerdo que me enteré de que nos habían convocado para el Mundial escuchando la radio en el bar de mi padre.

¿Pelé habría sido tan grande si no hubiera jugado en el Mundial de Suecia?
Él sería grande de cualquier manera. Quizás el mundo habría tardado un poco más en conocerle. Pero Pelé estaba destinado a ser el mejor del mundo. Cuando volvimos de Suecia les dije a Dondinho y Celeste, sus padres: ”Tienen un hijo de oro que ya es el mejor jugador del mundo”.

Usted suele decir que es el máximo goleador humano de la historia del Santos, porque Pelé viene de otro planeta. ¿Ha existido desde él algún otro futbolista ‘extraterrestre’?
¡Es verdad! Yo hice 402 goles, soy el máximo goleador ‘terrícola’ del Santos; Pelé nació en Saturno. ¿Si hay otro? Creo que Messi casi es extraterrestre, pero todavía le falta un poco, aún es humano. Y Garrincha, no sé, quizás vino de algún sitio de la estratosfera.

“NADIE SE SENTÍA SUPERIOR. NI SIQUIERA ÉL”

A Amarildo Tavares Silveira (Campos dos Goytacazes, 1939) el fútbol casi se le escapa. Cuando los técnicos del Flamengo le descartaron a los 19 años, acarició la idea de hacerse militar. Pero entonces llegó el Botafogo y abandonó el fusil, aunque nunca dejaría de disparar: 135 tantos para o Golorioso. Ninguno le dio tanta gloria como los tres que gritó en Chile -dos a España y el que abrió la final ante Checoslovaquia-, por culpa de una lesión de Pelé. Amarildo fue el plan B. Y Garrincha, la estrella.

Cuando Pelé se lesionó contra Checolosvaquia, ¿qué pensó?
Te diré la verdad: me quedé muy triste. Porque él era una pieza clave en el equipo. Él y Garrincha eran fundamentales. Pero siento mucho orgullo por haberlo sustituido bien y que el equipo no perdiera calidad

Y Pelé, ¿le dijo algo?
¡Me dijo lo mismo! ”Mira, Amarildo, hay que jugar como si estuvieras en el Botafogo”. Tras el partido, yo me estaba duchando y él entró en el vestuario, con ropa y todo, para darme un abrazo. Él sentía que la victoria también era suya. Y quiso siempre estar cerca de nosotros. Manejó la situación de una manera muy buena, era un gran tipo.

Al final, el Mundial que debía ser el de Pelé se convirtió en el de Garrincha, Vavá, Amarildo… ¿Hubo alguna cumbre de los jugadores para motivarse sin él?
No hubo nada especial, confiábamos mucho en los compañeros. Si Garrincha se lesionaba, salía Jair da Costa; si Pelé se rompía, estaba Amarildo… Cualquiera que tuviera que entrar sabía que el otro daría su mejor versión. Nadie pensaba que era mejor o superior a los otros… Ni siquiera Pelé. Confiábamos mucho en nosotros mismos.

“JUGÓ COLECTIVAMENTE EN UN BRASIL REVOLUCIONARIO”

Brasil y México’70: para muchos, la más alta cota que alcanzó el fútbol entendido como bella arte. En aquel vestuario se cambiaban cinco ‘dieces’ de cinco clubes distintos. Uno de ellos era Eduardo Gonçalves de Andrade (Belo Horizonte, 1947), cuya escasa estatura le valió el apodo de Tostao, una pequeña moneda de la época. Antes de retirarse precozmente por un desprendimiento de retina, le dio tiempo a colarse en la historia.

Aquel Mundial era el cuarto de Pelé. Y, pese a haber ganado dos, él nunca había sido el protagonista: en 1958, el mejor fue Didi; en 1962, Garrincha. ¿Se le notaba presionado?
La mejor versión de Pelé se dio entre 1958 y 1965. En 1970 Pelé todavía era espectacular, el mejor del mundo, pero ya tenía casi 30 años, más peso y menos velocidad. Se preparó de una manera impresionante: sabía que sería su última oportunidad para redondear una historia brillante. Y se encontró con un grupo espectacular… Pelé era la estrella, el equipo se dibujaba para él, pero era también parte de una dinámica colectiva. Éste era el secreto: un crack que jugó coralmente en un equipo que revolucionó el fútbol.

Y con cinco jugadores que habrían hecho de ’10’ en cualquier selección…
Sí. Futbolistas con mucho talento que jugaron aún mejor estando juntos. Gerson era un organizador; Rivelino, más agresivo; Jairzinho tenía la velocidad… Cuando hay muchos cracks a veces uno no está a gusto, o le cuesta adaptarse. En aquella selección esto no pasaba.

¿Estamos hablando del mejor equipo de siempre?
En Brasil se debate sobre las selecciones de 1958 y 1970. Individualmente, me quedaría con la primera: Pelé, Garrincha, Nilton Santos… Pero la de 1970 tenía un gran valor colectivo, tácticamente revolucionario. Aún hoy veo cosas que vi por primera vez en México.