Encuentra oro en las minas del infrafútbol, revaloriza a jugadores semidesconocidos y hace sufrir a los ‘grandes’ para que acaben aflojando la mosca. Monchi cumple 15 años como director deportivo del Sevilla y no ha habido ni uno solo en el que la entidad andaluza no le haya agradecido tenerle en nómina. Exguardameta profesional y licenciado en Derecho, los entrenadores confían ciegamente en su ojo clínico, pues además de dinero, también da títulos. Si lleva su firma, es un buen negocio.

Nos atiendes en pleno verano, que para ti debe ser la época más ajetreada del año. ¿O hay mucha planificación adelantada durante la temporada?

Mi labor no es solo fichar jugadores, tiene que ver con toda la dirección deportiva del club. Este trabajo no tiene descanso. En verano es probablemente cuando más se concentra la ejecución con los fichajes pero durante todo el año estoy viajando, teniendo reuniones, en comités ejecutivos o en la ciudad deportiva. Quizá la época más tranquila es la primera semana de septiembre cuando se cierra el mercado y hay un parón en la liga.

Llevas toda la vida en el Sevilla, desde los 19 años, pero eres de San Fernando. ¿De niño ya eras sevillista o del Cádiz?

El San Fernando y el Cádiz eran mis equipos de la infancia, pero también de pequeño me tiraba el Atlético. Tengo un hermano mayor muy colchonero que tenía toda la habitación llena de pósters y eso influye mucho. Muy pronto, cuando llegué a Sevilla, me ‘convertí’. Yo digo siempre que no soy sevillista de nacimiento pero sí de adopción y hasta que me muera. Esto es como los hijos: los hay de adopción y no por ello los quieres menos. De todas formas, tu condición de gaditano la mantienes a flor de piel. Se dice que sabes tanto de fútbol como de carnaval. [Risas] El fútbol es mi profesión y el carnaval es mi principal afición, que mantendré hasta mi último día. Lo he ‘mamado’ desde que tengo uso de razón, me crié en un entorno en el que el carnaval es una forma de vida. Hay a quien le apasiona la Semana Santa o el Rocío y a mí me apasiona esto. La prueba es que en mi coche solo se escucha música carnavalera, cuando puedo me escapo a un festival y las conversaciones con mis amigos son sobre carnaval.

En 2010 llegaste a actuar con una chirigota en el Teatro Falla de Cádiz, que viene a ser como el estadio de Maracaná de los carnavales.

Sí, el Falla es el epicentro del Carnaval de Cádiz, donde se celebra el concurso de agrupaciones, que es lo que a mí realmente me gusta. Se dio la circunstancia por un grupo de amigos y gente más o menos conocida que nos propusimos liarnos la manta a la cabeza: estuvimos cuatro meses ensayando y fue muy complicado porque yo canto terriblemente mal. Lo recuerdo como una experiencia muy bonita porque pude ser actor cuando siempre había estado entre el público.

Te retiraste joven, a los 31 años, y tu etapa como futbolista fue siempre en el Sevilla. ¿Cómo la valoras?

Estuve nueve años en el primer equipo, o sea que muy malo tampoco fui para estar tanto tiempo. Creo que técnicamente era un buen portero, pero me faltaba un poco de competitividad en los partidos, a diferencia de los entrenamientos. No reniego de mi etapa de futbolista porque tuve la gran oportunidad que soñaba desde niño, cuando jugaba en la calle. Compartí vestuario con grandes como Suker, Polster, Zamorano o Maradona y pude disfrutar del máximo nivel, participando incluso en competiciones europeas.

¿En la calle ya jugabas de portero?

No, yo en el barrio empecé de delantero centro y no lo hacía mal. Fue casual, un día en el colegio jugué de portero, me vieron y me ficharon. Se dio así, me federé como guardameta a los 11 años en mi primer equipo, el Águilas, y así me quedé.

Estudiaste la carrera de Derecho, ¿ya con la idea de trabajar como Director Deportivo?

En mi mente no estaba para nada dedicarme a esto. Estudié Derecho porque me gustaba la abogacía, me matriculé en Jerez, ya que era la facultad más próxima a San Fernando, y después seguí estudiando en la Universidad de Sevilla, aunque luego nunca tuve la oportunidad de ejercer.

Llevas más de 15 años en el puesto, que deben estar repletos de anécdotas.

Hay una con Van Persie. Viajamos a Rotterdam a ficharlo, la operación ya estaba hecha y, en el último momento, cuando prácticamente ya estábamos en la mesa con los directivos del Feyenoord para la firma, apareció el Arsenal y nos lo quitó. Once años después, todavía duele más, viendo lo bueno que ha sido el jugador.

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Con Marcelo Bielsa tuviste reuniones maratonianas para ficharlo.

Pensamos en él como entrenador, después de la salida de Manzano. Tuvimos dos reuniones en Madrid, una de once horas y otra de diez. Hay que estar muy en forma para mantener su nivel de conversación (risas). La verdad es que, como yo era muy admirador de Marcelo, no tenía claro si estaba apuntando demasiado alto con él. Aprendí mucho de aquellas charlas, más allá de que los caminos no se cruzaran en aquel momento. Es un tipo increíble.

¿Hubo discrepancias en cuanto a su parcela de mando? Porque, ¿qué rol ocupa Monchi y qué rol ocupa el entrenador en cuestión de fichajes?

En nuestro modelo de gestión, quien ficha es la dirección deportiva. El papel del entrenador, sin ser definitivo, es importantísmo porque es el que marca el perfil: es el que decide qué tipo de lateral izquierdo o mediocentro quiere, sin poner nombres. Pero el que escoge un futbolista u otro soy yo. En esa interpretación del perfil que impone el técnico está gran parte del acierto en una contratación, porque si no soy capaz de ver bien lo que desea, ese fichaje ya nace cojo y es complicado que el jugador se adapte.

¿Has tenido desencuentros con algún entrendor en este aspecto?

En tantos años, algunas discrepencias han podido haber. Lo que pasa es que es muy difícil que el entrenador conozca al tipo de jugador que ficha el Sevilla, porque no tiene tiempo de ver todas las competiciones que vemos nosotros. No es fácil que pueda seguir al Stade de Reims para ver a Krychowiak o al Lens para ver a Keita, ya no te digo al Coritiba para seguir a Adriano. Los entrenadores suelen confiar en nuestro criterio y con todos con los que yo he convivido ha habido un entendimiento fluido.

¿Cómo es un día cualquiera en la vida de Monchi, desde que te levantas hasta que te acuestas?

Depende de la época del año. Si pensamos en un día al azar de noviembre, por ejemplo, sería algo así: por la mañana a las 7.30 lo primero que hago es ir al gimnasio, llego al estadio a las 9.00, respondo correos, después voy a la ciudad deportiva porque me gusta mucho tener ese contacto y, al final de la mañana, tengo reuniones internas o con agentes; por la tarde es cuando tranquila y relajadamente me pongo a ver fútbol. Eso salvo cuando viajo, ya que no recuerdo semana en la que no tenga un viaje programado.

 

“Soy muy supersticioso pero, aunque parezca una contradicción, no creo en la suerte. El fútbol es un juego y como tal hay un factor fortuna latente, pero con trabajo se logra acortar su influencia”

 

En este sentido, ¿cómo compaginas tantos viajes con tu vida familiar?

Tengo mujer y dos hijos. Se han acostumbrado a mi forma de vida y es gracias a su apoyo que he podido desarrollar mi carrera. Mucho de lo que soy se lo debo a ellos. Mi hijo y mi hija son muy sevillistas, lo llevan en la sangre. El primero, además, también viaja siempre con el equipo como aficionado y es un enfermo como yo, tanto del fútbol como de los carnavales.

¿Cómo se estructura tu equipo de trabajo y el proceso de selección en los fichajes?

El equipo de trabajo lo formamos unas 17 personas, cada uno de los miembros de la secretaría se responsabiliza de una serie de competiciones. Con la información que tenemos seleccionamos mes a mes a los principales jugadores a seguir de cada competición. Los técnicos les hacen un análisis personalizado y al final del proceso nos quedamos con un máximo de diez futbolistas por posición, clasificados por grado de interés, entre los que decidimos los fichajes.

La época dorada del Sevilla coincide con tu etapa como director deportivo. ¿Qué parte de mérito asumes?

El crecimiento del club en la última década tiene muchos padres. No ha sido solo crecimiento deportivo, donde yo puedo tener influencia, sino también en el resto de parcelas. Se trata de una sociedad bien estructurada financieramente, en marketing, en atención al aficionado o en prensa. Y eso es lo que ha permitido mantener el barco estable en los momentos de turbulencias deportivas. Si solo se hubiera crecido en lo futbolístico no se hubiera sustentado, habría sido un gigante con pies de barro. Todos han puesto su granito de arena, Roberto Alegri puso los cimientos, Del Nido ha sido el gran artífice y Pepe Castro ha dado continuidad al proyecto.

IMG_7196En esas turbulencias puntuales, ¿cómo se ha vivido todo el proceso judicial con Del Nido?

He intentado estar siempre al lado del amigo, de la persona. Han sido cuestiones ajenas al club y hemos trabajado para que influyan en la menor medida. Nos ha afectado a los que nos consideramos amigos de él, pero entre todos hemos hecho piña para que la nave del club se mantenga a flote tras su salida.

¿Mantienes relación con él?

Sí, sobre todo a través de su hijo, que está en la vicepresidencia. Respeto su situación porque sé que debe estar pasándolo mal. Sé que desde la cárcel sigue al Sevilla y que ha podido disfrutar de los últimos éxitos del equipo.

Centrándonos en tu labor, ¿cómo se gestiona el factor suerte en el acierto con los fichajes?

Yo soy muy supersticioso pero, aunque parezca una contradicción, no creo en la suerte. El fútbol es un juego y como tal hay un factor suerte latente, como lo hubo en el gol de Palop o en el de M’Bia en el descuento. Pero para marcar esos goles hay que estar ahí, hay que trabajar aspectos del juego. Soy de los que piensa que se debe acortar la influencia de la suerte en el deporte, y eso siempre se logra con trabajo. Podríamos poner cuatro nombres sobre la mesa y tirar un dado para elegir, sería un método respetable, pero si trabajas y conoces al jugador dispones de más variables de juicio. Se trata de conocer al máximo todos los aspectos del futbolista para tomar la decisión de ficharlo.

¿Para reducir ese factor suerte, trabajas mucho con programas estadísticos que parametrizan todos los aspectos del juego?

Usamos todas las herramientas que nos aporten la máxima información. Trabajamos con muchas y muy buenas bases de datos, pero eso solo nos aporta datos objetivos que son importantes. Lo que es clave es la parte subjetiva que no se puede medir: no todo futbolista vale para jugar en el Sevilla y eso es lo más difícil de vislumbrar. A los datos objetivos que son importantes tenemos que sumarle nuestra sensación subjetiva.

¿Eso cómo se hace?

Es muy difícil. Hay que guiarse por sensaciones, tratar de conocer al máximo a la persona. Hay que tener en cuenta que el jugador no va a tener las mismas amistades ni el mismo entorno que tenía. Por ejemplo, Krychowiak venía del Reims, con distinto clima, idioma, estilo de fútbol, exigencia, pero pensamos que se adaptaría: ese es el paso más determinante. Un futbolista como Koné que no triunfó aquí, en el Levante, un equipo inferior, metió 17 goles, y Kanouté, que en el Tottenham no estuvo bien, en Sevilla ha sido un ídolo. ¿Eso cómo se vislumbra? La famosa palabra adaptación es la clave de todo. Los futbolistas no son máquinas que funcionan perfectamente. Evidentemente, el que tenga mejores condiciones será más fácil que triunfe.

 

“Los ingleses trabajan muy bien el ‘scouting’. Si vas a Brighton y ves cómo trabajan te quedas pasmado. Lo que quizá les falta es una mejor conexión entre esa función y la toma de decisiones del mánager”

 

¿Cómo se influye desde la dirección deportiva en la adaptación de un jugador?

Primero, conociendo a la persona. Y hablando con el entorno del jugador, aunque esa información nunca es el 100% fiable porque dependerá de la visión subjetiva de esas otras personas. Una vez fichado, tratamos de ofrecer las máximas facilidades y trabajamos para su integración porque esa es la clave.

No lo hacéis mal. La prueba es que muchos jugadores que se van siguen siendo sevillistas.

Es verdad, futbolistas como Rakitic, Kanouté o incluso Maresca siguen deseando ver ganar al Sevilla. Aquí la gente es muy cercana al jugador y la ciudad es muy cómoda, del tamaño ideal. Otra de las claves es que el club es como una familia. Recuerdo que es algo que le dije a Immobile y fue lo que más le convenció para fichar. No es tan grande como otros, pero lo es lo suficiente para tener la perspectiva de retos importantes. Y el Sánchez Pizjuán es un estadio con magia, con algo especial que engancha.

Dani Alves es el máximo exponente de fichaje prototipo de Monchi: de desconocido a venta millonaria. ¿Cómo lo descubriste?

El primero que lo vio fue Antonio Fernández (miembro del equipo de trabajo) en un Sudamericano de 2003 y le enamoró. Después le fui a ver yo en un partido de la seleción de Brasil sub-21 (2-1 a Paraguay) quedándose con nueve jugadores y en el que Dani hizo maravillas. Él solo ganó el encuentro y en seguida lo tuve claro.

¿Hay algún jugador que hayas lamentado no haber descubierto tú o no haber fichado?

Hay uno del que me acuerdo mucho, que además es español. Tuve la oportunidad de traerlo y, después de muchas vueltas, pensé que no encajaba en el Sevilla. El tiempo me ha demostrado que estaba equivocado con todo lo que ha ganado y la importancia que ha tenido. Es el caso de Gabi. Quizá haya sido mi mayor error en ese sentido.

El mercado está cada vez más dominado por los fondos de inversión y los grandes agentes. ¿Qué opinión te merece esta dinámica al alza?

Yo respeto todos los modelos y los hay distintos al nuestro que son exitosos. Hay súper agentes que inciden en las decisiones deportivas de clubes y equipos que han trabajado mucho con grandes fondos de inversión que les ha ido muy bien, como el Porto. Luego hay otros que han trabajado así y no les ha ido bien. Yo no me meto en eso, pero creo en mi modelo, que es diferente.

Hablando de súper agentes, ¿tienes relación con Jorge Mendes?

Sí, tengo una relación cordial con él. Hemos tenido futbolistas suyos como Duda. Para mí es admirable su labor, ser Jorge Mendes no debe ser fácil: ser tan bueno en un terreno en el que hay tanta competencia no es sencillo.

¿Cómo se compagina ser un club tan existoso en los fichajes con una buena gestión de la cantera?

Cada vez es más dificíl. A medida que aumenta la exigencia del primer equipo es más complicado que salgan chavales del filial que puedan tener nivel para pelear por puestos de Champions. Pero no la perdemos de vista porque la cantera es uno de los valores de la historia del club y, a pesar de que ya no salen de siete en siete cada año porque el salto es mayor, nos enorgullece que sigan llegando canteranos al primer equipo.

Durante tu trayectoria has firmado a 18 jugadores provinientes del mercado francés. ¿Es tu liga favorita para ir a pescar?

Francia reúne muchas características positivas para nuestro tipo de fichaje: es una liga muy competitiva, aunque no sería de las cuatro top, las escuelas de formación francesas trabajan muy bien técnica y tácticamente y hay un nivel de precios y de salarios ajustados que nos permite acceder. Los jugadores en Italia o Inglaterra tienen un sueldo alto, pero en Francia por los presupuestos de los clubes y por el tipo de impuestos no se llega a esos niveles y podemos convencer al futbolista también económicamente.

Estuviste viviendo seis meses en Londres, ¿para qué te sirvió esa experiencia?

Fundamentalmente aprendí inglés, que era el primer objetivo. Yo hablo francés bastante bien pero en inglés solo sabía contar del uno al diez, decir los colores y poco más. También aproveché la estancia para conocer más ese fútbol y explorar sus formas de trabajo.

Ahora se entiende más tu vinculación histórica con el mercado francés.

[Risas] Todo influye.

¿Qué te traerías a España de la Premier?

Muchas cosas: supongo que la organización, las estructuras de club, los estadios, las ciudades deportivas, el marketing, el cómo han sabido vender su producto a todo el mundo y cómo generan la expectación para que la gente vaya al campo a ver los partidos. En todo eso nos llevan muchísima ventaja.

Pero parece que en términos de dirección deportiva van por detrás.

No exactamente. Ellos trabajan muy bien el scouting, en ese aspecto son muy buenos. Si vas por ejemplo a Brighton y ves cómo trabajan te quedas pasmado. Lo que quizá les falta es una mejor conexión de ese trabajo con la toma de decisiones. Ahí la dirección deportiva la asume más la figura del manager y a veces la excelente información de scouting de la que disponen acaba no utilizándose.

¿El fútbol español debería copiar el sistema inglés de reparto televisivo?

En Inglaterra hay un sistema mucho más igualitario. En el año que yo estuve allí (2013-2014) el que más ingresó fue el City con unos 96 millones de libras y el que menos el Fulham con unos 60 millones, las diferencias son muchísimo más pequeñas porque los parámetros que se valoran son más equitativos que los que tenemos en España. Los equipos recién ascendidos tienen una capacidad de inversión casi diez veces mayor que la que pueda tener uno de España. Si se importara este modelo a nuestro país sería todo mucho más justo. Probablemente, Madrid y Barcelona seguirían ganando las ligas, pero las diferencias de puntos serían menores. Al final eso daría más competitividad al torneo y así el producto sería más atractivo para el cliente final, que es el espectador.

¿Con ese mayor presupuesto, sería más aburrido tu trabajo? Se dice que Monchi es muy bueno fichando cuando no tiene dinero y no tanto cuando lo tiene.

[Risas] Esto te lo desmonto rápido porque ha habido casos en los que han salido bien fichajes de mucho coste y no tan bien otros más baratos. Lo que pasa es que con las contrataciones de coste elevado el nivel de exigencia es mucho mayor. Pero yo no me aburriría con más dinero, ¡ya me gustaría disponer un presupuesto diez veces más alto! Conozco mi modelo y me adapto a lo que tengo que por suerte hoy en día no es poco. Una capacidad de inversión como la que tiene el Sevilla es un privilegio.

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Cambiando de tema. ¿Qué significa la rivalidad con el Betis para un sevillista como tú?

Respeto mucho al Betis. Esta es una ciudad que convive perfectamente con esta rivalidad que, a pesar de las diferencias clasificatorias que han podido haber, siempre ha existido. Pero yo creo que una de las mejores cosas que hemos hecho nosotros es olvidarnos objetivamente de esa pugna, no se puede olvidar del todo porque va en nuestros genes, pero cuando yo era niño el gran logro de la temporada era ganar el derbi y eso nos hacía mediocres. Creo que de lo mejor que ha hecho Del Nido como presidente es trabajar para olvidar esa rivalidad objetivamente, porque nuestra aspiración no podía ser solo vencer al Betis, tenía que ser más ambiciosa. A mí me gusta ganarles pero tenemos otras guerras mucho más grandes, como ganar títulos.

¿Y ellos sí se conforman solo con ganar al Sevilla?

Ahí no quiero entrar, deberíamos preguntárselo a un bético. Entiendo que ahora mismo, con el nivel que tiene el Sevilla a nivel mundial, ganarnos sea una motivación muy importante para ellos. Yo sé lo que yo quiero, que es lograr la mejor clasificación posible con independencia de lo que el Betis haga.

¿Pepe Mel es un perfil de entrenador que te gustaría?

A Pepe lo respeto, es un gran entrenador y tenemos buena relación. Tiene, además, un valor muy importante que es su beticismo. Pero ni lo veo ni lo dejo de ver en el Sevilla. Lo que yo qusiera es que Unai Emery estuviera muchos años con nosotros.

Cambiando otra vez de tercio, ¿sigues la actualidad social y política?

Fíjate, yo soy un político frustrado. Cuando estudié Derecho lo que realmente quería era ser político. Me gusta mucho, no estoy al margen de la realidad. De hecho, mi hijo, a parte del fútbol y de los carnavales, también ha sacado esa faceta y estudia Derecho y Ciencias Políticas. Me gusta estar al día de la actualidad, leer los programas de los partidos políticos y formar mi propia opinión.

 

“El crecimiento del Sevilla en la última década tiene muchos padres. No ha sido solo crecimiento deportivo, donde yo puedo tener influencia, sino también en el resto de parcelas”

 

¿Qué opinión te merece la situación actual?

Es una situación de toma de decisiones importantes. En España, o nos montamos en el vagón idóneo o nos quedaremos atrás. Yo demando que no nos quedemos fuera de juego. Después de la transición, España se subió al vagón correcto en Europa y ahora no puede ser distinto.

¿Ahora cuál sería ese vagón?

El vagón es el de los países importantes, donde la tasa de paro no puede ser del 25% ni el salario mínimo puede ser tan bajo, ni que veamos cada dos por tres desahucios. A pesar de mi posición económica vengo de un municipio donde el índice de paro es el más alto de Europa y tengo muchos amigos a los que la crisis les ha afectado. No soy un experto y no sé cual es la solución pero está claro que algo hay que hacer: en la vida los cambios son buenos y el continuismo no suele ser sinónimo de éxito. Hay cosas que en España no pueden seguir así.

Te implicas en cuestiones sociales. Por ejemplo, participaste como actor en una acción benéfica junto a Pepe Mel, precisamente.

Fue un pequeño cameo para una acción de una ONG. Algo muy simbólico, en el que estuvo Pepe y también otros muchos personajes conocidos. Pero sí, trato de implicarme lo máximo que puedo socialmente cuando tengo la oportunidad. Pienso que las personas más o menos conocidas tenemos un cierto altavoz que nos permite hacer mucho más.

¿Los futbolistas deberían implicarse más en estas cuestiones?

Creo que en general sí hay implicación. Por ejemplo, en campañas solidarias o en favor de causas sociales suelen participar. Lo sigo en las redes sociales, de las que soy muy asiduo, y creo que eso es digno de mención.

Has sonado para varios grandes, incluso hace algún tiempo un candidato a la presidencia del Barcelona te presentó como su gran apuesta. Aún así, renovaste hasta 2020 teniendo ya contrato hasta 2017. ¿No te vas a mover del Sevilla?

Hablé con Agustí Benedito [candidato a la presidencia del Barcelona en las últimas elecciones] y le dejé muy clara mi postura. Lo que él dijera después lo respeto, pero es cosa suya. Yo soy sevillista, cualquier sevillista querría estar en mi posición y con mi trabajo, tengo la obligación de devolver al club todo lo que me ha dado. Si estoy feliz con mi labor, con independencia y con autonomía, ¿para qué voy a cambiar? Esto depende de los valores que tenga cada uno: yo priorizo mucho más lo sentimental o lo emocional que lo material o económico. Quizá soy un rara avis en este mundo. Estoy en el lugar que me hace feliz, en el club que me lo ha dado todo a nivel personal y familiar.

Esta larga conversación con Monchi fue uno de los muchos contenidos que publicamos en el #Panenka44