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Como la mayoría de los niños, Iñigo aprovechaba los recreos en su colegio para dar patadas al balón. El patio de La Salle de Irún acogía los partidos que disputaba con sus amigos de clase. Aunque no se le daban mal sus labores como defensa, jamás imaginó dónde acabaría consolidándose. Tras dos años, decidió que su sitio estaba en la portería, algo que pasó desapercibido para las categorías inferiores del Real Unión. Ficharon a todos sus amigos salvo a él. Tenía once años y ese duro palo supuso que deseara aparcar su devoción durante unos meses. Al año siguiente recapacitó y quiso reaparecer como delantero. Fue algo fugaz, puesto que en el equipo no había ningún portero y él fue elegido para cubrir esa posición. Tan solo tres partidos necesitó para que el Real Unión viera su potencial y esta vez sí le captara para la categoría infantil.

Hasta los 15 años continúo jugando en el equipo y pasando los veranos entrenando en las academias de Liverpool y Reading. Aquellos meses le enseñaron mucho: “Los pasos por las academias fueron cosa de veranos. Si te quedas en una de ellas tienes que dejar los estudios a los 15 años porque eres tratado como un profesional. Entrenas a diario por la mañana, por lo que la mejor decisión fue volver a España para continuar mi formación. Allí era todo muy profesional. Levantarse, desayunar, entrenar, comer, clases de inglés y entrenar. La imagen se cuida mucho desde las categorías inferiores. Se hace sentir a los jugadores como si estuvieran en un primer equipo”.

Los seguidores más fieles despliegan una ikurriña en honor a su pueblo natal durante los partidos. Incluso le hablan en castellano para que se sienta uno más de los suyos

Pero esos cursos veraniegos acabaron despertando el interés de Íñigo por el fútbol inglés. Se convirtió en fan del Reading, equipo por el que aún hoy sufre en cada jornada. Aunque tuvo opciones de recalar en clubes españoles potentes, prefirió permanecer en el Real Unión; de ese modo podía compaginar su carrera como futbolista con sus estudios. Junto al fútbol, el periodismo se había convertido en otra de sus ilusiones. Tras escalar a través del juvenil nacional, el filial y entrenar con la primera plantilla, habiendo firmado su primer contrato profesional con el equipo español de Segunda División B, descubrió que el club no apostaba realmente por la cantera. Así que una vez graduado en Periodismo, puso rumbo a Inglaterra.

Durante su último año en suelo nacional, maduró su decisión de partir hacia el Reino Unido: “No me veía trabajando en otra cosa que no fuera el fútbol. Sabía que tenía las cualidades. Quería demostrar fuera del Real Unión que se habían equivocado, que podía competir en un primer equipo. Todo gracias a Unai Ezkurra, que es como un hermano mayor para mí aquí en Londres. Él me enseñó a luchar por lo que quería”.

Había llegado el momento de perseguir su sueño. Quería asemejarse a sus ídolos. La actuación de Casillas en la final de Champions contra el Leverkusen, por ejemplo, le había dejado marcado para siempre. O las actuaciones de Victor Valdés en el Camp Nou. “Me gusta ver vídeos suyos e intentar aprender. La concentración con la que juega y la tranquilidad que transmite. Es un portero seguro y eso me gusta. Ojalá pudiera ser como todos ellos”.

La dureza de los inicios

Realizó varias pruebas con clubes de la League Two como Barnet, Wycombe o el Datford de la Skrill Premier. Hasta que fichó por el AFC Hornchurch, cinco meses después de llegar a Londres. Fueron semanas duras de mucho sacrificio. Aun así, él afirma que no se trata de malos momentos sino de instantes menos buenos al no poder estar con la familia, pareja y amigos. Sin embargo, merece la pena si sirve para luchar por lo que uno anhela. Su primera experiencia en suelo londinense fue con el Balham FC, donde Íñigo se reencontró con un amigo de Jaca, donde suele veranear con su familia. A las órdenes de Unai Ezkurra se unió al grupo que entrenaba, el Youth Team de los Balham Blazers (una humilde academia al sur del Támesis) en un campo de características inferiores a las de uno de fútbol 7 de hierba artificial.

1185823_308238102648902_771060698_nA Balham FC le siguieron Dagenham & Redbridge, donde finalmente no entrenó, Wycombe Wanderers, Barnet FC, St Neots FC y Dartford FC. Aquellas pruebas le hicieron crecer como futbolista y como persona. “Todo era muy profesional. Me impactó desde el principio pensar que clubes de 4ª y 5ª división inglesa tuvieran semejantes estructuras e infraestructuras. La competencia no existía; básicamente yo era mi competencia. Era el único jugador a prueba, así que debía demostrar en cada entrenamiento mis cualidades”. Fueros esos clubes, por temas económicos o por no tener huecos en sus respectivas plantillas, los que le recomendaron al Hornchurch.

De aquellos primeros meses se queda con varias anécdotas. En una de ellos, acudió a las instalaciones de Dagenham & Redbridge a primera hora de la mañana tras un largo trayecto en tren. La suerte no estuvo de su lado puesto que el equipo no entrenaba ahí. Salvo la cocinera, no había nadie. Ella fue la que llamó al entrenador para comunicarle que un chico vasco había ido a verle. Estuvieron esperando hasta el mediodía, cuando llegó el técnico y le dedicó treinta minutos. La invitación a comer fue la única experiencia que tuvo con el D&G.

Repitió el mismo procedimiento cuando se presentó en el Wycombe. De nuevo, una hora de tren y taxi le llevaron al training ground del club. Esperó a que el entrenamiento finalizase para hablar con el entrenador de porteros, Lee Harrison, quien le recompensó con citarle para la sesión del día siguiente por su esfuerzo. Compartió entrenamiento con Jordan Archer, tercer portero del Tottenham que estaba cedido. Lee fue un gran apoyo para Echepare ya que le dio entrenamientos y consejos muy válidos.

Cuando hizo las pruebas con el Barnet FC, pudo conocer a Edgar Davids, entrenador del equipo. “Era una situación extraña ya que ese tipo lo tenía en la portada de mi FIFA 2003 y ahora estaba viviendo el día a día con él en un vestuario”. La anécdota no quedó ahí sino que le dio uno de los consejos que más tiene presente. Se produjo durante una de las sesiones. Davids le puso la mano en el hombro durante uno de los partidillos y se produjo el intercambio entre ambos:

Edgar: “Saca rápido a banda cuando recuperes el balón”..

Iñigo: “Sí, lo sé, solo que pensé que era mejor sacarla jugando”..

Edgar: “Íñigo, si lo sabes, hazlo. Nunca guardes nada. Hazlo y entonces la gente sabrá de lo que eres capaz”..

Madurar lejos de casa

Quienes le tienen cerca pueden asegurar que aquella lección de un campeón de Europa le sirvió mucho en su proceso de madurez como jugador de fútbol. En todos los clubes a los que llamaba a su puerta les demostró que, a pesar de su juventud, había superado sus miedos y había salido de su ciudad para vivir y luchar por su sueño: ser portero en Inglaterra y sentirse valorado como tal. Gracias a sus pasos pequeños pero firmes lo está consiguiendo.

En Hornchurch, ha encontrado un lugar donde va a jugar unos sesenta partidos en una temporada y donde los aficionados ya lo conocen como ‘el portero vasco’. De hecho, los seguidores más fieles despliegan una ikurriña en honor al pueblo natal de Echepare durante los partidos. Estos detalles y el saber que ojeadores de equipos como el Reading, el West Ham de otros clubes han acudido para ver las aptitudes de ese muchacho extranjero que juega en el este de Londres, le motivan cada día. No es fácil adaptarse a una nueva forma de vida, otras costumbres y a vivir a cientos de kilómetros de casa. Cada vez que debe ir a entrenar o a jugar Íñigo tiene que hacer entre dos y tres horas de viaje. Su vida es muy diferente a la que llevaba antes: “Mi día a día es bastante tranquilo. Solo entrenamos dos días a la semana más los partidos. Es algo que me costó al principio. Hay que entender que jugamos dos partidos por semana y por ello entrenamos tan poco”.

En Londres está contento y disfruta del trato que se da a clubes que no están al primer nivel. Según él, la clave está en que en el fútbol inglés se tiene más en consideración a los equipos pequeños porque el sistema tiene una estructura mucho más competente. La Federación tiene el mismo trato con todos. Y por este motivo los clubes adoptan una actitud profesional.

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“En el Barnet FC tuve a Edgar Davids como entrenador. De la portada del FIFA 2003 a verlo cada día en el vestuario. Fue increíble”

En el AFC Hornchurch atraviesan un buen momento. A sus objetivos personales se une el de conseguir el ascenso con el equipo, ya que el club descendió la pasada temporada. La afición está ilusionada con una de las mejores plantillas de su historia. Desde su llegada ha notado el aliento de la afición. Incluso se esfuerzan por hablarle en castellano para que se sienta como en casa.

Íñigo Echepare destaca en el juego aéreo, algo que en Inglaterra es un gran punto a su favor. Ha mejorado sus reflejos y su frialdad en los uno contra uno. Allí le han inculcado la importancia de ir fuerte al choque, al contar con menos protección arbitral que en otras competiciones. Ha evolucionado pero debe mejorar sus debilidades como el golpeo, la concentración o la colocación. Él asegura que trabaja duro para que su sacrificio de frutos. Lo tiene claro: “No me pongo techo. Tengo 21 años. La Premier League podría serlo pero cada escalón que ascienda aquí en el fútbol inglés, ya lo podría contar cómo sueño cumplido”.