Me hice de izquierdas leyendo y del Atleti, por mi adorado abuelo Manolo, que sale en todos mis libros. Era un hombre pacífico, bondadoso, paciente, sufridor… En cambio, le recuerdo insultando durante un partido y llevándole dos tranquilizantes en el descanso.

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La primera vez que fui al Vicente Calderón fue con mis padres, no recuerdo la edad, pero era un Atleti-Valencia y ganamos bien. Había mucho valencianista. Me dio pena haberles ganado cuando vi a un señor muy mayor llorando, delgado, con rostro anguloso y con el escudo del Valencia. Pensaba que viviría en Madrid pero me dijo que no, que venía de Valencia, ¡y para mí aquello estaba lejísimos!

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De adolescente fui abonada del Atlético y sigo yendo al estadio. Lo que pasa es que he tenido que subir muchas veces el Paseo de las Acacias después de haber perdido, con ese sentimiento tan crepuscular. Así que aunque me guste ir al Calderón, me da miedo tener que pasar por ahí, prefiero verlo en casa.

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El fútbol es como la vida, una educación sentimental. Pretender que sea algo banal sería como trivializar la vida misma. Esa idea de que el fútbol atonta a la gente y aliena a las personas en una sociedad con esta degradación me parece estúpida, hay cosas mucho peores. Pero no es algo trascendental, eso no.

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En mis libros siempre me ha gustado darle protagonismo a los personajes supervivientes: la mujer fatal, el aventurero solitario… La verdadera hazaña es sobrevivir y me gusta que sean resistentes, que no se rindan. Son virtudes que se identifican con el Atleti.

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Con la crisis en España, ahora lo principal es el bienestar de la ciudadanía para parar el golpe. Si se cree y se trabaja, como escuchamos en Neptuno, se puede. Es curioso que precisamente en los tiempos que corren, el equipo que más ha crecido haya sido el Atlético. Creo en el destino lo justo, pero como mínimo es un paralelismo inquietante. Cuando se acaba la época de las vacas gordas, los equipos que representaban eso se encuentran con otros que no pintaban nada, como el Leicester. La comunidad empieza a volver a tener sentido.

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Nuestro capital fundamental es el ‘Cholo’. Lo importante de su discurso es que es extrapolable: ”yo tengo un equipo”, no estrellas. Uno por uno pueden ser peores pero tengo un equipo, una comunidad. Y eso es lo que lo convierte en indestructible. Generosidad, solidaridad y empatía, eso es lo fundamental para salir de esta crisis.

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El Atlético tiene una condición que a los atléticos nos hace muy felices: somos el ‘convidado de piedra’. Hay mucha racanería con el Atleti porque somos el desgraciado que se ha sentado en la mesa de los ricos y les está dando la cena. En cambio, cuando dicen que el Madrid tiró de épica, no me encaja. La épica de los ricos es menos lírica.

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El Atlético tiene que ver con el romanticismo o el realismo, pero nada con las vanguardias ni el barroquismo. Ahora dicen que jugamos muy simple, antes de estrategia. Pero esa simplicidad puede tener que ver con la lírica. Como decía Tolstói, ”mejor limpio que brillante”.

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El Atlético me recuerda al Conde de Montecristo, al Capitán Ahab luchando con la ballena blanca, a Dante… Es un equipo literario porque representa valores como la resistencia, la supervivencia o la terquedad.

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Hasta que llegó el ‘Cholo’, el Atlético peleaba contra su propia historia, fue la sombra del Pupas durante años. El verbo más usado era sufrir, pero ahora sufrimos y ganamos. Era la leyenda del perdedor. Ahora nos debemos acostumbrar a ganar y no es fácil, porque todavía tenemos incredulidad.


Este artículo está extraído del #Panenka56.