Llevaba intentando fijar una fecha para la entrevista con Jorge Bolaños durante semanas, pero las complicadas agendas y el frenesí de la vida prepandémica siempre se entrometían y dificultaban nuestro encuentro. La declaración del Estado de Alarma terminó por dinamitar esos planes. En la llamada telefónica me advierte que “se te han adelantado otros medios”, pero insisto en que su historia siempre merece ser contada.

Quien conozca de cerca la multiculturalidad de los barrios madrileños de Lavapiés y Embajadores se encontrará, merodeando por sus calles y bares, con un campo asediado por dragones… y no precisamente de aquellos presentes en los relatos medievales, sino unos mucho más humanos que han devuelto al barrio su espíritu de lucha y superación. “Dragones de Lavapiés es un club social que trata de crear comunidad a través del fútbol”, nos comenta Jorge Bolaños, presidente del equipo. “Representamos al barrio en toda su extensión, en todos sus ámbitos: somos diversidad y comunidad”, añade.

Lo que comenzó en el parque Casino de la Reina entre familias que compartían juguetes terminó convirtiéndose en un equipo que buscaba representar y ser representado. “No veíamos la razón por la que la gente joven y la infancia de aquí no podían jugar con un equipo de su barrio en hierba”, relata Bolaños. En 2014, los Dragones se inscribieron en el registro de Entidades Deportivas de la Comunidad de Madrid. A pesar de que el distrito madrileño contaba con numerosos terrenos disponibles, ninguno de ellos estaba en condiciones óptimas para ser usado.

Fue así como la Fundación Atlético de Madrid decidió rescatar el ‘Espacio Embajadores’ para dotar a los Dragones de un lugar donde desarrollar sus actividades. “Nos llegó una propuesta para rehabilitar dos terrenos de uso público”, apunta Adelardo Rodríguez, jugador que más veces ha vestido la elástica colchonera en su historia y presidente de la Fundación. “Reparamos el solar para abrir una escuela social donde el fútbol se convirtiera en una herramienta integradora”, añade.

 

“Dragones de Lavapiés es un club social que trata de crear comunidad a través del fútbol. Representamos al barrio en toda su extensión, en todos sus ámbitos: somos diversidad y comunidad”

 

Junto con el Ayuntamiento de Madrid y la Fundación, la asociación vecinal Dragones de Lavapiés ha conseguido fomentar un espacio en el que 150 niños de entre seis y 15 años han podido disfrutar de una actividad deportiva semanal, además de otras muchas actividades. “Les proporcionamos parte del material y ropa deportiva necesaria”, explica Adelardo Rodríguez. “Trabajamos con ellos para fomentar valores en la educación y desarrollo integral de la persona”, concluye.

Aunque todavía no forman parte de ninguna competición federada, los Dragones participan en la Liga Municipal del Distrito del Retiro y cuentan con representación en prácticamente todas las categorías del fútbol, incluida la femenina. Asimismo, de su multiculturalidad nace su fuerza, con hasta 45 procedencias distintas en sus filas. “Lo importante es la convivencia que se consigue. La diversidad es la gran riqueza que tenemos”, puntualiza el presidente del club. “Supone una gran satisfacción poder llegar a tantos niños de distintas nacionalidades como ejemplo de integración social”, añaden desde la Fundación.

Dragones de Lavapiés ha sido, y es, un refugio para un barrio en el que no todo son alegrías. Muchas de las familias que forman parte del club se encuentran en una situación socioeconómica delicada que “ahora se ha agravado todavía más, porque sus empleos son de sueldos bajos y con condiciones laborales muy difíciles”, indica Jorge Bolaños. “Hay familias inmigrantes que han tenido mucho éxito, otras que no tanto, y españolas que están también en situaciones complicadas”, especifica. “Esperamos que pronto podamos retomar la actividad deportiva y que los niños de la escuela encuentren una vía de escape a una situación que nos preocupa”, comenta Adelardo Rodríguez.

Dragones no solo quiere fomentar la diversidad a través del deporte, sino convertirse en un motor para Lavapiés y Embajadores, ya sea apoyando a las familias necesitadas, dotando al distrito madrileño de un espacio para la diversión o ayudando a la gente joven a formarse y encontrar un empleo. Sin embargo, Jorge Bolaños y su equipo se han encontrado con un rival al que todavía no han conseguido vencer. La actual crisis de la Covid-19 supuso un parón, no solo en la actividad mundial, sino en los planes de los Dragones, que se vieron obligados a reinventarse para seguir cooperando con el vecindario.

 

Dragones no solo quiere fomentar la diversidad a través del deporte, sino convertirse en un motor para Lavapiés y Embajadores, apoyando a familias necesitadas, ofreciendo un espacio para la diversión o ayudando a la gente joven a formarse

 

“El 11 de marzo fue el último día de entrenamiento y se nos vino encima la situación de crisis económica”, explica el presidente de Dragones de Lavapiés. “Preguntamos a las familias si alguien necesitaba ayuda, porque éramos conscientes de que muchas iban a estar con pocos ingresos y así era difícil seguir alimentando a los hijos durante más de dos o tres días”, cuenta. A pesar de que el balón dejó de rodar con la declaración del Estado de Alarma, Dragones de Lavapiés no ha colgado las botas y ha continuado solidarizándose con un barrio azotado por una grave recesión.

Ante el desolador panorama en que el país se vio sumergido, Jorge y los Dragones se organizaron rápidamente y comenzaron a repartir alimentos entre las familias más necesitadas, no solo del club, sino también del distrito vecinal. “Fue muy importante que empezaran a llegar donaciones económicas rápido, ahí ya pudimos empezar a realizar compras diarias de comida para repartir en el local o para llevar a domicilio a personas enfermas o que no podían salir de casa”, señala.

La respuesta fue excepcional. Dragones empleó su local de 40 metros cuadrados para depositar alimentos con la ayuda de voluntarios y familias que forman parte de la asociación. “Estuvimos un mes, o más, volcados en eso exclusivamente, porque absorbía mucha energía y prácticamente todos los recursos que tenía el club”, relata. Sin embargo, debido al volumen necesario de ayuda en el barrio, el espacio comenzó a quedarse pequeño y Jorge Bolaños inició la búsqueda de un lugar más amplio donde se pudieran respetar, asimismo, las medidas de seguridad necesarias.

De esta iniciativa nació la Plataforma La CuBa, Lavapiés, cuidando del barrio, un proyecto formado por el Teatro del Barrio, Cuidados Madrid Centro, Dragones, Micro para el Sáhara y un equipo de voluntarios. “En muy poco tiempo se formó algo muy bueno”, relata el presidente del club. “Lavapiés se movilizó muy rápido, fue uno de los primeros barrios en el que se organizó este sistema de ayuda mutua entre vecinos. Ha sido un renacer de Lavapiés y Embajadores”, dice emocionado.

 

“Lavapiés se movilizó muy rápido, fue uno de los primeros barrios en el que se organizó este sistema de ayuda mutua entre vecinos. Ha sido un renacer de Lavapiés y Embajadores”

 

“No es nada y somos todos”, estas palabras resuenan en la web de la Plataforma La CuBa, que en la actualidad ofrece ayuda alimentaria y productos sanitarios a 700 familias, unas 120 diarias, y proporciona menús del día a 400 personas en situación de calle. El sistema de cooperación se basa en la asignación de una madrina a cada familia, una persona que estará volcada de lleno con dicha mientras que prevalezcan las necesidades de alimento. Asimismo, su Despensa Solidaria sigue llenándose a diario para cubrir todas las carencias presentes en el barrio.

En la actualidad, Dragones de Lavapiés sigue formando parte de la Plataforma La CuBa, pero se ha desvinculado del día a día del proyecto para retomar “cosas un poco más cercanas a Dragones, aunque no sean de fútbol”. Entre las iniciativas que destaca Jorge Bolaños, encontramos “una pequeña biblioteca de intercambio de libros, sobre todo juveniles e infantiles basados en fútbol” y “un club de lectura los sábados donde se comparten las impresiones de los libros de la semana”, así como tablets y ordenadores para las familias que no podían enviar las tareas desde casa y profesores para las clases online.

Sin embargo, la iniciativa que Dragones está esperando retomar lo antes posible incluye al esférico. El presidente del club está organizando la vuelta con los entrenadores y preparando campamentos estivales para el vecindario, pues cree que “va a ser necesario tener actividad todo el verano” para recuperar el tiempo perdido. Desde la Fundación añaden que hasta que “no tengamos luz verde, estamos estudiando afrontar nuevos proyectos para poner nuestro granito de arena”.

Incluso antes de la pandemia y la llegada de la considerada como ‘nueva normalidad’, Dragones se mantenía vivo gracias a la cooperación y ayuda mutua. “Toda colaboración es necesaria”, indica Jorge Bolaños. “Espero que esta crisis se note y que hayamos aprendido y reforzado el sentimiento de identidad de Dragones”, cuenta conmovido.

Cuando la normalidad vuelva a encontrar su hueco en nuestro presente, Dragones de Lavapiés seguirá demostrando que la cooperación y solidaridad son su razón de existencia. Cuando dejemos reposar en nuestra memoria la crudeza vivida estos últimos meses, Jorge y los suyos continuarán demostrando que la ayuda es siempre necesaria, incluso en los momentos en los que no parezca serlo.

 


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Fotografía: Twitter Dragones de Lavapiés (@dragoneslvpies)