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Edu Expósito: “Solo lo decimos los que lo hemos conseguido, pero nada es imposible”

Si naciste en los 90, Edu Expósito eres tú: Comunio, cromos, Tristán, Ronaldinho y Ronaldo, Adriano en el Pro, Roteiro y abuelas que preparan la merienda

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Los viernes son día de Comunio, en latín, de Biwenger, en español moderno. “Me he levantado por la mañana y he dicho ‘mierda, no estoy en positivo y no tengo jugadores a la venta’. Al final estaba en positivo y tenía jugadores a la venta, pero es eso que te despiertas y dices ‘mierda, creo que la he liado'”, ríe Edu Expósito (Cubelles, Barcelona, 1996), centrocampista del Espanyol. Juega con ocho amigos: “Hacemos dos cenas por temporada. Los cuatro últimos pagan a los cuatro primeros y el quinto se salva”. Y no se tiene a él mismo: “No me quise fichar porque ya me había tenido en temporadas anteriores y no me puntuaban muy bien. Me dije ‘va, a ver si así cambiamos un poco’ y desde que me tiene un amigo han entrado algunos goles. Me falta alguna pica más, pero no me quejo”.

Sigue coleccionando cromos. “Ya es una enfermedad, creo”, asiente en tono de broma. “Me encanta coleccionar cromos. Engancharlos, hacer el álbum. Soy de los que van a la papelería a comprarlos”, admite. “Al final es intentar no perder cosas básicas que también te dan algo de felicidad”, suspira. Feliz, añade: “Solo puedes estar en los cromos si estás en Primera. Marca la diferencia al final. Primera es lo máximo. Los cromos o el FIFA pueden parecer una tontería, pero te demuestran la diferencia. Y hace ilusión verse ahí. Dentro de poco voy a ser papá y podré enseñarle mis cromos a mi hijo. O pegarlos con él”. De vez en cuando intercambia cromos con un amigo, como hacía en el colegio: “Llegábamos todos con el paquete, con las gomas de pollo. ‘¿Tú cuál tienes?’. ‘¿Tú cuál me cambias?’. Los más difíciles, claro, eran los mejores jugadores de los equipos grandes. ‘No, este por cuatro o cinco porque vale más’. Le dábamos el valor que queríamos a cada cromo”, explica Expósito, certificando que el primer Transfermarkt eran los cromos que, de niños, estabas dispuesto a dar por cada jugador.

Recuerda los jugadores favoritos de la niñez por sus cromos. Enumera a Ronaldo, Raúl, Ronaldinho, Saviola, De la Peña, Tamudo, Riquelme. “Son cromos increíbles”, afirma con cierta nostalgia. “Diego Tristán me encantaba. En las pachangas del cole muchas veces era Tristán. Jugábamos a lo de yo soy tal e intentábamos hacer lo mismo que hacían ellos. Cada día eras un jugador diferente. Y ahora estar aquí es un sueño”, acentúa, radiante por vivir donde residían aquellos a los que admiraba. También sonríe al recordar la Brasil de Ronaldinho y Ronaldo, el Adriano del Inter en el Pro y la pelota de la Eurocopa del 2004: “La Roteiro era muy mítica. El nombre ya te daba un algo diferente, cierta magia”. “Me acuerdo muchísimo de la Eurocopa de Portugal. Creo que es mi primer gran torneo a nivel mundial. Cristiano era muy joven y recuerdo su llorera después de perder la final con Grecia. Fue criminal, tremendo. Me dije algo así como ‘joder, mira cómo llora, qué pena’“. 28 días después cumpliría ocho años.

Ha sido un apasionado del fútbol desde crío. “Siempre iba con un balón. He tenido muchas pelotas en casa y habitualmente la llevaba yo”, subraya. Prosigue: “Hay una cosa que me impactó mucho en el Dépor. El primer año hice el curso de entrenador y me tocó hacer las prácticas en el benjamín A, creo. Eran niños que ya jugaban muy bien. En uno entreno faltaron niños y le dije al míster, Pablo, ‘oye, ¿por qué no han venido? ¿Están malos?’. ‘No, es que tienen un cumpleaños’. Y me impactó mucho. ¿Estando en el Dépor tú te vas a un cumpleaños y te pierdes un entrenamiento? Me impactó muchísimo. Yo en el Cubelles no iba a cumpleaños de compañeros de clase si eran en día de entreno. O iba, pero si sabía que a las 17:30 comenzaba mi entrenamiento me iba antes porque no podía faltar. Me moría por seguir jugando”.

Expósito dando sus primeros pasos en el fútbol en la cantera del CF Cubelles.

Aprovechando el último parón internacional, volvió al campo del Cubelles para hacer el saque de honor en la inauguración del nuevo césped. Y habló con los más jóvenes del club: “Les dije que nada es imposible. Ya sé que solo lo decimos los que lo hemos conseguido, pero es una realidad. Soy el mismo chico que ellos. Igual. Alguno incluso debe ser mejor que yo en mi etapa de fútbol base. Hay que tener esa pizca de suerte y también insistencia. Porque todo parece que no va a salir nunca, pero de repente sale”. Tiene grabados los “Edu, venga, que no vas a ser nunca futbolista” de algunos profesores. “Todos los niños sueñan con llegar a Primera y cuando van creciendo se dicen ‘no, pero eso es imposible’. Pero, con insistencia, se acaban consiguiendo las cosas”, remarca Expósito, uno de los tres nacidos en Cubelles que destaca la Wikipedia. Los otros son Teresa Mañé Miravet (1865-1939), maestra, editora y escritora bajo el seudónimo de Soledad Gustavo, y Charlie Rivel (1896-1983), artista de circo de prestigio universal.

“Al final tengo toda la gente ahí, en Cubelles. Lo tengo todo ahí. Mi familia está ahí. Toda mi gente cercana está ahí. Para mí es importante no perder eso. Estoy contento de ser y salir de ahí, de lo que represento y del cariño y el apoyo de la gente”, remarca. La camiseta de su debut en Primera sigue en Cubelles, en casa de su madre. Fue el 7 de mayo de 2017, en Riazor, precisamente ante el Espanyol (1-2), con el ’30’ y con 20 años, nueve meses y cinco días. Jugó como titular, pero Pepe Mel le sustituyó en el descanso, después de los goles visitantes de Léo Baptistão y Gerard Moreno. Nada más salir, en el 47′, Florin Andone acortó distancias. “Me cambiaron en el descanso, pero no me lo tomé a mal. Me lo tomé con alegría, había debutado. Y con el convencimiento de que esto no paraba ahí, que había que seguir. Porque cuando estás cerca de la puerta del primer equipo mucha gente te dice que lo importante no es llegar, sino mantenerse. Y eso me quedó muy marcado. Yo no iba a ser el típico jugador que debuta y ya no vuelve a pisar la primera ni la segunda división. Sabía que ahí había que dar un plus”, reconoce.

Tras crecer en el Cubelles, el Vilanova, el Gavà y la Damm y antes de recalar en el Espanyol, este verano, jugó en el Deportivo de La Coruña y el Eibar, hoy en Primera RFEF y en Segunda División respectivamente. De naturaleza e historia radicalmente diferente, apunta que ojalá los dos vuelvan pronto a Primera. “El Dépor es un histórico. La historia que tiene detrás es impresionante. Y lo que se vive ahí es puro fútbol. Ahora mismo no sé si tienen 18 o 20 mil personas en Primera RFEF. Es una barbaridad que ya te dice lo que es la ciudad: cuanto peor van las cosas, más se vuelcan con su equipo, con su escudo. No lo van a dejar caer por nada en el mundo. Jugar ahí es otro nivel”. Del Eibar, reivindica que “es un club hiper humilde, con las cosas muy claras. Saben quienes son, dónde pueden llegar, y saber siempre quien eres es muy importante. Les caracteriza esa humildad y esa afición que siempre está empujando. Me acuerdo del año del descenso, que no podía entrar gente al estadio y estuvieron animándonos sin ningún reproche en todos los partidos. Eso te da mucho”. Su sonrisa se evapora: “La temporada pasada no les pudimos dar la alegría del ascenso, pero este año lo están intentando otra vez y creo que va a ser el bueno. No tengo ninguna duda de que van a estar ahí”.

El golpe sufrido con el Eibar se sumó al encajado con el Dépor en la temporada 2018-19, su último curso en Riazor: vencieron al Mallorca por 2-0 en la ida de la final del play-off de ascenso a Primera, pero en la vuelta perdieron por 3-0 en San Moix con un tanto de Abdón Prats en el 82′. “Nos lo quitaron cuando ya casi lo teníamos. Salimos del estadio y nos tiramos 20 o 30 minutos llorando con mi familia, porque sabíamos que después de ese momento de no ascender yo podía salir y lo que no quería era salir de esa forma. Pero el futbol es así y, a veces, te depara cosas que no esperas o que no quieres que sean de esa manera. Y esta vez igual: te vas a Alcorcón sabiendo que te puede valer el empate, que ellos están descendidos desde hace siete u ocho semanas y que tu vienes de ganar 2-0 al Tenerife, y te marcan en los últimos minutos y se te queda un sabor malísimo. Luego te tienes que pegar un viaje de vuelta a Eibar tremendo, con caras largas y la sensación de que no te lo crees. Luego, en el play-off, creo que hicimos una buena eliminatoria, pero los pequeños detalles marcan la diferencia. Y fue como ‘otra vez me vuelve a pasar que no lo consigo’. ‘Otra vez'”.

El centrocampista defendiendo a Messi en un Barça-Eibar de 2020.

Confiesa que este verano hablaba con su familia sobre todo esto: “Porque siempre es así, tan cruel todo. Está siendo duro el fútbol. Pero al final hay que continuar, porque van a llegar cosas buenas. También llegarán cosas malas, pero, bueno, hay que saber llevarlas todas de la mejor manera. Cuando lleguen buenas, saber llevarlas, y cuando lleguen malas, que han llegado, intentar seguir esforzándote para que las cosas salgan bien. Las malas dan fuerza para seguir buscando las buenas”.

Y el buen momento llegó el sábado 13 de agosto, con el redebut en Primera. Saltó al campo del Celta de Vigo en el 55′ y 16 minutos después, en el 71′, hizo el 2-1 para el Espanyol, el gol que abrió el camino hacia el empate final. Según dijo a pie de campo: “Este gol va para toda mi familia, para mi chica y para mi abuela, que está ahí arriba viéndome”. Ahora añade: “Era una persona muy especial. Teníamos un vínculo muy grande. Hemos pasado muchísimo tiempo juntos porque mi madre era la que trabajaba y ella me cuidaba en casa. Vivíamos en la misma casa. Y a veces cuando mi madre no me podía llevar al fútbol y tenían que venir a buscarme algún entrenador o algún compañero con sus padres, mientras esperábamos jugábamos en la puerta de casa con mi abuela, con el balón. Un día se rompió el brazo al caer contra la acera”. Sonríe al imaginarse qué debió contarle al médico. “Le dedico todos los goles. Es muy emocionante. Conecto con ella y siento que está ahí, dándome fuerzas y ayudándome”, dice.

Este curso ya lleva dos goles, ambos desde el balcón del área: uno con la derecha y otro con la izquierda. El ’20’ es el segundo máximo goleador del Espanyol, empatado con Martin Braithwaite y solo por detrás del citado Joselu (6). Ha sido titular en todas las jornadas excepto la primera y es el quinto jugador de la plantilla en minutos: con 529, solo le superan Leandro Cabrera (720, todos), Brian Oliván (707), Sergi Darder (703) y Vini Souza, su socio en la medular (685). Dice que trabaja para continuar sumando partidos en Primera (78: cuatro con el Dépor entre 2017 y 2018, 66 con el Eibar entre 2019 y 2021 y ocho con el Espanyol hasta hoy) y, sobre todo, para contribuir a que el equipo sea mejor.

“Ha sido una pretemporada atípica por lo que han contado varios compañeros: pocos jugadores de la primera plantilla y muchos jugadores que quieren entrar o salir, en medio de un nuevo ciclo porque ha habido cambios en el club, en el banquillo y en el equipo. Todo lleva un período y cuesta, pero cada vez nos vamos encontrando mejor. Hemos sufrido y hemos perdido muchos puntos por errores nuestros que tenemos que ir corrigiendo, pero veo al equipo cada vez mejor”, dice el ’20’ del Espanyol a la vez que pide templanza. “En el fútbol se pasa de no saber donde meterte porque todo es negativo a, al día siguiente, parecer que eres dios, que todo sale bien. Lo más importante es mantener un equilibrio. Cuando las cosas salen mal, no hundirte y no venirte abajo, porque el día siguiente vuelve a salir el sol. Y cuando estás arriba, continuar de la misma manera. Mantener un equilibrio es lo más importante”, asegura Expósito antes de concluir que es feliz, “muy feliz”: “Tenía muchísimas ganas de estar aquí, en Primera División y en un club muy, muy grande. Estoy donde quería estar y cuando uno está donde quiere estar siempre está feliz”.

 


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