Al fútbol se juega mejor con los años. Si no, que le pregunten a Iker Muniain. Su amigo Gerard ha decidido subirse al mismo tren, el de los vinos añejos. Tras dos años de ostracismo marcado por las lesiones, el futbolista catalán ha encontrado un carril saludable en el Udinese. En Barcelona prometía el oro y el moro, pero no gozaba de la madurez que hoy le acompaña. Ahora es padre de familia y examina, a rajatabla, los alimentos que ingiere. Lo que no ha cambiado tanto es su endiablada forma de jugar; Deulofeu, extremo de los de toda la vida, es el jugador favorito de la hinchada, un tipo que insiste e insiste en el dribling, se ponga quien se ponga delante.

En un mes cumplirás 28 años, Gerard. ¿Cómo has cambiado desde que debutaste en Primera División en 2011?

Desde mis 18 años hasta ahora he cambiado muchísimo, tanto que me parece una locura. He tenido la suerte de jugar en países distintos, en grandes clubes, formando parte de plantillas muy fuertes. También he tenido experiencias jodidas; con sólo 27 años ya he pasado por dos lesiones graves de rodilla. Me las he tenido que apañar muy a menudo, superando el dolor y las etapas cortas. Imagínate la experiencia y el aprendizaje que te da todo esto. Ahora mismo tengo la suerte de ser mucho más positivo. Afronto lo que viene con mucho optimismo y con la máxima exigencia. Diría que mi carrera se encuentra, más o menos, en la mitad de su curso. Todavía me queda mucho, quiero ir para arriba. Sé que vienen los mejores años. Se viene lo mejor porque he cambiado, porque ahora soy una persona mucho más madura.

¿Esa madurez de la que hablas se ve reflejada en el terreno de juego?

Sí, estoy seguro. Sé perfectamente que es lo que quieren mis entrenadores de mí. Sé perfectamente cómo tengo que ayudar a mis compañeros. Puede que antes no lo tuviera tan claro. El fútbol es complicado, es un proceso muy largo en el que vas pasando pantallas. Con 18 años es imposible tener todos los recursos, mentales y futbolísticos, que tienes con 27 o 28. Ahora lo veo todo más fácil y, afortunadamente, cuento con un grupo de compañeros fantástico. La experiencia te hace mejorar, te hace saber qué es lo que hay que hacer para rendir al cien por cien.

¿Han cambiado también tus hábitos fuera del campo?

Claro, ahora soy una persona completamente diferente, que cuida más la alimentación, que sabe gestionar el tiempo libre, que tiene dos hijos que atender, etc. Quiero destacar, por encima de todo, el tema de la alimentación, pues ha sido un factor determinante después de mi última lesión, hace dos años y medio. Es una locura la cantidad de cambios que he vivido desde entonces. Descanso más y mejor, soy más positivo, tengo más energía, me canso menos. Llego de entrenar y me veo con fuerzas para seguir dándolo todo con mi familia. La vida que tengo ahora me aporta mucha positividad. Los buenos hábitos son la clave de casi todo. Me los he tenido que marcar para poder llegar al nivel en el que estoy ahora. Después de dos lesiones de rodilla, uno tiene que ser un soldado, tiene que ir al milímetro con todo.

Hablabas de experiencias jodidas. ¿Te referías solo a las lesiones?

Fundamentalmente. Pero también me refería a la adaptación a los sistemas de juego después de dejar el Barça. En Barcelona, desde niño, estaba acostumbrado al 4-3-3, tenía muy clara la idea de juego. No me encontré lo mismo en el Everton, el Watford, el Udinese… He tenido que adaptarme a nuevos esquemas, y no siempre es fácil. En Barcelona estaba en la banda, bien abierto, esperando recibir la pelota, y ahora me tengo que buscar más la vida, tengo que estar pendiente de las segundas pelotas, corriendo arriba y abajo, practicando un fútbol mucho más intenso, de ida y vuelta. Sin embargo, el hecho de conocer nuevas formas de jugar al fútbol creo que me hace ser un jugador más completo y experimentado. Ahora puedo verlo de esta manera, sacando el lado positivo.

¿Cómo te va en el Udinese?

Este año me va de maravilla, me estoy sintiendo muy bien. Creo que mi rendimiento está siendo muy bueno. Los aficionados no son conscientes de lo que viven los futbolistas, especialmente cuando atraviesan lesiones y malas épocas. Sólo yo sé lo que he vivido, lo que llevo detrás mío. Hace nada estaba en casa, tumbado, sin poder andar siquiera. Es cierto que la posición del equipo tiene que mejorar, no estamos en una situación muy buena. Pero, en lo personal, no tengo nada que reprochar; poder aportar goles y asistencias al equipo, después de todo este tiempo parado, es algo que valoro mucho. El fútbol pasa muy rápido. Sales de un bache y, en un par de días, ya te están pidiendo los mejores números.

¿El objetivo del equipo es la permanencia?

Aunque me pese, así es. La permanencia es el primer objetivo. Puede que en la pretemporada no lo fuera, pero ahora sí. Creo que vamos a lograrlo. Poco a poco llevaremos al equipo donde se merece. Soy un jugador muy ambicioso, exigente, intento ayudar en todo aquello que pueda y más. El Udinese tiene que luchar por objetivos más grandes que este, así que tenemos que meter una marcha más. Si conseguimos ser más regulares, apostando por un juego más ofensivo, iremos para arriba.

¿Se ha reforzado la plantilla en este mercado invernal?

Sí, nos hemos reforzado con Pablo Marí, cedido del Arsenal, y Filip Benkovic, proveniente del Leicester. Son dos grandísimos centrales que nos aportarán muchísimo, estoy seguro. El Udinese necesita ese cobijo, un lugar donde sentirse seguro.

 

“Me veo capaz de convencer a Luis Enrique. Tengo que jugar muy bien en el Udinese. No me queda otra que convencerlo desde aquí. Estoy corriendo como un león para lograrlo”

 

¿Qué expectativas tienes en el club?

El Udinese es un gran equipo, uno de los históricos de Italia, estoy encantado de estar aquí. Aprecio mucho este club porque me ha dado la oportunidad de rehacerme tras las lesiones. Aquí he encontrado la estabilidad que necesitaba. Mi familia está feliz, lo tengo todo muy bien organizado. Sin embargo, no puedo negar que me gustaría volver a jugar en un equipo de los grandes. Tengo una exigencia muy alta y sólo pienso en ir para arriba. Sé que antes necesito pasar por esto; jugar muchos minutos, aumentar mi nivel. De momento, estoy súper focalizado en el Udinese, veremos qué pasa en el futuro.

¿Te sientes cómodo con el entrenador, Gabriele Cioffi, y tus compañeros?

Me hacen sentir muy bien, todos ellos. Tengo mucha libertad. Ya la tuve con Luca Gotti, el técnico anterior, y la sigo teniendo con Cioffi. Me permite jugar a mi manera, con libertad de movimientos. Puedo jugar de media punta, de extremo izquierdo y de segunda punta. Entre esas posiciones me muevo, intentando buscar los espacios, aportando al equipo en fase ofensiva. Mis compañeros me ven como una referencia, como un líder en el campo. Me tienen aquí para mejorar el rendimiento ofensivo, que al final es lo que le piden a cualquier atacante.

¿Cómo se vive en Udine? ¿Me recomendarías algún lugar especial?

Udine es una ciudad muy tranquila. También es cierto que ahora mis hábitos han cambiado, paso mucho más tiempo en casa, junto a mi familia. Es una ciudad con mucha historia, podría nombrarte muchos rinconcitos especiales. Estamos muy cerca de Venecia, a una hora en coche, que es lo más bonito de la región. También está cerca Eslovenia; hay unos lagos espectaculares allí. Y, bueno, qué decir de la comida. Este año nos hemos aficionado mucho a una de las pizzerías que hay en el centro. Vamos siempre después de los partidos. Estoy muy a gusto aquí, tengo la vida muy bien organizada.

¿Qué significa el Udinese para la ciudad?

Hay un sentimiento muy grande, muy profundo. Es un club histórico. Si no me equivoco, es de los que lleva más tiempo sin descender en la Serie A. En la región de Friuli, el Udinese es una referencia. Aunque ahora estamos lejos del nivel de otras épocas, especialmente la de Di Natale, Alexis y compañía, eso fue una locura, la afición está súper encima. Cuando termine del todo la pandemia, estoy seguro de que el público se va a volcar mucho más. El Dacia Arena, el estadio, es precioso. Cuando se llena, da gusto verlo.

Esta es tu segunda aventura en el calcio, después del AC Milan. ¿Cómo las compararías?

Son muy distintas. Para empezar, no tiene nada que ver el Milan con el Udinese, tienen una historia y unos objetivos muy distintos. Sí que puedo decirte que aquí, en Italia, es donde he sido más feliz jugando al fútbol. En los dos clubes he disfrutado mucho y he gozado de una vida muy equilibrada. Al final, si tienes las cosas organizadas, juegas de otra manera, con más libertad, sin presión. Nunca había preparado tan bien los partidos. La suma de todos estos factores hace que me sienta feliz en el campo. He sido una pieza muy importante tanto en el Milan como en el Udinese, donde espero seguir siéndolo. La experiencia del Milan fue corta, pero fue un espectáculo. Jugué muy bien allí, fui de los mejores. Aquí, en Udine, continuo con la misma dinámica, con la suerte de no lesionarme. Toco madera.

Tú que también has jugado en España y en Inglaterra, imagino que podrás decirme qué tiene de especial el fútbol italiano.

En los últimos cinco o seis años ha crecido muchísimo. Siempre ha tenido la etiqueta del catenaccio, del fútbol ultradefensivo, ese 3-5-2, con pocos espacios. Pero te diría que ahora esto ha cambiado; en Italia se ven muchísimos goles, fútbol alegre y jugadores de gran calidad. Creo que, a nivel fiscal, el campeonato está poniendo facilidades para que esto ocurra, para que no dejen de venir jugadores top al calcio. Es un orgullo estar en una liga como esta, en la que hay clubes que compiten muy fuerte en Europa y muchos otros que están creciendo desde abajo.

¿Es difícil, para un extremo como tú, que insiste en el uno contra uno, enfrentarse a defensas italianas?

Sí, mucho. Aunque creo que en otras ligas, como la Premier League o la Ligue 1, es todavía más difícil. La tradición nos dice que el italiano es el fútbol más físico, pero esto ha cambiado. Aunque una cosa es el físico y otra muy distinta la inteligencia; los defensores del calcio son los más listos, con diferencia. Se organizan muy bien, entienden muy bien los espacios, los movimientos de los rivales. En Inglaterra, por ejemplo, percibí más desorden defensivo en general. En Italia están más estructurados. Ganar un partido en la Serie A cada vez es más difícil, te lo tienes que currar mucho, tienes que ir al milímetro para sacar los tres puntos el fin de semana.

Como en España, cuesta ver un estadio lleno en Italia. ¿Por qué crees que ocurre?

No lo sé, pero la pasión con la que se vive el fútbol en Inglaterra no la he visto en ningún otro lugar. No digo que en Italia o en España no haya aficionados pasionales, que lo dan todo, pero lo de la Premier es otro nivel; los fans esperan como locos que llegue el fin de semana para ir al estadio.

¿Qué echas de menos del fútbol español?

Tuve dos épocas, la del Barcelona y la del Sevilla. En ambas aprendí muchísimo, fueron dos experiencias que me ayudaron a crecer, de las que puedo guardar cosas positivas. Lástima que duraron poco. Hubo algunos problemas que algún día ya contaré, ahora no es el momento. Las cosas no terminaron de la mejor manera. Es una pena, reconozco que no me queda del todo un buen recuerdo.

Imagino que, en el caso del Barcelona, influyó mucho la presión.

El Camp Nou es un escenario muy potente, cualquiera puede sentir presión allí. Fue un auténtico boom. En mi caso, sentía que tenía que rendir de inmediato. Estar allí me hacía sentir como en el cielo, la sensación era alucinante. El problema es que, con esa edad, uno no tiene la experiencia para conducir la situación, se te hacen mucho más complicadas las cosas. Todavía no has pasado por el proceso de adaptación, crecimiento, maduración, aprendizaje. Todas esas cosas se cogen más tarde. También es cierto que, en la época de Guardiola y Tito Vilanova, había mucha competencia. No lo tenía fácil. No pudieron salir las cosas como todos soñábamos, así que tuve que buscarme la vida y encontrar otros lugares donde ser feliz jugando al fútbol. Es una alegría poder estar donde estoy ahora, poder echar la vista atrás y acordarme de todo lo que he vivido.

¿Entiendes que, por la expectativa que generó tu figura en Can Barça, alguien pudiera sentir desilusión?

Si, lo puedo entender perfectamente. También influyó mucho el factor mediático; los periódicos apretaban mucho. Pero, claro, yo venía de jugar en Segunda y el paso a la élite era una locura. Para triunfar en esa transición tan corta, necesitas entender a la primera lo que quiere el entrenador de ti. Lo mismo con los compañeros. Como te decía, no tenía los recursos ni la mentalidad que tengo ahora. Fue una pena que, al final, no pudiera cumplir con las expectativas de la gente.

¿Cómo recuerdas el momento en el que Guardiola te hizo debutar?

Recuerdo el momento, pero no recuerdo lo que me dijo. Tuve muchas charlas con él, y fueron muy buenas. Es un genio, un genio de verdad, siempre lo he dicho. Haber coincidido con él, igual que con Messi, es un auténtico privilegio. La pena, como siempre digo, es no haber pasado más tiempo juntos.

 

“Cuando estuve en el primer equipo del Barça, no tenía los recursos ni la mentalidad que tengo ahora. Fue una pena que, al final, no pudiera cumplir con las expectativas de la gente”

 

Tuviste una segunda oportunidad en el Barça, en 2017, formando tridente con Messi y Suárez en más de una ocasión. ¿Te supo a poco?

Fue corto, pero fue un lujo. Fue una pena tener que marcharme en invierno. Tuve que buscar la opción del Everton porque dejé de jugar. Necesitaba minutos y en Barcelona no los tenía. Al principio empezó bien; a nivel individual, jugué bastante y, en lo colectivo, el equipo marchaba bien; primero en Liga y primero en Champions, con la Juventus en el grupo. Todo iba genial.

¿Qué te faltó para terminar de encontrar un sitio con Valverde?

Tiempo, supongo. Fueron pocos partidos, insuficientes para entenderme con mis compañeros. Si hubiera sumado más minutos junto a Messi y compañía hubiera podido rendir a un nivel mucho más alto. Aunque reconozco que pude haberlo hecho mejor en lo ofensivo, me faltó acierto. Con el potencial que tenía, ojalá hubiera tenido la experiencia que tengo ahora.

¿Cómo era jugar con Messi?

Una pasada. Jugar al lado del más grande es brutal. Durante el partido, él siempre intentaba buscar sus espacios. Guiaba a los compañeros. Me decía dónde tenía que ponerme, cuáles eran los movimientos que tenía que hacer. Fue una lástima no tener tiempo para conectarme más con él. Con Messi se necesitan partidos. Recuerdo muchos grandes jugadores, como Villa o Neymar, que necesitaron tiempo con Leo para encontrar esa conexión.

Por cierto, recuerdo que, en tus inicios, se te comparaba más con Cristiano que con Messi.

Así es. Ocurría a menudo, sobre todo por parte de la prensa. A mí, personalmente, Cristiano es un jugador que me encanta. Messi está a otro nivel, pero lo del portugués es una locura también. Lo admiro muchísimo; ya no tanto por su juego, que es un espectáculo, sino por su mentalidad; la disciplina que tiene, los hábitos, la preparación, etc. Es un ejemplo.

¿Con qué te quedas de tu paso por el Sevilla?

Es un club con mucho carisma. Es un orgullo haber estado allí. Poder jugar en el Pizjuán fue genial para mí, me lo pasé muy bien. El recuerdo más bonito de aquella etapa es la Europa League que ganamos. No jugué la final, pero sí la fase de grupos y los dieciseisavos. Aquel Sevilla tenía un plantillón. Yo todavía tenía 19 o 20 años, no era el jugador que soy ahora. Igual que en el Barça, me faltó rodaje, pasar por todos los procesos que te comentaba.

Antes del Sevilla, pasaste tu primera etapa en el Everton. ¿Cómo viviste la transición del Camp Nou, tu casa, a Goodison Park?

El Everton fue mi verdadero salto a Primera División. Me planté con 18 años en la Premier League, una liga complicadísima. La historia podría haber sido distinta, pero el destino quiso que creciera en el Everton y no en el Barça. No hay nada que reprochar. Venía de dos años muy buenos en el filial, jugando a un nivel impresionante. Después de debutar en La Liga y en la Champions, necesitaba jugar. En el Barça era complicado tener minutos, había mucha competencia. No me pensé dos veces la opción del Everton.

¿Te costó adaptarte al fútbol inglés?

Al principio sí, obviamente. Pero terminé aprendí muchísimo, fue una etapa muy buena, sobre todo la de Roberto Martínez. Poder pisar el césped de estadios increíbles como Old Trafford o Stamford Bridge, o marcar un gol contra el Arsenal, fue un auténtico lujo para mí. Lo que viví en el Everton, siendo tan joven, fue una locura, una maravilla. No tuve muchos minutos, pero, aun así, pude participar en muchísimos partidos. La segunda etapa fue mucho mejor. Hice una temporada muy buena haciendo pareja con Lukaku, le di muchas asistencias. Recuerdo que, cuando terminó, le dije que me debía un viaje a Miami [risas]. Después de aquella etapa tan buena con Roberto Martínez, llegó Koeman y no pude seguir. Hay épocas buenas y malas, la cosa se enfrió y punto, sin más. Fue entonces cuando salió la opción del Milan.

También pasaste por el Watford, donde marcaste 17 goles. ¿Fue uno de tus mejores momentos?

Puede que sí, en especial la temporada 2018-19; marqué diez goles en la Premier y dos en la FA Cup, uno de ellos en la semifinal. Aquel año jugué de segunda punta, por detrás de Troy Deeney. Conseguí adaptarme muy bien a la posición. Marqué muchos goles sencillamente porque pisaba más el área. Jugar en punta te hace crecer, buscarte la vida en el campo, estar al loro de las dos bandas. En cuanto a goles, la del Watford fue mi mejor temporada. En cuanto a asistencias, la del Everton.

Cosechaste muchos éxitos durante tu etapa pre-profesional, tanto en el Barça como en la selección. ¿Cómo recuerdas aquellos años?

Fue una etapa maravillosa. En aquel momento, yo era una de las mejores promesas del fútbol europeo. Tuve el privilegio de ganar dos europeos sub-19 y jugar una final del europeo sub-21 contra Alemania, lástima que la perdimos. Estaba muy fuerte, muy confiado. De hecho, creo que sigo teniendo el récord de partidos y goles con la sub-21. Aquello me ayudó a poder debutar con la absoluta e incluso marcar un gol contra Francia. La verdad es que mi trayecto con la selección española es muy bonito, eso siempre va a quedar ahí.

¿La selección es lo más alto a lo que aspira un futbolista?

Sin duda. La selección es lo más alto, lo máximo. Nunca he disfrutado tanto como en la época en la que iba a la selección, con Lopetegui. Había una plantilla descomunal, y el ambiente era buenísimo. Poder estar ahí, compitiendo contra otras selecciones, fue una locura. Puedo decir que jugué a un nivel muy alto en los cuatro partidos que estuve. Eso es lo que me queda, pero lucharé por más, por supuesto.

¿Te ves capaz de convencer a Luis Enrique?

Lo veo muy posible. La manera de convencerlo es jugar muy bien en el Udinese. No me queda otra que convencerlo desde aquí. Estoy corriendo como un león, aportando mucho a mi equipo en la faceta ofensiva. Todo dependerá de si sigo en esta línea o no.

¿Sigues en contacto con tus compañeros de generación?

Curiosamente, de mi generación en el Barça, la del 94, no ha llegado casi ninguno a la élite. Al final coincidí más con jugadores como Rafinha, Sergi Gómez o Iván Balliu, que son más grandes que yo. También con Ilie Sánchez, que está en la MLS, o Patric Gabarrón, de la Lazio, muy amigo mío. Muchos de estos son amigos míos, de los mejores que conservo. También tengo que nombrarte, de la selección, a Iker Muniain. Nos hicimos amigos en las categorías inferiores.

 

“Ahora mismo se juega al fútbol a un nivel de intensidad increíble. Como no te cuides físicamente, estás muerto, no llegas a los sitios que tienes que llegar en un partido”

 

¿Cómo crees que ha evolucionado, en la última década, el oficio del extremo? ¿Se os piden más cosas?

Ahora tenemos muchas más herramientas. Podemos jugar por fuera, por dentro, llegar más fácilmente a zonas de remate. Puede ser que, ahora, el campo se haga mucho más grande para nosotros. Se acabaron los extremos estáticos, los que esperan el balón abiertos en banda en el clásico 4-3-3, precisamente lo que he mamado desde pequeño. También depende mucho del sistema de juego y del estilo del entrenador. Algunos buscan los espacios interiores y otros, como Guardiola o Arteta, apuestan por dos extremos bien abiertos.

¿La parte más difícil de tu posición es la defensiva?

Puede que sí. He jugado en sistemas de juego en los que había que defender mucho menos. En la cantera del Barça, por ejemplo, hasta que no llegas al primer equipo, no lo necesitas tanto. Actualmente, en el fútbol de hoy, tienes que defender sí o sí, juegues en la posición que juegues. Si no lo haces, te pasan por encima.

Es evidente que el aspecto físico ha mejorado, pero también el técnico, ¿verdad?

No tanto como el físico. Ahora mismo se juega al fútbol a un nivel de intensidad increíble. Como no te cuides físicamente, estás muerto, no llegas a los sitios que tienes que llegar en un partido. Afortunadamente, ahora, en lo físico, me siento como un toro, en el mejor momento de mi carrera seguramente. Eso es lo que me permite ir un punto por encima del resto, que se encuentran más fatigados en ciertos minutos del partido.

¿Son los entrenadores más estudiosos ahora que hace un tiempo?

Mucho más. Ahora disponen de muchos más recursos para estudiar a los rivales. Para ser mejor que el contrario, tienes que conocerlo. Tienes que ser mejor en lo colectivo y también en lo individual, en cada duelo. Se trata de someter al rival, es algo que tenemos que probar en el Udinese; jugar un juego más atrevido, con presión alta. Creo que es la mejor manera para incomodar al adversario.

¿Dónde te gustaría retirarte, Gerard?

No lo sé, todavía es pronto para pensarlo. Hay equipos, como el Everton o el Milan, a los que les he cogido muchísimo cariño. Pero no lo sé, lo veo muy lejos, no me lo he planteado. Ahora mismo no toca decidirlo, es el momento de alargar al máximo mi buen estado de forma, alejado de las lesiones. Creo que haré una carrera muy larga, fuerte y potente. Donde sea que termine no importa en estos momentos, pero será en algún lugar que me hará feliz, de eso estoy seguro.

Por cierto, ¿cómo estás viviendo la paternidad?

Me hace muy feliz ser padre de familia. Mi hija mayor, Sara, cumplirá ya cinco años. Hace poco estaba en el equipo de fútbol extraescolar, pero lo dejó. Los niños son muy cambiantes; un día es fútbol, otro ballet, otro flamenco [risas]. Y Chris, el pequeño, ya da alguna patadita a la pelota. Me encanta llevarlos al campo. Y luego, en casa, siempre tengo fútbol puesto; en el iPad o en la tele. Que se dediquen a lo que quieran, pero está claro que, en casa, su padre siempre les dará fútbol.


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Fotografía de Imago.