No las llames chicas, llámalas futbolistas es el último título que aparece en el estante de la habitación reservado para los libros. Algo más de 170 páginas de las que se desprenden vivencias personales, historia del fútbol femenino en nuestro país, la etapa más oscura de la selección nacional, el convenio laboral… Y, para cada uno de los temas, testimonios que otorgan personalidad y fluidez a la lectura. Declaraciones que engrasan y unen los diferentes capítulos que componen la obra. Sin embargo, no es el clásico libro enciclopédico. No se trata de una tediosa lectura de historia. Si algo tienen estas páginas es que están cargadas de crítica. Pocos se salvan. Como si de una ruda central se tratase, la autora sesga a la federación española y a los diferentes ámbitos que la rodean. No se casa con nadie. No cae en paternalismos ni en ‘pobrecitas’.

Se podrá estar o no de acuerdo con las críticas, pero el libro cumple con uno de los requisitos: hace reflexionar. No solo eso. Obliga a hacerlo. El camino del fútbol femenino de un tiempo a esta parte no ha sido, ni de largo, el que ha merecido. Infravalorado; ignorado por algunos. Sufrido; resiliente para otras. A la historia hay que mirarla a los ojos para más tarde, otear el horizonte y saber qué errores no se deben cometer. El fútbol femenino está en un momento de cambio. Estamos en el ecuador de un punto de inflexión. ¿A dónde lo queremos llevar? Igual hay que empezar por respetarlas. Por no llamarlas chicas. Por reconocerlas como futbolistas. Pero todo esto nos lo explica, en las siguientes líneas, Danae Boronat (Tarragona, 1985), periodista, escritora y autora de este libro.

No las llames chicas, llámalas futbolistas. ¿Por qué ese título?

Es un título que alude a la profesión periodística. También a los aficionados, claro. Pero sobre todo a las protagonistas del fútbol y a cómo las presentamos. Creo que el lenguaje es muy importante y dice muchas cosas. Desde hace un tiempo que me voy fijando más y creo que, en general, se hace mal. Hay mucha condescendencia y paternalismo en el trato que reciben ellas. Eso les hace mucho daño… Hace que el oyente o el lector no las perciba del mismo modo que a ellos. Y por supuesto que no es grave llamarlas chicas, no es un pecado… Pero sí que hay que ser consciente de ello. Es verdad que hay muchas que, por edad, todavía son chicas. Pero hay muchas más que ya no lo son. A los 30 años ya no eres una chica.

Fíjate que en el caso de los futbolistas, la mayoría de las veces decimos: ‘los hombres de Zidane’ o ‘los hombres de Simeone’. Como mucho nos referimos a ellos como chicos si son los del filial. Y al contrario, ellas siempre son las chicas. Da igual la edad, la experiencia, los años que lleven en este deporte… Lo que quiere el título es hacer hincapié en lo importante que es el mensaje. Pero en el caso del femenino, muchas veces se abusa de la cercanía, es decir, llamarlas por el nombre de pila. ‘Vamos a hablar de Garbiñe’, por ejemplo. En cambio, con los hombres, no pasa. Se trata de respeto y de presentar al protagonista como se merece.

Me ha llamado la atención lo de la cercanía y llamarlas por el nombre de pila. ¿Es un tema de tomarse demasiadas licencias o de que son las primeras futbolistas que reciben reconocimiento?

Aquí lo importante es que las llamemos como ellas quieran. Por ejemplo, en el caso de Mariona (Caldentey, atacante del FC Barcelona). Si ella dice que quiere llevar en la camiseta Mariona y quiere que la llamen así, pues nada que decir. Pero si Alexia Putellas quiere que la llamen Putellas, pues no hay que tomarse la licencia de tutearlas. Hay que llamar a las futbolistas por el nombre que ellas hayan pedido.

También has comentado al empezar que hay que evitar el tema del paternalismo con las futbolistas y con todo lo que las rodea. En tu libro no salvas a las árbitras y se reconoce que hay un problema con el arbitraje.

Bueno, es que las futbolistas sufren el hecho de que esas árbitras no tengan ni la experiencia ni los conocimientos suficientes. Que la federación decidiese que todas tenían que ser mujeres y que daba igual si llevaban uno o cinco años arbitrando, cuando estás hablando de la máxima categoría del fútbol de élite, es un error. Eso no es igualdad. Eso es un trato injusto. ¡Lo que necesita la Primera Iberdrola es a los mejores árbitros! Como pasa en la Liga Santander. Porque si no, no las tratamos como se merecen. Y es que, a pesar de que en el libro lo abordo ligeramente, todas las futbolistas están de acuerdo. No dudan en esto.

No es discriminación decir que las árbitras no tienen el nivel, porque no lo tienen. Las mejores llevan solo tres o cuatro años al máximo nivel y no es adecuado. ¿Por qué tienen que ser mujeres las que arbitren a mujeres? ¿Qué sentido tiene? Si lo que quieren las futbolistas es que sean buenas; que tomen decisiones de forma rápida y correcta. Y es un tema del que no se habla y perjudica al fútbol femenino. Por eso critico a la federación. Porque muchos de los gestos que hacen son de postureo. De quedar bien. De cara a la galería. No piensan en lo que ello supone. Y más grave: no escuchan a las futbolistas. Es que ellas no quieren llegar a lo más alto por un tema de cuotas. Quieren llegar porque tienen el nivel y están preparadas para ello.

¿Y qué piensas del VAR? ¿Es la solución?

El VAR se tiene que instalar por un tema de igualdad. Si la máxima división masculina dispone de VAR, la femenina también debería tenerlo.

En los primeros capítulos del libro hablas de la historia del fútbol femenino en este país. De la precariedad y la ignorancia en la que viven. Pero cuando les empiezan a hacer caso, lo que se encuentran en la federación es a Villar, Vicente Temprado e Ignacio Quereda. ¿Cuánto te costó escribirlo?

Pues en realidad es el que cuesta menos. Me llevó tiempo recabar y ordenar los testimonios, pero escribirlo fue muy sencillo. Es tan claro y tan duro todo lo que te cuentan, que tú simplemente tienes que plasmar lo que te han dicho con el mayor respeto posible. He intentado ni exagerar ni blanquear ni agravar lo que ha pasado. Sus testimonios son tan elocuentes… Además que son de diferentes épocas y eso sirve mucho para entender y situarse en lo que pasó. Algo que no fue de peor a mejor o de mejor a peor, sino que fue desde el principio.

El trato vejatorio que recibieron las futbolistas de formas tan distintas solo tuve que ordenarlo. La gravedad de los hechos hablaba por sí misma. Lo duro fue escuchar los testimonios de ellas. Intentar entender por qué se permitió eso desde la federación. Al final, se entiende perfectamente que fue por culpa del miedo y, cuando tienes miedo, una o uno no se atreve a levantar la voz. Fue duro escucharlas a ellas por haber vivido una situación tan desagradable durante tanto tiempo.

La sensación, además del miedo, es que tenían tan poco, que ese ‘poco’ no lo querían perder.

Claro. Al final, yo creo que el sueño de cualquier deportista es representar a su país en la selección nacional y vestir la camiseta de su país. Ellas se sentían muy agradecidas por la oportunidad y eso pasaba por encima del malestar… Ellas decían que desde pequeñas les habían hecho sentir que no valían nada y su esfuerzo tampoco. Que su talento o deseo de ser jugadora no le importaba a nadie. Cuando tú te sientes tan pequeñita y te han hecho sentir tan poca cosa, crees que no tienes derecho a reclamar un mejor trato ni unas mejores condiciones. Es así de triste y de sencillo. Y, desde nuestra perspectiva y pensamiento que tenemos ahora, cuesta entenderlo. Hay que imaginarse la época en la que estaban y la situación que había entonces.

 

“Es inconcebible que se elija para la selección absoluta masculina a un entrenador que no tenga experiencia y no haya entrenado al máximo nivel. Además, deberá tener un currículum contrastado. Entonces, ¿por qué en el caso de ellas, sí sirve? ¿Por qué?”

 

Te llega toda esta historia. ¿Cómo tratas la información para evitar caer en la opinión personal?

Intentando, un poco, empatizar con la época. Hablando con periodistas de la época. Por ejemplo, esto sale en el libro y lo puedo contar. Hablé con David Menayo [periodista en Marca]. Él lleva muchos años haciendo fútbol femenino y en su libro presenta a Quereda como el ‘Ferguson español’. Yo hablé con él y le pregunté por la comparación entre ambos solo por la longevidad en el cargo sin reparar en los detalles. Él me dijo que en ese momento nadie cuestionaba ese tipo de actuaciones. Pero es que en ningún ámbito. Ni en fútbol, ni en empresas, ni en gobiernos.

Lo que creo es que la conciencia de las mujeres ha cambiado mucho en los últimos años y ahora hay actitudes y situaciones que ya no consentimos ni toleramos. Pero claro, no podemos analizar hechos anteriores teniendo en cuenta el contexto actual. Busqué lo que se dijo en el momento en que publican la famosa carta después del Mundial de Canadá [en 2015] y te das cuenta de que nadie rascó ni hurgó en qué le pasaba a esas jugadoras. ¡Al contrario! ¡Que sale Del Bosque y dice que esas no son formas! Incluso María Pry dice que igual no fueron las mejores formas. Es que en aquel momento igual no había otra forma.

¿Igual fue por desconocimiento a lo que pasaba?

Ya. Claro. Pero tu obligación si estás dentro de ese mundo es conocerla. Para mí, la obligación de Del Bosque no es ser corporativista y defender a tu homólogo en la femenina. Tu obligación es escuchar a las jugadoras y comprobar si hay algo de cierto y no colarte. Tú puedes defender a tu colega, pero no si eso va en detrimento de esas jugadoras. Por parte de algunos sí que había desconocimiento. Pero para la gran mayoría, lo que había era connivencia y mirar hacia otro lado. Es lo cómodo y fácil. A nadie le interesaban sus resultados deportivos. Pasaron dieciséis años sin llegar a una Eurocopa y Mundial y no pasaba nada.

Por ejemplo, en el caso de Anna Tarrés en la natación sincronizada. Al final salió cómo de mal trataba a sus nadadoras. ¡Pero claro! Ganaba medallas en cada Olimpiada y Mundial. Ahí entiendo que la federación de natación lo justificara porque ganaban. Que no justifico lo de Tarrés, ¿eh? Lo que está mal, está mal. Pero puedo llegar a entender el por qué se permitió. Pero en este caso, ni resultados deportivos y un trato denunciable y delictivo.

¿Intentaste, en algún momento, ponerte en contacto con Ignacio Quereda o Vicente Temprado?

No. No. Y tuve dudas, ¿eh? Intenté localizar su teléfono, de primeras no lo conseguí y acabé descartando la idea. Quizás me equivoqué, no lo sé. Pero pensé: ‘¿qué va a decir?’. Se defenderá, evidentemente. Pero tenía unos hechos contrastados y dudaba de que lo que pudiese decir aportase algo de valor. Además, a veces pienso que es peligroso darle la palabra de réplica en esta situación a él. Puede tergiversar o intentar ensuciar algo que está muy claro. Si solo hubiese un par de casos… ¡Pero es que había muchos!

Y todo esto, no va en contra de él. ¡Vamos! Es que yo no quería que un hombre fuese protagonista de este libro y en parte lo ha sido porque se destapa esto. Al final, resulta que acabamos hablando más del maltrato de un hombre. Pero creo que, en este caso, es por una buena causa. Es algo que debía denunciarse para que la gente sepa de dónde vienen estas jugadoras y que nunca más se consientan este tipo de actuaciones.

Finalmente se va Quereda y llega Jorge Vilda. Tampoco lo salvas. No sale bien parado en lo poco que sale.

Yo ni conozco ni he tratado a Jorge Vilda. Lo que explico es la que creo que es la realidad. Hablo con él y con las jugadoras y explico cómo se gestó su nombramiento. Expongo la diferencia de criterio que hay a la hora de escoger para el puesto de entrenador a un hombre y a una mujer. Porque es inconcebible que se elija para la selección absoluta masculina a un entrenador que no tenga experiencia y no haya entrenado al máximo nivel. Además, deberá tener un currículum contrastado. Entonces, ¿por qué, en el caso de ellas, sí sirve? ¿Por qué? Pues porque lo escogen aquellos que permitieron aquella situación durante 27 años. Para mí, por eso, Jorge Vilda no está libre de dudas. Él estaba en las inferiores y sabía cómo actuaba Quereda. Puedes decir: ‘bueno, desde dentro es difícil luchar contra eso’. Pues seguramente, pero a donde voy es a lo que explico en el libro. A él lo escogen los mismos tiranos que permitieron esa situación.

Jorge Vilda deja fuera a futbolistas como Vero Boquete, Sonia Bermúdez o Natalia Pablos. Ellas fueron las principales impulsoras de la carta a Quereda. Se excusan en cuestiones deportivas aunque tú, en el libro, lo pones en duda. ¿Crees que es una decisión de Vilda o viene de arriba?

Me da igual. Es que él me dice que es una decisión deportiva, cosa que no cuela. Entonces me da igual si se lo impusieron o no. Primero, si se lo impusieron, él lo aceptó. Y segundo, si es decisión suya, entonces es muy grave porque esas jugadoras, deportivamente, eran de las mejores. Y esa también es una situación de la que se habló poco. Pero es normal, porque no se hablaba de fútbol femenino. Es que imagínate que hubiese pasado si hubiese sido en el masculino. ¡Provocan una guerra civil! ¡La que se lio cuando Aragonés no se llevó a Raúl!

Después de todo esto, ¿qué credibilidad tiene que la misma federación que ocultó todo esto siga gestionando el fútbol femenino en este país?

Claro. Ellos se excusan diciendo que son otra gente y que lo que pasó forma parte del pasado. En cierto modo, y por suerte, es así. A ver, que Villar acabó en la cárcel. Que eso no se puede olvidar. Era un hombre sin escrúpulos. ¡Y los de ahora tienen más escrúpulos, sí! Pero hasta hace dos años no tenían una estrategia marcada en cuanto a fútbol femenino. Para mí no tiene ningún sentido que lo gestione porque para mí no se lo creen de forma firme.

Deberían ser los propios clubes los que gestionen, con la profesionalización de la liga el curso que viene , aunque veremos si se da, y la federación debería perder peso. Se debería formar un ente como La Liga. Que sean los clubes los que decidan sobre sus derechos de imagen y otros temas. ¡Pero la federación no quiere soltar! Es como que no se lo creen, pero ven que puede haber negocio. Entonces, ni apuesto ni dejo que otros lo desarrollen. Oye, o vas en serio y te lo crees de verdad o deja que ellos se busquen la vida.

¿Igual es que no se creen el fútbol femenino?

No lo suficiente. Y dentro de la federación sí que hay gente que se lo cree. Por ejemplo, ahora ha entrado María Tato, del Athletic Club e hizo un gran trabajo allí con el femenino. Probablemente ya haya gente que apueste firmemente. Pero la primera apuesta es la inversión económica. ¡Buscar patrocinadores! Es que no me entra en la cabeza que no haya más empresas interesadas en promocionar el fútbol femenino, que tiene un potencial tan grande como evidente. Las empresas de marketing lo ven clarísimo. Entonces, desde la federación se debe dar una serie de pasos para vender el producto. Te dicen: ‘es que no vende’. ¿Tú has intentado venderlo bien? Pienso que no se ha intentado vender y, si se ha intentado se ha hecho mal.

El fútbol femenino necesita esa inversión. Que lo puedas ver por la tele sin las complicaciones que hay ahora. Mira el masculino, es tan fácil consumirlo. En cambio, al femenino hay que alimentarlo. Hay que invertir en él como se invirtió en el masculino 40 años atrás. Toda novedad necesita una inversión y el femenino es nuevo en España.

Vamos al libro otra vez porque tratas un tema tabú como son los ciclos hormonales y la menstruación en las futbolistas.

Bueno, esto lo sacó la selección de Estados Unidos en el Mundial de 2019. Se da a conocer ese sistema de control a través de una aplicación para controlarlo. Por ejemplo, Natàlia Arroyo [actual entrenadora de la Real Sociedad y periodista] sacó un artículo genial a través del Diari Ara. Este es un tema súper importante aunque lo traté de forma poco profunda, es verdad. Pero es que escribir sobre este tema daría para un libro. ¿Cómo una de las principales diferencias físicas puede afectar a la mujer en la práctica deportiva? Y como dice Eva Ferrer, doctora del Barça, también en un deporte colectivo.

Porque en un deporte individual, los entrenadores controlan los ciclos de sus entrenadas y se adaptan. Pero a nivel colectivo, esto se complica todavía más. Cuando la médico del Barça te reconoce que no hace mucho que están trabajando en esto, quizás un par de años, pues te dice mucho. Sobre todo, de lo lejos que estamos de que la mujer pueda desarrollar al máximo su talento también en el fútbol, porque, evidentemente, el ciclo menstrual te va a influir y afectar.

También sacas el tema del convenio. Muchos frentes abiertos. Muchos organismos con sus intereses. Pero también mencionas a los clubes modestos. Aquellos que no pueden hacer frente a grandes pagos. Sin desvelar nada del libro, ¿cuál es tu opinión sobre el tema?

Es un tema muy complicado. El convenio es de mínimos y ellas lo aceptan porque vienen de la nada más absoluta y se conformaron con este. Pero ya deberían estar negociando uno mejor. Es que este ya está caducado. Deberían volver a negociar el convenio y exigir, por ejemplo, el 100% de cotización que no han conseguido. Por otro lado, también entiendo la realidad de esos clubes pequeños que dicen que no pueden pagar más. Entonces ahora hay un primer convenio pero esto no puede quedar así. Y los clubes más modestos deben buscarse la vida para intentar dar unas condiciones dignas a sus futbolistas.

Y puede saber mal, porque son los clubes más pequeños los que en muchas ocasiones han apostado más por el fútbol femenino y desde hace más tiempo. Pero claro, si queremos avanzar, no lo podemos hacer al ritmo de esos pequeños. Si en el siguiente convenio se exige un salario más adecuado y no esos mil euros que hay ahora y esos clubes no pueden subirse a ese barco, pues tendrán que bajarse.

También tratas la llegada del Real Madrid. Se vendió que con su desembarco en el fútbol femenino iba a despegar. Y no. Hay decepción, incluso.

Para mí lo ha sido. Y eso que ahora ya empiezan a dar entrevistas a medios. Pero no han entendido nada. La llegada del Madrid me ha demostrado que no se lo creen. No sé por qué motivación han hecho el equipo femenino. De hecho, intenté que ellos hablasen en el libro y no quisieron. Si ellos no han entendido que lo que necesita el fútbol femenino, por mucho que te llames Real Madrid, es promoción y dar a conocer la historia de sus jugadoras…

Es que, por ejemplo, el primer gol de la historia del equipo femenino que se marca en Valencia no lo vio nadie. Lo verían a posteriori o ni eso. Pero te digo algo que nadie se plantea: ¿por qué no puede jugar el femenino en el Di Stefano? ¡Que es un campo de entrenamiento, como dijo Jurgen Klopp! Es que no hablamos del Bernabéu. ¡Que hablamos del Di Stefano! Y no. Ellas juegan en el campo siete o en el once de la Ciudad Deportiva. Entonces te preguntas cómo puede ser que nadie se dé cuenta de eso.

Y ya, última pregunta. ¿Qué pasos debe seguir el fútbol femenino de forma inmediata?

Es que hay tantas cosas. La primera es la visibilidad. Lo que hay que conseguir ya es que se puedan ver todos los partidos. Eso no requiere de nada del otro mundo. Es voluntad de los que controlan esto. Y que haya, también, programas de televisión. Con ello vendrá el interés de marcas, patrocinadores, etc. Eso hará que los clubes tengan más ingresos, puedan pagar mejores salarios. Es una rueda. Crecerá el nivel, se atraerá a más público. Pero el impulso definitivo lo tienen que dar los medios y la televisión.

 


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Fotografías cedidas por Danae Boronat (Mediocrestudio)