Este texto está extraído del #Panenka116, nuestro especial sobre el Deportivo, que puedes conseguir aquí


 

Aquella lambretta no iba a ninguna parte. La pelota cruzó las cabezas y la imaginación de todos, bajó de golpe y la recogió Víctor, que disparó con un rival encima. Pero nada. Y aun así… La jugada siguió, y unos segundos después Makaay marcó el primero. Y, mira, yo creo que fue porque los defensas todavía estaban aturdidos de lo que acaban de ver un par de acciones antes. Y eso que al tipo ya lo conocían bien. No era un novato, precisamente. Aunque sí que jugaba como tal. De hecho, creo que conectaba con todos nosotros porque, al fin y al cabo, también éramos un montón de principiantes que no sabían dónde se habían metido, ¿no? Pero, vaya, que sabía cómo confundir a los contrincantes, aunque su primera norma era sorprender a su gente. Y él la seguía a rajatabla. Probablemente era la única regla que comprendía, la de la sorpresa obligatoria. Y hasta diría que en esas tardes de gloria, que nos parece que fueron muchas más de las que en realidad fueron, el primer sorprendido era él, asombrado de que su cerebro de artista hiciera clic. ¿Pero te acuerdas de aquella noche en Riazor? El Deportivo destrozó a todo un Madrid con cinco goles, y Djalminha se salió. Al final iba a resultar que el año 2000 sí que era el futuro. Para el Dépor, por lo menos, sin duda lo era, y me temo que lo sigue siendo. El 2000 en A Coruña, sí. Futurista. No veías monopatines voladores, pero estaba Djalma. Fíjate que le metieron cinco al Madrid y seguimos hablando de una lambretta que no iba a ninguna parte.

¿Te pones a hablar de Djalminha cuando tienes a Bebeto, a Mauro Silva, a Valerón o a Fran para elegir?, me preguntas. Cierto, la lambretta no iba a ninguna parte. Y aquel Panenka en Highbury ya no serviría para nada. Y aquella asistencia de rabona al ‘Turu’ se fue al traste. Por no hablar de aquel cabezazo que… En fin. Pero la memoria es selectiva, caprichosa, y hoy siento que en el 2000, gracias a Djalma, todo era posible. En la vida, me refiero. Porque, vamos a ver: era mucho más fácil estar convencido de que el Dépor iba a ser campeón de Europa si antes ya creías en los extraterrestres.

 


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Fotografía de Imago.