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¿Qué es ser feliz? La felicidad es un concepto muy abstracto que nadie sabría definir a la perfección. Antes de conocer a Rubén tenía una concepción diferente sobre el asunto, pero tras charlar un rato con él supe que llevaba tiempo equivocado. Yo, del mismo modo que mucha otra gente, creía que lo sabía, pero vivimos en un mundo en el que todos creemos tener siempre la razón, llegando incluso a enfadarnos entre nosotros por querer demostrarlo. Mientras tanto, a él no le hace falta tenerla. Quizá ahí está la diferencia.

Rubén Almazán tiene 35 años y síndrome de Down. Desde hace cuatro años presume de ser el capitán del Nàstic Genuine, un equipo de fútbol formado por personas con discapacidad intelectual, y no piensa demasiado en la felicidad, simplemente la practica. Para conocerle mejor retrocedemos en el tiempo, al origen del proyecto que le cambió la vida.

El 13 de febrero de 2016 el primer equipo del Nàstic ganó por 1-0 al Elche en un encuentro de la segunda división española. En la grada contigua a la tribuna, como de costumbre, se encontraban Rubén y su amigo de toda la vida, Álvaro Cano, celebrando la victoria. Aquella victoria no fue la mayor alegría que recibieron durante el día, y es que el presidente de la entidad, Josep Maria Andreu, quien los conocía de hacía tiempo por ser acérrimos aficionados, les propuso ser los capitanes de un equipo para personas con discapacidad intelectual. Aquella iniciativa, ideada por la psicóloga y exdirectiva Conxita Esteve, fue el principio de una bonita aventura para Rubén y Álvaro.

Ambos aceptaron enseguida la propuesta y, tras aquel ‘sí’, la institución organizó un entreno para todo aquel que quisiera formar parte del equipo. “El primer día se presentaron 50 chicos y chicas”, explica todavía con asombro la hermana de Rubén, Marina Almazán. Tras el éxito de la jornada, el club decidió llevar el proyecto a la sede de La Liga para hacerlo extensible a escala estatal y que otros clubes siguieran el mismo camino. El presidente del organismo, Javier Tebas, aceptó rápidamente y así nació, bajo el lema ‘Compartir antes que competir’, La Liga Genuine, una de las mayores pasiones de Rubén.

“Allí no hay rivales”, afirma su padre, Pedro Almazán, sobre la competición. Junto a su familia ha recorrido durante cuatro años muchos quilómetros para ver jugar a su hijo en diferentes ciudades de España, como Córdoba o Valencia, o incluso en Italia. Admite haberse emocionado en algún momento y recuerda un partido en el que el Nàstic ganaba de goleada al Córdoba, un equipo recién confeccionado en aquel momento. Frente al apabullante resultado, los ‘granas’ decidieron dejarse marcar un gol para poder festejarlo todos los jugadores juntos. “A mí no me gustaba perder ni en el entrenamiento, pero esta liga me ha enseñado que no hace falta ganar para pasárselo bien”, concreta Pedro.

El campeonato, que se divide en cuatro fases, no solo tiene en cuenta el resultado de los partidos, sino que también puntúa la deportividad de los equipos. En la actualidad, ya son 36 los clubes participantes, “gracias a Rubén y a Álvaro hay miles de chavales jugando y disfrutando”, señala Pedro. Por su parte, Marina confiesa haber utilizado gafas de sol en alguna ocasión, pero no precisamente para cubrirse de los molestos rayos de sol: “Cuando acaba el partido y ves que se acercan a la grada a celebrar y a darte las gracias… Solo de verlo te emocionas”.

Además del Nàstic Genuine, la familia ha sido siempre uno de los pilares fundamentales en la vida de Rubén: “Siempre han luchado para ayudarme a llegar donde he llegado”. También se acuerda de la psicopedagoga que le enseñó a leer y escribir, Natalie Hernández, y de Álvaro, con quien pasa mucha parte de su tiempo, saliendo a correr por Tarragona o yendo al cine. “Lo más bonito en esta vida es tener amigos”.

 

“A mí no me gustaba perder ni en el entrenamiento, pero esta liga me ha enseñado que no hace falta ganar para pasárselo bien”

 

Tras 15 años trabajando en Port Aventura, y ya como capitán del equipo Genuine, el Nàstic le ofreció la oportunidad de ejercer de administrativo y guía del museo. No necesitó demasiado tiempo para aceptar la oferta que le llevó al punto en el que se encuentra ahora. “Al llegar a casa después del trabajo se le ve feliz”, cuenta Marina, quien se pregunta si los demás podemos decir lo mismo. “Él ha luchado muchísimo para conseguir lo que tiene. Es su vida, lo es todo para él”, sentencia.

Amante del saxofón y de los flamenquines de su abuela, a la que dedica todos los goles señalando el cielo, Rubén superó un tumor benigno hace un par de años. “Fue un momento muy duro para todos porque en casa se respiraba incertidumbre”, afirma Marina. Por suerte, todo salió bien y Rubén, con el espíritu combativo que le caracteriza, pudo seguir sonriendo sobre el terreno de juego junto a sus compañeros, quienes bromean llamándole “pesado”

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porque siempre está encima de ellos, preocupándose porque estén bien. “Es una buena persona, está siempre apoyándonos”, explica el portero del equipo, Marcos del Rey. Por la parte que le corresponde, Álvaro expresa que para él “es más que un hermano”.

Sin necesidad de esconderse, Rubén luce con orgullo el brazalete de capitán del Nàstic. “A veces le ponemos filtros a las emociones, pero él se muestra en todo momento tal y como es”, puntualiza Marina sobre su hermano, un apasionado del fútbol y, sobre todo, del club de su ciudad. Rubén define la felicidad con acciones cuando muchos no sabemos hacerlo ni con las palabras, pero como él mismo dice, “la sociedad está llena de discapacidades”.