Daniel Carvajal (Leganés, 1992) fichó por el Real Madrid a los diez años, en edad de alevines, y quemó todas las etapas posibles antes de subir al primer equipo. Pero ese último escalón se resistió un poco, concretamente un año, el que pasó cedido en el Bayer Leverkusen. Desde entonces, nadie ha sido capaz de toserle su puesto de titular en el conjunto merengue y en la selección española. Precisamente ahora, en la Roja, parece que corren buenos tiempos para los canteranos blancos: Marcos Alonso, Rodrigo, Llorente, Morata, Nacho… Y Carvajal. Cuatro años después de su debut internacional, recuperamos la entrevista que le hicimos en el #Panenka42, en la que nos habló de sus inicios.


¿Qué recuerdas de aquel día de 2004 en el que pusiste, junto a Di Stéfano, la primera piedra de la ciudad deportiva de Valdebebas? ¿Por qué te escogieron a ti?

No lo sé, pero llegué ese día, éramos tres capitanes de cada categoría, y me dijeron que tenía que meter una camiseta en representación de la cantera. Estaba súper nervioso.

La imagen es ahora todavía más simbólica, porque eres unos de los pocos canteranos de este este siglo que se ha sentido titular indiscutible en el primer equipo.

Es verdad que para un canterano es difícil llegar a la primera plantilla, y ser titular está carísimo. Aquí estás con los mejores del mundo y es bastante complicado no solo llegar a ser titular, sino mantenerse. Le doy mucho mérito a todo el trabajo que he hecho durante mi vida, y seguiré aprovechando todas las oportunidades para seguir siendo titular.

¿Te sientes una especie en extinción?

Es complicado, porque en el Real Madrid la exigencia es máxima. Es más difícil que en otro club, sin duda.

Tú ya sabes lo que es tener que marcharte para progresar.

Sí, y fue una experiencia muy satisfactoria, inolvidable. No fue fácil dar ese paso tan importante en mi carrera, y estoy muy contento de haberlo hecho. Siempre le agradeceré al Bayer Leverkusen esa oportunidad que me dio de dar un salto desde la 2ªB hasta jugar en Europa. Para mí era algo impensable, y me ayudó mucho para estar ahora aquí.

Y suponía irse a Leverkusen, que no es una ciudad como Londres o París.

No fue una decisión fácil, y la estuve sopesando durante mucho tiempo. Pero era quedarme en el Castilla y rezar para tener una oportunidad en el primer equipo o dar ese salto a la élite y forjarme como jugador. En la vida a veces hay que arriesgar, y creo que salió bastante bien.

Salvando las distancias, fuiste otro joven español obligado a emigrar a Alemania.

Sí, tenía 20 añitos e iba allí sin nada, fui otro joven emigrante.

 

«Siempre le agradeceré al Bayer Leverkusen esa oportunidad que me dio de dar un salto desde la 2ªB hasta jugar en Europa. Para mí era algo impensable»

 

¿Tuviste la oportunidad de conocer allí la realidad de otros españoles que fueron a buscar un futuro laboral?

Tuve bastante suerte porque un compañero con el que coincidí en el Castilla, Juanan, que es central, jugaba en el Fortuna Düsseldorf, y yo vivía en Düsseldorf, ya que Leverkusen es muy chiquitito. Él ya había estado un año allí, conocía el lugar y tenía amigos. También coincidió que ese año marchó Mínguez a Alemania, estaba en Mönchengladbach, prácticamente al lado. Hicimos un grupo de amigos, y sobre todo de españoles.

El vestuario de un equipo como el Real Madrid, ¿es consciente de esas realidades que deja la crisis, como el éxodo de jóvenes al extranjero?

Yo aquí hago la vida que tenía antes de marcharme, con mi familia y mi grupo de amigos, viviendo cerca de mi entorno. Y claro que estoy al tanto. Con mis amigos muchas veces te apetece hacer un plan como ir al cine, a los karts o a los bolos, y sabes que el nivel adquisitivo de tus amigos no alcanza ni para eso, y te acoplas a su situación, porque para mí lo importante es estar con ellos. Hablo de chicos que están estudiando, con 22 o 23 años, y que no tienen trabajo.

Tú eres de Leganés, donde te formaste como futbolista en un club de barrio. Tu generación es una de las últimas que ha jugado en campos de tierra.

Yo ahora salgo a la calle y veo a pocos niños jugando en la plaza al balón. Se está perdiendo un poco y es una pena, porque recuerdo cuando era más chiquitillo y te bajabas con tu balón, no había WhatsApp, y te juntabas con tus amigos en la plaza a jugar hasta que se hiciera de noche y te ibas a casa. Ahora los móviles no ayudan a hacer esas cosas.

¿La calle deja poso como futbolista?

No me hizo futbolista, porque yo salía a divertirme y a hacer lo que me encanta, que es jugar al fútbol. Pero deseaba que llegaran las siete de la tarde y mi padre me dejara bajar a tocar el balón. El que lleva en la sangre el espíritu de querer jugar lo va a seguir manteniendo porque es algo muy bonito. Pero es cierto que, si no se practica tanto en la calle, el chico que lo haga puede acabar pareciendo el raro.

¿Cómo te capta el Real Madrid?

Jugaba en el Lemans, un equipo de barrio, pequeñito, aunque ganamos tres ligas. Había ojeadores y el último año de benjamines me llamaron y me invitaron a probar en un torneo de verano, a ver si tenía suerte. En el primer partido, que jugábamos un sábado, ya me dijeron que fuera el martes siguiente a firmar la ficha para quedarme en el Madrid. Tenía diez años y flipé en colores. Hice la comunión en mayo y mis padres como sorpresa me dijeron que iba a hacer las pruebas con el Real Madrid. Mi padre trabajaba y muchas veces se planteó decir que no porque no podía llevarme todos los días, pero mi madre pensó que si perdía aquella oportunidad quizás no volvería a tenerla. Tuve suerte, porque entramos tres del mismo equipo y nos íbamos alternando con los coches de los tres padres. Fue una fortuna.

¿Qué se pierde un chaval de 10 años en el camino hasta la élite?

No creo que se pierda, sino se gana. Cualquier niño quiere jugar en el Madrid y sobre todo estar aquí desde los 10 años es una experiencia única. Vestir esta camiseta y ser un poco la envidia de tus amigos, saber que representas al mejor club del mundo y disfrutar con compañeros que son muy buenos. Cuando llegas a una categoría como juvenil ya sabes que estás a un pasito de ser profesional, pero antes disfrutas muchísimo los torneos en los que te enfrentas a equipos de otras canteras, en los que sales por primera vez en televisión, es algo súper emocionante. El día anterior pasas la noche en vela de lo nervioso que estás. Y cuando eres un poco más mayor pues te sacrificas un poco, eres adolescente, tu pandilla sale y empieza a tomar copas, y tú a las once y media tienes que estar en casa. En mi caso el sacrificio ha merecido mucho la pena. Supongo que en otros casos en los que la gente se ha sacrificado y no ha llegado no creo que se arrepienta, porque lo ha hecho para intentar cumplir un sueño.

Irse a Alemania, aunque te saliera bien, tampoco tuvo que ser cómodo.

El idioma, el clima, eso es difícil. Pero los amigos que tuve allí, los que me venían a visitar, entre ellos mis padres, ayudaron. También aprovechaba los días libres para volver, aunque fuera solo a comer con la familia y pasar un día con ellos. Pero sabía que iba a un país desarrollado, bastante estable, donde solo tenía que centrarme en jugar al fútbol.

 

«El juego de la selección lo empiezas a mamar en las categorías inferiores, donde el estilo es el mismo, de toque, de tener el equipo muy abierto, de asociarte. Y cuando llegas a la absoluta no te sorprende»

 

¿Es cierto que te marchas a Leverkusen porque Mourinho no te perdonó que te lesionaras en un pantano durante tus vacaciones?

(Sonríe) Qué va, qué va, ni mucho menos. Fue un accidente que le ocurre a un chico de 17 años, le puede pasar a cualquiera. Me voy porque sé que las oportunidades aquí son bastante escasas, y con Mourinho lo tenía muy dificil porque me había visto, me había probado y, bueno, no entraba en sus planes. Lo mejor era marcharse y crecer. Tuve la suerte de que llegó Ancelotti y el club entonces contó conmigo, y ahora estoy muy feliz aquí.

Hablábamos de la transformación del fútbol base en España, y eso tiene su mejor reflejo en el cambio de juego de la selección. ¿Lo crees así?

Puede ser verdad, pero también va con el estilo de los futbolistas. Iniesta y Xavi también habrán jugado muchísimos partidos en campos de tierra y mira cómo tratan el balón.

¿Pervive en la selección el respeto por esa forma de juego, el esfuerzo de preservarla?

Lo empiezas a mamar en las categorías inferiores, donde el estilo es el mismo, de toque, de tener el equipo muy abierto, de asociarte. Y cuando llegas a la absoluta no te sorprende.

¿Te ves haciendo generación en la selección con los compañeros que fuisteis campeones de Europa sub-21?

Es complicado, porque no es fácil asentarte en la selección, cada vez llegan generaciones nuevas de jugadores fantásticos, pero voy a luchar por ello, por supuesto.

Recordando aquel Europeo sub-21, el titular en la banda derecha era Montoya, del Barcelona.

Sí, es verdad. Lopetegui contaba con Martín por delante de mí, pero tengo que agradecerle que me llevase porque para mí era algo importante.

La trayectoria de Montoya parece contrapuesta a la tuya.

Tengo relación con él. Y la vida da muchas vueltas. Ojalá le salgan bien las cosas.