Puntual, Bojan Krkic (Linyola, Lleida, 1990) atiende a la llamada de Panenka vía Zoom. Quien llega tarde soy yo, un servidor al que las nuevas tecnologías y la incomprensión por cómo se inicia una reunión en la plataforma le han vuelto a marcar un gol. Mientras, el exjugador del Barcelona espera desde el otro lado de la línea en casa, en Mollerussa, entre medio de una nieve y una borrasca de nombre Filomena que le ha impedido presentarse en nuestra redacción para hacer la entrevista. “La nieve, que hace unos días era muy agradable, ahora está pasando a ser hielo”, nos comenta, antes de presentarnos, hablar de sitios cerrados, de mascarillas, de si llevarlas o no en lo que dure la charla. Cosas de una pandemia, supongo. Y empezamos.

¿Estás de vacaciones visitando a la familia?

Sí, estuve primero en Barcelona. Y ahora en Mollerussa.

A finales de año acabaste contrato con el Montreal Impact. ¿En que situación te encuentras ahora?

En la situación actual realmente tampoco puedes decidir mucho. Sí que puedo aceptar una oferta, o no, pero el coronavirus está afectando a todo en general. En el fútbol hay muchos clubes que están sufriéndolo a nivel económico. Entonces, ya de por sí la situación es compleja. A nivel de restricciones yo en Canadá estaba muy bien. Con la ciudad, con el equipo, con el staff. Pero, claro, las fronteras están cerradas, la competición es en otro país, lo que pueda implicar que el equipo deba mudarse a otra ciudad, y todo esto hace que la parte personal la afrontes de manera un poco solitaria.

La MLS, a diferencia del fútbol europeo, es un poco como la NBA con el tema de los contratos y los agentes libres. ¿Os da más libertad esa estructura?

En mi caso es un poco igual. Representa que he acabado contrato, que soy libre para negociar con quien quiera, aunque el Montreal tiene unos derechos en los que si un club de la MLS me quiere fichar tiene que pagarlos. Pero al final eres libre. El Montreal me hizo una oferta de renovación, de momento no la he aceptado, y estoy esperando un poco.

¿Cómo ha afectado el coronavirus al deporte en Canadá?

Desde el primer día el país cerró las fronteras y no las ha abierto. Ni el hecho de ser un equipo de fútbol te permite entrar y salir sin hacer una cuarentena. Esto supuso que en el mes de septiembre nos trasladásemos a un hotel de Nueva York durante dos meses. Es bastante complejo. Los Raptors se han ido a Florida para jugar toda la temporada de la NBA; la NHL, que cuenta con siete equipos de hockey canadienses, hará una liga entre ellos; y claro, la MLS se encuentra con que tiene tres clubes de Canadá, pero una competición entre tres no se puede hacer. Creo que se acabarán trasladando a diferentes sedes de Estados Unidos, donde la pandemia ha afectado mucho. Ha coincidido, aparte, con el tema de las elecciones. El país ahora está viviendo momentos de cambios y de incertezas.

¿Qué es para un futbolista pisar el césped y ver que no hay nadie animando?

Es otro deporte, realmente. Te das cuenta de lo importante que es tener los estadios llenos. Ahora ves algún vídeo antiguo por la tele y parece irreal verlos con público. La sensación de disputar partidos de liga, de play-off, de la final de la MLS o de una competición europea, cuesta identificarla cuando estás jugando en un estadio vacío, sin afición. Un poco equivalente a los partidos de pretemporada en los que no hay gente o en los partidos preparatorios, donde se mira más el físico. Ver pantallas donde simulan que hay gente desde casa mirando el partido es como un poco irreal. Por la parte del espectador lo hace menos atractivo, y por la del jugador, como te decía antes, al menos tenemos la suerte de seguir compitiendo y jugando a lo que nos dedicamos, al fútbol. Hemos de afrontar esta situación para después valorarla cuando los estadios vuelvan a estar llenos.

¿El hecho de haber ido ahí en medio de una pandemia ha hecho que la experiencia sea algo descafeinada?

La palabra quizá no sería ‘descafeinado’, pero sí que es cierto que todo ha ido un poco contra la naturaleza del fútbol. La liga ha hecho una gran labor por permitirnos poder jugar y ejercer nuestra profesión. Con otras condiciones, pero lo han hecho. Y debemos estar agradecidos por poder disputar el campeonato.

 

El fútbol está yendo hacía una dirección que realmente es peligrosa. Se está perdiendo su esencia, tirando hacia el negocio

 

En el plano personal, ¿cómo ha ido este año y medio en el fútbol norteamericano?

He tenido sensaciones muy positivas. Es una liga joven, que el año pasado cumplió 25 años, en un país donde el fútbol es un deporte creciente; tiene por delante cuatro deportes muy potentes, el baloncesto, el fútbol americano, el hockey y el béisbol. Pero sí que es verdad que cada año hay franquicias nuevas, se construyen grandes estadios, con gente llenándolos, enganchándose al soccer. Ir a Estados Unidos ya no es desaparecer del mapa, todo lo contrario. La liga está creciendo mucho con la aportación de gente europea. Y cada vez hay más direcciones deportivas fijándose en futbolistas que juegan en Estados Unidos, salen jugadores jóvenes de aquí interesantes, hay muchos sudamericanos haciendo un gran papel. Además, el hecho de tener entrenadores europeos, como Henry o Frank de Boer, también va muy bien para una liga que ya está muy cerca de Europa y seguramente será muy potente en los próximos años.

Habiendo jugado a los dos lados del Atlántico, ¿qué crees que le falta a la MLS para igualar el nivel del fútbol europeo?

Necesitan tiempo. La pandemia, con una liga que se está formando, penaliza más que a las ligas europeas, que ya tienen una dirección, una estabilidad, una base. La MLS no creo que sea una liga comparable a las de Europa. Porque el sistema es diferente, tanto en salarios como en traspasos. Es un concepto distinto, por lo que a las ligas europeas les costaría mucho cambiar su modelo en uno como el de la MLS o la NBA, y a la inversa también. Compararlas será muy difícil, pero la MLS tendrá sus peculiaridades, siendo competitiva, con jugadores y equipos importantes, y con la forma que tienen de funcionar será una liga muy atractiva para el resto del mundo.

Se puede llegar a echar de menos tu hogar estando tan lejos de casa.

A ver, a mí cuando me llegó la opción de Montreal me supuso un reto personal el hecho de afrontar estar tanto tiempo lejos de casa. Prácticamente he estado toda la temporada fuera, más de diez meses, cuando lo máximo que había estado eran dos o tres, porque en los otros sitios que estuve, si tenía uno o dos días libres, en un par de horas estaba en Barcelona, en casa. Entonces era un gran desafío, una gran barrera que yo tenía y que la superé porque sabía que detrás de esta barrera había una gran experiencia. Decidirlo no fue fácil, pero afrontarlo y superarlo me ha permitido estar diez meses fuera de casa y sentirme una persona libre. Identifico que mi casa es Barcelona, es Catalunya, pero también puedo ser muy feliz en Canadá o en cualquier otro lugar que no sea Barcelona.

De aquí para allá. Esto es la vida de un futbolista. Tú, por ejemplo, llevas diez años fuera de casa. ¿Puede ser que haya gente que no valore todo lo que dejáis atrás?

Hay mucha gente que solo te juzga por lo que ve o por lo que eres como personaje, como jugador, y tampoco podemos pretender cambiar su manera de ver las cosas o su manera de juzgar. Lo importante es que tengas gente que sí te valore. Y gente la hay. Mucha. Fanática del fútbol, o no, que valoran todas estas vivencias, todo lo que comporta ser un profesional del deporte, de fútbol, de tenis o de lo que sea, que va mucho más allá de lo que tú eres cuando estás en el terreno de juego.

Os podéis llegar a sentir, en algunos casos, más una mercancía, o un producto, que no una persona que siente y padece. 

El fútbol está yendo hacía una dirección a veces algo controvertida. Se está perdiendo la esencia, tirando hacia el negocio. Pero aquí después también depende mucho de cada uno, de cómo se hace respetar. Por una parte debes ser una persona profesional, que respete las decisiones del club, del entrenador, pero hay unos mínimos. Por ejemplo, en mi caso, sí que ha habido momentos en los que me he sentido así… He pasado por situaciones que no he aceptado y por eso estoy muy orgulloso, muy tranquilo, con todas las decisiones tomadas.

 

“Jugar toda la vida en el Barça hubiera sido muy gratificante. Pero la cantidad de barreras que he superado y la cantidad de experiencias, no hubieran sido posibles estando en mi zona de confort”

 

¿No hay alguna manera de rebelarse?

Debes respetar a los clubes, sus decisiones. Pero cuando consideras que están arrastrando a la parte personal en cuestiones profesionales tienes que afrontarlo, ponerte el escudo protector y ser consciente de que no son situaciones en las que sea necesario hacerlo público. Ni por la parte de club ni por la del jugador. Se vive de manera interna, transparente, o así debe ser, y ambas partes son comprensibles y respetables.

Hablemos de Thierry Henry. Ahora es tu entrenador, pero antes fue una especie de mentor tuyo en el Camp Nou. ¿Cuán importante es el respaldo de los veteranos para los jóvenes que llegan desde abajo?

Son figuras muy influyentes, con carreras prestigiosas, con muchas experiencias, y tú, como jugador joven, aún tienes que vivirlas. Y notar su apoyo con un abrazo, con un gesto, con charlas antes o después de los partidos, durante los entrenos, es muy importante para tu formación y para tu crecimiento profesional.

¿Qué significa para ti Thierry Henry?

Henry, en la etapa en el Barça, fue una figura clave tanto en lo personal como en lo profesional. Significaba mucho para mí jugar con él. Y en esta segunda etapa, en Montreal, también ha sido muy importante. Muy importante. Tener un entrenador que te conoce, con quien aprendes, al que valoras por haber vivido tantas y tantas cosas, pues es un privilegio.

Lo conocemos todos como futbolista, no tanto como técnico. ¿Qué te ha impresionado del Henry entrenador?

Es una persona muy ambiciosa. Tiene carácter. Una gran personalidad. Y lo que me ha sorprendido de él, bueno, lo que no había identificado tanto en la época en la que jugamos juntos, es lo que gusta el fútbol. Le apasiona. Es su vida. Ocupa una parte muy importante de ella. Y como entrenador joven que es, le encanta entrenar, analizar los partidos, estudiar a los rivales. Se conoce todos los jugadores. De primera, de segunda, de otras ligas. Me ha sorprendido la importancia que tiene en su vida el fútbol.

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¿Cómo definirías su manera de entender el fútbol?

Él ha experimentado diferentes maneras de jugar. En el Arsenal, en el Barça… Siempre ha declarado que la época en el Barça le marcó mucho. Aprendió mucho de la filosofía del club. De cómo jugaba el equipo, cómo atacaba, cómo defendía. Es un entrenador al que le gusta tener la pelota. Jugar. No solo bonito, sino también con futbolistas que busquen profundidad, como él, que era un delantero al que le encantaba ir al espacio, los desmarques, el movimiento de los jugadores, asociarse. Está poniendo en práctica todo lo que ha experimentado. Es muy competitivo.

Decíamos que hace diez años que te fuiste de casa. Aquí, en Barcelona, se te sigue sintiendo muy cerca, como a aquel hermano que se va de casa para unos meses pero que nunca acaba de volver. ¿Molesta o se agradece que, ya con 30 años, te siga acompañando la etiqueta de ‘El noi de Linyola’?

Esto es algo que siempre he valorado mucho. Estoy muy agradecido. Nunca me lo habían dicho, pero me gusta mucho esta expresión que has dejado caer del hermano que se va pero esperas que vuelva. Para mí el Barça también es un poco ese hermano mayor. Empecé jugando ahí a los nueve años y desde que nací he sido del Barça. Me ha formado como jugador, como persona. Que la gente catalana, con la que yo me identifico mucho, me dé este cariño, este respeto, me encanta.

¿Qué crees que ha aprendido o le ha servido al Bojan de hoy, que ha vivido tantas experiencias en el extranjero, que no hubiera asimilado jugando toda una vida en el Camp Nou?

De la misma manera que tiene mucho mérito los jugadores que hacen toda su carrera en un mismo club, lo que yo más valoraré, cuando no juegue más a fútbol, serán las experiencias que he vivido. Lógicamente, el dinero es importante. Los títulos, también. Pero el día de mañana los títulos los tendrás representados en unos trofeos, en alguna habitación de tu casa. Y las experiencias, en cambio, son algo imborrable que te da el fútbol. He tenido la oportunidad de jugar en diferentes países, en muchas ciudades. Conocer gente, culturas. Descubrir otras formas de entender el fútbol. Es algo a lo que le estoy muy agradecido el día que decidí abrir la puerta de salida del Barça. Al final, piensas que solo hay vida aquí, aunque más allá del Barça hay un mundo muy interesante y gratificante.

Hablabas de trofeos. ¿Crees que se les da demasiada importancia en el fútbol actual?

Las estadísticas ahora tienen mucha importancia. Incluso al nivel de firmar jugadores. A veces solo se ficha por estadísticas. Y para mí el fútbol va mucho más allá; la forma que tienes de ver el juego, de entenderlo, de cómo competir. Eso no se mide con datos. Y hay jugadores históricos, que han marcado épocas, y no han logrado tantos títulos. Cada uno tiene su manera de valorar a los jugadores, a las personas, de entender el fútbol. Para mí los títulos significan un premio a una temporada en la que lo has hecho bien y te dan el trofeo de haber ganado aquel torneo. Son algo momentáneo, no perduran en el tiempo. Lo que perdura es la memoria de la gente, lo que les has trasladado con tu forma de jugar y de ser. Muchas veces, esto, estos valores son más potentes y fuertes que los éxitos.

Lo mítico de que fuera del Camp Nou hace mucho frío no es tu caso.

No, y mira que he estado en sitio fríos, eh [Risas].

Si pudieras volver atrás, ¿cambiarías todo aquello por ser un one club man?

No, no, no, no. Para nada. Jugar toda la vida en el Barça hubiera sido muy gratificante. Pero la cantidad de barreras que yo he superado y la cantidad de experiencias que he vivido a nivel personal y profesional, no hubieran sido posibles estando en mi zona de confort. Lo que me ha hecho crecer es salir de ella y enfrontarme a todo lo que he ido viviendo.

¿Se está perdiendo el sentimiento de pertenencia a un lugar, a una ciudad, a un club?

En parte, sí. Ya no es tan habitual llegar a un vestuario y decir: ‘ostras, este tío lleva muchos años aquí’. Yo siempre he valorado mucho las figuras de los capitanes, porque son gente con una larga trayectoria en el club, lo conocen, las han visto de todos los colores, y se merecen toda mi admiración y respeto. Sea el club que sea. El fútbol, el deporte en general, está en un proceso más propio del business que no de su propia esencia. Y esto provoca que haya movimientos que en épocas anteriores no se daban tanto.

 

“Los títulos son algo momentáneo, no perduran en el tiempo. Lo que perdura es la memoria de la gente, lo que les has trasladado con tu forma de jugar y de ser”

 

Hace un tiempo Pablo Aimar dijo que “somos la última generación que verá partidos de fútbol enteros”. ¿Da un poco de miedo pensar que esto puede pasar?

Miedo no me da. Es aceptar una realidad, un cambio. Ahora mismo los e-sports están llenando estadios. Te dices: ‘¿cómo puede ser?’. La tecnología está yendo a una velocidad increíble. Cada vez hay más información, más accesos. Y se está perdiendo la parte de la esencia. Nos enteramos de todo lo que pasa en los clubes, en los vestuarios, y esto hace que se pierda un poco el interés, y que pasen todas estas cosas. Debemos aislarnos de todas las influencias y sentir realmente cuáles son nuestras pasiones. A mí me encanta ver el fútbol, también el baloncesto y el tenis, y no permitiré que nada ni nadie no me deje ver un partido entero.

¿Crees que el hecho de que el juego esté perdiendo la espontaneidad de antes puede tener algún tipo de culpa en esto?

El deporte se ha vuelto muy atlético en los últimos años. Hay más jugadores que destacan en la presencia física, a nivel de kilómetros recorridos, de duelos ganados. Y como hoy hay tan poca estabilidad en los clubes, los entrenadores quizá son menos atrevidos a la hora de atacar, conservan más su portería, y esta seguridad se la da más un perfil físico que no uno técnico. Como siempre ha pasado, son tendencias. Van cambiando. Y ahora estamos viviendo esta situación. Es real. A los que nos gusta la parte técnica confiamos que se vuelva a valorar.

¿Te imaginas un mundo donde el fútbol no sea, como hasta ahora, lo más importante de las cosas menos importantes?

Sí. Puede ser. Pero esto depende de cómo lo viva cada uno. De cómo lo sienta. También se llegó a un punto en el que hasta nosotros mismos fuimos destruyendo esta burbuja que se iba haciendo cada vez más grande en el mundo del fútbol. Con traspasos y situaciones que a mí, personalmente, no me estaban gustando. Eran una realidad y ahora se tiene que ver cómo se reestructura el deporte después de la pandemia. Y el objetivo debe ser que los estadios se vuelvan a llenar de ilusión, de gente que quiera que gane su equipo. Crear otra vez esta ambición y que los niños quieran jugar a fútbol. Esto depende de todos. Los clubes, los jugadores, los medios de comunicación. De todos.

No hay un único culpable. ¿Pero qué podemos hacer?

Cada uno tiene su responsabilidad. Entre todos nos tenemos que centrar en lo que pasa dentro del terreno de juego. Dejar de darle importancia a lo que pase fuera del campo. Antes, cuando era pequeño, a los jugadores los veía solo con el uniforme de sus equipos. No los veía con otra ropa. ¿Qué pasaba? Que si un día los veía vestidos de calle era como: ‘¡wow!’. Era mágico. Ahora esta magia se ha perdido. Ves a los jugadores en todas partes. Tenemos que volver todos a darle valor a la esencia del fútbol y lo que pasa dentro del terreno de juego.

Mirando a cinco, diez años vista, cuando no estés en los terrenos de juego, ¿dónde te gustaría que te viéramos?

Estoy estudiando un máster en gestión deportiva. El puesto de director deportivo me atrae. Pero también tengo ganas de sentirme realizado con algo diferente. Me apetece, con todo lo que he vivido, ser una persona importante para los jóvenes. Inquietudes, sensaciones que tengan. No soy ningún experto en el tema psicológico, pero cada uno tiene sus experiencias y poder compartirlas y ayudar a jóvenes que lo puedan necesitar es algo que también me gustaría.

¿No te planteas sentarte en un banquillo?

A día de hoy ser entrenador es algo que no considero. Pero igual un día se me despierta esta sensación.

¿Y volver al Barça?

Es algo que forma parte de mí. Simboliza la cultura catalana, la cultura culé, que las llevo muy dentro. Como jugador he experimentado lo que es vivir en otros clubes. Hay lugares increíbles en los que estar. No es una obsesión el Barça.

 


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Fotografías de Imago.