Salvad a los demás
con jaulas, anclas y muros.
Pero no a mí.
Salvad a los demás
con sedantes, pantallas y saturación.
Pero no a mí.
Salvad a los demás.
con lo fácil, lo rápido y lo eficaz.
Pero no a mí.

Adrià Salas, en Salsa.

 

“No hicimos historia. Pero fue una época dulce”, concluía nostálgico, Adrià Salas (Montcada i Reixac, Barcelona; 1985) en el hermoso cuento con el que se cerraba el #Panenka39. “Recuerdo que, de niño, siempre íbamos a ver el Barça al bar con mi familia; que con cinco o seis años me regalaron el traje entero de Zubi. Íbamos todos con la camiseta. Recuerdo el humo. El olor a tabaco. Un ambiente gris. Y recuerdo, también, que cuando se ganaba todo el mundo estaba contento; pero que no se ganaba siempre y que, entonces, la gente se enfadaba. Lo ves de pequeño y te preguntas: ‘¿Por qué se vuelven tan locos con todo esto?’. La sensación que tenía era que todo aquello ya me gustaría más adelante”, rememora ahora, regresando a la infancia desde una pequeña plaza del barcelonés barrio de Gràcia, la voz de los inclasificables La Pegatina; que en las próximas semanas volverán al estudio para grabar el que ya será su octavo trabajo.

Salas, que lleva casi media vida cantando con La Pegatina, desde los 18 años, sonríe al mirar hacia atrás. “Recuerdo a la perfección el día de la final de Wembley. Me acuerdo mucho, muchísimo, del gol de Koeman. Yo apenas tenía siete años. Pero recuerdo la emoción en las caras de la gente. Que todo el mundo estaba contento. Súper feliz. Y también me acuerdo del 4-5 contra el Atlético de Madrid con el gol de Pizzi, en la Copa [12.03.1997]. Tuve que irme a la cama porque ya era tarde, pero recuerdo escucharlo por la radio animando al Barça. Fue una remontada épica. Me acuerdo de acabar lanzándome en plancha por el pasillo de mi casa de lo feliz que estaba en ese instante. De lo emocionado que estaba. De pensar, además, que lo había hecho yo con mi mente al ir diciendo venga, otro gol, otro gol; que les había ayudado”, evoca Salas.

Pizzi, macanudo, como proclamó Josep Maria Puyal en los micrófonos de Catalunya Ràdio, celebró el 5-4 que le dio al cuadro de Bobby Robson el pase a las semifinales del torneo del KO; pero el principal protagonista de aquel partido fue, en clave culé, Ronaldo. El ídolo de Salas. “Era todo fuerza. Potencia. Era espectacular. También me encantaba Hristo. Y Romário. Y Laudrup. A mí me encantaba hacer pases en profundidad, como él. Me acuerdo de que en el recreo siempre intentábamos imitar a nuestros ídolos. De que jugábamos a ser ellos: ‘Yo soy tal. Tú eres tal’. Ahí, en aquellos partidos en el patio, aprendes, también, a comportarte, a relacionarte. Y es, para muchos, el primer momento en el que empiezas a buscar puntos de encuentro con tus compañeros para establecer unos límites. Para establecer unas normas, unas reglas. Tanto jugar al fútbol como ir a ver los partidos son dos cosas súper sociales. Yo un encuentro solo en casa no lo veo nunca. Si lo veo es para juntarme con alguien. Para tomar unas birras. Para hablar”, afirma la voz de los eléctricos La Pegatina; que antes de los diez años inició un camino en el mundo del básquet que le llevaría a defender durante tres años, de los 12 a los 15, la camiseta del Futbol Club Barcelona; donde compartió vestuario con Marc Gasol.

Salas acabó dejando el balón naranja a los 18 años. Justo cuando empezó a poner los cimientos de lo que acabaría siendo La Pegatina junto a Rubén Sierra y Ovidi Díaz. Y justo cuando comenzó los estudios de Periodismo en la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB). “Yo quería ser periodista para escribir. Y porque me gustaba, y me gusta, comprender cómo funciona el mundo. Sabía que quizás no sería periodista; pero que me serviría para aprender, para entender cosas. Era súper interesante. No tiene nada que ver con lo que es ahora, hoy, el periodismo. No existía el clickbait. Nos obligaban a hacer titulares objetivos. Nos insistían en que entre el título y el subtítulo teníamos que resumir todo lo que venía después. Ahora se hace justo lo contrario. No se dice nada en el titular para que la gente pinche en el enlace; pero es que al final tampoco lo hacen. No tiene ningún sentido”, remarca Salas, que hizo las prácticas de la licenciatura en la sección polideportiva del diario Sport. Y, tras reconocer que no volvería a cursar la carrera, destaca: “Me da pena ver la situación actual del periodismo; tanto del deportivo como del general. Casi ya no hay sitios en los que encontrar información objetiva. Es de locos. Por esto casi he dejado de leer prensa. Porque nadie me informa. Nadie me da lo que quiero saber. Solo me dan munición para indignarme. Gasolina para avivar polémicas. Es la cultura de los likes. La dictadura de los clicks, apunta; lamentando la triste deriva de un periodismo que, como el balompié, cual reflejo de la sociedad, hace ya demasiado tiempo que prioriza lo fácil, a lo rápido, a lo eficaz; tal y como Salas lamenta en uno de los poemas de Salsa, que llegó a las librerías el pasado 20 de febrero.

 

“Antes no existía el clickbait. Ahora solo nos dan gasolina para avivar polémicas. Es la cultura de los likes. La dictadura de los clicks”

 

“Con todo, continúo siguiendo las páginas deportivas. Y lo sé todo del día a día; sobre todo del Barça. Conozco todos los jugadores. También los de la cantera; que aquí se está dejando demasiado de lado. Es una pena. Porque es lo que tenía más sentido. Porque los futbolistas se sentían identificados con el club. Y los aficionados, con ellos. Como en el Athletic. Me gusta seguir el fútbol, como decía; pero hace mucho, muchísimo, que no veo un partido entero. Quizás porque cada vez me aburren más los partidos. Porque, creo, todo es más homogéneo. Más igual. Más monótono. Más impersonal. Y más aburrido. Ya sabes de antemano quién ganará la liga. Cuando yo era pequeño podían proclamarse campeones el Deportivo de La Coruña o el Celta, por dar dos ejemplos; pero ahora ya no hay ningún misterio. Continuamos siguiendo la información, la actualidad; pero quizás, en realidad, ya no nos interesa tanto el fútbol en sí. Quizás a la gente le está dejando de atraer tanto; sobre todo a los más jóvenes. Este es, quizás, el problema. Me acuerdo de que el baloncesto cambió las normas, que del día a la mañana se pasó de 30 segundos de posesión a 24, que se alejó la línea de triples, para hacerlo más dinámico. Quizás en el fútbol también deberían introducirse algunas novedades para hacerlo más dinámico. Para hacerlo más fácil de ver. Porque ahora la verdad es que no lo es”, enfatiza Salas antes de concluir que el fútbol, uno de los más claros ejemplos de la globalización, pero, a la vez, un idioma universal con una capacidad brutal para visibilizar problemas, tal y como ha comprobado al viajar por todo el mundo con La Pegatina, atesora una cara buena que casi siempre queda eclipsada por la mala; la que acoge, incentiva, legitima, las conductas más racistas, más homófobas, más machistas. Y las casas de apuestas; que hoy suponen “una problemática muy heavy; sobre todo en los barrios más obreros, en los que en su momento ya introdujeron la heroína”.

 


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Fotografía de portada: Marta Mas.