Fue, probablemente, el primer anuncio de televisión del año que relacionaba a la República Checa con la Euro 2016. Un grupo de niños se reúne en un parque con Antonin Panenka, autor del famoso penalti, y entonces aparece Vladimir Darida. El más joven de los dos jugadores monta una portería con dos bolsas de la compra y el campeón de Europa en 1976 le marca un gol a uno de los chicos con su especialidad marca de la casa.
Cuando te cruzas con él por la calle, no te imaginas que estás ante un jugador profesional de fútbol; su cuerpo ligero y su corte de pelo de niño bueno recuerdan más a los de un estudiante. Cuando Darida jugaba en el SC Freiburg e iba a los entrenamientos en un scooter, su imagen encajaba a la perfección con la soleada ciudad universitaria de Baden-Württemberg. Ahora, está jugando en el Hertha, y el scooter ha desaparecido. “Me la traje de Friburgo, donde me montaba en ella todos los días”, dice. “La verdad es que ahora no es demasiado segura para el tráfico de Berlín. Mi padre se la llevó de vuelta a la República Checa y se la dio a mi hermana”. No importa el scooter, Darida sorprende con las distancias que cubre durante un partido –entre los 12 y los 13 quilómetros, lo que le convierte en uno de los que más corre de la Bundesliga. “Se ha convertido en el corazón y en los pulmones de nuestro equipo”, dice el entrenador del Hertha, Michael Preetz. “Ha añadido detalles a nuestro centro del campo que habíamos perdido”.
Cuando te cruzas con él por la calle, no te imaginas que estás ante un jugador profesional de fútbol; su cuerpo ligero y su corte de pelo de niño bueno recuerdan más a los de un estudiante
Uno puede imaginarse que esa resistencia viene de la mano de una salud de hierro, pero ese no es el caso de Darida. Su salud casi le obligó a dejar el fútbol cuando tenía 16 años. Su crecimiento se detuvo justo cuando el de sus compañeros se disparaba y, de repente, se vio incapaz de manejar la parte más física del juego. Las comparaciones con Lionel Messi pueden ser inverosímiles, pero Darida también encontró un camino hacia una carrera internacional –en su caso, la solución estaba en una dieta de por vida libre de gluten. Es por eso que, cuando empezó a destacar en Plzeň, él tenía una respuesta de novela cuando le preguntaban por sus sueños. “Me gustaría probar la pizza algún día”, respondía. En Berlín, logró cumplir ese sueño, al encontrar un restaurante que sirve pizza sin gluten.
Darida se enfrentó al Schalke en los dieciseisavos de final de la Europa League en su tercer y cuarto partido completo con el Plzeň y jugó con la compostura de un veterano y el afán de un novato. “La buena noticia es que sustituye a Jiráček muy bien” -dijo Pavel Vrba, el entonces entrenador del Plzeň- “La mala noticia es que pronto voy a tener que buscarle un sustituto”.
Cuatro meses de fútbol de alto nivel fueron suficientes para que Darida se ganara un lugar en la Euro 2012 en el equipo de Michal Bílek. Inicialmente, se unió como reserva en la preparación previa en Austria debido a los problemas físicos de Tomas Rosicky. Darida demostró rápidamente que era mucho más que un suplente y empujó a Daniel Pudil fuera de la convocatoria final. “Cuando llegó, casi ni le conocía”, dice Milan Baroš, el ex del Liverpool que era el delantero titular de la República Checa en la Euro de Polonia y Ucrania. “Sin embargo, de inmediato, demostró lo que puede hacer con una pelota. Se merecía un lugar en el equipo”.
Recibió la pelota a unos 20 metros de la portería de Letonía, la deslizó hacia su pie derecho con un ligero toque y la golpeó con precisión hacia la esquina superior. Fue el gol que aseguró el sitio de la República Checa en el torneo veraniego a falta de tres jornadas para acabar la fase de clasificación. “Tiene un valor inmenso para mí”, dijo después del partido en Riga. “Estoy muy contento de, finalmente, haber marcado con la selección. Había tenido muchas ocasiones, pero no me acompañaba la suerte y llegué a pensar que estaba guardando el gol para un momento más importante. Y ese momento ha llegado y ahora lo podemos celebrar”.
Los checos esperan que se haya guardado otro para su aparición en Francia.
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