Miradas

La ciudad de los balones


En Sialkot, Pakistán, se producen alrededor del 70% de todas las pelotas del planeta, incluida la oficial de todos los Mundiales desde 1982. Este es un viaje a una ciudad industrial que pocos visitan, pero desde la que se exporta a todo el mundo.


Este reportaje está extraído del #Panenka159, un número que sigue disponible aquí

 

Un guardia va armado. Otro cachea a los trabajadores. Van dejando sus teléfonos sobre una mesa. A las 8:03, la sirena suena y la puerta de la fábrica se cierra. El que esté fuera, se queda fuera. Un grupo de hombres suben a las motos y vuelven a casa. Hoy no podrán coser balones. Pero da la sensación de que en Sialkot todo el mundo está cosiendo balones. Esta ciudad situada en el noreste de Pakistán, a 14 kilómetros de la frontera con India, no recibe visitantes, pero sí encargos.

Aproximadamente el 70% de todos los balones de fútbol del mundo se fabrican aquí. También la pelota que rodó este verano en el Mundial. Más de 200 empresas se dedican en Sialkot a producir esféricos profesionales de alta gama, de entrenamiento, infantiles y promocionales. Sialkot lleva fabricando la pelota oficial mundialista desde 1982, desde aquel ‘Tango España’ con el que Italia ganó la Copa del Mundo celebrada en suelo español.

En el tercer piso de la planta de Anwar Khanaja Industries hay una sala enorme. Los ventiladores del techo remueven el aire; las ventanas están abiertas. Afuera, la temperatura es de 36 grados. Dentro, el ambiente es agradable. Hay cestas metálicas con balones de fútbol a medio terminar y pelotas de balonmano. Hay hombres sentados frente a máquinas de coser que van uniendo paneles. Cambian de hilo según el balón: naranja para los naranjas, blanco para los blancos, azul para los azules. Uno de ellos es Imran, de 25 años. Lleva la camiseta del equipo de críquet de la ciudad. Con mano firme, pone el balón bajo la aguja. “Es nuestro mejor costurero”, lo define su jefe. Imran habla punyabí. Apenas sabe leer y escribir, pero es impecable al coser. Completa unos 25 balones al día. Cueros que, en poco tiempo, alguna estrella europea pateará. Los profesionales del fútbol rara vez se preguntan cómo se han fabricado esos balones.

Fotografías de Stefan Bohrer.

UNA TÉCNICA DE 175 AÑOS

En Sialkot, los balones se fabrican, por lo general, de tres maneras. Algunos todavía se bordan a mano. En otros casos, usan máquinas de coser. Y luego está el proceso más novedoso y caro, en el que un empleado une los paneles aplicando calor y presión a un molde de acero.

Ese conocimiento técnico ha ido creciendo durante más de 175 años. Hacia 1850, una guarnición británica se asentó en Sialkot. Los artesanos locales empezaron a producir instrumentos para el hospital militar y, más tarde, balones para usarse en la plaza de armas. Toda una industria empezó con una simple reparación: un zapatero arregló una pelota dañada. Abundaba el cuero de búfalo, y los talleres pasaron a ser negocios, y los negocios, fábricas. Antes de que los británicos dividieran el subcontinente y Pakistán se independizara en 1947, Sialkot ya era un conglomerado industrial.

 

Imran habla punyabí. Apenas sabe leer y escribir, pero es impecable al coser. Completa unos 25 balones al día. Cueros que, en poco tiempo, alguna estrella europea pateará

 

El punto de inflexión futbolístico se produjo en los 70, cuando el exportero danés Eigil Nielsen se alió con el emprendedor pakistaní Anwar Khawaja, que había fundado una pequeña fábrica en Sialkot en 1951 donde producía balones de 18 paneles con cuero de vaca. En 1964, su compañía se convertiría en la primera en recibir la aprobación de la FIFA. Pero el cuero tenía un inconveniente: absorbía el agua. Y el fútbol se practica a menudo bajo la lluvia (por lo menos en Europa, de donde procedían casi todos sus clientes en aquel momento). Así que Nielsen desarrolló una pelota sintética impermeable en su empresa de Dinamarca, Select Sport. Inventó el sistema de válvula y la estructura de 20 hexágonos y 12 pentágonos. Una esfera casi perfecta.

Nielsen y Khawaja se asociaron en 1975. El danés viajó con los paneles, pidió que los cosieran, y quedó impresionado por los trabajadores pakistaníes. Le cedió a su nuevo socio la tecnología del balón moderno: cuero sintético, un recubrimiento de poliuretano, un sistema de válvulas, la estructura de 32 paneles. A cambio, Khawaja se comprometió, con un apretón de manos, a vender sus balones en exclusiva a Nielsen. “Ese fue el instante en el que Sialkot cambió para siempre”, explica a sus 69 años Khurram, hijo de Khawaja…

 

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Peter Hossli

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