“Cualquier aficionado firmaría vivir lo que hemos vivido nosotros: ser campeones de Inglaterra y, diez años después, jugar en tercera”. Fueron las palabras que me dijo un aficionado del Leicester City nada más llegar al estadio. Allí, su equipo jugaba su tercer partido de la temporada en la League One, el tercer escalón del fútbol inglés, una década después de haber ganado la Premier League.
Ocurrió una lluviosa tarde de septiembre en Milton Keynes. Una marea de camisetas azules, más de 6.000. Entre ellas, varias de Vardy, algunas de Kanté, otras de Mahrez y un par de Okazaki. No sabemos si el mundo del fútbol se ha olvidado ya del Leicester. Ellos, desde luego, no. “Logramos la mayor hazaña en la historia del fútbol. Si este es el precio que tenemos que pagar por ello, lo pagaremos encantados”, me explicó otro aficionado.
Pero el Leicester no está en tercera porque hace diez años ganara la liga. Al menos, ninguno de los hinchas con los que charlé aquella tarde parecía verlo así. Cuando les pregunté dónde había empezado a torcerse todo, sus respuestas terminaban llevándome siempre al mismo hombre. Falleció en 2018, saliendo en helicóptero del estadio del Leicester, después de un partido contra el West Ham. El presidente y alma máter del club, Vichai Srivaddhanaprabha , se estrelló al poco de despegar y murió en el acto. “Aquel día cambió por completo la historia del club”, me contaron en la larga cola formada por los aficionados que querían entrar al estadio. “En solo tres temporadas vivimos el día más feliz y el más triste de la historia del club. Vichai lo era todo para nosotros”. Ocho años después del fallecimiento del presidente que les llevó a la gloria, en la puerta de entrada de un estadio de tercera división los aficionados seguían sin olvidarle.
“Logramos la mayor hazaña en la historia del fútbol. Si este es el precio que tenemos que pagar por ello, lo pagaremos encantados”
“ES LO QUE TOCA”
Aunque no fuera una caída inmediata, aquel desastre torció el destino del Leicester. El hijo del magnate tailandés fue quien tomó las riendas del club, pero, tal y como me indicaron sus seguidores, no heredó la ferviente pasión de su padre por el fútbol ni la sensibilidad por construir el futuro del Leicester City, un club sin rival ciudadano, con un estadio de máxima categoría y cuya ciudad deportiva es de las más modernas del mundo. “Se critica mucho al hijo, pero perder a un padre es algo muy duro. Aunque es cierto que su corazón no está tan puesto en esto como lo estaba el de su progenitor”. Los hinchas del Leicester asumen con resignación que lo que les dio Vichai difícilmente volverá…



