Fotografías de Cellillo y Mönke
Dicen que Buenos Aires es la ciudad con más estadios de fútbol profesional del mundo. Puede que el dato sirva para un libro de récords, pero alcanza con caminar unas pocas cuadras para entender que la estadística se queda corta. Porque acá las canchas no aparecen como monumentos aislados: brotan entre casas bajas, talleres, almacenes o vías de tren. De golpe, detrás de una hilera de árboles o al final de una avenida cualquiera, asoma una tribuna. Como si el fútbol hubiera estado primero y la ciudad se hubiera construido después.
Claro que los reflectores apuntan casi siempre hacia los mismos dos destinos, templos universales que cualquier amante del fútbol sueña con conocer. Pero Buenos Aires guarda un secreto para quien se anima a correr el mapa unos centímetros. Basta con alejarse de las postales, cruzar un puente hacia el conurbano o perderse por un barrio porteño para descubrir escenarios donde el cemento también cuenta historias, donde cada tribuna tiene memoria y donde la pasión no entiende de capacidad, categorías ni vitrinas.
Acá las canchas no aparecen como monumentos aislados: brotan entre casas bajas, talleres, almacenes o vías de tren. De golpe, detrás de una hilera de árboles, asoma una tribuna
Porque en Argentina el fútbol nunca dependió del tamaño de un estadio. No importa dónde. No importa cuándo. En Buenos Aires siempre hay una pelota rodando, una bandera colgada o una canción esperando para empezar a ser cantada. Y quizás sea en esas canchas que no figuran en las guías de turismo donde mejor se entiende por qué esta ciudad no solamente tiene muchos estadios: respira fútbol.
ESTADIO LIBERTADORES DE AMÉRICA-RICARDO ENRIQUE BOCHINI
Club Atlético Independiente. AVELLANEDA, PROVINCIA DE BUENOS AIRES. Apenas diez minutos separan al Obelisco de Avellaneda. Basta cruzar el Riachuelo para llegar a una ciudad que creció entre fábricas, puertos y vías ferroviarias, moldeada por generaciones de inmigrantes que encontraron en el fútbol una nueva forma de pertenencia. Allí, en apenas 300 metros, se levantan el estadio Libertadores de América-Ricardo Enrique Bochini y el estadio Presidente Perón. Es una de las distancias más cortas entre dos grandes rivales del fútbol mundial. Sin embargo, cuanto más cerca están sus tribunas, más diferentes son las historias que cuentan.
En el mismo lugar donde hoy se alza la casa del ‘Rey De Copas’ se inauguró, en 1928, el primer estadio de cemento de Sudamérica. Décadas después, esas tribunas fueron testigo del nacimiento de una leyenda: allí el club conquistó la primera Libertadores obtenida por un club argentino y comenzó una relación con el torneo continental que todavía nadie ha podido igualar: siete finales jugadas, siete finales ganadas para convertirse en el máximo ganador de la competición.
Por ese césped desfilaron algunas de las mayores figuras de la historia del fútbol, desde Alfredo Di Stéfano, Pelé, Johan Cruyff y Diego Maradona hasta el hombre que mejor representa el alma de los ‘diablos rojos’: Ricardo Enrique Bochini. El Libertadores de América trasciende a Independiente. Esos 300 metros del estadio de Racing no solo separan a dos rivales históricos: marcan la enorme distancia entre dos relatos que crecieron compartiendo las mismas calles. Porque hay estadios que cuentan la historia de un club. El Libertadores de América-Ricardo Enrique Bochini cuenta una parte de la historia del fútbol sudamericano y mundial.
ESTADIO TOMÁS ADOLFO DUCÓ
Club Atlético Huracán. PARQUE PATRICIOS, CIUDAD AUTÓNOMA DE BUENOS AIRES. No es menos que un palacio en medio de la ciudad. Es la casa del Club Atlético Huracán. Es allí, más precisamente en el barrio de Parque Patricios, donde se levanta el estadio Tomás Adolfo Ducó; uno de los escenarios más bellos del fútbol argentino por su arquitectura, admirado tanto por sus propios hinchas como por los de los clubes rivales. Una joya que cualquier amante del fútbol sueña con conocer.
Quizás sea en esas canchas que no figuran en las guías donde mejor se entiende por qué esta ciudad no solamente tiene muchos estadios: respira fútbol
Fue en 1924 cuando Huracán se instaló en los terrenos ubicados en la intersección de la avenida Amancio Alcorta y la calle Luna. En 1941, el club decidió dar comienzo a la construcción del tan anhelado estadio de cemento. Las obras demandaron casi seis años y pudieron concretarse, en gran parte, gracias a la colaboración de socios, hinchas y vecinos de Parque Patricios, un barrio de profundas raíces obreras, que aportaron materiales y mano de obra. En noviembre de 2007, la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires declaró al estadio Patrimonio Histórico.
Escenario de recitales históricos de bandas fundamentales del rock argentino, también ha sido elegido como localización para numerosas producciones cinematográficas, comerciales y videoclips. En la tribuna Miravé, además, es posible sentarse junto a la estatua de Ringo Bonavena, legendario boxeador argentino e hincha de Huracán.
Pero, sobre todo, el Palacio cautiva por una arquitectura única que combina elementos del art déco y el racionalismo. También llaman la atención los tradicionales bancos de cemento de la tribuna Alcorta y las enormes gradas, que ofrecen una excelente visión del campo desde prácticamente cualquier ubicación. Y por encima de todo se alza su inconfundible torre, símbolo eterno de Huracán y uno de los emblemas más reconocibles de Parque Patricios…




