A falta de veinticinco minutos para el final, Didier Deschamps prepara un segundo cambio aprovechando la ventaja de dos goles a favor de la selección de Francia. Es un partido importante, no solo para empezar el torneo con buen pie, sino para olvidarse del desastre de hace cuatro años, cuando los galos no ganaron un solo partido en la fase de grupos del Mundial de Sudáfrica. Por un instante, los focos señalan al dorsal ’12’, pivote de 30 años, que debutará en una cita mundialista. Le llaman Rio y se apellida Mavuba. Una sustitución que permite a la selección sostener un partido cómodo y que se acabará llevando por 3-0 gracias al doblete de Benzema. “Buen inicio de Francia”, titula la prensa. “La redención de Karim”, puntualizan en L’Équipe. Pero para Mavuba significa más que una victoria: un triunfo para él y para Ricky, su padre.
De 2014 a 1974. Cuarenta años de diferencia entre un Mundial y otro. Un Mundial sin Francia, eso sí, y que por primera vez contaba con una selección de la África negra, la del Zaire, hoy República Democrática del Congo. Los debutantes se presentaban desde el corazón del continente, recién campeones de la Copa Africana de Naciones, y con el objetivo de mostrar al mundo el poder futbolístico (y también político) del megalómano Mobutu Sese Seko. Un objetivo, desde luego, impuesto, y que acabaría dejando una de las estampas más insólitas y a la vez más crudas de esa inevitable relación entre fútbol y política.
Fue en su tercer y último partido de la fase de grupos. El equipo llegaba de encajar nueve goles ante Yugoslavia en un encuentro que, si hubiese sido por los jugadores congoleños, no se habría disputado. Promesas de dinero incumplidas y amenazas por parte del líder del régimen tenían a la plantilla harta. El sueño del Mundial se había convertido en una pesadilla, pero de repente llega un mensaje. Mobutu no acepta que Brasil, su próximo rival, les marque más de tres goles. Y aquí la historia se cuenta sola. Con un 3-0 en el marcador y una falta para un experto lanzador como Rivelino, antes de que pite el árbitro sale Mwepu Ilunga de la barrera para mandar lejos el balón.
Rio Mavuba es hijo del mar, y así lo indicaba su documento de identidad antes de adquirir la nacionalidad francesa, país en el que se instalaría la familia y en el que él se forjó como persona y futbolista
El mundo reaccionará a esa acción de forma cómica. Incluso arrogante. Muchos considerarán que el lance se explica por el bajo nivel y el desconocimiento del reglamento de aquellos futbolistas africanos. Pero lo cierto es que aquel gesto fue fruto del miedo. Un grito de auxilio ante las posibles consecuencias de otro tanto del adversario. Y a pesar de que el marcador se mantuvo hasta el final, para Mobutu esos jugadores significaban una vergüenza nacional, y así se encargó de transmitirlo a su gente. De ser vitoreados seis meses atrás a verse en el ostracismo y no tocar nunca más un balón. Entre ellos se encontraba un tal Ricky Mavuba, que, aunque no debutaría en ese Mundial, también sufriría las consecuencias de la eliminación.
Y Mavuba se marchó a Angola, un país que, sin saberlo, se internaba en uno de los conflictos más largos del continente. Tras años de lucha contra la colonia portuguesa, la Revolución de los Claveles propició, además del fin de la dictadura en Portugal, la independencia de Angola, proclamada el 11 de noviembre de 1975. Pero a lo que se suponía que sería la llegada de la paz le siguió la guerra. Aquellas guerrillas que habían estado combatiendo a los portugueses se enfrentaron entre ellas ante el vacío de poder. Además, Angola, esclava de sus recursos naturales, sufrió la injerencia de la Unión Soviética y de los Estados Unidos, que, en plena Guerra Fría, se convirtieron en cómplices de una guerra civil brutal y cruenta que duraría 26 años.
En pocas palabras, dos grupos insurrectos fueron los principales protagonistas de la guerra. El Movimiento Popular por la Liberación de Angola (MPLA), con el apoyo del bloque soviético, y la Unión Nacional por la Independencia Total de Angola (UNITA), más cerca del bloque capitalista. Los intereses internacionales, que podían verse beneficiados por la abundancia de recursos, buscaron su propio protagonismo en un país que acabó abandonado y sufriendo el castigo de más de medio millón de fallecidos. Conflicto que finalizaría en 2002, pero que desde entonces ha mantenido a la nación en un constante estado de agitación, fruto de un sistema económico y político sumamente inestable.
Debutó con el Burdeos en la máxima categoría a los dieciocho años, a la vez que se estrenó con la selección francesa. Le llamaron desde la República Democrática del Congo, pero se decantó por el país que en su día lo acogió
Pues a esa Angola se trasladó Ricky Mavuba, y ante un contexto en el que era prácticamente imposible rehacer su vida, solo le quedaba una escapatoria. Huir. Lo hizo junto a su mujer, embarazada, y sus dos hijos. Una patera los llevaría a una nueva vida, pero para más inri, durante aquella travesía, quién sabe dónde, nació el pequeño Antonio, a quien su padre añadiría el nombre de Rio. Así es, Rio Mavuba es hijo del mar, y así lo indicaba su documento de identidad antes de adquirir la nacionalidad francesa, país en el que se instalaría la familia y en el que Rio no solo se forjó como persona, perdiendo a sus padres a temprana edad, sino también como futbolista.
Debutó con el Burdeos en la máxima categoría a los dieciocho años, a la vez que se estrenó con la selección francesa. Le llamaron desde la República Democrática del Congo, pero prefirió decantarse por el país que en su día lo acogió. Tras ello, un efímero paso por el Villarreal de Pellegrini, donde apenas tuvo presencia, antes de fichar por el Lille y consolidarse como pieza clave del equipo que en 2011 conquistó el doblete en territorio galo. Como no podía ser de otra manera, capitán de un barco tripulado por Hazard, Gervinho, Rami, Debuchy y Cabaye, entre otros, recibiendo finalmente el merecido premio de viajar a Brasil. Y aunque en ese certamen solo disputaría veinticinco minutos, fueron suficientes para cerrar el círculo en nombre de los Mavuba.
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Fotografía de Getty Images.


