Ya está a la venta la nueva edición de Away Days (con nueva portada y capítulos extra)
En su época de inocencia, Twitter (ahora X) era un lugar de encuentro en el que brillaba la luz. Era demasiado joven para el ruido y la crispación, que son fenómenos que se alimentan con el tiempo. Lo que sobresalía, por encima de todo lo demás, era el talento. Para una hornada de estudiantes de periodismo repletos de entusiasmo y pasión, aquella ventana al mundo representaba una gran oportunidad. Entre todos ellos destacaba Álvaro de Grado, un chaval del 91 que era capaz de describir los sueños y los pesares de la cotidianidad en cada crónica de un partido de tercera división inglesa. Hablaba de la vida cuando te contaba un centro que no encontró rematador o una parada que negó gritos de gol. Conseguía algo muy complicado: captar tu atención incluso tratando temas que creías que no te interesaban. Escribía muy bien.
Cuando en 2013 decidimos crear marcadorint.com, Álvaro se había marchado a Brighton a buscarse la vida. En nuestro proyecto de web autogestionada queríamos satisfacer dos inquietudes: acercarnos a los lugares donde ocurrían las cosas y dar más espacio y profundidad a aquellos asuntos que nos interesaban y que, sin embargo, no cabían en los medios de comunicación tradicionales para los que trabajábamos. No teníamos mucho dinero, pero el poco que ingresábamos decidimos gastarlo en hacer realidad el primer deseo: mandar a gente a cubrir las competiciones in situ. La estadía de Álvaro en el sur de Inglaterra tenía fecha de caducidad: se acababa en verano. Entonces tendría que replantearse su vida, y a nosotros nos venía de maravilla que a esas alturas aún no tuviera planes. Cuando, allá por abril, volé a Londres para asistir a la semifinal de la FA Cup entre el Wigan y el Millwall, quedé con él, cenamos en un restaurante turco y le empecé a dibujar mi idea, que se concretaría unos meses después. Iban a pasar cosas en un lugar muy concreto y yo le quería allí para que nos las hiciera llegar.
“De Grado seguía siendo el que mejor escribía de toda aquella generación de veinteañeros del Twitter de 2010, y le debía un libro al mundo. Por fin lo tenemos aquí”
En el inicio de la temporada 2013-14, el Manchester United iba a empezar a caminar sin Alex Ferguson. Le sustituiría, ante una gran expectación, un David Moyes que venía de realizar un gran trabajo en el Everton. Al Everton lo iba a dirigir Roberto Martínez, el entrenador con el que el programa de radio del que surgió la idea de la web mantenía una relación muy especial desde que él guiaba al Swansea en tercera división. Roberto venía de hacer campeón de la FA Cup al Wigan, que jugaría en la Europa League pese a haber descendido a segunda. Y esas tres cosas, el United de Moyes, el Everton de Roberto y el Wigan en Europa, no nos las queríamos perder por nada del mundo. Mánchester, Liverpool y Wigan estaban todas en un puñadito de kilómetros en lo que en el pasado se llamó condado de Lancashire: el presente ya había dividido en tres regiones administrativas distintas toda aquella tierra, pero la cercanía geográfica seguía siendo indiscutible. Además, estaban el Liverpool, el mítico Liverpool del que De Grado era hincha —lo sabían todos los que lo seguían en Twitter—, y el Manchester City, cada vez más poderoso, cada vez más grande. “Vete a Mánchester o a Liverpool, donde quieras. Pero vete allí, y haz tuyo Lancashire”, le dije. Y así empezó la vida. Y así se aprendió los horarios de los trenes de vuelta desde Wigan North Western para no perder el último después de una noche europea contra el Maribor, el Zulte Waregem o el Rubin Kazan.
Entonces De Grado dejó de hacer literatura desde la distancia para empezar a crear reporterismo poético con olor a hierba bajo cielos grises. Fue testigo de muchas cosas. Se abrió puertas, hizo carrera, vivió amores y desamores, y hasta acabó casándose con una empleada del Manchester City. Con el tiempo, dejó de escribir para nosotros y la vida le llevó a tener ocupaciones menos relacionadas con la belleza. Pero seguía siendo el que mejor escribía de toda aquella generación de veinteañeros del Twitter de 2010, y le debía un libro al mundo. Por fin lo tenemos aquí.



