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Euskadi ganó, Palestina trascendió

Una mirada desde dentro de San Mamés al encuentro entre las selecciones de Euskadi y Palestina. Fútbol, rosas, movilización, solidaridad. Así se vivió una noche que ya forma parte del recuerdo

“¿Dónde están los que pueden parar el mundo solo con mirar?”, cantan desde Burgos los siete integrantes de La Maravillosa Orquesta del Alcohol. Y qué casualidad, que justo hoy, en su tercer y último día de gira en Bilbao, el mundo del fútbol se paraba ante las 51.396 miradas que llenaron San Mamés en una noche no solo histórica, sino para la posteridad. Una fecha desde días esperada, que auguraba ser única, pero que superó toda expectativa. Un amistoso como otra muestra de rotundo apoyo del pueblo vasco hacia el pueblo palestino. No son vecinos, pero las numerosas demostraciones de solidaridad de la sociedad de Euskadi cada día acercan más a la realidad de quien sufre en Gaza y del horror que el fútbol también puede denunciar. 

Cuando en 2019 recibió un mensaje en árabe a través de su Facebook, su historia cambió. De padre palestino y vecino de Leioa, se trataba de una propuesta para ir convocado con la selección de Palestina. Yasser Hamed tenía 22 años, y tras haber pasado por las categorías inferiores del Athletic Club, en ese entonces se encontraba jugando para el Portugalete de Tercera División. Conocedor del origen de su familia paterna, no fue hasta que viajó a Cisjordania a disputar su primer encuentro como internacional que lo entendió con sus propios ojos. Desde entonces persiguió una idea que, tras años de trabajo, se hizo realidad: jugar en San Mamés con la selección de Palestina. Si esta noche ya era especial, imaginaros lo que sintió Yasser.

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Porque Yasser y San Mamés han enlazado emociones. Nada más pisar el césped, las caras de los futbolistas palestinos rebosan conmoción. Todos llamando a sus familias, todos grabando. Saben que hoy, suceda lo que suceda, ya han ganado. Y, poco a poco, se llenan las gradas. Cae lluvia. Sí, el chirimiri de siempre que, durante toda la jornada, ha acompañado las reivindicaciones. Ahora llega la hora de la verdad. Hay nervios, pero, sobre todo, ilusión. Los jugadores de la Selekzioa se marchan al vestuario ante una cálida ovación. Lo hacen también los palestinos. Para ellos, esta es atronadora. Vestirán de rojo, aunque durante el calentamiento los rostros de Hani Al-Masdar y Suleiman al-Oibed, dos deportistas fallecidos por ataques israelíes en Gaza, son homenajeados en sus camisetas negras.

Suenan los himnos y Joseba Arrasate se acerca a Ehab Abu Jazar. Podría ser el típico saludo protocolario, pero el seleccionador palestino le entrega una rosa blanca. Si me preguntáis, el símbolo de la noche. Porque, mientras los futbolistas vascos salen acompañados de niños al césped, los jugadores palestinos llevan en sus manos una rosa, recordando a todos los niños que el genocidio se ha llevado por delante. En su cuello lucen una kufiya, que entregan a sus compañeros de verde en señal de hermandad y agradecimiento. Luego, el minuto de silencio. Ensordecedor. Y así, noventa minutos que terminan por todo lo alto. El Txoria Txori, un emblema vasco cantado por todos los protagonistas, cierra la noche, que cae plácida sobre Bilbo con la total seguridad de que es verdad, que el mundo, algunas veces, puede pararse solo con mirar.

Por cierto, el partido terminó 3-0.

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Fotografías de Gorka Urresola.