Adoro Amanece que no es poco. Fue ahí donde supe de la existencia de William Faulkner, escritor estadounidense al que plagia el intelectual argentino de la película de Cuerda y por el que es duramente reprendido en el cuartelillo por la guardia civil: “Le gustan a usted las extravagancias (…) Pero esto, ahora vienen estos amigos a contarme que usted ha plagiado Luz de agosto, de Faulkner. Hombre, Faulkner, William Faulkner. ¿Es que no sabe que en este pueblo es verdadera devoción lo que hay por William Faulkner?”.
Después de aprenderme de memoria los diálogos de toda la película y conocer las empinadas cuestas de Ayna, empecé a empaparme de Faulkner. Primero El ruido y la furia, luego el El villorrio y más tarde vinieron muchos más. Y aunque, si tuviera que reencarnarme, pediría ser un dedo de Paul Auster, hoy, en Vallecas, me acordé del dichoso Faulkner. O más bien, de una de sus frases: “La sabiduría suprema es tener sueños bastante grandes para no perderlos de vista mientras se persiguen”.
Porque el Rayo, este Rayo, sueña con ganar la Conference League. Y no sólo sueña: puede hacerlo. Así lo dejó claro en la previa el técnico Iñigo Pérez, ese mismo que tendría doce años y daba patadas al balón en Pamplona cuando el Rayo Vallecano disputó competición europea por última vez. A mí todavía me cuesta creérmelo. De lo contrario, cuando el Shkëndija saltó al césped con su camiseta roja y negra, no habría pensado de inmediato en el Milan de Sacchi y esos neerlandeses que parecían T-1000 llegados del futuro.
Cuando el Rayo Vallecano goleó al Girondins de Burdeos hace 24 años, llegué tarde. Apenas cinco minutos. El tráfico, el coche, el aparcamiento… Al entrar en el estadio y sentarme, el partido ya había comenzado. El equipo dominaba, acumulaba ocasiones y De Quintana marcó en el minuto 20. Abracé a mi padre, abracé al señor de al lado y me las prometía muy felices… hasta que de repente miré el marcador y descubrí que el resultado era 1-1. Desde entonces me prometí que no llegaría tarde a ningún partido. Esa promesa me ha hecho subir más de una previa por la Avenida de la Albufera con más prisa que las dos veces que corrí la San Silvestre.
Hoy, en Vallecas, me acordé del dichoso Faulkner. O más bien, de una de sus frases: “La sabiduría suprema es tener sueños bastante grandes para no perderlos de vista mientras se persiguen”.
Hoy quería llegar con tiempo. Mi objetivo no era ver muchos goles, sino escuchar el himno de la Conference y contemplar a esos niños sosteniendo el logotipo de la competición en el centro del campo. Pequeños placeres de un hombre mundano que mi hija desmontó con un simple comentario: “Pero si esto es la música del anuncio”.
Pese a mis temores, el rival era bastante flojito. El Rayo se divertía sobre el césped y los aficionados en la grada. De repente, el reloj me sacó de mi Stendhal con una vibración en la muñeca: “Entorno ruidoso. El nivel de sonido supera los 95 dB. Exponerse a este nivel tan solo 10 minutos puede provocar una pérdida de audición temporal”. Fue justo después de que los aficionados del Shkëndija comenzaran a gritar “¡Puto Rayo, puto Rayo!” y todo el estadio respondiera al unísono con el mismo cántico. Puro barrio, puro Vallecas.
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Llegaron los goles. También los abrazos (¿hay algo mejor que un abrazo de gol?). También bufandeo y muchos sueños. Porque, ¿qué sería el fútbol si no estuviera tejido de sueños? ¿De esos momentos que se quedan grabados en el hipotálamo?
Ahora toca disfrutar. Ya volverán las vacas flacas, ya tocará peregrinar por Segunda, y ese campo que lleva tres años lleno se poblará de espacios vacíos y ecos lejanos de cánticos que se pierden como promesas de verano, dejando sólo el olor a cerveza derramada y la certeza de que, en Vallecas, el fútbol es lo único que nos obliga a creer en segundas partes mejores que las primeras.
El Rayo, este Rayo, sueña con ganar la Conference League. Y no sólo sueña: puede hacerlo. Así lo dejó claro en la previa el técnico Iñigo Pérez
Pero si algo tengo claro es que estos dos partidos de liguilla que restan en casa, y los que puedan venir, deben tener como principal objetivo ovacionar a Óscar Trejo como ha sucedido hoy. Capitán, referente, leyenda y jugador más importante de la historia de la Franja, el argentino se lo merece.
Deben servir también el resto de partidos de esta Conference para que disfrutemos de la excepcional labor de Rafa, speaker del equipo, maratoniano, rayista de pro y locutor brillante que se ha ganado varias ovaciones después de sacar una sonrisa con su inglés y al que todos estamos deseando volver a escuchar. Un ejemplo a seguir.
¡Ah, sí! ¡El resultado! Pues 2-0 para el Rayo con goles de Unai y Fran. Pero, a mí, sinceramente, me da igual.
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Fotografía de Iván Vargas.



